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Entrevista
a la licenciada Graciela Touzé,
Directora de la Fundación Intercambios
-¿Cómo trabaja la Fundación?
-Nosotros tenemos varias líneas de trabajo. Respecto
al trabajo concreto con la población de usuarios de
drogas, tenemos un programa de reducción de daños que
funciona desde 1999. Es en la localidad de Avellaneda
y es un programa de fuerte inserción comunitaria.
-¿Cómo se trabaja desde la óptica de la reducción
de daños?
-Las estrategias de reducción de daños lo que plantean
es ir al encuentro de las personas que están necesitando
estos servicios. Por lo general estas personas no se
acercan ni a hospitales, ni a centros de salud, no van
a un centro de tratamiento porque si van les dicen que
se dejen de drogar. Y quizás no quieran dejar de drogarse.
O si van, no son bien atendidos. Por lo general los
centros de tratamiento basados en los modelos de abstención
son un poco contradictorios. En la mayoría de los casos
les ponen como condición para atender a quien se acerca
que deje de drogarse. Y si un usuario de drogas llega
planteando que tiene un problema con las drogas, que
quiere dejar de consumir pero que solo no puede y se
encuentra con la condición de que para recibir ayuda
debe hacer por su cuenta lo que no puede... es un poco
raro. Bueno, por estas y por muchas otras razones una
parte importante de la población no se acerca a los
centros de tratamiento. Entonces lo que planteamos es
salir al encuentro de esta población en los circuitos
donde se mueven y entablar una relación allí y ofrecerles
servicios puntuales que los puedan ayudar a reducir
los riesgos que el uso de drogas trae aparejado.
-¿En qué consiste el programa que la Fundación Intercambios
desarrolla?
-Es un trabajo centralmente de calle, nosotros no tenemos
ninguna sede. Trabajamos en la calle, en la casa de
la gente, en los lugares donde se reúnen, en las plazas,
en las esquinas. Contactando directamente a las personas,
se basa en lo que llamamos trabajos de educación entre
pares. Es decir, algunas de las personas que integran
los equipos de trabajo son o han sido usuarios de drogas
y hacen este acercamiento de par a par con el objetivo
de trabajar en información preventiva, en reducción
de daños, en entrega de materiales. Por ejemplo, para
quienes se inyectan se entregan lo que se llaman kits
de inyección segura. Esto implica jeringas y agujas
descartables, agua destilada, toallitas sin alcohol,
un recipiente donde se prepara la dosis. Para que no
haya riesgo de transmisión de hepatitis, de VIH, los
kits tienen que ser de uso personal. También se les
entrega preservativos, material informativo, vinculación
con servicios de salud, vinculaciones que impliquen
generar canales para que sean recibidos de manera más
amigable. Y, básicamente, estar disponibles y cercanos
a una población que de otra manera, no tiene acceso
a esto.
-¿Se trabaja con todas las drogas de la misma manera?
-Como idea de base sí. Se ve que sustancia se está consumiendo,
de qué forma se consume. Si es por vía inyectable, sea
cual fuere la sustancia que use, hay una primera situación
que es el uso personal del equipo de inyección. Lo cierto
es que en nuestro país, al menos en el territorio que
nosotros cubrimos (Buenos Aires y gran Buenos Aires),
en la mayoría de los casos, la sustancia que más se
consume hoy por hoy es la cocaína. Hablando de las inyectables.
También hay cuestiones puntuales con el uso inhalado
de la cocaína, porque al compartir el canuto pueden
transmitirse distintos virus, no del HIV, pero sí el
de la hepatitis, por ejemplo. O en el caso de la pasta
base estamos haciendo ciertas pruebas con la distribución
de pipas de madera. Porque en general se usan pedazos
de caño, antenas de televisión, latas de gaseosa que
al calentarse producen emanaciones altamente tóxicas
que provocan quemaduras en los labios, entre otros daños.
En lo que respecta a las pastillas, psicofármacos, recomendamos
evitar la mezcla con alcohol. O si consumen alcohol,
que no se acuesten, que se incorporen para evitar ahogos
y que estén acompañados por si necesitan que los asistan.
Debo aclarar que trabajamos con sectores muy desfavorecidos.
-¿Qué postura toma el Estado frente a este tipo de
trabajo?
-Yo trabajo en el tema drogas desde mediados de los`70.
Hasta el año `90 no había escuchado hablar de reducción
de daños en mi vida. No existía eso. Cuando empezó la
epidemia de SIDA sentimos la necesidad de hacer algo
desde el sentido común. Qué la gente tuviera acceso
a jeringas estériles, por ejemplo. Comenzamos a indagar
y nos enteramos que existía algo que se llamaba Reducción
de daños y que ya se venía trabajando en eso en algunos
países. Pero acá no se conocía. Empezamos a distribuir
esta información, mostrar estudios que se habían hecho
en otros lugares que hablaban de la eficacia de este
tipo de trabajo. Que las tasas de infección por HIV
por vías inyectables en los países que se había tomado
esta política, habían comenzado a descender. En ese
momento el estado no estaba muy dispuesto a escuchar,
incluso hubo funcionarios que dijeron que jamás distribuirían
jeringas entre los adictos. Desde ese momento hasta
ahora, unos doce años, se avanzó mucho. Hoy en día todo
lo que es Reducción de daños es relativamente conocido,
al menos en ámbitos donde se trabaja en el tema. No
todos están de acuerdo, es algo que se discute, pero
al menos se sabe de qué se trata. A nivel gubernamental
se ha logrado un nivel de aceptación importante. Lo
que está faltando es que el Estado tome una posición
decidida de tomar esto como una política pública, que
significa, entre otras cosas, asignar presupuestos.
Hay un apoyo político de alguna manera, se ha incluido
esto en proyectos que vienen con fondos internacionales,
pero no se ha incluido en los presupuestos. Un ejemplo
muy completo es el Programa Nacional de SIDA. El año
pasado hubo un proyecto que se desarrolló hasta terminarlo
ahora, donde estuvimos trabajando mucho desde la perspectiva
de reducción de daños, VIH y uso de drogas, con fondos
de Naciones Unidas. El proyecto estaba a cargo del Ministerio
de Salud, hasta el propio ministro estuvo en la presentación,
lo apoyó explicitamente, salió en los diarios... hay
un apoyo político. ¿Qué está faltando? Cuando se terminen
estos fondos de Naciones Unidas, el Programa Nacional
de SIDA que tiene unos pocos fondos para comprar preservativos
no tiene fondos para comprar jeringas. En ese sentido
falta incluirlo enérgicamente como política pública.
Si me comprometo políticamente con esto, también me
comprometo presupuestariamente para que las acciones
puedan hacerse. Si lo tengo que mirar retrospectivamente
debo decir que hay ahora un apoyo mucho mayor. Incluso
hay algunos proyectos de ley que han sido presentados.
Entre ellos uno que proponía modificar un artículo en
la Ley de drogas que pena el impartir instrucciones
para el uso de substancias ilegales porque se considera
apología o inducción al consumo. Entonces muchas veces
lo que nos planteaban era el riesgo que corríamos de
tener problemas por considerar que lo que hacíamos era
una apología de las drogas. Eso nunca pasó, se avanzó
con los programas y a nadie se le ocurrió iniciar una
cosa tan descabellada como iniciar una querella por
ese tema. La Secretaría Nacional de Drogas en el año
2000 dictó una resolución que le da cierta cobertura
jurídica al programa. Nosotros apoyamos este proyecto
de ley para modificar este artículo donde quedarían
exentos los profesionales de la salud que trabajen en
reducción de daños, etc. Con lo cual nadie podría decir
que el material de información que distribuimos está
constituyendo un delito.
-¿Si un medio de comunicación publica este tipo de
material está incurriendo en un delito?
-El tema con los medios de comunicación es muy complejo
y siempre depende. Desde el trabajo de reducción de
daños nosotros intentamos adecuarnos a las necesidades
de la población con la que trabajamos. Yo creo que este
material no es para distribuir masivamente.
-¿Por qué?
-Porque es un material para aquel que consume ese tipo
de drogas: pastillas, pasta base o cocaína. Quien está
expuesto a estos riesgos es quién está consumiendo.
No iría a un colegio ni entregaría el material libremente
entre los alumnos. Es para entregar en forma focalizada.
No lo difundiría masivamente. El año pasado a alguien
se le ocurrió iniciar una querella contra el programa
Ser urbano por incitación al consumo por una emisión
que se había hecho sobre marihuana. La resolución del
juzgado, el escrito de los fiscales que entendieron
en la causa es ejemplar. Es una maravilla. Sobreseyeron
al programa y los fundamentos que daban están basados
en la libertad de opinión y básicamente que el Estado
no puede convertirse en un Estado paternalista, que
censure... Un fallo ejemplar. En cambio una página web
sobre el cultivo de marihuana no tuvo la misma suerte.
No recuerdo bien, creo que habían tenido que apelar
pero no les había ido tan bien. Es que en los medios
de comunicación masiva hay que ser más cuidadosos.
-¿Hay una intención final en el trabajo de la fundación
de que la persona que consume drogas deje de hacerlo?
-Nosotros vamos con la perspectiva de que la persona
trate de reducir sus daños. Hay una jerarquía de objetivos.
Llegar a la abstinencia es el objetivo último. Es el
más difícil. Antes de llegar a eso hay una serie de
cosas que las personas pueden hacer. Nosotros empezamos
a trabajar en esas. Si en ese trayecto la persona pide
apoyo para lograr la abstinencia nosotros lo contactamos
con alguna institución que trabaje ese tipo de tratamientos,
nosotros no lo hacemos. Nosotros no abrimos juicio sobre
el consumo de drogas y eso es lo que nos permite poder
trabajar de esta manera. Lo primero que intentamos es
modificar determinados hábitos para reducir riesgos
como el de compartir jeringas. Si logramos eso podemos
plantear entonces la posibilidad de sustituir lo que
consumen por otra sustancia menos riesgosa. Hay diferentes
etapas que puede ser que en algún momento eso llegue
a la abstinencia. O no.
-¿En algún caso la Fundación provee sustancias menores?
-No. Provisión de sustancias no. No está permitido en
nuestro país. Hay países como Holanda que tienen programas
experimentales. O en Brasil que se trabaja con planes
de sustitución, aunque que no las proveen. En Bolivia
se está experimentando con sustitución de cocaína por
mascado de hoja de coca.
-¿Cómo se sostiene económicamente una Fundación como
esta?
-Recibimos financiamiento de distintos organismos para
la realización de proyectos. Hemos tenido financiamiento
de distintos organismos de Naciones Unidas como ONUSIDA.
En este momento recibimos apoyo del Fondo Global a través
del Ministerio de Salud. Vamos buscando, siempre tenemos
apoyos para desarrollar proyectos, tratando de ir buscando
nuevos financiamientos.
-¿Qué la moviliza a hacer todo esto?
-Pregunta compleja. Hace muchos años que trabajo en
el tema drogas y algunos menos con VIH, y estos son
temas que ponen al desnudo mucho de lo social. Cristales
que te muestran como funciona una sociedad, como se
mueven relaciones de poder, hipocresía, como se construyen
mitos alrededor de esto. Un temor irracional y cómo
frente a este temor se reacciona irracionalmente. A
mi me resultan temas especialmente convocantes por esto.
Más que por el tema en sí mismo, por lo que muestran
de lo social y yo tengo una formación en el campo de
la ciencia social, algo que me interesa particularmente.
Y al mismo tiempo me parece que trabajando así algo,
aunque sea desde lo micro, podes ir generando. Y mejorar
la calidad de vida de un grupo determinado de personas,
que no representa un cambio en la sociedad. Es un trabajo
a nivel micro. Podes empezar a desmontar prejuicios
muy fuertes que hay sobre esto. También es una línea
en la que trabajamos como institución. Ver que la prohibición
de las drogas no tiene que ver con las sustancias. Tiene
que ver con cuestiones políticas, con cuestiones históricas,
antropológicas. Revisemos todo eso. Me parece que desde
ahí se puede tratar de instalar alguna reflexión.
-¿Cómo mira la Argentina este tema?
-Creo que como con muchos temas, la sociedad argentina
no es un bloque monolítico. Me parece que hay posiciones
muy diferentes. Estamos en un momento en que la gente
quiere entender un poco más qué pasa, ver las cosas
con más claridad. Está habiendo un debate, tímido todavía,
pero se está generando alrededor de este tema. Algo
que estaba medio callado. Hay mucha gente que está pensando
que esto de creerse que todos los males de la sociedad
argentina, la delincuencia, la violencia, la pobreza:
'seguro que fue porque estaba drogado' ya no camina
por ahí. Y que además si estaba drogado que lo mejor
es mandarlo a la cárcel, tampoco camina por ahí. Los
problemas sociales no se solucionan por ese lado. Y
en todo caso si esto es un problema, es un problema
social. Y al lado de eso están los sectores retrógrados
y conservadores que siguen creyendo en la mano dura.
Me parece que se está agitando un debate que puede ser
interesante.
Ver notas relacionadas:
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El
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Princesa
de la Química,
Princesa
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(*) Malena Golstein (malencka@yahoo.com) es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta mayo
de 2005
Imagen:
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© MV Prensa / Julio de 2004
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