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Cuestión de honor
Por Alejandro Cannizzaro*



En 1870 Buenos Aires empezaba a convertirse en una ciudad moderna, sin embargo algunas cuestionables tradiciones se seguían tolerando. Así, batirse a duelo todavía se consideraba una cuestión de honor.

Los retos de armas eran muy frecuentes entre las figuras más prominentes de la política, el ejército y el periodismo, expuestos por sus labores a sentirse mancillados en su buen
nombre.

El duelo a muerte que mantuvieron el general Lucio V. Mansilla y el escribano y coronel Pantaleón Gómez en Palermo, el 7 de febrero de 1880, día de carnaval, fue uno de los tantos casos en la Buenos Aires de fines del siglo XIX. Pantaleón Gómez era director del diario El Nacional y en la sección Ecos de medio siglo, en la cual él escribía, difamó a Mansilla. En sus artículos afirmaba sobre su futuro verdugo: "Lucio es un ser ridículo, extravagante, al revés de todo el mundo" y continuaba: "Hemos afirmado que Lucio habla improperios de la música y de los músicos, de la poesía y de los poetas, del arte y de los artistas", y cerraba: "Hemos dicho que Lucio es Roquista. Hemos asegurado que Lucio es federal a lo Rosas. Hemos sostenido que Lucio ha tolerado que se lo llame cobarde. Hemos asegurado que Lucio tiene más de cincuenta años de edad". Y las agresiones seguían y seguían. Una muy original, a modo de adivinanza, disparaba: "¿En qué se parece Lucio a un cometa? En que tiene cola y ¿En qué se diferencia? En que el cometa es mete-oro y Lucio es saca-oro de los accionistas de Amambay".

La respuesta no tardó en llegar.

El a esa altura ofendidísimo Mansilla retó a duelo a su verborrágico enemigo. Se pusieron espalda con espalda y se alejaron diez pasos uno del otro. A la tercera palmada de los padrinos, los contrincantes se dieron vuelta y el buen Pantaleón, más rápido, levantó su arma y, con los ojos puestos en su rival, disparó al suelo. Mansilla no fue tan piadoso; con la bala que salió de su pistola perforó el corazón de Pantaleón Gómez y acabó con su vida.

El ganador recibió, como único castigo, ser expulsado de la masonería.






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(*) Alejandro Cannizzaro (acannizzaro@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta agosto de 2006




Imagen:
http://www.rs.ejercito.mil.ar/

© MV Prensa / Mayo de 2004




 
 
 
 
 
 
 


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