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"Voy
desprolijo en un mundo muy prolijo". Así
dice un hombrecito con un corazón rojo enorme
que se diferencia de miles de figuras en blanco y negro
entreveradas, en el centro de la tapa del libro. ¿Es
él? ¿Es Rep ese hombrecito colorido que
se resiste a su entorno homogéneo con una amable
expresión en el rostro?
Apenas
sus ojos ocupados encuentran los míos, ya un
gesto de bienvenida se dibuja en su cara, el mismo con
el que recibe a cada uno de los presentes en "La
Boutique del Libro", en Palermo. Miguel Repiso,
más conocido como Rep, acaba de presentar su
último trabajo: Contratapas. Una selección
de 120 de las 3000 tiras diarias que publicó
desde 1998 hasta 2006 en el periódico Página/12,
para el que dibuja contratapas desde el primer número,
que salió en 1987.
Sus amigos, el actor Alfredo Casero y el periodista
Ernesto Tenembaum, hablan bien de él. El representante
de Editorial Sudamericana que coordina la charla de
presentación, también. Y Rep dibuja, de
tanto en tanto, en un mural de papel madera con un marcador
negro, lo que le sale, formas, humanos, humanoides,
animales, insectos. Después saluda, se abraza,
lagrimea, firma libros, posa para las fotos. Nada desprolijo,
por ahora.
Para empezar a calificar con ese mote a Rep, es necesario
abrir su libro, ver sus tiras. Ver por lo menos una
de sus obras:
"Este
hombre busca la felicidad. Le dieron esta dirección.
Toca el timbre. Entra". Lo que sigue son cinco
cuadritos con una puerta cerrada, a la que acaba de
entrar aquel alegre señor. Fin de la tira.
Si lo anterior no bastó para que el rótulo
de desprolijo cayera infaliblemente sobre el dibujante,
probemos entonces con entrar a su estudio -algo así
como el bunker del hombrecito colorido que resiste-,
donde trabaja Rep todos los días (sí,
todos), y mirar alrededor. Ni un cuadro. Ni un mueble.
Ni un adorno. Nada. El estudio de Miguel Repiso está
compuesto, básicamente, por una gran repisa en
forma de ele, que hace las veces de mesa, y ocupa todo
el largo de dos paredes blancas. En una de ellas está
la enorme ventana, cómplice de la luz clara que
domina el ambiente, y bajo la cual descansa -en la gran
repisa- una cantidad inmensa de papeles, revistas, fotos,
lápices de todos los colores, libros
Y
en el medio, un espacio libre. Allí reposará
la hoja inmaculada -el lienzo del pintor- en la que
dibujará su próxima obra.
No
mucho más. Una silla de oficina, con rueditas,
en la que el entrevistado se deslizará y se acomodará
varias veces en dos horas, y otra de jardín (sí,
de esas blancas, de plástico) para que se siente
quien sea que lo visite. El piso de madera. O símil.
El aire acondicionado sopla como una pobre imitación
del Zonda por debajo de la gran repisa. Es que afuera
hace frío.
Rep
es Rep sin accesorios. Tan sólo un gorro, que
usa quizá porque ya nadie los usa. No tiene una
bebida predilecta, no fuma, no se droga. "Mi caos
no es químico", dirá. Su teléfono
celular se dejó de vender hace, mínimo,
dos años. "Es que lo uso sólo para
recibir. Nunca llamo", se excusa. Ni siquiera su
teléfono fijo es inalámbrico.
¿Es
Rep ese hombrecito de corazón grande que resiste
en un mundo de figuras que se confunden en blanco y
negro? Y es que Rep es, al menos, distinto. Al menos,
raro. Al menos.
"Desde
chico vengo escuchando el 'no te entiendo'. Ya me acostumbré".
Lo dice el dibujante que supo ser humorista gráfico,
de los clásicos, pero tras su "crisis del
98" (como él mismo la llama) comenzó
a importarle más la búsqueda de espacios
libres para expresarse que la adhesión a una
fórmula de éxito conocido. Tal interés
lo llevó a dejar para siempre de dibujar a sus
personajes -Lukas, el Niño Azul, Auxilio, Gaspar
el Revolú, entre otros 60 que creó- y
decidir que su tira diaria en Página/12 se llamara
simplemente "Rep". Inclusive dejó atrás
el lánguido marco de la serie "Postales".
"La
crisis del 98 consistió en un descubrimiento
tardío del sinsentido de la vida, de pronto hecho
carne en mí", cuenta Rep, a los 46 años,
en la última página de su libro nuevo.
A partir de entonces, comenzó a transitar un
camino distinto, sin límites, cuyo sendero él
mismo descubre, dibuja y conquista día a día.
"Yo
vivo una vida llena de sentidos. Pero la mía
es una búsqueda estética del sinsentido.
Que mi tira no tenga que tener un remate como lo tenía
hace 15 años y que el final se diluya en algo,
porque la vida continúa, es un sinsentido. Pensar
que las cosas tienen que cerrar siempre lleva a una
gran desilusión, porque las cosas no cierran",
lanza Rep, que parece haber pensado esto que dice mucho
antes de que alguien, hace apenas unos segundos, se
lo haya preguntado.
"Crear
desde el sinsentido me parece mucho más libre.
Sabés que tenés alas pero no sabés
a dónde vas. Porque es el viento el que te lleva.
El sinsentido es dejar que el viento actúe".
Suena sencillo, pero no lo es. No lo fue para este dibujante,
que debió patear el tablero y despojarse de las
seguridades en pos de su crecimiento artístico.
"Antes
del 98, por poner una fecha, yo intuía que las
cosas no tenían sentido. Lo sabía. Y no
encontraba la vuelta a lo mío. Al sinsentido
lo veía en algunas obras como Alicia en el País
de las Maravillas o las de los hermanos Marx. Las veía
muy atractivas, menos asfixiantes que las cosas que
sí tienen sentido, como el humor de Olmedo. La
métrica de la historieta también es asfixiante.
Planteás, desarrollás, rematás,
en cuatro cuadritos, cinco, ocho, más no podés,
todos los días. Es una especie de esclavitud".
Y
si hay algo que no le gusta a Rep es que lo fuercen.
He aquí una parte fundamental de su verdadera
desprolijidad. Rep es el hombrecito de corazón
grande que, aunque con timidez reconocida, hace invariablemente
lo que se le canta. Jamás sigue instrucciones,
más que las que le dicta su intuición.
Y su historia lo constata. A los 14 años dejó
el colegio secundario y comenzó a trabajar en
la editorial Récords. Allí empezó
a desarrollar su talento, que cuatro años más
tarde le serviría para traer a su familia -sus
padres y sus tres hermanos menores- de Corrientes, a
donde se habían ido hacía dos años
en busca de un mejor pasar económico. "El
recepcionista del piso de arriba" fue su primera
historieta -creó el dibujo y el guión-,
que publicó en la revista Humor. Tenía
18 años.
Autodidacta,
la lectura constante lo conectó con una visión
profunda del mundo y de la existencia. Cuando era un
veinteañero, viajó a Europa, donde vivió
durante dos años. Volvió con una sola
idea: jamás volvería a dibujar para otros.
Él sería su propio guionista. Y así
lo hizo, sin saber que más de dos décadas
después dejaría su sello con tinta indeleble
en la Madre Patria. El 22 de marzo pasado, Rep inauguró
el mural "Treinta" en la Residencia de la
Embajada Argentina en Madrid, en conmemoración
del trigésimo aniversario del último golpe
militar. "Fue la última vez que lloré
mucho", cuenta. Claro que ése no fue el
primer mural que realizó: entre los más
destacados, figuran el de la plaza Jorge Luis Borges,
en Mar del Plata, el del Centro de Idiomas, en Buenos
Aires y el del Centro Cultural El Faro, en el Distrito
Federal de México. Rep ganó concursos
internacionales, realizó numerosas exposiciones
en España -donde también dio conferencias-
y en México, además de en otros países
de América Latina y Portugal. Actualmente, dibuja
para las revistas Veintitrés y Fierro, en Argentina,
y también para el exterior, en las publicaciones
El Ajo, Generación XXI y Diagonal (España)
y Playboy de México. Tiene publicados más
de veinte libros, entre ellos: Bellas Artes, Y Rep hizo
los barrios, Postales y La grandeza y la chiqueza.
Sus
amigos dicen que su peor defecto es ser caprichoso.
Él asume que, por lo menos en el trabajo, necesita
que se haga su voluntad. Por eso prefiere trabajar solo.
"No podría imprimir sobre otro la misma
exigencia que me impongo", confiesa, aunque reconoce
que integró duplas creativas, como la que formó
con el periodista Jorge Lanata a la hora de pensar a
"Los De la Rúa" (la historieta que
emuló a su tira consagrada en los `80, "Los
Alfonsín")
Por
supuesto que ni hablar de cumplir órdenes. Rep
no cumple ni siquiera las órdenes de sus lectores.
"Si yo tuviera a Niní Marshall, le pediría
que me hiciera a Catita. Lo mismo pasa con algunos lectores,
que me piden a Lukas, o al Niño Azul", cuenta.
"Pero yo dejé de hacerlos, y por eso perdí
a una parte importante de mi público. Por un
lado es doloroso, pero no me arrepiento de haber cambiado.
Es que si hacés siempre lo que quieren los lectores,
te desdibujás".
Se
considera intimista. Ése es su estilo. "Cuando
se me ocurre una idea, no me imagino una especie de
masa, como River o el Luna Park a quien voy a enviar
mi mensaje. Pienso de a uno, pienso en un lector. Mando
mi idea a esa persona, que todos los días es
distinta".
¿Es
acaso Rep ese hombrecito de corazón grande y
rojo que camina con esa expresión tan amena,
rodeado por figuras en blanco y negro? Y si es: ¿qué
normas lo rigen?, ¿qué fuerza lo conduce?
Más
allá de su voluntad, hay un mandato del que Rep
no escapa. No puede. Lo sigue fiel y ciegamente: es
el de su padre. "De papá heredé lo
que conforma mi Super Yo, la idea recta del trabajo
como forma única de vida", cuenta. Confiesa
que su único vicio es el trabajo. Tiene una obsesión
por hacerlo bien. "Cuando yo hago un dibujo o una
tira, quiero que sea de verdad. Que lo que diga sea
algo verdadero. Además, detesto la repetición.
Me altera, me pone nervioso. Es lo más fácil,
y no lo tolero".
-La
creación, ¿te ocasiona sufrimiento?
-Mucho. Sobre todo los trabajos grandes, los murales,
por ejemplo. El último trabajo que me ocasionó
sufrimiento fue el de las cuatro páginas de Fierro,
que no me salían, y encima tenía que lidiar
con el reloj
Sufrí mucho y me contracturé,
hasta que salió. Los trabajos nuevos, en los
que yo tengo que descular una forma original de encararlos
para no seguir en piloto automático, me generan
mucha angustia, mucho sufrimiento.
-¿Sos
competitivo?
-Sí. Tiene que ver con mi perfeccionismo. No
miro a los humoristas gráficos, sino a los artistas
plásticos, a los escritores, a los cineastas.
Lo que hagan los humoristas no me calienta. Esa universidad
ya la pasé. Pienso que hacer humor político
es una estafa, es lo más fácil. Esas tiras
no las podés ni siquiera recopilar en un libro,
no perduran en el tiempo. Si voy a hacer humor social,
voy a dibujar a los oprimidos, no a los opresores.
"Yo
quiero hacer cosas de verdad, no me interesa llenar
auditorios, ni publicar libros que vendan una fortuna.
Mis tiras no pueden ser impostadas ni marketineras.
Yo necesito que mi laburo, mi dibujo y mi guión
sean sólidos y de verdad".
Acaso
es esa pasión por la verdad, tan extraña
en estos tiempos, la que hace que Rep sea ese hombrecito
desprolijo que se resiste a camuflarse en un mundo demasiado
prolijo, demasiado emparejado. Acaso son los caminos
por donde transita este humorista, más preocupado
por generar sonrisas que carcajadas, los que invitan
a desafiar la lógica del mercado, esa que todo
lo acapara y a la que muchos juzgan infranqueable. Pero
Rep resiste. Se desliza por las grietas. Y conmueve.
+[INFO]:
-Ensayo
Fotográfico de Rep, por Tomás Vela
(MV Prensa)
Link
FOTOS
-Página oficial de Rep
http://www.miguelrep.com.ar/
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(*)
Rosana Quiñoa (rosana_q@yahoo.com) es
periodista.
Participa en MV Prensa desde agosto de 2007
Imágenes:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Septiembre de 2007
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