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El
domingo recién nacía, eran las 12.05 de la madrugada
y a pesar del frío que azotaba la noche porteña todavía
quedaba una cuadra y media de cola de gente que con
una espiga de trigo (símbolo del pan), esperaba ingresar
en Liniers a la parroquia de San Cayetano, patrono del
trabajo, implorando que un milagro alivie su situación.
Las puertas del templo se habían abierto 24 horas antes,
en la madrugada del sábado y entre las 16 y las 18 horas.
La fila de personas promediaba las 20 cuadras desde
la puerta del santuario en la calle Cuzco, pasando la
avenida Juan B. Justo y finalmente extendiéndose por
Yerbal hasta Corro. Dos eran las filas que se habían
formado; la lenta, para la gente que buscaba tocar al
Santo, y la
rápida, donde los fieles cruzaban por la puerta principal.
Por la segunda, según el coordinador de los Scouts de
Capital Federal, destinados al servicio de la celebración,
Gerardo Matei, entraban a razón de una persona cada
cinco segundos.
A la noche, ya nacido el domingo, la gente había menguado.
Para combatir los míseros dos grados de sensación térmica
habían improvisado fogatas en el medio de la calle.
Otros comían los choripan, a esa altura chamuscados,
que se vendían en los varios puestos apiñados cerca
de la iglesia. "Yo estoy esperando desde las tres de
la tarde y no me importa, necesito trabajo para darle
de comer a mis hijos y este es el único recurso que
me queda", contó Daniel Cantilo, de 43 años. Abundaban
testimonios similares a los de Daniel. "Es que en la
Argentina la falta de trabajo es un importante flagelo
social y por otro lado es común que la gente desesperada
busque refugió en la religión", explicó el catequista
y dirigente Scout, Javier Di Lorenzo, que estaba colaborando
por octavo año consecutivo, ofreciendo mate cocido y
pan a quien lo solicitara. "Hace mucho que vengo acá
y nunca vi tanta gente como este año y el anterior",
aseguró Di Lorenzo.
Las filas seguían achicándose y a Luis Mateucci le faltaba
muy poco para tocar al santo. "Pensar que yo había empezado
a hacer la cola hace 20 días, pero como mi vieja se
enfermó y no conseguí a nadie que se quede acampando
cuidándome el lugar perdí el puesto. Cuando mi vieja
mejoró, volví. Ahora solo falta el milagro de tener
un laburo de verdad", dijo Luis, un subocupado más.
Él forma parte del 30.1 por ciento de la población que,
según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos
(INDEC), sufre problemas de empleo. A las 2 de la madrugada
el frío seguía haciéndose notar, algunos puestos de
choripán empezaban a cerrar y aquellos niños pobres
que una vez por año se convertían en exitosos vendedores,
remataban las últimas espigas con la estampita del santo
a tres por un peso.
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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto
de 2006
Imagen:
http://www.aciprensa.com/
© MV Prensa / Agosto de 2004
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