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En
esta entrega voy a desarrollar el tema de como se constituye
una "identidad" en un tiempo histórico que incluye el
azar, la contingencia.
La historia hace a la relación entre los hombres. El
tiempo es creador.
En este sentido Winnicott plantea que se nace con un
potencial creador que va a dar lugar a la cultura. El
niño nace creador en
potencia porque la vida es creadora. Introduce el concepto
de espacio transicional con sus objetos transicionales,
que es un espacio potencial donde la realidad externa
e interna se van a confundir y que se transforma en
un espacio de "juego" (que incluye la ilusión, la imagen
y la palabra) que presupone una actividad libre y por
lo tanto creadora.
Su punto de partida es que el niño trae un potencial
creador y da suma importancia al ambiente condicionador
de ese potencial. En primer lugar, la relación con la
madre (y luego con el padre). Al nacer, el niño atraviesa
un período de indiscriminación, de fusión con la madre
(equivalente al concepto de identificación primaria
de Freud, que destaca su importancia para las posteriores
identificaciones), madre que si es "suficientemente
buena" funda la posibilidad de la ilusión del niño de
haber creado el objeto (pecho-madre) Esta es la "creatividad
primaria", que Winnicott llama "experiencia de omnipotencia"
(de completud, equivalente al sentimiento oceánico en
Freud) En el niño no hay conciencia de que esa ilusión
es distinta a lo real. No distingue entre la realidad
y la apariencia (la ilusión está vinculada a la creencia
y al aparato sensorial) En este momento primero no hay
dos seres y el intercambio es una ilusión del observador.
El bebé y el pecho son uno. El pecho es una parte del
niño y el niño una parte del cuerpo de la madre. Entre
el niño y la madre no hay distancia espacial. Es una
relación mítica. Una relación de identidad.
Pero esa adaptación casi perfecta no puede durar demasiado
tiempo. Es necesario que se produzca la "desilusión",
a partir de experiencias de frustración, para que los
objetos se hagan reales. Si la madre no frustra, impide
la desilusión. Si solo hay presencia, no hay posibilidad
de transición.
Si hay intrusión de la madre, no hay tiempo, porque
lo intrusivo, congela, paraliza. O sea que la salida
de esta situación no se realiza hacia una relación dual,
madre-hijo. Se necesitan tres para que haya dos. La
total completud impediría la creatividad. De lo no integrado
de la personalidad puede nacer lo creativo. Si el ser
humano fuera totalmente integrado, no habría creatividad.
También se da la paradoja que los contrarios amor-odio
-o sea, la ambivalencia- sean un factor de crecimiento.
La posibilidad creadora estará vinculada con la calidad
del ambiente lo "suficientemente bueno" en la infancia.
Si no se le proporciona esa "capacidad de ser", el niño
se desarrolla con una capacidad mutilada. La dialéctica
ilusión-desilusión nos lleva a concluir que la construcción
de la realidad es una tarea que nunca queda terminada.
La relación entre identidad y reconocimiento
Hegel plantea que la "identidad" existe sólo en relación
con el "otro". Yo solo "soy" si soy reconocido
por el otro y reconozco al otro. Es por eso que las
relaciones humanas implican una lucha por el reconocimiento.
No me puedo reconocer a mi mismo si no reconozco al
otro y a su vez es ese reconocimiento que el otro tiene
de mi lo que me permite existir.
No puedo tomar conciencia de lo que soy si no es por
intermedio de lo que el otro me devuelve de mi.
Con la teoría del reconocimiento Hegel va a plantear
dos conceptos importantes que son: "la conciencia de
si" y "la conciencia para si".
La "conciencia de si" aparece en el momento en que encuentro
en el otro no solo un objeto externo sino un objeto
que tiene sus propios "deseos" con relación a si mismo.
Me vuelvo "conciencia para si", o sea para mi mismo,
si el otro es percibido por mi como teniendo "deseo"
respecto a mi, si me percibe el a mi también como sujeto.
Es a través del reconocimiento del otro como sujeto,
que yo puedo reconocerme como sujeto.
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(*) Norma Perel (ngoldvarg@netizen.com.ar) es
Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires
y Terapeuta Psico-corporal. Ex-docente de Salud Mental,
de grado y posgrado, en la Facultad de Medicina (Unidad
Académica del Hospital Fernández). Fue co-directora
de la Revista "Claves en Psicoanálisis y Medicina. Hacia
la Interdisciplina" hasta el año 2000. Autora en colaboración
de los libros: "La pareja humana" y "Anorexia, Bulimia
y otros trastornos de la conducta alimentaria" y de
numerosos artículos publicados en distintos medios científicos.
Especializada en el tratamiento del dolor y de los ataques
de pánico, también en la coordinación de grupos terapéuticos,
y grupos de trabajo corporal. Participó en MV Prensa
desde mayo a septiembre de 2004.
Imagen:
http://www.chicst.ucsb.edu/
© MV Prensa / Septiembre de 2004
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