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En
la Argentina, donde el folklore popular es prácticamente
infinito, hay historias de personas que han sido elevadas
al status de santo por campesinos o indígenas
que mezclaron su cultura autóctona y tradicional
con la impuesta por los conquistadores europeos.
De esa ensalada religiosa
nacieron, en todas las épocas, figuras paganas
que la Iglesia Católica no ha podido erradicar
del imaginario colectivo.
San la Muerte fue una persona convertida en santa por
la devoción popular y por las creencias entremezcladas
de dos mundos opuestos; el de los guaraníes con
sus ritos y su magias y el de los sacerdotes jesuitas
llenos de misticismos religiosos propios de los siglos
XVI y XVII.
Según la leyenda, los Chamanes Guaraníes
tenían por costumbre elegir un heredero -algo
así como un aprendiz de brujo- para que la figura
del Chaman (sacerdote y curandero) se perpetúe
a lo largo del tiempo.
A modo de iniciación, el aspirante debía
internarse en el bosque y sentarse durante 7 días
en un tronco -especialmente designado para la ocasión-,
sin comer ni beber.
En cierta ocasión, un joven fue designado sucesor
al cargo por sus habilidades para contactarse con lo
sobrenatural. Fiel a la costumbre fue a internarse al
bosque y cumplidos los 7 días, no regresó.
Su novia fue a buscarlo y encontró a su prometido
muerto, convertido en calavera. Para recordarlo, le
arranco el hueso de una falange.
A su regreso, la madre de la joven había enfermado
de gravedad. La prematura viuda frotó el hueso
sobre el cuerpo de la enferma rogando que su amado interceda
en el mas allá y la cure. Reza la leyenda, que
la enferma sanó milagrosamente.
El culto a San la Muerte perduró. Hoy el santo
pagano tiene repercusión sobre todo en las provincias
de Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa. Sus seguidores
lo invocan para resolver varios problemas vinculados
a la vida cotidiana. Así, le piden que interceda
para obtener el amor de alguien al mejor estilo San
Antonio, para encontrar objetos perdidos y, emulo de
San Cayetano, para conseguir trabajo.
La Iglesia Católica en Argentina no ha podido
erradicar estos pequeños actos de paganismo que
se multiplican sobre todo en el interior del país.
Sin embargo, el catolicismo en Argentina se enfrenta
a enemigos culturales más poderosos.
La Iglesia Universal del Reino de Dios, importada de
Brasil e instalada en la Argentina desde 1990, cuenta
con un sorprendente poder de convocatoria y es un inmenso
imperio económico.
Sólo en Brasil tiene más de 2000 templos
y aproximadamente 6 millones de miembros. Es, además,
dueña de un Banco, dos periódicos, una
revista, 30 emisoras de radio y la cadena de televisión
TV Récord.
En Argentina, tiene iglesias desparramadas por todo
el territorio. Igualmente,
si no logra que la gente entre a sus templos, le hablan
por TV. Cuando finaliza la trasmisión de Canal
9, los pastores brasileros aparecen y con un portugués
argentinizado prometen la cura de enfermedades gravísimas
-llámese SIDA o alcoholismo, lo mismo da. Por
igual precio exorcizan demonios y malos espíritus,
entre otras empresas de índole espiritual. Eso
si, aseguran los pastores que para que los fieles salven
sus pecaminosas almas es fundamental la donación
de dinero. No necesariamente el diezmo, puede ser más;
la salvación no
es barata.
Así, la Iglesia Universal es otro paganismo que,
lejos de ganarse el cielo, tiene varias causas abiertas
por la justicia brasilera. El credo convocante de generosos
fieles es acusado desde malversación de fondos
hasta por la relación de la Iglesia con el Cartel
de Cali y el lavado de dinero vinculado al narcotráfico.
Creer o reventar.
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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto
de 2006
Imagen:
http://www.100tosdefotos.com/
© MV Prensa / Enero de 2005
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