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El
18 de mayo de 1910 los pobladores de Buenos Aires no
sólo ansiaban festejar el centenario de la Patria; se
divisaría en los cielos con su cola celeste el cometa
Halley, y a nadie le resultaba indiferente. Varias historias
se escuchaban sobre el visitante galáctico, y en un
mundillo cargado de supersticiosos el más común de los
cuentos era que el cometa anunciaba el fin de los tiempos.
Numerosas vidas se vieron sugestionadas de muy diferentes
maneras por los pronósticos fatalistas. Así, aumentaron
las visitas a los
prostíbulos, se fabricaron refugios subterráneos para
sobrevivir a la catástrofe, las virginidades guardadas
para el matrimonio fueron apuradas por novios ansiosos
y se elevó notablemente el número en el índice de suicidios.
Elvira Bernárdez, una joven de delicada belleza, tez
pálida, carácter melancólico y proveniente de una pudiente
familia porteña, no escapó a las estadísticas.
Estaba enamorada y los vaticinios del fin del mundo
la terminaron por convencer. "¿Y por que no?", se preguntó.
De todos modos lo deseaba y ya no quedaba tiempo, ¿o
no decían que la vida sobre la faz de la tierra se extinguiría
en pocos meses? Finalmente, y pese a su intención de
esperar al casamiento, entregó su virginidad al novio.
Días después Elvira volvió a su casa desconsolada: él
solo buscaba sexo y una vez conseguido el objetivo,
desapareció.
La culpa y la vergüenza la carcomían. ¡Había entregado
su cuerpo a un crápula! Sentía que el fin del mundo
la llamaba. El 4 de enero -cuatro meses antes de la
llegada del Halley- los hermanos de Elvira discutían
sobre las terribles consecuencias que azotarían al mundo
en poco tiempo. Al escucharlos, Elvira cedió. Molió
las cabezas de dos cajas de fósforos La Victoria en
un vaso, agregó agua y bebió la mezcla. Murió envenenada
al instante.
Un párrafo de su carta de despedida decía: "Yo de nada
me arrepiento, hice lo que me dictó el corazón y si
él me ha engañado, mi alma con sufrimiento pagará por
su culpa (...) Tengo miedo de confesar a Dios mi falta.
Si el futuro fuera largo, tal vez el tiempo curaría
mi dolor y esta vergüenza de sentirme abandonada..."
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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto
de 2006
Imagen:
Archivo bibliográfico de la época
© MV Prensa / Agosto de 2004
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