PSICOLOGÍA |
La Identidad y la necesidad
de Reconocimiento
Por Lic. Norma Perel*



En esta entrega voy a desarrollar el tema de como se constituye una "identidad" en un tiempo histórico que incluye el azar, la contingencia.

La historia hace a la relación entre los hombres. El tiempo es creador.

En este sentido Winnicott plantea que se nace con un potencial creador que va a dar lugar a la cultura. El niño nace creador en
potencia porque la vida es creadora. Introduce el concepto de espacio transicional con sus objetos transicionales, que es un espacio potencial donde la realidad externa e interna se van a confundir y que se transforma en un espacio de "juego" (que incluye la ilusión, la imagen y la palabra) que presupone una actividad libre y por lo tanto creadora.

Su punto de partida es que el niño trae un potencial creador y da suma importancia al ambiente condicionador de ese potencial. En primer lugar, la relación con la madre (y luego con el padre). Al nacer, el niño atraviesa un período de indiscriminación, de fusión con la madre (equivalente al concepto de identificación primaria de Freud, que destaca su importancia para las posteriores identificaciones), madre que si es "suficientemente buena" funda la posibilidad de la ilusión del niño de haber creado el objeto (pecho-madre) Esta es la "creatividad primaria", que Winnicott llama "experiencia de omnipotencia" (de completud, equivalente al sentimiento oceánico en Freud) En el niño no hay conciencia de que esa ilusión es distinta a lo real. No distingue entre la realidad y la apariencia (la ilusión está vinculada a la creencia y al aparato sensorial) En este momento primero no hay dos seres y el intercambio es una ilusión del observador. El bebé y el pecho son uno. El pecho es una parte del niño y el niño una parte del cuerpo de la madre. Entre el niño y la madre no hay distancia espacial. Es una relación mítica. Una relación de identidad.

Pero esa adaptación casi perfecta no puede durar demasiado tiempo. Es necesario que se produzca la "desilusión", a partir de experiencias de frustración, para que los objetos se hagan reales. Si la madre no frustra, impide la desilusión. Si solo hay presencia, no hay posibilidad de transición.

Si hay intrusión de la madre, no hay tiempo, porque lo intrusivo, congela, paraliza. O sea que la salida de esta situación no se realiza hacia una relación dual, madre-hijo. Se necesitan tres para que haya dos. La total completud impediría la creatividad. De lo no integrado de la personalidad puede nacer lo creativo. Si el ser humano fuera totalmente integrado, no habría creatividad. También se da la paradoja que los contrarios amor-odio -o sea, la ambivalencia- sean un factor de crecimiento.

La posibilidad creadora estará vinculada con la calidad del ambiente lo "suficientemente bueno" en la infancia. Si no se le proporciona esa "capacidad de ser", el niño se desarrolla con una capacidad mutilada. La dialéctica ilusión-desilusión nos lleva a concluir que la construcción de la realidad es una tarea que nunca queda terminada.


La relación entre identidad y reconocimiento
Hegel plantea que la "identidad" existe sólo en relación con el "otro". Yo solo "soy" si soy reconocido por el otro y reconozco al otro. Es por eso que las relaciones humanas implican una lucha por el reconocimiento. No me puedo reconocer a mi mismo si no reconozco al otro y a su vez es ese reconocimiento que el otro tiene de mi lo que me permite existir.

No puedo tomar conciencia de lo que soy si no es por intermedio de lo que el otro me devuelve de mi.

Con la teoría del reconocimiento Hegel va a plantear dos conceptos importantes que son: "la conciencia de si" y "la conciencia para si".

La "conciencia de si" aparece en el momento en que encuentro en el otro no solo un objeto externo sino un objeto que tiene sus propios "deseos" con relación a si mismo.

Me vuelvo "conciencia para si", o sea para mi mismo, si el otro es percibido por mi como teniendo "deseo" respecto a mi, si me percibe el a mi también como sujeto. Es a través del reconocimiento del otro como sujeto, que yo puedo reconocerme como sujeto.



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(*) Norma Perel (ngoldvarg@netizen.com.ar) es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y Terapeuta Psico-corporal. Ex-docente de Salud Mental, de grado y posgrado, en la Facultad de Medicina (Unidad Académica del Hospital Fernández). Fue co-directora de la Revista "Claves en Psicoanálisis y Medicina. Hacia la Interdisciplina" hasta el año 2000. Autora en colaboración de los libros: "La pareja humana" y "Anorexia, Bulimia y otros trastornos de la conducta alimentaria" y de numerosos artículos publicados en distintos medios científicos. Especializada en el tratamiento del dolor y de los ataques de pánico, también en la coordinación de grupos terapéuticos, y grupos de trabajo corporal. Participó en MV Prensa desde mayo a septiembre de 2004.







Imagen:
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© MV Prensa / Septiembre de 2004



 
 
 
 
 
 
 


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