|
Hace
unos días ocurrió en la Argentina un hecho terrible
y sin precedentes en nuestra historia. Un chico de quince
años fue al colegio con un arma y abrió fuego contra
sus compañeros, matando a tres de ellos.
Este suceso fue tema de conversación en todo lugar.
No era para menos.
Se presentaba como un acontecimiento insólito, no obstante
algo resultaba muy curioso en todo esto. Al poco tiempo
de lo ocurrido en la ciudad bonaerense de Carmen de
Patagones, diferentes noticieros comenzaban a mostrar
una serie de hechos similares acaecidos meses antes
de esta tragedia.¿Qué
pasó que no se dieron a conocer antes?, ¿no eran noticia,
y ahora si? El dilema que se presenta ante sucesos como
este es ¿de qué me sirve esta información? ¿saber qué
está pasando en el mundo?, ¿para qué?...
Quizá una de las respuesta posibles a este interrogante
sea generar una reflexión acerca de los problemas que
tiene la educación actual para inculcar valores tales
como el respeto por la vida, el sentido de compartir,
la amistad, el aprendizaje (como recurso de mejora personal
y social) y la solidaridad, entre otros.
Pero ¿de dónde surgen esos valores? ¿de los docentes,
de las casas? Probablemente encontremos que para un
maestro es tan difícil hoy día ser maestro como lo es
para un padre ser padre. También para un chico es difícil
el simple hecho de ser chico.
En la actualidad encontramos una gran sobrecarga de
estímulos, demandas, exigencias, mensajes contradictorios;
"ama a tu prójimo, pero no te fíes de él". "Sé humano,
pero no expreses lo que sientes". "Sé honesto y sincero,
pero no digas lo que pienses". "Piensa por ti mismo,
pero no contradigas a tus mayores".
Tal vez los adultos ya estamos acostumbrados e inmunizados
de contradicciones. Estamos hipnotizados y anestesiados.
Nos cuesta discernir los mensajes que damos con nuestras
actitudes a nuestras comunidades, familias, etc.
Pensamos que total da lo mismo una cosa que la otra;
o que esto no va a cambiar, y que el que tiene que cambiar
es el otro, etc.
Llegamos inclusive a negar sistemáticamente nuestros
aspectos negativos como si por el simple hecho de negarlos
desaparecerían. Pero siguen ahí. El tiempo sigue pasando,
la tierra sigue girando y no vemos que nosotros también
giramos con ella. Por más que no nos demos cuenta nos
seguimos moviendo. Podemos elegir acompañar el movimiento
para dirigirnos al lugar que queremos o podemos seguir
a la deriva dependiendo siempre de los factores externos.
El cambio empieza con una decisión, pero se requiere
dedicación y persistencia para que algo se modifique.
Siempre la elección está en cada uno. Se necesita de
una comunidad dispuesta a cambiar, convencida de los
beneficios de despertarse. Esta es la parte más difícil.
Implica vencer los mecanismos del miedo y la pereza.
El dilema no es acerca del porqué ocurren ciertas cosas.
Tener la explicación no basta. El dilema radica en pensar
¿Qué hacemos ahora con esto?
La diferencia no está en la explicación o la comprensión
de un hecho sino en su aplicación práctica respecto
del futuro que queramos construir.
Hasta pronto
-----
(*) Ariel Goldvarg (coach@mvprensa.com.ar) es
Coach ontológico certificado y locutor nacional.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta junio
de 2005
Imagen:
http://www.argentinatraveler.com.ar/
© MV Prensa / Octubre de 2004
|