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Matthías
Sindelar nació en 1903 en la ciudad de Moravia,
Austria, aunque su infancia transcurrió en Viena.
Se
crío en la pobreza. A su padre se le hacía
duro alimentar a sus cuatro hijos con el sueldo de albañil.
Matthías era de naturaleza callejera, salía
con sus amigos y pasaba horas pateando una pelota.
Tenía
condiciones para el fútbol y no tardó
en sobresalir por su habilidad.
En
1917 su padre, que se había enlistado en el ejército,
murió combatiendo en la Primera Guerra Mundial.
El hijo tuvo que salir a trabajar y aprendió
el oficio de cerrajero. Sin embargo, cada vez que podía
volvía a jugar con la pelota.
A los 17 años su talento tuvo dueño y
empezó a dar sus primeros pasos en el fútbol
profesional. Jugaba y brillaba como centro delantero
en el Herta de Berlín, Alemania.
Por su confección física delgada, la elegancia
en sus pasos y la destreza con la que acariciaba la
pelota, lo apodaban el bailarín de papel o el
Mozart del fútbol.
A
los 21 años fue contratado por el poderoso equipo
FK de Austria. Cuando empezaba a arañar el éxito,
una lesión casi lo aleja para siempre de las
canchas. Hasta ese momento todos los que se habían
lesionado en el menisco pasaban indefectiblemente a
retiro. Pero un médico vienés le ofreció
al futbolista ser conejillo de indias en una operación
de rodilla que resultó exitosa y que devolvió
una estrella al fútbol.
Sindelar
fue citado a la selección de su país en
una época donde el régimen nazi de la
vecina Alemania se mostraba amenazante y que tenía
entre ojos al jugador por haberse destacado en el FK,
un club vinculado a la clase
media judía.
En
su debut metió un gol que sirvió para
decorar un imponente triunfo por 7 a 1 a Suiza. La selección,
apodada Wunderteam (ó equipo maravilla), continuó
en una racha inmejorable. Entre sus resultados mas notables,
y ya con Matthías como capitán, venció
a Suecia por 4 a 1, 6 a 0 a Alemania en Berlín,
y después 5 a 0 en Viena, 8 a 2 y 5 a 2 a Hungría,
6 a 1 y 4 a 1 a Bélgica y 4 a 0 a Francia. En
el mundial de 1934 cayó en semifinales 1 a 0
con Italia, pero mostrando un gran despliegue futbolístico.
Sindelar
no sólo hizo valer su personalidad dentro del
campo de juego. Poco antes de que Austria sea anexada
a la Alemania nazi, el 3 de abril de 1938 ambos combinados
jugaron un partido amistoso ante 60 mil espectadores.
La orden era que Alemania no podía ser derrotada.
En
el primer tiempo Sindelar, a fuerza de talento, se abría
paso entre sus rivales para desperdiciar, de manera
notoriamente burlona, goles facilísimos. Pero
ya en la segunda etapa se hartó de la farsa y
metió dos golazos que gritó en la cara
de los jerarcas nazis, presentes en el estadio. Para
colmo, tras la anexión se negó a jugar
con la selección del Gran Reich.
Un
año después de la victoria, el bailarín
de papel, próximo a cumplir 36 años, fue
encontrado muerto en su departamento junto a su amante
italiana. Para algunos fue un suicidio, para otros,
un asesinato montado por la GESTAPO. En el entierro
20 mil fanáticos del fútbol lloraron su
muerte.
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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto
de 2006
Imagen:
http://www.campodecriptana.de/
© MV Prensa / Febrero de 2006
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