|
Cuando
Don Luís tenía 28 años, pasó
por el Festival de Cosquín (Córdoba, Argentina)
deseando que el nombre de su pueblo natal, Villa Ángela
(Chaco, Argentina), fuera al menos mencionado en la
radio. Tanto gustaron sus historias y forma de narrarlas
que, 9 días después, lo premiaron por
mejor cuentista y recitador, sin que siquiera existiera
ese galardón antes de que él lo instaurara.
Una carrera, 37 discos, muchos premios y casi 42 años
después, Landriscina rinde homenaje con su vida
y un prolongado show-despedida a toda la gente que lo
escuchó con esa atención que sólo
él supo provocar en un auditorio, y que lo caracteriza
tan atento al contenido como al contexto de su trabajo.
Para este chaqueño de recién estrenados
70, saber escuchar, contar y hacer reír siempre
fueron cosa seria.
-Ya pasó los cuarenta años arriba del
escenario, y el último en despedidas, ¿qué
más queda por contar?
-42 en enero, porque Cosquín es en enero y yo
tomo como punto de partida mi llegada a Cosquín.
Empecé la despedida en enero de 2004, en Cosquín,
con un espectáculo que se llamaba "Como
d'entrando a salir", que era un retiro paulatino
a medida que recorría el país y algunos
países que ya había visitado. Pero me
despedí definitivamente el sábado 3 de
diciembre en mi pueblo, durante tres jornadas muy emotivas,
porque yo salí de Villa Ángela después
de que gané Cosquín, y sólo volvía
para las fiestas que no se rifan, como Navidad y Año
Nuevo o algún compromiso familiar.
En el programa que entregaba en el espectáculo
al público decía: "40 años
de un sueño", porque ahí empezó
la celebración. El sueño era que nombraran
mi provincia y mi pueblo por radio, con eso yo me hubiera
dado por bien pagado; pero gané. Entonces, lo
que era una meta se convirtió en un punto de
partida. Decían en los discursos algunos de mis
viejos amigos: "¿Quién no ha pasado
por el grato placer de que cuando se usaban los nombres
en las patentes y veían Villa Ángela,
exclamaban: '¡Ah!, del pago de Landriscina
'?"
Por eso, el premio más grande, tal vez el más
importante, es que la gente haya asociado con simpatía
mi nombre al de mi provincia, y al de mi pueblo. Y creo
que en eso mucho tiene que ver haber trabajado mi oficio
con conducta tanto arriba como abajo del escenario.
-Sin apuro por sacar la risa
-Sí, siempre lo he dicho antes de empezar: yo
soy un narrador de usos y costumbres. De los pocos humoristas
que no tiene apuro para hacer reír. Lo que quiero
es que vean en el aire lo que trato de dibujar con palabras,
y trato de que la gente se meta en la historia, empiece
a percibirla y a sugerir un final, que siempre sale
para otro lado. Porque, hay un desafío no confesado
entre el que escucha un cuento y el que cuenta el cuento.
El que escucha dice: "A que sé como termina";
y el que lo cuenta dice: "A que no". Y es
la única vez que el que pierde se alegra.
-Usted hizo un disco doble con Mamerto Menapace que
se caracterizó por tocar temas social y religiosamente
delicados, con profundidad y humor; y hace poco participó
de otro que se refiere a la religiosidad popular. ¿Cómo
se tratan las creencias con humor,
manteniendo el respeto?
-En dos o tres ocasiones hicimos, "Los valores
con humor" primero, después "El humor
y la familia son cosas serias" o "La familia
y el humor son cosas serias", y en el tercero ya
incluimos nada menos que al doctor René Favaloro
en "El milagro y el valor de la vida". Últimamente,
en homenaje al doctor Favaloro, el año pasado
nos juntamos con otro cura, Julián Zini, que
es un músico correntino y poeta, e hicimos un
espectáculo que se llama "Así canta,
cuenta y reza nuestro pueblo", que va a salir antes
de fin de año en compacto y en DVD. Va a ser
a beneficio de la fundación y de algunas obras
también de los sacerdotes, que van a tener oportunidad
de encontrarse con la religiosidad popular, algunos
casos aceptados y otros un poco cuerpeados por la Iglesia,
como San la Muerte, o todas estas prácticas de
la cortadura del empacho y esas cosas. Algunas ya estaban
en América antes de la llegada de los españoles,
pero cuando alguien va a cortar el empacho y se hace
la señal de la cruz
eso no estaba en América,
vino con los conquistadores. Entonces, El gauchito gil,
La difunta correa, la creencia en las ánimas,
la luz mala, el lobisón; todo eso lo tratamos,
yo con humor y ellos
musicalmente el padre Julián
Zini y el comentario sesudo, donde de pronto está
el análisis del religioso, es de Mamerto, donde
reconoce que pueda existir esta cosa del Gauchito gil,
de la misma manera que uno venera la foto de un familiar
que murió y le pone una flor. Venerarlo, dice,
pero no generar fetichismo. Todo ese tipo de cosas está
tratado con el respeto que merece la religiosidad popular,
por un lado, y la clarificación de la idea, por
el otro. Porque a veces somos blanco de las críticas
de otras religiones cuando nos pasamos de rosca con
el fetichismo en vez de actuar en consecuencia con la
fe razonada, esa cosa que deberíamos.
-Su postura es bastante ecuménica, porque
desde su creencia como católico comenzó
a profundizar un compromiso social que invitaba a otras
religiones a sumar su aporte. ¿Cómo llegó
a esto?
-Ya lo dije muchas veces, incluso en televisión:
"Yo todas las noches me arrodillo ante un judío
y la madre, porque soy católico"; esto provocó
que una hermana mía mayor, o sea más católica
que yo, dijera: "¿Qué dijo este animal?",
pero porque no se puso nunca a pensar que los católicos
nos arrodillamos ante el judío y la madre.
Mi origen es muy humilde, de un matrimonio de inmigrantes,
huérfano de inmigrantes, criado con un matrimonio
de inmigrantes que estaba en una buena posición
y después terminaron "prestando la firma",
como decía mi padrino que era español
y lo fundieron. Pero llevamos la pobreza con dignidad,
y yo aprendí que la pobreza con dignidad no duele.
"Zurcido pero limpio", decía mi madrina,
y desde ahí yo tengo una filosofía de
vida y siempre dije: "Lo que tenga de bueno mi
conducta se lo debo a mis padrinos y lo demás
no es culpa mía". Me educaron ellos a través
del ejemplo y me mandaron a la escuela para que me instruya,
que son dos cosas distintas. Entonces, yo vengo con
una formación de "esto está bien
y esto no está bien", y no había
zonas grises ni nada de eso, aunque con el tiempo aprendí
que toda intolerancia viene por ignorancia. Dios me
permitió a mí poder ir a Israel, y ahí
redondeé y fortalecí mi fe, pero aprendí
muchas cosas de nuestros primos hermanos o hermanos
mayores, los judíos. Mucha gente cree que no
tenemos nada que ver; pero somos descendientes de ellos,
nosotros abrimos una sucursal con un gerente en Nazareth,
y le hicimos cambiar el almanaque a los dueños
del negocio. Tenemos un calendario y dice que el 24
es el nacimiento de Jesús, pero el 1º (no
dice el 1º de año de almanaque) es el día
de la circuncisión de nuestro señor Jesucristo,
porque la circuncisión de nuestro señor
Jesucristo es el punto de partida de la Era Cristiana.
Cuando uno aprende todas estas cosas recién se
da cuenta de que a veces, por ignorancia, se es intolerante.
Y esa intolerancia por ignorancia, es por no entender
las razones de los otros. Te lleva una vida aprenderlo.
Yo era un intolerante y medio fascista, porque cuando
vos creés que vos siempre tenés la razón
porque tu fe es la única y la verdadera y qué
se yo
Yo aprendí después que los
evangelistas tienen otro punto de vista, analizan las
cosas de una manera o de otra
"Que Jesús
sí, pero María no, y que bueno, y que
Cristo en la cruz no; la cruz sí pero sin el
Cristo". Son detalles, pero van camino a Dios.
Yo no tengo porqué enemistarme con ellos, tengo
que estar junto con ellos. Cuando voy, me hago atender
con los adventistas de Puígari y los admiro porque
viven de acuerdo con su fe. Y eso es digno de admiración,
y a mi no me preocupa que no vengan conmigo a la Iglesia;
están caminando hacia el mismo lado, aunque vayan
por otro camino. Estos cortan por acá, aquellos
por allá. Los musulmanes, los budistas, todos
buscan a Dios. Nosotros estamos convencidos de que Jesús
es el Mesías; los judíos lo siguen esperando.
-Y, ¿cómo lo reciben las personas de
otra religión?
-Muy bien, porque yo soy un tipo que aprendo de todas
las religiones. Ya soy una persona convencida de lo
mío; a mí nadie me va a catequizar, y
yo no voy a catequizar a nadie, porque no tengo porqué
torcer el brazo a alguien para que crea otra cosa. El
gran error es creer que si no viene conmigo a mi Iglesia
no se va a salvar
¿por qué no se
va a salvar si es buena persona? Aunque no esté
bautizado, se va salvar porque Dios es mucho más
piadoso y más magnánimo de lo que nosotros
suponemos. Creo que este principio lo tendríamos
que aprender los que decimos tener fe, porque luchamos
para tener una vida eterna, pero cuando se acerca la
parca la corremos a bolsazos porque no estamos tan convencidos
de la vida eterna. O sí, o no. Yo ya estuve muerto
clínicamente y sé que la muerte es la
paz, pero el que le tiene mucho miedo a la muerte es
porque le ha trampeado a la vida. Escuché decir
una vez a un amigo que "es tan buen negocio ser
buena persona, que aunque sea por negocio uno tendría
que ser buena persona". Ya se le dije una vez a
un periodista, hace muchos años: "El que
no roba por miedo a la justicia no es honesto, es un
ladrón reprimido". El no robar es porque
no hay que robar, no por temor a la policía o
la justicia. No, no hay que robar. Y uno tiene que estar
convencido de esto. El doctor Favaloro recalcaba que
había que recalcarle al joven la importancia
del ser por encima del tener. Pero el mensaje de hoy
es que es más importante el tener; "La felicidad
es el placer", mentira. El placer se puede comprar,
la felicidad se construye con el tiempo y con angustia,
porque el amor es angustia; y hablo del amor total no
del amor a la pareja. El amor al amigo, que vos querés
entrañablemente. Si se te enferma y se te muere,
es tan angustioso como la muerte de tu mujer o de tu
novia, o la muerte de un hijo. El amor es angustia porque
existe la posibilidad de perder lo que amás.
Y no las cosas que tenés, porque lo que tenés
lo vas a dejar, no entra en el cajón.
-¿No le da impresión de que estos valores
están cada vez mejor guardados, como perdidos?
-Yo diría que están en retirada, pero
tengo fe que sean modas. La vez pasada leí una
estadística rara que decía que Estados
Unidos, el país divorcista por excelencia, tiene
la mayor cantidad de enlaces en relación a otros
pueblos del mundo. Algo ha cambiado para que ellos mismos
se hayan dado cuenta que el libertinaje no lleva a ninguna
parte. Así que, yo tengo esperanza en el acceso
a la formación en la educación que tiene
el joven hoy, gracias a Dios. Pero a veces la educación
se va muy por las ramas; se especializa en determinadas
disciplinas y se olvida de la formación. El presidente
de la enseñanza privada a nivel mundial estuvo
visitando Salta hace unos años, y justo había
un amigo mío que estaba gestando la posibilidad
de poner un colegio privado, y le preguntó: "¿Qué
sería lo prioritario en un colegio privado en
la enseñanza?" Y este hombre, que era español,
le dijo: "Formar al hombre en sus valores, y si
queda tiempo que aprenda a sumar y restar". Si
vos formás en los valores a alguien lo demás
es un accesorio. Esa persona va a tener una conducta
que va a ser su filosofía de vida y que nunca
nadie se la va a torcer. A mí nunca, nadie, me
obligó a hacer lo que no quería en un
espectáculo arriba de un escenario, porque estaba
formado de una manera.
-Como el uso de las malas palabras
-Cuando me dicen: "¿Por qué usted
no dice malas palabras?", respondo que porque me
educaron de otra manera. Y porque yo pensaba qué
pasaría por la cabeza de esta gallega si viera
que yo estoy traicionando lo que ella tanto tiempo se
empeñó en formar. O, cómo se pondría
ella de colorada si un guarango le faltara el respeto
con algún gesto obsceno o con alguna de estas
cosas que ya no son malas palabras. Hay obscenidad hasta
en los gestos. Pienso que si yo hiciera eso le estaría
agrediendo la oreja a la mamá de un señor,
o a la abuela de un chico. Yo no digo que no haya otra
forma de humor, existe y hay gente para consumirlo.
El otro día dijo un periodista: "Insisten
tanto en que diga malas palabras que va a llegar un
momento en que voy a tener que pedir disculpas por no
decirlas". Porque parece ser que lo normal se ha
vuelto anormal, entonces ya hasta que te sentís
incómodo. Otro periodista puso una vez como un
contravalor el humor blanco de Landriscina, como que
yo no me animaba a decir una mala palabra. No, no es
que no me anime. Entonces yo le contesté por
radio: "Si me acompaña en auto desde Olivos
al centro, va a escuchar el rosario de puteadas más
celestiales que haya escuchado en su vida, porque manejando
soy puteador, sin abrir la ventanilla; puteo porque
estoy enojado con el tráfico". Pero no es
que no las sepa. No las voy a llevar arriba del escenario
porque lo que va arriba del escenario está premeditado.
Y cuando a mí me sale una mala palabra es por
un contratiempo; como a un paisano en el campo, que
en seguida mira alrededor a ver si hay mujeres para
pedir disculpas: "Discúlpeme, no la vi Doña
Rosa". El pudor en el hombre del interior, en el
hombre del campo, todavía está intacto,
gracias a Dios. Estas cosas me han llevado a mí
a tener una conducta, incluso no aceptar ciertas cosas.
Una vez, durante un gobierno militar, me invitaron a
actuar frente al que era el presidente, durante un almuerzo.
Yo iba a actuar a los postres, pero me dicen: "Va
a tener que actuar antes porque se atrasaron las cosas",
y yo le digo: "Yo no actúo cuando comen";
"No, pero
"; "Discúlpeme,
yo no entretengo digestiones. Yo le voy a molestar al
que está comiendo, y los que están comiendo
me van a molestar a mí. Entonces, dígale
que lo lamento mucho, que será en otra oportunidad",
y me fui. Yo necesito que me escuchen, porque no me
gusta robar la plata cuando voy a cobrar para hacer
un show.
-Además, su público sabe lo que va
a buscar
-Yo no lo puedo traicionar. Lo que la gente compró
de mí es el estilo. Lo que yo tengo que hacer
es cambiar los cuentos, que es lo que hacía cada
año y medio. Nunca volvía a una localidad
si no había cambiado el repertorio. Y acá
entra de nuevo lo de la formación adecuada y
la ayuda que te da a tener una filosofía de vida.
Admito también que he tenido los errores de todo
joven atropellado
Cuando me fui a Cosquín
era un muchacho joven, con esas ansiedades y el atrevimiento
de la juventud como para salir "Acá estoy
yo" y que sé yo. Por momentos me creía
el dueño de la verdad, y me he equivocado fiero
a veces. Porque yo seguía con la tesitura de
lo que había visto y aprendido de otros, y seguía
con aquello del cuento del borracho, el cuento del gordo,
el cuento del pelado, hasta que me di cuenta: "¿Qué
estoy haciendo?" Si estoy hablando de un borracho
que siempre está borracho, estoy hablando de
un alcohólico, y eso ya no es gracioso. Estoy
hablando de un enfermo. De todo eso te das cuenta con
el tiempo, y lo corregís. Pero son los errores
que uno comete porque es joven, porque sigue a la comparsa.
Después me di cuenta que esto no tiene que ser
así.
-¿Comenzar a los 28 años con tanto
éxito, no le resultó
difícil de procesar?
-Cuando me preguntan sobre los riesgos de esto, yo les
digo a los jóvenes: este es un oficio que nos
hace más conocidos, pero no nos hace mejores.
Si tomás conciencia de que lo tuyo es un trabajo,
entonces no hay problema. Pero si vos creés que
cuando la gente te saluda por la calle y te palmea ya
sos famoso, después entrás en una segunda
confusión y creés que sos popular, y una
tercera, que es imperdonable, que por ahí creés
que además tenés prestigio. Son tres cosas
distintas, casi nunca van juntas. Ser famoso, popular
y tener prestigio. Juan Manuel Fangio, Favaloro, Roberto
De Vicenzo; ellos juntan todas esas cosas. Tenés
que buscar muy celosamente para encontrar otros. Yo
no tengo esa confusión. Lo que sí, el
precio que hay que pagar por la popularidad es muy alto,
y yo lo acepto. Yo no creo en los mártires de
la popularidad; no puedo luchar por la popularidad y
después esconderme detrás de unos lentes
opacos. O esconderme y que no me vean, me parece una
taradez, porque este no es un oficio que se hereda porque
murió papá; lo venís a buscar.
Tiene sus precios, sus costos y los tenés que
pagar: la pérdida de la intimidad, la pérdida
de la intimidad de la familia que a veces vos ponés
en riesgo. Incluso, mis hijos no pueden andar conmigo
en la exposición Rural porque la gente no me
deja caminar. Una vez en Mar del Plata, en la peatonal,
me tuvieron que meter adentro de un local porque se
empezó a enloquecer la gente y yo andaba con
mi familia. Por ahí ellos querían comer
tranquilos, y ahí aparecen las cosas en donde
vos le trasladás a tu familia los costos que
vos aceptaste, y no me gusta. Trato de lograr una armonía
para que convivan las dos cosas, pero no es fácil.
Necesité que mi mujer fuera como es: nunca dejó
estacionar un camión de exteriores en mi casa.
Nunca trabajó de mujer de Landriscina ni mis
hijos trabajaron
de hijos de Landriscina.
-Insisto, es muy difícil mantener esa actitud
por tantos años
-Sobre todo porque la fama es una vieja famosa que te
tira tentaciones terribles y te ofrece la posibilidad
de equivocarte a cada paso
-¿Y cómo hace?
-Bueno, si tenés una filosofía de vida
las podés cuerpear, pero también tenés
desprolijidades que después te asaltan cuando
te quedás solo con la almohada. Son pecados de
juventud, nada grave, pero a mí las desprolijidades
me duelen hasta en las travesuras. Depende de tus sentimientos
y del sentido de la responsabilidad en saber reconocer:
"En esto no estuve bien". Porque, vuelvo a
insistirte, he tratado de tener la misma conducta arriba
del escenario que abajo, pero a veces hay tentaciones
que te pueden hacer pisar el palo. Lo que sí
aprendés con los años es la diferencia,
la gran diferencia, que hay entre el macho y el hombre.
Y yo acuñé una frase que dice que: "Macho
se es por cuestiones glandulares y hombre por decisión
propia". Y muchas veces el hombre debe sacrificar
el macho para recibirse de hombre.
-¿En qué casos?
-Cuando no querés ser un animalito. A veces,
el ser persona conocida, el ser de la televisión,
le da la tentación o la fantasía a la
mujer de acostarse con el nombre y no con el hombre.
Si vos no sabés distinguir eso sos un imbécil,
un necio. Yo me di cuenta a tiempo. Una vez, me invitaron
a una casa donde la señora era muy atrevida y
me hacía insinuaciones que yo por delicadeza
eludía, con cierta incomodidad. Hasta que en
un momento ella, delante de una pareja, me insinúa
que a mí no me gustaban las mujeres. Y yo, que
estaba respetando la casa y el hombre que me había
dado la mano, que era su marido, entonces me enojé.
Y le dije: "Vea señora, usted tiene edad
como para entender cosas de la vida, y debe saber que
al pescador no le gustan que los pescados se le suban
a la canoa, así que déjese de joder".
Se le cayó el vaso de la mano y me fui. Pero
para eso tuve que enojarme. Yo trataba amablemente de
sobrellevar la cosa y se ve que algunas copas de más
la tenían muy atrevida. Cuando a mí un
señor me da la mano y me dice: "Mi mujer",
esa mujer es sagrada, aunque no lo conozca al tipo.
Bueno, estas conductas he tratado de respetar. Otra
vez me dijo una señora: "Ay, el único
amigo de mi marido que no se me tiró sos vos",
y yo le dije: "Porque los otros no eran amigos".
-Fangio, el doctor Favaloro, José Froilán
González, Usted
grandes amigos que conservaron
una actitud muy parecida, ¿Dios los cría
?
-Te repito una cosa que decía el doctor (en la
que siempre coincidimos) cuando le decían algo
parecido: "Ay, lo felicito porque usted, siendo
la eminencia que es, es tan humilde
" y él
respondía: "Soy normal. Qué razón
habría para que no fuera humilde". A mí
la vida me llevó de ser un huérfano que
había sido depositado en la casa donde fue criado,
a llegar a ser una persona conocida en todo el país
y en algunas partes del mundo. Van a quedar discos míos
acompañando familias arriba de un auto, y todo
eso es un regalo de Dios. Tengo un don, lo único
que hago es administrarlo. Eso me ha permitido cambiar
de la condición de huérfano a ser un agradecido
de mi crianza. Me criaron con todas las diligencias
de un hijo, y con toda la generosidad: tuve inocencia,
juguetes, fantasías, ilusión, cumpleaños
tuve de todo. Un beso a la noche para cuando me acostaba
y un beso a la mañana cuando me levantaba. Más
no le puedo pedir a la vida, y creo que el hecho de
que este oficio me haya dado la posibilidad de haber
conocido gente como ellos, que me honraron con su amistad
y se hicieron mis amigos, es un privilegio; privilegio
que tengo que agradecer.
-----
(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es
periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004
Imagen:
http://img62.exs.cx/
© MV Prensa / Diciembre de 2005
|