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Cada
vez que nos comunicamos, nos encontramos con dos aspectos
que resultan críticos: Lo que decimos y lo que
el otro interpreta de lo que decimos.
En
general, creemos que la otra persona por el simple hecho
de oírnos va a interpretar literalmente lo que
decimos. Pensamos que la claridad radica en el uso adecuado
de las palabras y en la
especificidad
de los conceptos. Si bien laclaridad y la especificidad
son claves para una comunicación efectiva, no
son lo único necesario. El problema surge porque
no siempre tenemos en cuenta los filtros con los que
nuestro interlocutor nos escucha.
Entonces, podemos emplear los conceptos más brillantes
para transmitir
una idea, pero si no somos escuchados debidamente, nuestras
palabras no servirán de mucho.
Este es el lado oculto de la comunicación: El
poder está en quien escucha. Si queremos
comunicarnos efectivamente no bastará con pulir
nuestras palabras y aclarar nuestras ideas. También
necesitamos generar la empatía necesaria
en el otro para que nos escuche desde el lugar que necesitamos.
Generar empatía implica sintonizar con
nuestro interlocutor, lo que permite romper barreras,
acercar puntos de vista. Si empleamos un discurso diferente
al del otro, o nos ubicamos en un lugar en el que se
sienta incómodo o amenazado, es probable que
parte de su atención se disperse en sus pensamientos
internos. La comunicación no fluye. Se traba.
Asiente con la cabeza como que comprendió todo
y luego vienen los desastres.
Si
bien este es un tema extenso, proponemos algunos pocos
recursos para generar una escucha abierta que
facilite el vínculo.
Verificar
El lenguaje es ambiguo y genera confusiones. Verificar
lo que el otro escuchó nos permite reconocer
el grado de entendimiento de lo que dijimos y viceversa.
El no chequear lo dicho genera muchos malos-entendidos.
Cuando nos damos cuenta de ellos, casi siempre es tarde.
Evitar
suposiciones
Aquello que para nosotros resulta obvio, probablemente
no lo sea para el otro. Los estándares cambian
con las personas. Suponer que el otro va a interpretar
exactamente lo que decimos puede resultar peligroso.
Evitar suposiciones implica estar alerta de aquello
que consideramos obvio.
Sintonizar
con el otro
Muchas veces pretendemos que la gente piense e interprete
las cosas como nosotros. Esto genera frustración,
nos separa. Quizás no lo digamos con palabras,
pero nuestros pensamientos y actitudes nos delatan.
Si miramos nuestro ombligo cuando hablamos, es probable
que el otro también haga lo mismo. Por eso es
importante conectarse con nuestro interlocutor.
Por
último, nuestra capacidad para relacionarnos
radica en nuestras habilidades para:
- Hacer pedidos,
- Ofertas,
- Nuestro compromiso para hacer y cumplir nuestras promesas.
- Saber fundamentar nuestros argumentos con hechos (afirmaciones)
y
- Declarar aquello que queramos crear en nuestra realidad.
No
somos islas y todos somos diferentes. Cada persona percibe
las cosas a su manera y a partir de sus experiencias,
educación, necesidades, deseos, etc.
Quizás por eso resulte ilusorio pretender una
comunicación perfecta. No obstante, podremos
disminuir notablemente nuestros desencuentros cuando
podamos reconocer las sorderas propias y ajenas.
Es
probablemente un camino relacionado con lo que Rafael
Echeverría (creador de la Ontología del
Lenguaje) denomina respeto: aceptar al otro como un
ser diferente de uno, legitimo en su forma de ser y
autónomo en su formad de actuar.
Hasta pronto
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(*) Ariel Goldvarg (coach@mvprensa.com.ar) es
Coach ontológico certificado y locutor nacional.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta junio
de 2005
Imagen:
The Art of Conversation (1950), de René Magritte.
Oil on canvas. 65 x 81 cm.
http://www.atara.net/
© MV Prensa / Febrero de 2005
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