COLOR | La comunidad china recibió el año 4702
Chin-Chin
Por Javier Monti*



Un león guiado por un pequeño buda y un dragón de 50 metros de largo cortan el tránsito de la calle Arribeños, en el barrio porteño de Belgrano, ayudados y vitoreados por una multitud de fieles que desbordan las calles.

El colorido felino da sus pasos en sincronización con el sonido de un tambor. Cada golpe contra el parche parece representar el latido de su corazón.

Su partenaire, un buda petiso y cabezón que hace firuletes con un abanico dorado, le indica el camino en su paseo de domingo por la tarde. Lo hace detener frente a un templo, delante de un kiosco, en las puertas de un almacén o de una casa, según la ocasión. En cada parada, los reciben con una ofrenda, en agradecimiento por la bendición brindada. Su peregrinación -símbolo de buen augurio para el comienzo de año- dura seis largas cuadras.

El dragón -en cambio- deambula sin guía ni rumbo fijo. Va y viene sobre sus pasos, atacado por las bocinas de autos y colectivos que -consternados- ven bloqueado su camino por un extraño piquete.

Si bien cumple la misma bondadosa misión que su colega el león, el dragón no visita a sus fieles a domicilio sino que los recibe a su paso. Una marea humana se lanza ferozmente sobre él para tocarlo y así recibir la buena fortuna que brota de su espíritu, desde las entrañas mismas del animal más alabado por la cultura oriental. Quienes manejan el dragón -en tanto- sufren la embestida.

Aclaración: este relato no pertenece a ningún cuento de Emilio Salgari ni es un pasaje de las Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt. Esto ocurrió -en realidad- el pasado domingo, con motivo de los festejos por el nuevo año chino, el 4702, el año del Gallo.

En lo que va del último mes y medio, este es el segundo comienzo de año que la comunidad china celebra. Es que además de festejar todos los 31 de diciembre el fin del calendario solar -o gregoriano-, chinos, taiwaneses y demás cómplices se juntan cada año para conmemorar la salida de la segunda luna nueva posterior al solsticio de invierno (21 ó 22 de diciembre según el capricho de los astros) Así es que la celebración del año nuevo chino -al igual que la Pascua Cristiana- varía de fecha en cada oportunidad, puede caer a fines de enero o principios de febrero.

En este caso puntual, el comienzo del año 4702 coincide -entonces- con el miércoles 9 de febrero de 2005 de nuestro almanaque.

Como ese día no será feriado para la comunidad oriental de Argentina, la fiesta se adelantó para el último domingo. De esta manera fue que se cortó el paso de dos cuadras de la calle Arribeños, desde Juramento hasta Olazábal, pleno barrio taiwanés, para instalar puestos callejeros de comida tradicional y cultura oriental y permitir que actos y bailes típicos fluyan libremente.

En la víspera del año nuevo lunar, la noche del martes 8, las familias -según la tradición- se reunirán para cenar y los niños y ancianos recibirán sobres rojos -color símbolo de la felicidad- con dinero. El monto deberá ser par, que son los números de la buena suerte, pero no 4 porque "4" en chino se pronuncia igual que la palabra "muerte".

En el 2005 el Gallo vuelve a tener protagonismo, después de doce años de letargo. El próximo será el turno del Perro. Sin embargo, para la gran mayoría el único año que genera singular expectativa es el del Dragón. Es así que algunos ya programan para -dentro siete años y bajo el amparo protector de su animal preferido- traer niños al mundo.








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(*) Javier Monti (jmonti@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde la fundación del medio, en abril de 2004.






Imágenes:
Tomás Vela

© MV Prensa / Febrero de 2005

 


 
 
 
 
 
 
 


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