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Silvia
Cattori: -Usted representa una voz potente en Palestina,
pero casi no se escucha esa voz en los países
francohablantes. ¿Por qué?
Sattar Kassem: -Hace veintiséis años,
las autoridades israelíes me prohibieron salir
de Palestina. Pasé dos años en las cárceles
israelíes y ocho meses en las cárceles
palestinas bajo el régimen de Arafat. Fui herido
de cuatro balas por sicarios reclutados por las autoridades
palestinas. Pero ahí sigo con mi pluma para ayudar
a mi pueblo a recobrar sus derechos y a contribuir en
la generación de un cambio en el mundo árabe.
Estoy convencido de que los regímenes árabes
actuales deben desaparecer: ellos defienden intereses
extranjeros, y en absoluto
los de sus ciudadanos. La mayor parte de esos regímenes
dictatoriales colaboran con Israel; actúan entonces
contra los derechos de los palestinos y los libaneses.
Esos regímenes son marionetas de ciertas potencias,
en particular de los Estados Unidos.
-Usted
fue detenido, y casi lo mataron por criticar la política
del señor Arafat. ¿Esto significa que
no había democracia ni libertad bajo su autoridad?
-No había democracia bajo el régimen de
Arafat, y ninguna libertad de opinión. Mucha
gente fue arrestada. En 1999, con otras diecinueve personalidades,
firmé una declaración diciendo que había
una enorme corrupción en el país y que
había que impugnar principalmente a Arafat.(1)
Nos mandó presos. Luego de eso escribí
"La democracia carcelaria", un artículo
que criticaba el comportamiento antidemocrático
de Arafat. Por eso enviaron sicarios para eliminarme.
Arafat nunca quiso instaurar ninguna forma de democracia.
-¿Quiere
decir que las elecciones de 1996 no fueron honestas?
-Efectivamente. No se puede calificar de equitativas
las elecciones de 1996. En 1996 hubo mucho fraude. Pero
no había oposición; por lo tanto, nadie
encontró nada que decir.
-Últimamente,
por primera vez en la región, ustedes tuvieron
elecciones equitativas. Y las ganaron los candidatos
de Hamás. Pero también por primera vez
en la historia, vemos a la Unión Europea castigando
con sanciones a un pueblo sometido a una ocupación
extranjera.
-Exacto. Es paradójico, efectivamente. Habría
que preguntarles a los europeos. Tuvimos elecciones
equitativas y regulares, pero aún no tuvimos
la atmósfera general indispensable para la democracia,
y ahí está el problema. Sin duda, usted,
fuera de Palestina, habrá notado que después
de la victoria electoral de Hamás, se vio claramente
que cierto número de personalidades -particularmente
en el Partido Al Fatá- no aceptaron el veredicto
de esas elecciones.
-En
un contexto tan desfavorable, ¿piensa que el
movimiento Hamás logrará instaurar la
atmósfera democrática que usted anhela?
-No, no lo pienso. No porque la gente de Hamás
sea incapaz de instaurarla, sino porque enfrentan terribles
problemas por todas partes. Los israelíes no
quieren permitir que ese gobierno funcione. Por otra
parte han arrestado a la mayoría de los ministros
y a varios diputados.
-¿Usted
incluye a la Autoridad Palestina cuando se queja de
los "regímenes árabes"?
-Incluyo a la difunta Autoridad Palestina, como también
a Abu Mazen [Mahmud Abbas], el actual presidente de
los palestinos.
-Pero
cuando formula ese juicio, ¿se basa en hechos
que usted puede probar basándose en su experiencia
personal?
-Me opuse a la dirección de la OLP en el Parlamento
durante más de treinta años. Según
mi conocimiento personal y mis investigaciones de Arafat,
terminé comprendiendo que él abdicó
de su misión revolucionaria, que no trabajaba
por el interés de los palestinos, que en realidad
servía de válvula de seguridad de los
israelíes, y que, en definitiva, él había
lesionado la imagen de los palestinos en los países
árabes donde residió sucesivamente, como
también afectó el tejido ético
y social del pueblo palestino.
-¿Por
ejemplo?
-Él enviaba al sur de Líbano, por ejemplo,
a los más fieles e íntegros jóvenes
palestinos; auténticos combatientes que eran
irremediablemente muertos. ¿Por qué? Porque
uno de los asistentes de Arafat hacía contacto
regularmente con los israelíes para hacerles
saber lo que se preparaba. Entonces; por supuesto, los
israelíes sólo debían matar a esos
jóvenes combatientes apenas aparecían.
-¿Usted
quiere decir que el señor Arafat nunca impuso
algún tipo de disciplina en su entorno en materia
de seguridad?
-Puedo decirle que todas las informaciones estaban regularmente
en manos de los israelíes; Arafat nunca procedió
al menor interrogatorio en el seno de la OLP para saber
quién les filtraba las informaciones. Ese tipo
de comportamiento demuestra que las fugas tenían
su consentimiento, ¿no? Es la razón por
la que afirmo que Arafat no era en absoluto un revolucionario,
sino que colaboraba con el ocupante israelí.
Los palestinos sinceros eran apartados por diferentes
medios, y generalmente, Arafat conservaba en su entorno
a los que le sirviesen para su interés personal.
-¿De
modo que para usted, esa gente del entorno de Arafat
eran inicialmente corruptos?
-Sí. Desde el inicio de los años 70, Arafat
siempre dependió de gente sospechosa, de gente
que mantenía -estoy persuadido- lazos "de
seguridad" con los israelíes. Estaban corrompidos
cuando estaban en Líbano, estaban corrompidos
en Túnez, y ya estaban corrompidos en Jordania.
Cuando Arafat residía en esos diferentes países
no hicieron más que comportarse de manera lamentable.
Arafat no impidió que sus allegados cometiesen
varios delitos en las calles de ciudades árabes.
Así, por ejemplo, cuando dejaba impunemente a
uno de sus adjuntos humillar a un jefe de una tribu
jordana, esto producía irremediablemente que
toda la tribu se diese a execrar a los palestinos. Luego
de ser bombardeados y expulsados de Beirut por el ejército
israelí, los dirigentes de la OLP se fueron a
Túnez. Los tunecinos le dirán a usted
que llegando a Túnez llevaron los burdeles con
ellos, y que floreció la prostitución
gracias a su numerosa clientela. Una nueva clientela.
Una clientela palestina. Son sobre todo los palestinos
quienes hicieron funcionar los bares turbios y los lugares
de prostitución en Túnez. Para los tunecinos,
los libaneses, los jordanos, los kuwaitíes que
vieron ese comportamiento, ésos son los auténticos
palestinos. Eso fue lo que debieron pensar. Desde entonces
los palestinos somos odiados en Túnez, en Kuwait
y en Líbano. Escribí muchos artículos
para denunciar esas exacciones y esta corrupción
escandalosas, con el fin de prevenir a esos dirigentes
que conducían a su pueblo hacia un fin absolutamente
catastrófico. Pero a excepción de las
pocas personas que han visto esto de cerca, pocos me
han creído. Desde 1994, tras la instalación
de Arafat en Cisjordania y en Gaza, la gente comenzó
a tomar conciencia del hecho de que lo dicho por mí
era de verdad la triste realidad. Lamentablemente lo
descubrieron demasiado tarde. Arafat, claro, no está
ahora allá, pero seguimos sufriendo las consecuencias
de su política calamitosa. Por eso digo que él
no difería en nada de los otros dirigentes árabes.
-Esos
personajes del entorno del señor Arafat, ¿eran
parte del personal político que reingresó
a Palestina en 1994?
-Claro, por desgracia.
-¿Pero
el señor Arafat sabía que sus adjuntos
se portaban así? ¿Tenía conciencia
de lo que sucedía alrededor suyo?
-Sí. Lo sabía, y además lo veía
claro. De manera que si a usted le advierten varias
veces y no corrige su conducta, quiere decir que esa
conducta es deliberada. Arafat fue advertido cientos
de veces por mucha gente con respecto al muy mal comportamiento
de su entorno. Pero nunca hizo nada para darle término.
Él estaba sustentado por el dinero que recibía
de ciertos países árabes como Arabia Saudí,
Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Se pedía
a esos países que lo financiasen porque Arafat,
simplemente, era el hombre de Israel y de América
(Estados Unidos. NdT). Tenía muchísimo
dinero; era el llamado "revolucionario" más
rico del mundo. ¿Cómo es eso posible,
cuando se sabe que los revolucionarios están
generalmente sitiados? ¡Sin el consentimiento
de Israel y de América, esos países nunca
le hubiesen dado un centavo! Esos países no son
independientes. Por otra parte, hoy, es por la conminación
de Israel y de América que dejaron de ayudar
financieramente a Hamás.
-¿Usted
ha trabajado con esa gente que pertenecía al
entorno del señor Arafat?
-Sí. Trabajé con ellos durante cierto
tiempo, y vi con mis propios ojos lo que le digo: es
la verdad.
-¿Ha
escrito sobre este particular?
-Sí. Escribí un libro en árabe,
"La ruta de la derrota", sobre la conducta
de Arafat y su entorno.
-Creo
entender que esto significa que el señor Arafat
estaba muy lejos de la realidad y de las verdaderas
aspiraciones de su pueblo.
-Pienso que los israelíes lo exprimieron al máximo.
Es lo que hacen con sus agentes, sus colaboradores:
una vez usados los tiran a la basura. Pienso que eso
es exactamente lo que hicieron con Arafat: tras comprometerlo,
lo desecharon, porque ya no les servía para nada.
-Cuando
me entrevisté con el señor Arafat en abril
de 2002, tuve la impresión de que estaba rodeado
por muchos oportunistas. ¿No fue víctima
de malos consejeros?
-Algunos. Pero él era el jefe. Estaba en el centro.
Jamás buscó la vecindad de consejeros
honestos; vivió siempre rodeado de malhechores.
Y la gente turbia sólo puede dar consejos turbios.
Yo mismo tengo una definición personal del "arafatismo",
que difundo internacionalmente en persona cuando tengo
la ocasión. El término "arafatismo"
ha sido creado especialmente para calificar el comportamiento
de Arafat, consistente en usar la corrupción
como medio para poner al pueblo palestino de rodillas.
-Aunque
para los responsables de la solidaridad internacional,
por ejemplo, o de un escritor como Uri Avnery, que lo
consideraba un amigo personal, el señor Arafat
era un gran hombre, que llevaba una vida muy frugal,
"un socio para construir una nueva esperanza".
-Exacto; Arafat vivía muy simplemente. Pero para
mí eso no disminuye el hecho de que la misión
de Arafat consistía en trabajar para los israelíes,
y no para los palestinos. Llevaba una vida muy simple,
pero sus consejeros eran muy ricos; algunos de ellos
vivían permanentemente en hoteles 5 estrellas
e iban a Monte Carlo y a Las Vegas. Usted sabe cuán
difícil es la vida en Palestina. Yo invito a
esas personas que apoyaban a Arafat y que lo creían
honesto ante los palestinos, a venir aquí a Palestina
y debatir abiertamente sobre su política. Los
espero.
-Pero
de ahí, a pensar que la misión del señor
Arafat era en realidad cumplir las cuatro voluntades
de los israelíes... ¡Es tan increíble!
-Al menos en lo que me concierne, todas mis previsiones
sobre Arafat se verificaron. Estoy convencido de lo
que adelanto. Por ejemplo, desde 1979 he escrito que
la OLP reconocería a Israel. La gente no me creía
entonces, y comenzaron a hacer correr el rumor de que
yo era un espía porque levantaba dudas sobre
Arafat. En 1994, cuando Arafat vino a instalarse en
Palestina, escribí que él haría
lo mismo que en Líbano. Que iba a abrir burdeles,
afectar la estructura social y ética de los palestinos,
y que cooperaría con los israelíes en
materia de seguridad. Lamentablemente, todo lo que escribí
se cumplió. Les dije todo esto a los dirigentes
con una franqueza total. Por esa razón trataron
de eliminarme.
-Cuando
usted habló de la "estructura social y ética
de los palestinos", ¿qué entiende
precisamente con esa expresión?
-Los ciudadanos de toda nación deben poseer un
código ético que los lleve a respetarse
mutuamente y a convivir sagazmente. Cuando no hay ningún
código ético, entonces todo el mundo es
enemigo de todo el mundo. Sin ética, ¿cómo
podríamos vivir juntos? Es lo que sucedió
en la época de Arafat. Todos esos malhechores,
esos gangsters, se hicieron muy poderosos, y las personas
honestas se escondieron en sus casas. La era de Arafat
instauró un sistema de valores negativos que
resultó en la desaparición del respeto
en el seno de nuestro pueblo.
-No
obstante, parece que los dirigentes de la OLP habían
logrado atraer la simpatía de la izquierda en
varios lugares del mundo. Hasta hoy, la mayoría
de los partidos de izquierda consideran a Arafat y los
representantes de la OLP como aliados honestos, y desconfían
de las autoridades de Hamás.
-De modo general, Arafat daba esa imagen. Pero no era
honesto en absoluto. Arafat, claro, no era el único
líder en Palestina. Había también
líderes de izquierda como George Habash, por
ejemplo, el jefe del FPLP [Frente Popular de Liberación
de Palestina]; y estaba Nayef Hawatmé, el jefe
del FDLP [Frente Democrático de Liberación
de Palestina]. Arafat, y sus secuaces, sabiendo pertinentemente
desde el principio que la comunidad internacional no
tenía la menor intención de liberar Palestina,
dieron la impresión errónea de que con
su ayuda estaban realmente trabajando por los intereses
de los palestinos. Esos dirigentes palestinos, como
los dirigentes árabes en general, hicieron creer
a la comunidad internacional que ellos se ocupaban de
su pueblo. En realidad eran todos fieles aliados de
Israel.
-Si
los representantes de la OLP, como el señor Faruq
Qaddumi, por ejemplo, trabajaban contra los intereses
de los palestinos, ¿por qué el gobierno
de Hamás no los destituye?
-Desde que Hamás ganó las elecciones,
los dirigentes de Al Fatá, con el sostén
de sus representantes en el extranjero, trabajan de
un tirón en hacer fracasar el nuevo gobierno.
Trabajan con los Estados Unidos, con Israel y con los
países árabes -Egipto y Jordania sobre
todo- para derrocar al gobierno de Hamás. Es
claro que esto forma parte de la herencia de Arafat.
Quieren despojar a Hamás de su autoridad, y voltear
al gobierno. Es la razón por la cual sólo
después de la victoria de Hamás en las
elecciones se concentran, como puede verse, en la OLP,
al tiempo que se burlan de la OLP, completamente ignorada
por Arafat y su entorno. Se burlan igualmente de la
Carta Nacional Palestina: cuando firmaron el acuerdo
de Oslo, a pesar del hecho de que ese acuerdo contravenía
la Carta Nacional Palestina, ninguno de ellos se hizo
el menor cuestionamiento. Pero hoy es diferente: ahí
se preocupan mucho, pero únicamente porque quieren
despojar a Hamás de su autoridad. Esto es parte
de una conspiración. Una conspiración
con ramificaciones internacionales.
-¿Quiere
decir que los representantes de la OLP son parte de
una conspiración dirigida contra el movimiento
Hamás?
-Sí.
-¿Considera
también que la señora Leila Shahid -representante
de la OLP en Francia desde hace más de veinte
años, nombrada recientemente por el señor
Abou Mazen ante la Unión Europea- pertenece a
lo que usted llama una "conspiración"?
-Todos esos representantes actúan contra nuestros
verdaderos intereses nacionales, cooperan con los Estados
europeos, los Estados Unidos e Israel. Personalmente,
pienso que Leila Shahid pertenece a la camarilla de
Arafat. Para mí, como palestino, Leila Shahid
no es de confianza. No confío en ella. Si yo
tuviese una responsabilidad en la Autoridad Palestina,
la echaría, porque todo lo que dice fuera de
Palestina desde hace tantos años, equivale a
una rendición, lo que jamás va a aportar
algún tipo de justicia a los palestinos. Queremos
la paz. Pero la paz en la que creemos que es la que
traerá a los refugiados palestinos a su tierra,
en Palestina. Si no, contrariamente a lo que ella dice,
no tenemos nada que negociar. Por lo tanto, todos los
palestinos que tuvieron que ver con los acuerdos de
Oslo son, consideramos, rechazables: están comprometidos
en la política de Arafat, en la corrupción
y en la colaboración con los israelíes.
Ahora, si vienen a decirnos que ellos se hicieron de
algunos simpatizantes nuestros, nosotros también
podemos ganarlos, y podemos explicar nuestra situación.
Todo el mundo es capaz de explicar las dificultades
y las miserias que han conocido los palestinos a lo
largo de los años. Por otra parte, con respecto
a la gente de izquierda como de derecha, nosotros también
podemos hablarles para hacer el esfuerzo de convencerlos
sobre nuestras reales aspiraciones. Así que ganar
para la causa algunos simpatizantes en Europa no es
suficiente. A eso ha contribuido Leila Shahid y toda
la gente que la ha seguido, a la liquidación
de la causa palestina. Es la razón por la cual
la mayoría del pueblo palestino apoya hoy a Hamás.
-¿Usted
ha votado por Hamás?
-Sí, voté por Hamás. ¿Por
qué? Porque queremos reconquistar la causa palestina,
porque queremos mantener viva nuestra justa causa. Ahora
bien, la causa palestina no es el establecimiento de
una llamada "Autoridad Palestina"; no es eso
lo que nos preocupa. Lo que nos preocupa es el retorno
de cinco millones de refugiados que sufren desde hace
cerca de sesenta años, y viven en condiciones
particularmente duras y precarias en los campos de refugiados.
Es de eso que no nos hemos dejado de preocupar. Además,
Arafat, la gente de Al Fatá, y todos aquellos
de la OLP que pretenden representarnos, no dejan de
conspirar contra otros países árabes como
Siria y Líbano. Siguen apoyando la propaganda
israelí y estadounidense. Se han posicionado
igualmente contra Irán, cuando Irán ha
aportado una ayuda considerable a los palestinos. En
este caso -porque se habla de ayuda financiera exterior-,
esa gente insiste para que obtengamos esa ayuda exclusivamente
de Europa, pero esto conlleva muchas consecuencias.
¿Como puedo aceptar la dependencia, yo y mi migaja
de pan, de los europeos? En cualquier momento los europeos
pueden enojarse conmigo. ¿Qué dirán
entonces? Dirán: "Muy bien, les cierro la
canilla". Y es lo que pasó. Aunque tengan
la palabra democracia en la boca, se ve claro que los
Estados europeos no defienden la democracia, que no
la quieren para nada, o más bien que quieren
una democracia preconcebida, hecha a medida para servir
a sus intereses. En consecuencia, si queremos vivir
no debemos contar con nadie, salvo con nosotros mismos.
Es en Israel, donde está la fuerza ocupante,
que es la que se debe ocupar de suministrar suficiente
comida y de pagar los salarios de la población
sometida a su ocupación. Es lo que estipula el
derecho internacional. Y si necesito ayuda, asistencia
financiera, tengo que pedírsela a los amigos,
y no a países que apoyan a Israel.
-Esos
países, ¿quiénes son?
-Al menos puedo contar, por ejemplo, con Malasia; puedo
conseguir la ayuda de Irán. Fui candidato en
las elecciones presidenciales de 2005. Le dije entonces
al pueblo: si soy elegido, no aceptaré ni un
céntimo de quien no sea amigo de los palestinos,
porque en todo momento nuestros "benefactores"
podrían amenazarnos; quiero estar seguro de poder
comer mañana.
-¿Los
que sucedieron al señor Arafat son mejores?
-Abou Mazen es alguien muy débil. No tiene ninguna
visión política. Todos los palestinos
lo saben. Lo conozco personalmente desde hace más
de treinta años, y sé que siempre se opuso
a la resistencia. Arafat, simplemente, lo instaló
donde está para sucederlo.
-¿Para
usted él es honesto?
-Pienso que desde ese punto de vista es mejor que Arafat.
Pero es muy débil. Es una especie de instrumento.
La gente de Al Fatá lo ha sostenido sólo
para seguir en el poder, en particular porque saben
hasta qué punto es débil.
-¿No
fue él respaldado antes, desde 2003, por Israel
y los Estados Unidos?
-Era uno de los favoritos de Israel. Pero toda la gente
influyente en el seno de Al Fatá es gente ligada
a Israel y a los Estados Unidos. Son esos tres quienes
hicieron esa elección. Pero en tal caso se eligió
a alguien particularmente débil e incapaz.
-¿Y
las autoridades del gobierno de Hamás son más
competentes?
-El gobierno de Hamás no tiene nada que ver con
las administraciones de Al Fatá precedentes.
No ha tenido la menor posibilidad de probar nada. Desde
que se alzó con las elecciones legislativas surgieron
todo tipo de problemas para chicanear al nuevo gobierno
e impedirle de hacer su trabajo. Por lo tanto, Hamás
no tuvo la oportunidad de probar nada, y no podemos
juzgarlo. Tenemos que esperar. Pero de manera general,
Hamás no ha pasado a la acción: sus responsables
están espantados. Lo que interpreto por "pasar
a la acción" no es pasearse armados, evidentemente,
y disparar al montón.
-Considera
usted que habrá una ofensiva contra la corrupción?
¿Espera que el gobierno de Hamás, apenas
entre en función, tome cartas en este delicado
asunto y arreste a ciertos políticos?
-Sí. Las nuevas autoridades deberían al
menos abrir los expedientes sobre la corrupción.
Pero no lo han hecho. Ni siquiera tocaron el tema. Están
aterrorizados. Igualmente, se esperaba que el nuevo
gobierno confiscase los miles de autos que Arafat ha
distribuido entre sus hombres más devotos, que
se revendan para utilizar ese dinero para pagar algunos
salarios a los funcionarios privados de ingresos desde
hace meses.
-¿Entonces
por qué el gobierno de Hamás no ha confiscado
esos autos? ¿Porque teme una guerra civil?
-Como le dije, tienen miedo. Cuando se les pidió
hacer una limpieza, respondieron que eso produciría
tensiones que podrían provocar una guerra civil.
Pero eso no es una excusa, ya que si abriesen los expedientes
de la corrupción, podría provocar también
la partida de la gente de Al Fatá.
-¿Pero
cómo podría el gobierno de Hamás
arriesgarse a una confrontación cuando el verdadero
poder, como los servicios de seguridad, están
aún bajo el control del señor Abou Mazen?
-Pienso que nuestros gobernantes tienen buenas intenciones,
pero no están en condiciones de actuar porque
todo lo que digan o hagan, en el plano internacional,
serán considerados como "terroristas".
Pero si hubiesen abierto el expediente de la corrupción,
la mayor parte de esos dirigentes corruptos de Al Fatá
hubiesen huido del país: eso no es "terrorismo";
se trata de un problema interno.
-¿Usted
está en contacto con los miembros del gobierno
de Hamás?
-Los veo, los encuentro y les telefoneo, a Gaza, y aquí,
en Cisjordania.
-Los oficiales israelíes tienen el hábito
de calificarlos de locos.
¿Cómo son en realidad?
-Son personas afables. Son honestos y tienen el deseo
de servir a los palestinos. Pero desgraciadamente están
confrontados a muchos obstáculos. Y el problema
es que son acusados de ser "terroristas".
-¿Piensa
que la Unión Europea está sosteniendo
el boicot americano contra el gobierno de Hamás
para forzar a los palestinos a renunciar a sus derechos
con el propósito de ayudar a los israelíes
a ganar definitivamente la batalla? ¿Francia
no hizo adoptar desde 2004 la Resolución 1559
con el único fin de eliminar la única
fuerza de la resistencia capaz de hacer retroceder al
ocupante israelí?
-Exacto. Fíjese en los europeos: quieren desarmar
a Hamás; quieren desarmar al Yihad islámico;
quieren desarmar a Hizbulá; quieren desarmar
a Siria; quieren desarmar a Irán. Por lo tanto,
¿quién va a defender a los árabes?
¿Por qué no debería desarmarse
también Israel? Es totalmente injusto, es totalmente
desatinado. Es inaceptable. Yo quiero defenderme. ¿Quién
es el loco que puede aceptar dejarse destrozar sin reaccionar?
¿Cómo, en nombre del Cielo, los Estados
europeos pueden exigir que Hizbulá sea desarmado,
mientras Israel está armado hasta los dientes?
Está a la vista: en realidad, los europeos están
adoptando el punto de vista israelí; ellos no
adoptan en absoluto una posición equitativa y
equilibrada. Han tomado posición, completamente.
Si quieren que nos desarmemos, que le pidan entonces
a Israel que se desarme. Ahí habría sí,
cierta justicia.
-La
diplomacia helvética sigue financiando la promoción
del "Acuerdo de Ginebra", apoyándose
en el ex ministro Abed Rabbo, un "acuerdo"
fuertemente rechazado por la mayoría de las facciones
palestinas.(2) ¿Esa negación de sus aspiraciones
no irrita a los palestinos?
-Los gobiernos occidentales están convencidos
de que habría una especie de democracia, según
su concepción, para defender así sus intereses
y por extensión al capitalismo neoliberal. Si
a un régimen le falta un poquito de lo que consideran
democracia, ya no es más considerado democrático.
Eso no es razonable. Usted sabe que para los occidentales,
al compararnos con ellos, somos un pueblo inmaduro,
adolescente. No: somos adultos, tenemos nuestros pensadores,
nuestros intelectuales, somos capaces de analizar las
cosas y capaces de hacer una lectura apropiada. De modo
que esos palestinos que cooperan con Israel, con los
Estados europeos y con los americanos para obstaculizar
a Hamás, son traidores.
¿Cómo pueden personas como Rabbo provocar
así a Hamás al andar diciendo por el mundo
"si no apoyan el Acuerdo de Ginebra, si no apoyan
lo que concibieron, los que van a triunfar son los extremistas
de Hamás"? Pienso que esta iniciativa suiza
no representa para los palestinos más que a individuos
comprometidos con Israel y los Estados Unidos. Si su
país piensa que el regreso de los refugiados
no es realista, entonces significa que su diplomacia
no comprende cuál es la raíz de nuestra
lucha.
-Pero
hoy, el gobierno de Hamás está en el poder.
Una vez más: ¿por qué no ha condenado
la actitud de esos personajes que siguen prestándose
a esas engañifas en detrimento de la democracia?
-Hamás no tiene el poder. Hasta el momento no
dispone realmente del poder. Los servicios de seguridad
continúan bajo las órdenes de Abou Mazen,
y después de las elecciones, Al Fatá no
ha dejado de crear montones de problemas a Hamás
para que éste no tenga tiempo de planificar o
de reflexionar sobre lo que debe hacer. Al Fatá
distrae a Hamás con obstáculos cotidianos.
Es obvio que Abou Mazen ha monopolizado todos los servicios
de seguridad en los que Hamás podría apoyarse.
Al actuar así, Al Fatá creó un
verdadero problema, no sólo a Hamás, sino
al conjunto del pueblo. Así, por ejemplo, si
usted va a las ciudades verá hombres armados.
¿Quiénes son? Son gente de Al Fatá:
están armados y perjudican a la gente; roban
bienes, a menudo amenazan a la gente, la someten a su
chantaje, y a veces hasta la matan. Son los mismos que
me tirotearon en 1995.
-¿Y
eso sigue hoy sucediendo?
-Sí, las exacciones continúan. Ellos fueron
educados y financiados por Yasser Arafat. Varios de
ellos pertenecen a los servicios de seguridad. Normalmente,
un servicio de seguridad vela por la seguridad del pueblo,
tiene la misión de salvaguardar esa seguridad;
ellos, al contrario, representan un peligro para la
seguridad del pueblo.
-Así
que hoy como ayer, desde el tiempo de Arafat, la gente
sigue con miedo porque el personal de Al Fatá
sigue teniendo el control?
-Sí, tenemos miedo de los israelíes, y
tenemos miedo de los sicarios de Al Fatá. Unos
y otros amenazan nuestra seguridad.
-En
resumen, ¿habría entonces dos campos:
el de Al Fatá, que lucha para conservar el poder,
y el de Hamás, que quisiera defender los intereses
del pueblo pero que no puede hacerlo?
-Así es. Y el campo de los que están contra
nuestro pueblo es temible porque es sostenido por Israel,
los Estados Unidos y los países europeos. Bush
lo dice abiertamente: "Apoyamos a Abou Mazen financiera
y militarmente". Lo apoyan dándole fusiles.
¿Fusiles destinados a ser usados contra quién?
¿Contra Israel? ¡Claro que no, por supuesto
que contra Hamás!
-¿Lo
que significa que cuando el señor Mazen y los
representantes de la OLP llaman a las autoridades de
Hamás a respetar los acuerdos negociados con
Israel, es únicamente porque quieren conservar
sus logros personales?
-Exactamente. No quieren que Hamás impugne los
acuerdos de Oslo, porque eso no les permitiría
conservar sus privilegios y sus prebendas personales.
Tanto los europeos como los israelíes necesitan
de esos palestinos serviles que apoyan los acuerdos
de Oslo. Por eso han estimulado la corrupción
instalada por Arafat en Cisjordania y en la banda de
Gaza. La corrupción fue uno de los medios de
los Estados Unidos, Israel y Europa para ganarse tales
respaldos. Lo más grande de la ayuda europea
desapareció así en los bolsillos de los
corruptos. Los palestinos no consideran que la negociación
les haya aportado nada. Al contrario. No quieren saber
más de eso.
-¿Piensa
que la Unión Europea podría cambiar de
estrategia y reconocer la legitimidad de las autoridades
nacidas de Hamás?
-No. Los países europeos nunca reconocerán
a Hamás. ¡Nunca! Los Estados europeos son
marionetas en las manos de los israelíes y los
americanos. No son independientes. No están unidos.
Si Hizbulá gana la guerra, el movimiento de resistencia
en el seno de los países árabes tendrá
el efecto de una bola de nieve.
-¿Cuáles
son las principales diferencias entre Hamás y
Hizbulá?
-Hamás no es una organización fuerte,
no tiene armas, no está entrenada. Está
bajo ocupación. Los palestinos sufren, pero como
sea, continuarán el combate. No se rendirán
jamás. En cuanto a Hizbulá, Israel no
podrá ni desarmarlo ni debilitarlo por mucho
tiempo. Hizbulá seguirá poderoso. Pero
hoy, lo más importante con respecto a Líbano,
es que la gente sabe las cosas terribles que hace Israel
en el país, como pasa en Palestina. De hecho,
Israel no está destruyendo a Hizbulá:
Israel está haciendo sufrir a toda la población
civil libanesa. Los ataques contra Líbano fueron
muy importantes, pero todo lo que hace Israel, en realidad
es matar civiles sin alcanzar a Hizbulá. Miles
de civiles han sido muertos o heridos en pocos días,
decenas de miles de viviendas han sido destruidas, como
también puentes, fábricas, centrales eléctricas.
Entonces la gente debería saber en lo sucesivo
cuál es la mentalidad que prevalece en Israel.
No pueden ignorar la conducta destructora que caracteriza
a esos colonizadores. Por eso pienso que debemos hacer
una causa árabe e islámica de la causa
palestina. Hizbulá tiene una organización
excelente, una buena administración, una buena
gestión de los conflictos. Israel trató
varias veces de lanzar ataques contra Hizbulá.
Así que no es la primera vez, pero es Hizbulá
el que triunfa en cada oportunidad. El problema para
nosotros es que resulta imposible obtener de parte de
los europeos y los americanos el reconocimiento de nuestro
derecho de resistir porque no tenemos ninguna fuerza.
Mientras no seamos bastante fuertes no convenceremos
a nadie.
-¿Llega
usted a la misma conclusión que el analista político
libanés Youssef Ashkar?(3) Él afirma que
la llamada "guerra contra el terrorismo" es
en realidad una guerra contra los países, contra
las comunidades, una guerra cínicamente concebida
para destruir países y pueblos enteros, y que
éstos no tengan la protección de sus autoridades.
-Sí, por desgracia es cierto. No se trata, como
dicen Blair y Bush, de una guerra contra el "terrorismo",
sino de una guerra contra todos nosotros, contra cada
uno de nosotros.
Traducido
del inglés por Agustín Prieto.
(1) Aquí se invoca el "Llamado de los 20",
redactado por miembros del Consejo Legislativo, entre
éstos Hussam Khader, a quien Israel secuestró
en 2003 y que sigue prisionero desde entonces. Ese llamado
denunciaba los arreglos del señor Arafat con
el ocupante israelí, la corrupción y las
dificultades generadas por los acuerdos de Oslo.
(2) El Acuerdo de Ginebra, firmado en Ginebra, es el
resultado de las negociaciones que duraron dos años.
Este acuerdo resulta aún más injusto y
desfavorable para los palestinos que los acuerdos de
Oslo. El israelí Yossi Beilin y el palestino
Abed Rabbo fueron los principales negociadores, junto
al pro israelí Alexis Keller, puesto por Suiza
a manejar esta nueva mascarada.
(3) http://www.voltairenet.org/article136760.html
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(*)
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Fuente:
Rebelión, 13.09.06
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MV Prensa / Septiembre de 2006
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