INVESTIGACIÓN | ¿Recuerda el Polo Petroquímico de Dock Sud?
Una bomba cerca de tu casa
Por Denise Destéfano*



Iara tiene catarro y no la suficiente edad como para entender porqué Gonzalo, su hermano, se siente mal ni porqué periódicamente tienen que hacer una visita al hospital de la zona. Para Iara es casi una rutina. Su hermano es inquieto y se enferma con frecuencia. Para mamá Jimena, en cambio, lo que le pasa a Gonzalo tiene nombres científicos: Arnold Chiari y el síndrome de Klippelfield, dos de los males que lo aquejan. Jimena y sus hijos viven en Villa Inflamable, un pequeño asentamiento vecino al Polo Petroquímico de Dock Sud, y sufren la contaminación en la piel y en la sangre. En su barrio las calles son de tierra, los zanjones transportan líquidos pardos y los cables de alta tensión pasan a muy pocos metros de los techos, haciéndose camino entre las copas de los árboles.

El Polo de Dock Sud tenía en sus orígenes, en la década de 1920, unas pocas cuadras de extensión. Era una zona de quintas, según cuentan los que allí viven. Hoy refinerías y plantas de recepción y almacenaje de petróleo y de productos químicos ocupan sus 40 kilómetros cuadrados de superficie. Además del millón y medio de metros cúbicos de combustibles y cientos de miles de metros cúbicos de otros productos químicos con un alto grado de toxicidad, está Tri Eco S.A., una de las principales plantas de residuos especiales y patogénicos de la provincia de Buenos Aires, donde se incineran los desechos de varios hospitales de la Capital Federal.

Los procesos de combustión y destilación del petróleo producen la liberación de gases como el xileno, tolueno y benceno, que generan trastornos agudos y crónicos en los seres humanos, explicó el doctor Jorge Selser, del Hospital Argerich.

Nerviosismo, irritabilidad, convulsiones y trastornos en los nervios periféricos, son algunos de los rasgos que el doctor identifica en su trabajo diario con los chicos de Avellaneda, así como también importantes enfermedades respiratorias y afecciones en la sangre que pueden derivar en leucemia.

Estudios realizados por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con los aportes de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (Jaica, por sus siglas en inglés) indican que el caso de Gonzalo no es el único. La mitad de los 114 chicos, de entre 7 y 11 años de la zona que fueron analizados, presentan plomo en la sangre. El 20 por ciento de ellos fueron identificados con altos niveles de riesgo y se les recomendó un tratamiento médico.

Dicen los vecinos que, luego del estudio realizado por la facultad, los chicos contaminados fueron internados durante diez días en el Hospital Sor María Ludovica en La Plata y luego se los envió a su casa, sin que hubiera un seguimiento posterior de sus enfermedades.

Citando un estudio de la Asociación de Médicos Municipales, Selser aseguró que "el 50 por ciento de los chicos que habitan zonas contaminadas van a tener trastornos del desarrollo psicológico." "Eso trae trastornos madurativos y no tiene retorno", agregó Selser, y dijo que el 80 por ciento de la población estudiada está afectada por benceno.


El mal menor


Las secuelas de la contaminación para los vecinos de Avellaneda se ven agravadas por el intenso caudal de transporte de la zona: el puerto de Dock Sud tiene un movimiento anual promedio de 2.700 buques, en tanto que por las calles del área pasan a diario un promedio de 5.550 vehículos.
Hay quienes opinan que las sustancias tóxicas que vician el agua y el aire de la zona son el mal menor.

"Una explosión en la zona del Polo Petroquímico produciría una situación grave a más de 40 kilómetros de la zona ?apuntó Selser. Es decir que afectaría a toda la ciudad de Buenos Aires y parte de la provincia."

Los posibles accidentes ígneos, que también cita un informe de la Sociedad de Vecinos de La Boca, empiezan a tomarse con más seriedad cuando se recuerda el antecedente del buque tanque petrolero Perito Moreno, que en 1984 estuvo ardiendo frente al Doque durante catorce días, y que podría haber desencadenado una tragedia.

Los compuestos químicos almacenados en el Polo son una bomba de tiempo. Más aún considerando que, como señaló el Defensor del Pueblo de Avellaneda Juan José Vila, el sistema de seguridad contra incendios del Puerto de Dock Sud está obsoleto.

Recorrer la distancia que hay entre la estación de servicio que está en el centro del Polo y la garita de Prefectura en la entrada le toma a cualquier auto un mínimo de diez minutos, tiempo suficiente para que las llamas se propaguen fuera de límites controlables. La marcha se vería aún entorpecida por el paupérrimo estado de las calles del Polo. Los camiones cargados de
sustancias peligrosas deben sortear pozos de hasta un metro de profundidad para llegar a destino.


¿Proyectar o postergar?


El 10 de septiembre de 2003 el presidente de la Nación Néstor Kirchner y el gobernador de la provincia de Buenos Aires Felipe Solá firmaron un acuerdo para la erradicación del Polo en un plazo de diez años. Diez años para vivir contaminado. En 2013 los chicos que hoy tienen plomo en la sangre tendrán, con la ayuda de Dios, entre 17 y 21 años, y la mayoría de ellos habrá vivido toda su vida bajo el yugo de la contaminación.

Por otra parte, a principios de este año se creó el Comité Ejecutivo del Polo, conformado por autoridades municipales, provinciales y nacionales. Al ser consultados, los vecinos exhibieron una actitud escéptica ante los proyectos que de esa institución surgen, como el de la construcción de viviendas para mudar a los vecinos de Villa Inflamable, cuya ubicación todavía se desconoce, dado que en Avellaneda dicen que "no hay lugar."

Hace años que esperan la respuesta de la Municipalidad de Avellaneda. Desde la secretaría de Medio Ambiente municipal, la señora Mónica Capellini prefiere no tomar contacto con la prensa. La misma actitud asume el secretario de Desarrollo Social José Benítez.

Todas las personas interpeladas en una encuesta improvisada en la plaza de la ciudad -ubicada a unas veinte cuadras del Polo- ven afectada su salud por este foco de contaminación o conocen a alguien que lo está, y ninguna de ellas recibe apoyo económico de la Municipalidad.

Jimena debe costear con sus solas fuerzas los onerosos análisis y el tratamiento que sus hijos deben seguir de por vida. "Hay muchas mamás que se rindieron, que tienen miedo", comenta la luchadora incansable.

"Todo se tapa. Hay quienes creen que porque viene un político con una bolsa de mercadería te tenés que callar la boca. Y no es así", concluye Jimena, que es una de los muchos vecinos que presentaron reclamos a Shell y Central Dock Sud.

En un inesperado mea culpa durante un programa de televisión, el secretario de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires Jorge Etcharrán admitió que las actividades de las empresas que generaron contaminación "durante muchos años" contaron "con una actitud absolutamente complaciente por parte del Estado, y digo esto en lo que le compete también a la provincia."
Desde el Comité Ejecutivo del Polo, el ingeniero Enrique Mosto apuntó que "es inviable la coexistencia de un polo petroquímico de esas dimensiones, con los daños que ha generado a través de los años en la población circundante."
Mosto subrayó que "el problema trasciende a todos los sectores de Avellaneda y también a la ciudad de Buenos Aires" y que, dada la cantidad de sustancias peligrosas que aloja el Polo, "lo que puede suceder a veces no es mensurable."
Ante la gravedad de las circunstancias las autoridades responsables siempre están a un paso de poner en práctica una solución.

Las empresas, por su parte, prefieren no exponerse y se excusan de las entrevistas restando importancia a las acusaciones de los vecinos.
Iara no estaría de acuerdo con este punto de vista, si tuviera la edad suficiente para poner en palabras su calvario cotidiano.



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(*) Denise Destéfano (denised@fibertel.com.ar) participó en MV Prensa en noviembre de 2004.




Imagen:
http://www.porlareserva.org.ar/

© MV Prensa / Noviembre de 2004


 
 
 
 
 
 
 


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