INVESTIGACIÓN | Tratamiento de las adicciones en la Argentina
Reducción de daños
Por Malena Golstein*



Entrevista a la licenciada Graciela Touzé,
Directora de la Fundación Intercambios


-¿Cómo trabaja la Fundación?

-Nosotros tenemos varias líneas de trabajo. Respecto al trabajo concreto con la población de usuarios de drogas, tenemos un programa de reducción de daños que funciona desde 1999. Es en la localidad de Avellaneda y es un programa de fuerte inserción comunitaria.

-¿Cómo se trabaja desde la óptica de la reducción de daños?
-Las estrategias de reducción de daños lo que plantean es ir al encuentro de las personas que están necesitando estos servicios. Por lo general estas personas no se acercan ni a hospitales, ni a centros de salud, no van a un centro de tratamiento porque si van les dicen que se dejen de drogar. Y quizás no quieran dejar de drogarse. O si van, no son bien atendidos. Por lo general los centros de tratamiento basados en los modelos de abstención son un poco contradictorios. En la mayoría de los casos les ponen como condición para atender a quien se acerca que deje de drogarse. Y si un usuario de drogas llega planteando que tiene un problema con las drogas, que quiere dejar de consumir pero que solo no puede y se encuentra con la condición de que para recibir ayuda debe hacer por su cuenta lo que no puede... es un poco raro. Bueno, por estas y por muchas otras razones una parte importante de la población no se acerca a los centros de tratamiento. Entonces lo que planteamos es salir al encuentro de esta población en los circuitos donde se mueven y entablar una relación allí y ofrecerles servicios puntuales que los puedan ayudar a reducir los riesgos que el uso de drogas trae aparejado.

-¿En qué consiste el programa que la Fundación Intercambios desarrolla?
-Es un trabajo centralmente de calle, nosotros no tenemos ninguna sede. Trabajamos en la calle, en la casa de la gente, en los lugares donde se reúnen, en las plazas, en las esquinas. Contactando directamente a las personas, se basa en lo que llamamos trabajos de educación entre pares. Es decir, algunas de las personas que integran los equipos de trabajo son o han sido usuarios de drogas y hacen este acercamiento de par a par con el objetivo de trabajar en información preventiva, en reducción de daños, en entrega de materiales. Por ejemplo, para quienes se inyectan se entregan lo que se llaman kits de inyección segura. Esto implica jeringas y agujas descartables, agua destilada, toallitas sin alcohol, un recipiente donde se prepara la dosis. Para que no haya riesgo de transmisión de hepatitis, de VIH, los kits tienen que ser de uso personal. También se les entrega preservativos, material informativo, vinculación con servicios de salud, vinculaciones que impliquen generar canales para que sean recibidos de manera más amigable. Y, básicamente, estar disponibles y cercanos a una población que de otra manera, no tiene acceso a esto.

-¿Se trabaja con todas las drogas de la misma manera?
-Como idea de base sí. Se ve que sustancia se está consumiendo, de qué forma se consume. Si es por vía inyectable, sea cual fuere la sustancia que use, hay una primera situación que es el uso personal del equipo de inyección. Lo cierto es que en nuestro país, al menos en el territorio que nosotros cubrimos (Buenos Aires y gran Buenos Aires), en la mayoría de los casos, la sustancia que más se consume hoy por hoy es la cocaína. Hablando de las inyectables. También hay cuestiones puntuales con el uso inhalado de la cocaína, porque al compartir el canuto pueden transmitirse distintos virus, no del HIV, pero sí el de la hepatitis, por ejemplo. O en el caso de la pasta base estamos haciendo ciertas pruebas con la distribución de pipas de madera. Porque en general se usan pedazos de caño, antenas de televisión, latas de gaseosa que al calentarse producen emanaciones altamente tóxicas que provocan quemaduras en los labios, entre otros daños. En lo que respecta a las pastillas, psicofármacos, recomendamos evitar la mezcla con alcohol. O si consumen alcohol, que no se acuesten, que se incorporen para evitar ahogos y que estén acompañados por si necesitan que los asistan. Debo aclarar que trabajamos con sectores muy desfavorecidos.

-¿Qué postura toma el Estado frente a este tipo de trabajo?
-Yo trabajo en el tema drogas desde mediados de los`70. Hasta el año `90 no había escuchado hablar de reducción de daños en mi vida. No existía eso. Cuando empezó la epidemia de SIDA sentimos la necesidad de hacer algo desde el sentido común. Qué la gente tuviera acceso a jeringas estériles, por ejemplo. Comenzamos a indagar y nos enteramos que existía algo que se llamaba Reducción de daños y que ya se venía trabajando en eso en algunos países. Pero acá no se conocía. Empezamos a distribuir esta información, mostrar estudios que se habían hecho en otros lugares que hablaban de la eficacia de este tipo de trabajo. Que las tasas de infección por HIV por vías inyectables en los países que se había tomado esta política, habían comenzado a descender. En ese momento el estado no estaba muy dispuesto a escuchar, incluso hubo funcionarios que dijeron que jamás distribuirían jeringas entre los adictos. Desde ese momento hasta ahora, unos doce años, se avanzó mucho. Hoy en día todo lo que es Reducción de daños es relativamente conocido, al menos en ámbitos donde se trabaja en el tema. No todos están de acuerdo, es algo que se discute, pero al menos se sabe de qué se trata. A nivel gubernamental se ha logrado un nivel de aceptación importante. Lo que está faltando es que el Estado tome una posición decidida de tomar esto como una política pública, que significa, entre otras cosas, asignar presupuestos. Hay un apoyo político de alguna manera, se ha incluido esto en proyectos que vienen con fondos internacionales, pero no se ha incluido en los presupuestos. Un ejemplo muy completo es el Programa Nacional de SIDA. El año pasado hubo un proyecto que se desarrolló hasta terminarlo ahora, donde estuvimos trabajando mucho desde la perspectiva de reducción de daños, VIH y uso de drogas, con fondos de Naciones Unidas. El proyecto estaba a cargo del Ministerio de Salud, hasta el propio ministro estuvo en la presentación, lo apoyó explicitamente, salió en los diarios... hay un apoyo político. ¿Qué está faltando? Cuando se terminen estos fondos de Naciones Unidas, el Programa Nacional de SIDA que tiene unos pocos fondos para comprar preservativos no tiene fondos para comprar jeringas. En ese sentido falta incluirlo enérgicamente como política pública. Si me comprometo políticamente con esto, también me comprometo presupuestariamente para que las acciones puedan hacerse. Si lo tengo que mirar retrospectivamente debo decir que hay ahora un apoyo mucho mayor. Incluso hay algunos proyectos de ley que han sido presentados. Entre ellos uno que proponía modificar un artículo en la Ley de drogas que pena el impartir instrucciones para el uso de substancias ilegales porque se considera apología o inducción al consumo. Entonces muchas veces lo que nos planteaban era el riesgo que corríamos de tener problemas por considerar que lo que hacíamos era una apología de las drogas. Eso nunca pasó, se avanzó con los programas y a nadie se le ocurrió iniciar una cosa tan descabellada como iniciar una querella por ese tema. La Secretaría Nacional de Drogas en el año 2000 dictó una resolución que le da cierta cobertura jurídica al programa. Nosotros apoyamos este proyecto de ley para modificar este artículo donde quedarían exentos los profesionales de la salud que trabajen en reducción de daños, etc. Con lo cual nadie podría decir que el material de información que distribuimos está constituyendo un delito.

-¿Si un medio de comunicación publica este tipo de material está incurriendo en un delito?
-El tema con los medios de comunicación es muy complejo y siempre depende. Desde el trabajo de reducción de daños nosotros intentamos adecuarnos a las necesidades de la población con la que trabajamos. Yo creo que este material no es para distribuir masivamente.

-¿Por qué?
-Porque es un material para aquel que consume ese tipo de drogas: pastillas, pasta base o cocaína. Quien está expuesto a estos riesgos es quién está consumiendo. No iría a un colegio ni entregaría el material libremente entre los alumnos. Es para entregar en forma focalizada. No lo difundiría masivamente. El año pasado a alguien se le ocurrió iniciar una querella contra el programa Ser urbano por incitación al consumo por una emisión que se había hecho sobre marihuana. La resolución del juzgado, el escrito de los fiscales que entendieron en la causa es ejemplar. Es una maravilla. Sobreseyeron al programa y los fundamentos que daban están basados en la libertad de opinión y básicamente que el Estado no puede convertirse en un Estado paternalista, que censure... Un fallo ejemplar. En cambio una página web sobre el cultivo de marihuana no tuvo la misma suerte. No recuerdo bien, creo que habían tenido que apelar pero no les había ido tan bien. Es que en los medios de comunicación masiva hay que ser más cuidadosos.

-¿Hay una intención final en el trabajo de la fundación de que la persona que consume drogas deje de hacerlo?
-Nosotros vamos con la perspectiva de que la persona trate de reducir sus daños. Hay una jerarquía de objetivos. Llegar a la abstinencia es el objetivo último. Es el más difícil. Antes de llegar a eso hay una serie de cosas que las personas pueden hacer. Nosotros empezamos a trabajar en esas. Si en ese trayecto la persona pide apoyo para lograr la abstinencia nosotros lo contactamos con alguna institución que trabaje ese tipo de tratamientos, nosotros no lo hacemos. Nosotros no abrimos juicio sobre el consumo de drogas y eso es lo que nos permite poder trabajar de esta manera. Lo primero que intentamos es modificar determinados hábitos para reducir riesgos como el de compartir jeringas. Si logramos eso podemos plantear entonces la posibilidad de sustituir lo que consumen por otra sustancia menos riesgosa. Hay diferentes etapas que puede ser que en algún momento eso llegue a la abstinencia. O no.

-¿En algún caso la Fundación provee sustancias menores?
-No. Provisión de sustancias no. No está permitido en nuestro país. Hay países como Holanda que tienen programas experimentales. O en Brasil que se trabaja con planes de sustitución, aunque que no las proveen. En Bolivia se está experimentando con sustitución de cocaína por mascado de hoja de coca.

-¿Cómo se sostiene económicamente una Fundación como esta?
-Recibimos financiamiento de distintos organismos para la realización de proyectos. Hemos tenido financiamiento de distintos organismos de Naciones Unidas como ONUSIDA. En este momento recibimos apoyo del Fondo Global a través del Ministerio de Salud. Vamos buscando, siempre tenemos apoyos para desarrollar proyectos, tratando de ir buscando nuevos financiamientos.

-¿Qué la moviliza a hacer todo esto?
-Pregunta compleja. Hace muchos años que trabajo en el tema drogas y algunos menos con VIH, y estos son temas que ponen al desnudo mucho de lo social. Cristales que te muestran como funciona una sociedad, como se mueven relaciones de poder, hipocresía, como se construyen mitos alrededor de esto. Un temor irracional y cómo frente a este temor se reacciona irracionalmente. A mi me resultan temas especialmente convocantes por esto. Más que por el tema en sí mismo, por lo que muestran de lo social y yo tengo una formación en el campo de la ciencia social, algo que me interesa particularmente. Y al mismo tiempo me parece que trabajando así algo, aunque sea desde lo micro, podes ir generando. Y mejorar la calidad de vida de un grupo determinado de personas, que no representa un cambio en la sociedad. Es un trabajo a nivel micro. Podes empezar a desmontar prejuicios muy fuertes que hay sobre esto. También es una línea en la que trabajamos como institución. Ver que la prohibición de las drogas no tiene que ver con las sustancias. Tiene que ver con cuestiones políticas, con cuestiones históricas, antropológicas. Revisemos todo eso. Me parece que desde ahí se puede tratar de instalar alguna reflexión.

-¿Cómo mira la Argentina este tema?
-Creo que como con muchos temas, la sociedad argentina no es un bloque monolítico. Me parece que hay posiciones muy diferentes. Estamos en un momento en que la gente quiere entender un poco más qué pasa, ver las cosas con más claridad. Está habiendo un debate, tímido todavía, pero se está generando alrededor de este tema. Algo que estaba medio callado. Hay mucha gente que está pensando que esto de creerse que todos los males de la sociedad argentina, la delincuencia, la violencia, la pobreza: 'seguro que fue porque estaba drogado' ya no camina por ahí. Y que además si estaba drogado que lo mejor es mandarlo a la cárcel, tampoco camina por ahí. Los problemas sociales no se solucionan por ese lado. Y en todo caso si esto es un problema, es un problema social. Y al lado de eso están los sectores retrógrados y conservadores que siguen creyendo en la mano dura. Me parece que se está agitando un debate que puede ser interesante.


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(*) Malena Golstein (malencka@yahoo.com) es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta mayo de 2005







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© MV Prensa / Julio de 2004



 
 
 
 
 
 
 


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