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No
es un patrimonio del subdesarrollo y el atraso. También
en el seno de sociedades desarrolladas y prósperas,
las mismas que presentan al feminismo como un anacronismo
que ya no tiene razón de ser, hace estragos la violencia
conyugal, con su secuela de muertes y enfermedad. Un
síntoma de la vigencia del patriarcado, sistema generador
de violencia que naturaliza las desigualdades entre
los sexos y niega el carácter eminentemente político
de la vida privada.
Esto ocurre en Europa. La violencia que ejercen contra
las mujeres sus compañeros de sexo masculino alcanza
en el continente dimensiones alucinantes. Para las europeas
de 16 a 44 años las brutalidades en el seno del hogar
se han convertido en la primera causa
de invalidez y de muerte, antes incluso que los accidentes
de tráfico o el cáncer...
Según
los países, entre una cuarta parte y la mitad de las
mujeres son víctimas de sevicias. En Portugal, por ejemplo,
el 52,8 por ciento de las mujeres declaran haber sido
objeto de violencia por parte de su marido, amante o
compañero. En Alemania, cada cuatro días tres mujeres
son asesinadas por los hombres con quienes vivían, es
decir, cerca de 300 por año. En el Reino Unido una mujer
es asesinada cada tres días en las mismas circunstancias.
En España, una cada cuatro días, cerca de 100 por año.
En Francia, debido a las agresiones masculinas domésticas,
mueren seis mujeres por mes, una cada cinco días, la
tercera parte de ellas apuñaladas, otra tercera parte
abatidas por armas de fuego, un 20 por ciento estranguladas
y un 10 por ciento molidas a golpes hasta la muerte
(1)... En el conjunto de los quince estados de la Unión
Europea (antes de su ampliación a 25) mueren 600 mujeres
por año -casi dos por día- debido a las brutalidades
sexistas en el círculo familiar (2).
El perfil del agresor no siempre responde a lo que se
imagina. Por deformación ideológica hay quienes tienden
a asociar las conductas agresivas con personas poco
educadas, surgidas de medios desfavorecidos. Es un error.
El drama de la actriz Marie Trintignant, asesinada el
6 de agosto de 2003 por su compañero, un artista célebre,
es una prueba. Un informe del Consejo de Europa afirma
que "la incidencia de la violencia doméstica parece
incluso incrementarse con los ingresos y el nivel de
formación". Subraya que en Holanda "casi la mitad de
los responsables de actos de violencia contra las mujeres
tienen título universitario" (3). En Francia, según
las estadísticas, el agresor es generalmente un hombre
que goza de cierto poder debido a su rango profesional.
Se destaca una alta proporción de directivos (67 por
ciento), de profesionales de la salud (25 por ciento)
y de miembros de la policía o el ejército (4).
Otra idea preconcebida consiste en creer que las violencias
de género son más frecuentes en los países machistas
del sur de Europa que en los Estados del norte. Esto
también debe ser revisado. Rumania se presenta efectivamente
como el país europeo donde la violencia doméstica contra
las mujeres es más grave: cada año, 12,62 por cada millón
de rumanas son asesinadas por sus compañeros.
Pero en la siniestra lista de los Estados más uxoricidas,
inmediatamente después de Rumania se sitúan países donde
paradójicamente los derechos de las mujeres son más
respetados, como Finlandia, donde cada año 8,65 por
cada millón de finlandesas resultan asesinadas en la
intimidad del hogar, seguida de Noruega (6,58), Luxemburgo
(5,56), Dinamarca (5,42) y Suecia (4,59). Italia, España,
Portugal e Irlanda ocupan los últimos lugares.
Esto prueba que estas violencias son el flagelo mundial
mejor distribuido, que existen en todos los países,
en todos los continentes, y en todos los grupos sociales,
económicos, religiosos y culturales. Cierto que hay
mujeres violentas en sus relaciones con los hombres;
no hacía falta ver las imágenes de mujeres soldados
infligiendo torturas a detenidos varones en la cárcel
de Abu Ghraib, en Irak, para saber que infortunadamente
existen torturadoras de sexo femenino (5). Cabe añadir
también que las relaciones homosexuales no están exentas
de violencia. Pero en la abrumadora mayoría de los casos
las principales víctimas son mujeres.
Esta violencia, sobre la cual las organizaciones feministas
atraen desde hace mucho tiempo la atención de los gobernantes
(6), alcanza a escala planetaria un grado de virulencia
tal que es preciso considerarla como una violación primordial
de los derechos de la persona humana, además de un considerable
problema de salud pública.
Porque no hay sólo ataques físicos, por mortíferos que
sean, hay también violencias psicológicas, amenazas
e intimidaciones, y brutalidades sexuales. En muchos
casos, por otra parte, se acumulan todas las agresiones.
El hecho de que estas violencias se ejerzan en el domicilio
de la víctima siempre ha sido un pretexto para que las
autoridades se laven las manos y las califiquen como
"problemas que remiten a la esfera privada".
Esta actitud constituye una negación colectiva de asistencia
a personas en peligro. Una hipocresía escandalosa. Todos
sabemos que lo privado también es político. Y que ese
tipo de violencia es el reflejo de relaciones de poder
históricamente desiguales entre hombres y mujeres. Debidas
en particular al patriarcado, sistema fundado en la
idea de una "inferioridad natural" de las mujeres y
una "supremacía biológica" de los hombres. Ese sistema
es el generador de violencia. Y hay que liquidarlo con
leyes apropiadas. Hay quienes objetan que esto llevará
tiempo.
Entonces, ¿por qué no empezar enseguida a instaurar,
como reclaman muchas organizaciones feministas, un tribunal
internacional permanente para las violencias que se
ejercen contra las mujeres?
NOTAS
(1) Rapport Henrion, Ministerio de salud, París, febrero
de 2001. Leer también Elisabeth Kulakowska, "Brutalidades
sexistas en la intimidad familiar", Le Monde diplomatique,
edición chilena, octubre de 2002, y en la edición española
de julio de 2002, bajo el título de "Violencia contra
las mujeres".
(2) Véanse los informes Mettre fin à la violence contre
les femmes, un combat pour aujourdd'hui, Amnesty International,
Londres 2004; Les violences contre les femmes en Francia.
Une enquête nationale, La Documentation française, Paris,
junio de 2002; y Rapport mondial sur la violence et
la santé, especialmente el Capítulo 4 "La violence exercée
par des partenaires intimes", Organización Mundial de
la Salud, Ginebra 2002.
(3) Olga Keltosova, Rapport à l'Assemblée parlementaire
sur les violences domestiques, Conseil de l'Europe,
Estrasburgo, septiembre de 2002.
(4) Rapport Henrion, op. cit.
(5) Leer Gisèle Halimi, "Tortionnaire, nom féminin",
Liberation, París, 18-6-2004.
(6) Ver por ejemplo el texto "La violence envers les
femmes: là où l'autre monde doit agir", presentado por
la Marcha mundial de mujeres en el Foro social mundial
de Porto Alegre en enero de 2002. Léase el texto íntegro
en el sitio: http://www.marchemondiale.org/
Ignacio Ramonet es periodista, director de Le
Monde Diplomatique.
Traducción de Marta Vassallo.
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(*) Le Monde-diplomatique (http://www.monde-diplomatique.es/)
es una publicación mensual francesa que ofrece análisis
y opiniones documentadas sobre política, cultura y actualidad
mundial. Fundado en mayo de 1954 por Hubert Beuve-Méry.
Los artículos aquí publicados pertenecen a la edición
digital española.
Fuente:
Le Monde diplomatique, julio 2004
http://www.monde-diplomatique.es/
Imagen:
http://www.mujeresenaccion.com/
© MV Prensa / Julio de 2004
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