|
Howard
Zinn, profesor emérito de la Universidad de Boston,
es probablemente el principal historiador radical de
EE.UU. Fue un personaje activo en los movimientos de
lucha por los derechos civiles y contra la guerra de
Vietnam de los años 1960. En la actualidad, da
conferencias por todo
el país a públicos entusiastas y numerosos.
Su libro A People's History of the U.S (1). continúa
vendiéndose en grandes cantidades. Su último
trabajo es Original Zinn.
-Barsamian:
Los políticos se sirven de la historia como si
fuera un tipo de recurso o elemento místico.
Con frecuencia oímos que la historia ha exigido
que Estados Unidos hiciera ciertas cosas en el mundo.
-Zinn: La historia resulta siempre una buena excusa
para recurrir a ella
cuando se duda de hacerlo a Dios porque ambos juegan
el mismo papel. Ambos son abstracciones, ambos carecen
realmente de sentido si no lo pone uno mismo. Soy consciente
de que el presidente Bush recurre mucho a Dios y creo
que duda de hacerlo a la historia porque pienso que
la palabra historia le desconcierta. No se encuentra
seguro de qué hacer con ella y le resulta más
familiar Dios.
Los líderes políticos, supongo, creen
que la población está tan desconcertada
por la palabra historia como ellos con la palabra Dios,
y que pueden aceptar cualquier interpretación
de la historia que se le ofrezca. Así que los
dirigentes políticos se sienten libres para declarar
que la historia está de su parte y tienen vía
libre para servirse de ella como quieran.
-Donald
Macedo, en la introducción a On Democratic Education,
menciona la canción de Tom Paxton What Did You
Learn in School Today? (¿Qué has aprendido
hoy en la escuela?) y cita un par de versos: "He
aprendido que Washington nunca dijo una mentira/ he
aprendido que los soldados raras veces mueren/ Aprendí
que todo el mundo es libre." ¿Qué
significa para usted la educación democrática?
-Para mí una educación democrática
significa muchas cosas: lo que se aprende en las aulas
y lo que se aprende fuera de ellas. Significa no sólo
el contenido de lo que se aprende sino también
la atmósfera en la que se aprende y la relación
entre el profesor y el alumno. Todos esos elementos
de la educación pueden ser democráticos
o no serlo.
Los estudiantes, en cuanto que ciudadanos, en una democracia
tienen derecho a decidir sobre sus vidas y a desempeñar
un papel en la sociedad. Una educación democrática
debería proporcionar a los alumnos el tipo de
información que les explique que a lo largo de
los siglos han existido muchas formas de participación
histórica de las gentes normales en el desarrollo
de sus sociedades. Una educación que ofrezca
al estudiante ejemplos históricos de los lugares
en los que la gente ha mostrado su fuerza para reconducir
no sólo sus propias vidas sino también
la forma de funcionar la sociedad.
En la relación entre alumno y profesor hay democracia.
El estudiante tiene derecho a desafiar al maestro, a
expresar sus propias ideas. La educación es un
intercambio entre las experiencias del profesor, que
pueden ser mucho mayores que las del estudiante en ciertos
aspectos, y las experiencias de éste, ya que
cada estudiante es una experiencia única de vida.
Así, la libre interpelación en el aula,
una cierta igualdad en la clase, forma parte de la educación
democrática.
Ha sido muy importante dejar claro a mis estudiantes
que yo no lo sé todo, que no he nacido sabiendo
lo que les enseño, que el conocimiento se adquiere
con unos medios y que ellos también pueden adquirirlo.
-¿En
qué forma como profesor ha desarrollado ese sentido
inquisitivo y escéptico y cómo ha evitado
caer en el cinismo?
-El escepticismo es una de las cualidades más
importantes que se pueden fomentar. Se consigue haciendo
que los estudiantes comprendan que lo que se ha considerado
sagrado no lo es, y que lo que se ha venerado no necesariamente
debe serlo. Que los hechos nacionales novelados e idealizados
merecen ser examinados y abordados de forma crítica.
Recuerdo que un amigo mío enseñaba a sus
muchachos de la secundaria a ser escépticos en
relación con lo aprendido sobre Colón
como gran héroe y libertador, como impulsor de
la civilización. Uno de sus alumnos le dijo:
"Está bien, si he sido engañado sobre
Colón, me pregunto ahora, sobre qué más
lo he sido también." Eso es la educación
en el escepticismo.
-Cuando
enseñaba en Spellman College, y más tarde
en la Universidad de Boston, lo hacía a muchachos
recién salidos de la secundaria, que llegaban
con un gran bagaje, con ideas adquiridas. ¿Le
resultó muy difícil entenderse con ellos?
-En el caso de la enseñanza en el Spellman College,
mis alumnos eran afro estadounidenses y yo era uno de
los pocos profesores blancos. Para la mayoría
de mis alumnos era el primer profesor blanco que habían
tenido.
Intenté que comprendieran que mis valores eran
diferentes de los de la sociedad de supremacía
blanca en la que habían crecido; que creía
en la igualdad de los seres humanos y que me tomaba
en serio la democracia, no sólo para romper la
barrera que nos separaba con lo que decía en
el aula, sino por cómo me comportaba con ellos,
al no hacerles sentir que su formación había
sido muy pobre -lo que frecuentemente era así-
y al evitar que sintieran que habían llegado
al aula con grandes lagunas.
También al demostrarles que fuera de las aulas
estaba implicado en la lucha social que afectaba a sus
vidas. Cuando decidieron participar en esa lucha y desplazarse
a Atlanta para intentar acabar con la segregación
en la biblioteca pública o cuando decidieron
seguir el ejemplo de los cuatro estudiantes en Greensboro,
Carolina del Norte, y hacer una sentada, yo estuve con
ellos, los apoyé, los ayudé, marché
en los piquetes con ellos, me manifesté a su
lado, y compartí sus sentadas. Y por encima de
todo, intenté crear una atmósfera de democracia
en nuestra relación.
-Usted
ha sido un lector impenitente desde que, siendo un niño,
encontró en la calle las primeras páginas
arrancadas del libro Tarzan and the Jewels of Opar.
Más tarde sus padres le regalaron la colección
completa de las novelas de Charles Dickens. ¿Qué
valor
tiene la lectura?
-No sé si mi experiencia coincide con la de otras
personas. Me he dirigido a gentes, en especial a jóvenes,
que me habrían de decir "Este libro ha cambiado
mi vida". Recuerdo que estaba sentado en una cafetería
de Hawai, enfrente de una estudiante de la Universidad
que llevaba un ejemplar de The Color Purple, de Alice
Walker. Aunque Alice Walker había sido alumna
mía en Spellman, no dije rápidamente:
"Ha sido alumna mía", sino que prudentemente
le pregunté: "Vaya, está leyendo
El color púrpura, ¿Qué le parece?"
A lo que me contestó: "Este libro ha cambiado
mi vida." Algo que me asustó, un libro que
cambia una vida.
También, con toda modestia, debo decir que he
influido en un número de estudiantes que han
leído A People's History of the United States
(1) y que me han dicho, algo que al principio no creí
pero que estoy empezando a creer ahora: "Sabe,
su libro cambió mi vida."
Hay libros que cambiaron mi vida. Creo que la lectura
de Dickens lo hizo. También Las uvas de la ira
de Steinbeck, y la lectura de Upton Sinclair cambió
mi vida.
-Hoy
se discute sobre el canon, los libros y las materias
que hay que enseñar. Se acusa a los campus de
estar dirigidos por izquierdistas, por profesores marxistas.
¿Se trata de un asunto hoy más acentuado
o es un simple reflujo?
-Siempre han existido conflictos en el mundo educativo.
Y siempre se ha vigilado lo que aprende la gente joven
-se han vigilado sus textos y se ha vigilado a sus profesores-
por la sencilla razón de que la educación
siempre ha sido peligrosa para las clases dominantes,
y por ello el peligro que se afronta cuando los jóvenes
van a las aulas es un peligro que la gente responsable
del mantenimiento del statu quo quiere controlar cuidadosamente.
Recuerdo que en 1950, durante el mcarthismo, Harold
Velde, congresista por Illinois, que más tarde
se convirtió en presidente de HUAC (2), se opuso
a la creación de bibliotecas ambulantes para
que fueran a las zonas rurales porque, decía:
"Educar a los estadounidenses por medio de las
bibliotecas podría producir un cambio de sus
actitudes políticas mucho más rápido
que por cualquier otro método. El comunismo y
la influencia socialista se basan en la educación
de las gentes." Aunque no creo que sea cierto literalmente,
pienso que sí lo es que la educación tiene
peligrosas posibilidades, siempre las ha tenido, y de
ahí que sea vigilada tan cuidadosamente. Siempre
han existido intentos
de controlarla.
¿Es ahora más fuerte la tentativa de controlar
la educación de los jóvenes de lo que
lo fue en el pasado? Creo que puede ser así,
por una razón. Lo que está en juego en
Estados Unidos es mucho más importante de lo
que estuvo antes. Con Estados Unidos tratando de extender
su poder en más zonas del mundo, las clases dominantes
arriesgan mucho en la asimilación de las jóvenes
generaciones para que acepten lo que hace el gobierno
estadounidense y no sean críticos con él.
En una ocasión, el economista John Kenneth Galbraith
afirmó que la paradoja de Estados Unidos era
la "riqueza privada y la miseria pública".
Hay una noticia en la página 16 del New York
Times en la que se describe cómo en Salinas en
California, lugar de nacimiento de Steinbeck, se están
enfrentando a un déficit sin precedentes. La
ciudad está cerrando sus tres bibliotecas públicas,
incluidas las que llevan el nombre de Steinbeck y de
César Chávez (3).
Ya es interesante que la noticia aparezca en la página
16 cuando debería figurar en la primera página
para que alertara a más gente sobre lo que es
un desarrollo terrorífico en la actualidad. Lo
que está sucediendo en Salinas, California, debería
ser una llamada de atención que movilizara a
la gente.
-Pero
este ataque a las bibliotecas, a las escuelas, ¿forma
parte de un modelo para socavar el bien común?
-Permítame que exponga mi experiencia personal
porque yo crecí en una vivienda infestada de
cucarachas en Nueva York y en nuestra casa no había
libros. Iba a una biblioteca en el este de Nueva York,
situada en la esquina de Stone y Sutter. Todavía
recuerdo aquella biblioteca. Era mi refugio y me abrió
los ojos y la mente.
Pero su pregunta es más amplia. ¿Qué
está ocurriendo con los bienes públicos?
Eso es lo que Galbraith subrayaba cuando escribió
The Affluent Society (La sociedad opulenta). Realmente,
una de las terribles consecuencias de la militarización
del país ha sido el desmantelamiento del sector
público: educación, bibliotecas, salud,
vivienda. Y es la razón por la que la gente se
vuelve socialista. La gente se hace socialista de la
misma manera que yo me hice socialista cuando leí
a Upton Sinclair y a Karl Marx.
-Hay
muchas distorsiones y malas interpretaciones atribuidas
a Marx. ¿Debería la gente leer hoy a Marx?
-Sí, pero yo no aconsejaría que se sumergiesen
enseguida en el volumen II o III de El Capital, ni tan
siquiera en el volumen primero, pero creo que El Manifiesto
Comunista -aunque el título puede asustar a la
gente- merece leerse porque lo que plantea es que la
sociedad capitalista que tenemos hoy no ha sido siempre
así. El Manifiesto Comunista ofrece una visión
histórica del mundo en el que vivimos. Demuestra
que las sociedades han evolucionado de unas estructuras
a otras, de un sistema social a otro, desde las primitivas
sociedades comunales pasando por las feudales hasta
las capitalistas. La actual sociedad capitalista sólo
lleva unos pocos siglos de vida y se desarrolló
como consecuencia del fracaso de la sociedad feudal
para adaptarse al cambio tecnológico que se producía
inexorablemente: el comercio, la industrialización,
las nuevas máquinas y formas de desarrollo. La
sociedad capitalista pudo asumir esta nueva tecnología
y desarrollarla extraordinariamente.
No obstante, lo que señala Marx -y creo que es
de una gran perspicacia- es que la sociedad capitalista,
si bien ha desarrollado la economía de una forma
impresionante no ha distribuido los frutos de esta enorme
producción de forma equitativa. De manera que
Marx denuncia un defecto fundamental del capitalismo,
un defecto que hoy debería resultar evidente
para todos, especialmente en EE.UU. Aquí tenemos
un país enormemente productivo y tecnológicamente
avanzado, y todavía existen más de cuarenta
y cinco millones de personas que carecen de seguro sanitario,
uno de cada cinco niños crecen en la pobreza
y millones de personas no tiene vivienda
y pasan hambre.
Creo que otra cosa importante en la visión de
Marx es que cuando se mira más allá de
la superficie de los conflictos políticos y culturales,
aparece la lucha de clases. Y que la pregunta básica
en cualquier circunstancia es: "¿Quién
se beneficia de ello y qué clase es la beneficiada?"
Si los estadounidenses comprendiesen este concepto marxista
de clase, cuando fueran a las urnas y tuvieran que elegir
entre republicanos y demócratas, se preguntarían:
"¿A qué clase representa este partido?".
-El
15 de febrero de 2003, hubo una manifestación
en Taos, Nuevo México. La pancarta principal
decía: "Ninguna bandera es lo suficientemente
grande para ocultar el asesinato de gentes inocentes."
Se trata de una cita suya. ¿Cómo se está
utilizando el patriotismo
en la actualidad?
-Hoy se utiliza el patriotismo de la misma forma que
siempre se ha utilizado: para unir a todos en una causa
común, que puede ser el apoyo a una guerra y
el incremento de la preponderancia nacional. El patriotismo
sirve para crear la ilusión de que existen unos
intereses comunes a toda la gente del país. Acabo
de mencionar la necesidad de analizar la sociedad en
términos de clases para comprender que en nuestra
sociedad no tenemos intereses comunes, que la gente
tiene intereses diferentes. Y la bandera es el símbolo
de esos intereses comunes. Así que el patriotismo
juega el mismo papel que ciertas frases en nuestro lenguaje
nacional.
Estados Unidos es el único país en la
historia que ha utilizado armas de destrucción
masiva. El año 2005 se cumplió el 60 aniversario
del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. Casualmente,
este aniversario ha coincidido con informes relativos
a que Estados Unidos estaba diseñando armas atómicas
que podrían ser más letales y seguras.
-¿Dónde
se encontraba usted cuando se lanzaron las bombas y
qué pensó en ese momento?
-Lo recuerdo con toda claridad porque acababa de volver
tras realizar misiones de bombardeo en Europa. La guerra
en Europa había terminado pero la de Asia contra
Japón todavía continuaba. Volamos de vuelta
a casa a finales de julio de 1945. Se nos había
dado un permiso de 30 días antes de presentarnos
de nuevo para el servicio, con la perspectiva de que
podríamos ser destinados al Pacífico y
continuar la guerra aérea contra Japón.
Estábamos esperando en la parada del autobús
y allí había un quiosco de prensa con
un gran titular, "Lanzada una bomba atómica
sobre Hiroshima". Aunque yo no sabía qué
era una bomba atómica, dado que el titular era
tan grande, comprendí que debió ser una
bomba gigantesca. Entonces, mi reacción inmediata
fue, bueno, puede que no tenga que ir a Japón.
Quizás esto sea el final de la guerra con Japón.
Así que me sentí feliz.
Empecé a cuestionar el bombardeo de Hiroshima
cuando leí el libro de John Hersey, Hiroshima,
basado en una serie de artículos que escribió
para el New Yorker. Él había viajado a
Hiroshima tras el bombardeo y había hablado con
supervivientes. Se puede imaginar el aspecto que presentaban
los que habían sobrevivido: gentes sin brazos,
piernas, ciegos, con la piel a la que no se podía
mirar. Hersey habló con aquellos supervivientes
y escribió sus historias. Cuando leí todo
aquello, por primera vez comprendí los efectos
de los bombardeos en los seres humanos.
Yo había lanzado bombas en Europa pero no había
visto a nadie en tierra, ya que cuando se bombardea
a 30.000 pies de altura, no se ve a nadie, no se oyen
los gritos, no se ve la sangre, no se sabe lo que les
está sucediendo a otros seres humanos. Cuando
leí a John Hersey, lo comprendí todo,
todo lo que los bombardeos provocan en las personas.
Aquel libro cambió mis ideas no sólo sobre
los bombardeos sino sobre la guerra porque me hizo comprender
que la guerra en nuestra época, en una época
de grandes bombardeos y muertes a larga distancia, producen
de forma inevitable la muerte de un enorme número
de personas y no puede aceptarse como medio para resolver
los problemas.
-A
veces se le describe como anarquista y/o socialista
democrático. ¿Se siente a gusto con estas
definiciones? ¿Qué significan para usted?
-El que me sienta a gusto con ellas depende de que quien
las utilice. No me siento a disgusto cuando las utiliza
usted, pero si alguien se sirve de ellas y sospecho
que no sabe realmente cuál es el significado
de esos términos, entonces me siento incómodo
porque creo que es preciso clarificarlos. Después
de todo, para demasiada gente la palabra anarquista
significa alguien que lanza bombas, que comete actos
terroristas, que cree en la violencia. Por extraño
que parezca, el término anarquista siempre ha
sido aplicado a individuos que han llevado a cabo actuaciones
violentas pero no a los gobiernos que se sirven de ellas.
Como yo no creo en poner bombas, ni en el terrorismo,
ni en la violencia, no me gusta que esa definición
del anarquismo se me aplique.
El anarquismo también se falsifica al identificarlo
con una sociedad en donde no existe organización
alguna, ni responsabilidad, sólo una especie
de caos, sin darse cuenta, una vez más, de la
ironía de la existencia de un mundo muy caótico
al que no se aplica la palabra anarquismo.
Para mí, el anarquismo define a una sociedad
en la que existe una organización democrática
en la toma de decisiones y en la economía, y
en la que la autoridad de los capitalistas ya no existe,
tampoco la de la policía y los tribunales, ni
ninguno de los instrumentos de control que tenemos en
la sociedad moderna, en la que esas instituciones no
actúan para controlar las acciones de la gente,
y en la que la gente tiene algo que decir sobre su destino,
en la que no se le obliga a elegir entre dos partidos
políticos ninguno de los cuales representa sus
intereses. En resumen, para mí el anarquismo
equivale a democracia política y económica,
en el mejor sentido de
ambos términos.
Veo el socialismo, que es otra palabra que podría
aceptar gustosamente, con el significado no de la política
estatal de la Unión Soviética. Al fin
y al cabo, de la palabra socialismo se han apropiado
demasiadas gentes que, a mi juicio, no son socialistas
sino totalitarios. Par mí, el socialismo representa
una sociedad igualitaria en la que la economía
va dirigida a cubrir las necesidades humanas en lugar
de al beneficio de las empresas.
-El
lema de Foro Social Mundial, que se celebra anualmente,
es "Otro Mundo es Posible". Si cerrara los
ojos por unos momentos, ¿qué clase de
mundo podría imaginar?
-El mundo que imagino es un lugar donde ya no existen
fronteras nacionales, en el que uno se puede trasladar
de un país a otro con la misma facilidad que
se mueve desde Massachussets a Connecticut, un mundo
sin pasaportes y visados, sin cuotas de inmigración.
Una verdadera globalización en el sentido humano,
en la que reconocemos que el mundo es uno y los seres
humanos en todas partes tienen los mismos derechos.
En un mundo semejante, no se podría hacer guerras
porque se trata de su propia familia, de la misma manera
que no pensamos en declarar la guerra a un estado vecino
o incluso a uno de los estados más alejados.
Sería un mundo en el que la riqueza del planeta
se distribuyera de forma igualitaria, donde todo el
mundo tuviese acceso al agua potable. Sí, para
ello habría que organizarse para estar seguros
de que la riqueza de la tierra se distribuyera según
las necesidades de los seres humanos.
Un mundo donde la gente fuera libre para hablar, un
mundo donde hubiera una verdadera ley de derechos. Un
mundo en el que la gente tuviera cubiertas sus necesidades
económicas básicas o un mundo en donde
la gente fuera más libre para expresarse porque
los derechos políticos y de libertad de expresión
dependen realmente del estatus económico y de
tener cubiertas las necesidades económicas básicas.
Creo que sería un mundo donde las diferencias
de raza, religión y nacionalidad no fueran motivo
de antagonismos. Aunque hubiera todavía diferencias
culturales y de lengua, no serían motivo para
acciones violentas de unos contra otros.
Pienso en un mundo donde la gente no tendría
que trabajar sino unas pocas horas al día, algo
que es posible con las tecnologías de las que
se dispone hoy. Si no fueran utilizadas de la forma
que ahora se hace, para la guerra y para actividades
despilfarradoras, la gente podría trabajar tres
o cuatro horas diarias y producir lo suficiente para
cubrir todas sus necesidades. De manera que imagino
un mundo en el que la gente tuviera más tiempo
para la música y los deportes, para la literatura
y, precisamente, para vivir humanamente con los demás.
-Usted
ha dicho que se hizo profesor por una razón muy
modesta: " Quería cambiar el mundo".
¿En qué medida se ha acercado a la consecución
de su objetivo?
-Todo lo que puedo decir es que espero que mediante
mis escritos, conferencias y mi actividad haya conseguido
al menos que unas pocas personas comprendan mejor la
situación y se hayan convertido en ciudadanos
más activos. Así que tengo la sensación
de que mi aportación, junto a la de otros millones
de gentes, si tiene continuidad, y se transmite a cada
vez un número mayor de personas, y si nuestro
número crece, entonces sí, un día
podremos ver la clase de mundo con el que sueño.

(*)
David Barsamian es director de Alternative Radio (www.alternativeradio.org)
y autor, con Tariq Ali de Speaking of Empire and Resistance.
Notas
1. N.T.: Existe traducción española de
una versión reducida: Howard Zinn, La otra historia
de loa Estados Unidos, Hondarribia: Argitakextse HIRU,
SL, 1999
2. N.T.: House of Un-American Activities Committee (Comité
para la investigación de actividades anti-estadounidenses)
3. N.T.: Uno de los principales promotores de la lucha
por los derechos de la comunidad hispana en EE.UU. Murió
en 1993
-----
(*) ZNet (http://www.zmag.org/) es una revista
electrónica orientada al cambio social y centrada en
la lucha contra todas las opresiones: de raza, de sexo,
de clase. E intenta no quedarse tan sólo en la denuncia,
sino presentar propuestas de cambio, a corto y a largo
plazo, así como informar de las luchas de los movimientos
populares.
Fuente:
-Zmag
http://www.zmag.org/Spanish/
http://zmagsite.zmag.org/May2006/barsamian0506.html
Traducido para La Haine por Felisa Sastre
Imágenes:
http://www.laprensahn.com/ (infografía)
http://www.informador.com.mx/
http://www.elconfidencial.com/
http://www.antichitamieli.it/
©
MV Prensa / Mayo de 2006
|