COLOR | San Cayetano
Contigo pan y trabajo
Por Alejandro Cannizzaro*



El domingo recién nacía, eran las 12.05 de la madrugada y a pesar del frío que azotaba la noche porteña todavía quedaba una cuadra y media de cola de gente que con una espiga de trigo (símbolo del pan), esperaba ingresar en Liniers a la parroquia de San Cayetano, patrono del trabajo, implorando que un milagro alivie su situación.

Las puertas del templo se habían abierto 24 horas antes, en la madrugada del sábado y entre las 16 y las 18 horas. La fila de personas promediaba las 20 cuadras desde la puerta del santuario en la calle Cuzco, pasando la avenida Juan B. Justo y finalmente extendiéndose por Yerbal hasta Corro. Dos eran las filas que se habían formado; la lenta, para la gente que buscaba tocar al Santo, y
la rápida, donde los fieles cruzaban por la puerta principal. Por la segunda, según el coordinador de los Scouts de Capital Federal, destinados al servicio de la celebración, Gerardo Matei, entraban a razón de una persona cada cinco segundos.

A la noche, ya nacido el domingo, la gente había menguado. Para combatir los míseros dos grados de sensación térmica habían improvisado fogatas en el medio de la calle. Otros comían los choripan, a esa altura chamuscados, que se vendían en los varios puestos apiñados cerca de la iglesia. "Yo estoy esperando desde las tres de la tarde y no me importa, necesito trabajo para darle de comer a mis hijos y este es el único recurso que me queda", contó Daniel Cantilo, de 43 años. Abundaban testimonios similares a los de Daniel. "Es que en la Argentina la falta de trabajo es un importante flagelo social y por otro lado es común que la gente desesperada busque refugió en la religión", explicó el catequista y dirigente Scout, Javier Di Lorenzo, que estaba colaborando por octavo año consecutivo, ofreciendo mate cocido y pan a quien lo solicitara. "Hace mucho que vengo acá y nunca vi tanta gente como este año y el anterior", aseguró Di Lorenzo.

Las filas seguían achicándose y a Luis Mateucci le faltaba muy poco para tocar al santo. "Pensar que yo había empezado a hacer la cola hace 20 días, pero como mi vieja se enfermó y no conseguí a nadie que se quede acampando cuidándome el lugar perdí el puesto. Cuando mi vieja mejoró, volví. Ahora solo falta el milagro de tener un laburo de verdad", dijo Luis, un subocupado más. Él forma parte del 30.1 por ciento de la población que, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), sufre problemas de empleo. A las 2 de la madrugada el frío seguía haciéndose notar, algunos puestos de choripán empezaban a cerrar y aquellos niños pobres que una vez por año se convertían en exitosos vendedores, remataban las últimas espigas con la estampita del santo a tres por un peso.




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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto de 2006






Imagen:
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© MV Prensa / Agosto de 2004


 
 
 
 
 
 
 


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