ENTREVISTA | Luís Landriscina, cuentista y recitador
Déjeme contarle
Por Tomás Vela*



Cuando Don Luís tenía 28 años, pasó por el Festival de Cosquín (Córdoba, Argentina) deseando que el nombre de su pueblo natal, Villa Ángela (Chaco, Argentina), fuera al menos mencionado en la radio. Tanto gustaron sus historias y forma de narrarlas que, 9 días después, lo premiaron por mejor cuentista y recitador, sin que siquiera existiera ese galardón antes de que él lo instaurara.

Una carrera, 37 discos, muchos premios y casi 42 años después, Landriscina rinde homenaje con su vida y un prolongado show-despedida a toda la gente que lo escuchó con esa atención que sólo él supo provocar en un auditorio, y que lo caracteriza tan atento al contenido como al contexto de su trabajo. Para este chaqueño de recién
estrenados 70, saber escuchar, contar y hacer reír siempre fueron cosa seria.


-Ya pasó los cuarenta años arriba del escenario, y el último en despedidas, ¿qué más queda por contar?
-42 en enero, porque Cosquín es en enero y yo tomo como punto de partida mi llegada a Cosquín. Empecé la despedida en enero de 2004, en Cosquín, con un espectáculo que se llamaba "Como d'entrando a salir", que era un retiro paulatino a medida que recorría el país y algunos países que ya había visitado. Pero me despedí definitivamente el sábado 3 de diciembre en mi pueblo, durante tres jornadas muy emotivas, porque yo salí de Villa Ángela después de que gané Cosquín, y sólo volvía para las fiestas que no se rifan, como Navidad y Año Nuevo o algún compromiso familiar.
En el programa que entregaba en el espectáculo al público decía: "40 años de un sueño", porque ahí empezó la celebración. El sueño era que nombraran mi provincia y mi pueblo por radio, con eso yo me hubiera dado por bien pagado; pero gané. Entonces, lo que era una meta se convirtió en un punto de partida. Decían en los discursos algunos de mis viejos amigos: "¿Quién no ha pasado por el grato placer de que cuando se usaban los nombres en las patentes y veían Villa Ángela, exclamaban: '¡Ah!, del pago de Landriscina…'?" Por eso, el premio más grande, tal vez el más importante, es que la gente haya asociado con simpatía mi nombre al de mi provincia, y al de mi pueblo. Y creo que en eso mucho tiene que ver haber trabajado mi oficio con conducta tanto arriba como abajo del escenario.

-Sin apuro por sacar la risa
-Sí, siempre lo he dicho antes de empezar: yo soy un narrador de usos y costumbres. De los pocos humoristas que no tiene apuro para hacer reír. Lo que quiero es que vean en el aire lo que trato de dibujar con palabras, y trato de que la gente se meta en la historia, empiece a percibirla y a sugerir un final, que siempre sale para otro lado. Porque, hay un desafío no confesado entre el que escucha un cuento y el que cuenta el cuento. El que escucha dice: "A que sé como termina"; y el que lo cuenta dice: "A que no". Y es la única vez que el que pierde se alegra.

-Usted hizo un disco doble con Mamerto Menapace que se caracterizó por tocar temas social y religiosamente delicados, con profundidad y humor; y hace poco participó de otro que se refiere a la religiosidad popular. ¿Cómo se tratan las creencias con humor,
manteniendo el respeto?

-En dos o tres ocasiones hicimos, "Los valores con humor" primero, después "El humor y la familia son cosas serias" o "La familia y el humor son cosas serias", y en el tercero ya incluimos nada menos que al doctor René Favaloro en "El milagro y el valor de la vida". Últimamente, en homenaje al doctor Favaloro, el año pasado nos juntamos con otro cura, Julián Zini, que es un músico correntino y poeta, e hicimos un espectáculo que se llama "Así canta, cuenta y reza nuestro pueblo", que va a salir antes de fin de año en compacto y en DVD. Va a ser a beneficio de la fundación y de algunas obras también de los sacerdotes, que van a tener oportunidad de encontrarse con la religiosidad popular, algunos casos aceptados y otros un poco cuerpeados por la Iglesia, como San la Muerte, o todas estas prácticas de la cortadura del empacho y esas cosas. Algunas ya estaban en América antes de la llegada de los españoles, pero cuando alguien va a cortar el empacho y se hace la señal de la cruz… eso no estaba en América, vino con los conquistadores. Entonces, El gauchito gil, La difunta correa, la creencia en las ánimas, la luz mala, el lobisón; todo eso lo tratamos, yo con humor y ellos… musicalmente el padre Julián Zini y el comentario sesudo, donde de pronto está el análisis del religioso, es de Mamerto, donde reconoce que pueda existir esta cosa del Gauchito gil, de la misma manera que uno venera la foto de un familiar que murió y le pone una flor. Venerarlo, dice, pero no generar fetichismo. Todo ese tipo de cosas está tratado con el respeto que merece la religiosidad popular, por un lado, y la clarificación de la idea, por el otro. Porque a veces somos blanco de las críticas de otras religiones cuando nos pasamos de rosca con el fetichismo en vez de actuar en consecuencia con la fe razonada, esa cosa que deberíamos.

-Su postura es bastante ecuménica, porque desde su creencia como católico comenzó a profundizar un compromiso social que invitaba a otras religiones a sumar su aporte. ¿Cómo llegó a esto?
-Ya lo dije muchas veces, incluso en televisión: "Yo todas las noches me arrodillo ante un judío y la madre, porque soy católico"; esto provocó que una hermana mía mayor, o sea más católica que yo, dijera: "¿Qué dijo este animal?", pero porque no se puso nunca a pensar que los católicos nos arrodillamos ante el judío y la madre.
Mi origen es muy humilde, de un matrimonio de inmigrantes, huérfano de inmigrantes, criado con un matrimonio de inmigrantes que estaba en una buena posición y después terminaron "prestando la firma", como decía mi padrino que era español y lo fundieron. Pero llevamos la pobreza con dignidad, y yo aprendí que la pobreza con dignidad no duele. "Zurcido pero limpio", decía mi madrina, y desde ahí yo tengo una filosofía de vida y siempre dije: "Lo que tenga de bueno mi conducta se lo debo a mis padrinos y lo demás no es culpa mía". Me educaron ellos a través del ejemplo y me mandaron a la escuela para que me instruya, que son dos cosas distintas. Entonces, yo vengo con una formación de "esto está bien y esto no está bien", y no había zonas grises ni nada de eso, aunque con el tiempo aprendí que toda intolerancia viene por ignorancia. Dios me permitió a mí poder ir a Israel, y ahí redondeé y fortalecí mi fe, pero aprendí muchas cosas de nuestros primos hermanos o hermanos mayores, los judíos. Mucha gente cree que no tenemos nada que ver; pero somos descendientes de ellos, nosotros abrimos una sucursal con un gerente en Nazareth, y le hicimos cambiar el almanaque a los dueños del negocio. Tenemos un calendario y dice que el 24 es el nacimiento de Jesús, pero el 1º (no dice el 1º de año de almanaque) es el día de la circuncisión de nuestro señor Jesucristo, porque la circuncisión de nuestro señor Jesucristo es el punto de partida de la Era Cristiana. Cuando uno aprende todas estas cosas recién se da cuenta de que a veces, por ignorancia, se es intolerante. Y esa intolerancia por ignorancia, es por no entender las razones de los otros. Te lleva una vida aprenderlo. Yo era un intolerante y medio fascista, porque cuando vos creés que vos siempre tenés la razón porque tu fe es la única y la verdadera y qué se yo… Yo aprendí después que los evangelistas tienen otro punto de vista, analizan las cosas de una manera o de otra… "Que Jesús sí, pero María no, y que bueno, y que Cristo en la cruz no; la cruz sí pero sin el Cristo". Son detalles, pero van camino a Dios. Yo no tengo porqué enemistarme con ellos, tengo que estar junto con ellos. Cuando voy, me hago atender con los adventistas de Puígari y los admiro porque viven de acuerdo con su fe. Y eso es digno de admiración, y a mi no me preocupa que no vengan conmigo a la Iglesia; están caminando hacia el mismo lado, aunque vayan por otro camino. Estos cortan por acá, aquellos por allá. Los musulmanes, los budistas, todos buscan a Dios. Nosotros estamos convencidos de que Jesús es el Mesías; los judíos lo siguen esperando.

-Y, ¿cómo lo reciben las personas de otra religión?
-Muy bien, porque yo soy un tipo que aprendo de todas las religiones. Ya soy una persona convencida de lo mío; a mí nadie me va a catequizar, y yo no voy a catequizar a nadie, porque no tengo porqué torcer el brazo a alguien para que crea otra cosa. El gran error es creer que si no viene conmigo a mi Iglesia no se va a salvar… ¿por qué no se va a salvar si es buena persona? Aunque no esté bautizado, se va salvar porque Dios es mucho más piadoso y más magnánimo de lo que nosotros suponemos. Creo que este principio lo tendríamos que aprender los que decimos tener fe, porque luchamos para tener una vida eterna, pero cuando se acerca la parca la corremos a bolsazos porque no estamos tan convencidos de la vida eterna. O sí, o no. Yo ya estuve muerto clínicamente y sé que la muerte es la paz, pero el que le tiene mucho miedo a la muerte es porque le ha trampeado a la vida. Escuché decir una vez a un amigo que "es tan buen negocio ser buena persona, que aunque sea por negocio uno tendría que ser buena persona". Ya se le dije una vez a un periodista, hace muchos años: "El que no roba por miedo a la justicia no es honesto, es un ladrón reprimido". El no robar es porque no hay que robar, no por temor a la policía o la justicia. No, no hay que robar. Y uno tiene que estar convencido de esto. El doctor Favaloro recalcaba que había que recalcarle al joven la importancia del ser por encima del tener. Pero el mensaje de hoy es que es más importante el tener; "La felicidad es el placer", mentira. El placer se puede comprar, la felicidad se construye con el tiempo y con angustia, porque el amor es angustia; y hablo del amor total no del amor a la pareja. El amor al amigo, que vos querés entrañablemente. Si se te enferma y se te muere, es tan angustioso como la muerte de tu mujer o de tu novia, o la muerte de un hijo. El amor es angustia porque existe la posibilidad de perder lo que amás. Y no las cosas que tenés, porque lo que tenés lo vas a dejar, no entra en el cajón.

-¿No le da impresión de que estos valores están cada vez mejor guardados, como perdidos?
-Yo diría que están en retirada, pero tengo fe que sean modas. La vez pasada leí una estadística rara que decía que Estados Unidos, el país divorcista por excelencia, tiene la mayor cantidad de enlaces en relación a otros pueblos del mundo. Algo ha cambiado para que ellos mismos se hayan dado cuenta que el libertinaje no lleva a ninguna parte. Así que, yo tengo esperanza en el acceso a la formación en la educación que tiene el joven hoy, gracias a Dios. Pero a veces la educación se va muy por las ramas; se especializa en determinadas disciplinas y se olvida de la formación. El presidente de la enseñanza privada a nivel mundial estuvo visitando Salta hace unos años, y justo había un amigo mío que estaba gestando la posibilidad de poner un colegio privado, y le preguntó: "¿Qué sería lo prioritario en un colegio privado en la enseñanza?" Y este hombre, que era español, le dijo: "Formar al hombre en sus valores, y si queda tiempo que aprenda a sumar y restar". Si vos formás en los valores a alguien lo demás es un accesorio. Esa persona va a tener una conducta que va a ser su filosofía de vida y que nunca nadie se la va a torcer. A mí nunca, nadie, me obligó a hacer lo que no quería en un espectáculo arriba de un escenario, porque estaba formado de una manera.

-Como el uso de las malas palabras
-Cuando me dicen: "¿Por qué usted no dice malas palabras?", respondo que porque me educaron de otra manera. Y porque yo pensaba qué pasaría por la cabeza de esta gallega si viera que yo estoy traicionando lo que ella tanto tiempo se empeñó en formar. O, cómo se pondría ella de colorada si un guarango le faltara el respeto con algún gesto obsceno o con alguna de estas cosas que ya no son malas palabras. Hay obscenidad hasta en los gestos. Pienso que si yo hiciera eso le estaría agrediendo la oreja a la mamá de un señor, o a la abuela de un chico. Yo no digo que no haya otra forma de humor, existe y hay gente para consumirlo. El otro día dijo un periodista: "Insisten tanto en que diga malas palabras que va a llegar un momento en que voy a tener que pedir disculpas por no decirlas". Porque parece ser que lo normal se ha vuelto anormal, entonces ya hasta que te sentís incómodo. Otro periodista puso una vez como un contravalor el humor blanco de Landriscina, como que yo no me animaba a decir una mala palabra. No, no es que no me anime. Entonces yo le contesté por radio: "Si me acompaña en auto desde Olivos al centro, va a escuchar el rosario de puteadas más celestiales que haya escuchado en su vida, porque manejando soy puteador, sin abrir la ventanilla; puteo porque estoy enojado con el tráfico". Pero no es que no las sepa. No las voy a llevar arriba del escenario porque lo que va arriba del escenario está premeditado. Y cuando a mí me sale una mala palabra es por un contratiempo; como a un paisano en el campo, que en seguida mira alrededor a ver si hay mujeres para pedir disculpas: "Discúlpeme, no la vi Doña Rosa". El pudor en el hombre del interior, en el hombre del campo, todavía está intacto, gracias a Dios. Estas cosas me han llevado a mí a tener una conducta, incluso no aceptar ciertas cosas. Una vez, durante un gobierno militar, me invitaron a actuar frente al que era el presidente, durante un almuerzo. Yo iba a actuar a los postres, pero me dicen: "Va a tener que actuar antes porque se atrasaron las cosas", y yo le digo: "Yo no actúo cuando comen"; "No, pero…"; "Discúlpeme, yo no entretengo digestiones. Yo le voy a molestar al que está comiendo, y los que están comiendo me van a molestar a mí. Entonces, dígale que lo lamento mucho, que será en otra oportunidad", y me fui. Yo necesito que me escuchen, porque no me gusta robar la plata cuando voy a cobrar para hacer un show.

-Además, su público sabe lo que va a buscar
-Yo no lo puedo traicionar. Lo que la gente compró de mí es el estilo. Lo que yo tengo que hacer es cambiar los cuentos, que es lo que hacía cada año y medio. Nunca volvía a una localidad si no había cambiado el repertorio. Y acá entra de nuevo lo de la formación adecuada y la ayuda que te da a tener una filosofía de vida. Admito también que he tenido los errores de todo joven atropellado… Cuando me fui a Cosquín era un muchacho joven, con esas ansiedades y el atrevimiento de la juventud como para salir "Acá estoy yo" y que sé yo. Por momentos me creía el dueño de la verdad, y me he equivocado fiero a veces. Porque yo seguía con la tesitura de lo que había visto y aprendido de otros, y seguía con aquello del cuento del borracho, el cuento del gordo, el cuento del pelado, hasta que me di cuenta: "¿Qué estoy haciendo?" Si estoy hablando de un borracho que siempre está borracho, estoy hablando de un alcohólico, y eso ya no es gracioso. Estoy hablando de un enfermo. De todo eso te das cuenta con el tiempo, y lo corregís. Pero son los errores que uno comete porque es joven, porque sigue a la comparsa. Después me di cuenta que esto no tiene que ser así.

-¿Comenzar a los 28 años con tanto éxito, no le resultó
difícil de procesar?

-Cuando me preguntan sobre los riesgos de esto, yo les digo a los jóvenes: este es un oficio que nos hace más conocidos, pero no nos hace mejores. Si tomás conciencia de que lo tuyo es un trabajo, entonces no hay problema. Pero si vos creés que cuando la gente te saluda por la calle y te palmea ya sos famoso, después entrás en una segunda confusión y creés que sos popular, y una tercera, que es imperdonable, que por ahí creés que además tenés prestigio. Son tres cosas distintas, casi nunca van juntas. Ser famoso, popular y tener prestigio. Juan Manuel Fangio, Favaloro, Roberto De Vicenzo; ellos juntan todas esas cosas. Tenés que buscar muy celosamente para encontrar otros. Yo no tengo esa confusión. Lo que sí, el precio que hay que pagar por la popularidad es muy alto, y yo lo acepto. Yo no creo en los mártires de la popularidad; no puedo luchar por la popularidad y después esconderme detrás de unos lentes opacos. O esconderme y que no me vean, me parece una taradez, porque este no es un oficio que se hereda porque murió papá; lo venís a buscar. Tiene sus precios, sus costos y los tenés que pagar: la pérdida de la intimidad, la pérdida de la intimidad de la familia que a veces vos ponés en riesgo. Incluso, mis hijos no pueden andar conmigo en la exposición Rural porque la gente no me deja caminar. Una vez en Mar del Plata, en la peatonal, me tuvieron que meter adentro de un local porque se empezó a enloquecer la gente y yo andaba con mi familia. Por ahí ellos querían comer tranquilos, y ahí aparecen las cosas en donde vos le trasladás a tu familia los costos que vos aceptaste, y no me gusta. Trato de lograr una armonía para que convivan las dos cosas, pero no es fácil. Necesité que mi mujer fuera como es: nunca dejó estacionar un camión de exteriores en mi casa. Nunca trabajó de mujer de Landriscina ni mis hijos trabajaron
de hijos de Landriscina.

-Insisto, es muy difícil mantener esa actitud por tantos años…
-Sobre todo porque la fama es una vieja famosa que te tira tentaciones terribles y te ofrece la posibilidad de equivocarte a cada paso…

-¿Y cómo hace?
-Bueno, si tenés una filosofía de vida las podés cuerpear, pero también tenés desprolijidades que después te asaltan cuando te quedás solo con la almohada. Son pecados de juventud, nada grave, pero a mí las desprolijidades me duelen hasta en las travesuras. Depende de tus sentimientos y del sentido de la responsabilidad en saber reconocer: "En esto no estuve bien". Porque, vuelvo a insistirte, he tratado de tener la misma conducta arriba del escenario que abajo, pero a veces hay tentaciones que te pueden hacer pisar el palo. Lo que sí aprendés con los años es la diferencia, la gran diferencia, que hay entre el macho y el hombre. Y yo acuñé una frase que dice que: "Macho se es por cuestiones glandulares y hombre por decisión propia". Y muchas veces el hombre debe sacrificar el macho para recibirse de hombre.

-¿En qué casos?
-Cuando no querés ser un animalito. A veces, el ser persona conocida, el ser de la televisión, le da la tentación o la fantasía a la mujer de acostarse con el nombre y no con el hombre. Si vos no sabés distinguir eso sos un imbécil, un necio. Yo me di cuenta a tiempo. Una vez, me invitaron a una casa donde la señora era muy atrevida y me hacía insinuaciones que yo por delicadeza eludía, con cierta incomodidad. Hasta que en un momento ella, delante de una pareja, me insinúa que a mí no me gustaban las mujeres. Y yo, que estaba respetando la casa y el hombre que me había dado la mano, que era su marido, entonces me enojé. Y le dije: "Vea señora, usted tiene edad como para entender cosas de la vida, y debe saber que al pescador no le gustan que los pescados se le suban a la canoa, así que déjese de joder". Se le cayó el vaso de la mano y me fui. Pero para eso tuve que enojarme. Yo trataba amablemente de sobrellevar la cosa y se ve que algunas copas de más la tenían muy atrevida. Cuando a mí un señor me da la mano y me dice: "Mi mujer", esa mujer es sagrada, aunque no lo conozca al tipo. Bueno, estas conductas he tratado de respetar. Otra vez me dijo una señora: "Ay, el único amigo de mi marido que no se me tiró sos vos", y yo le dije: "Porque los otros no eran amigos".

-Fangio, el doctor Favaloro, José Froilán González, Usted… grandes amigos que conservaron una actitud muy parecida, ¿Dios los cría…?
-Te repito una cosa que decía el doctor (en la que siempre coincidimos) cuando le decían algo parecido: "Ay, lo felicito porque usted, siendo la eminencia que es, es tan humilde…" y él respondía: "Soy normal. Qué razón habría para que no fuera humilde". A mí la vida me llevó de ser un huérfano que había sido depositado en la casa donde fue criado, a llegar a ser una persona conocida en todo el país y en algunas partes del mundo. Van a quedar discos míos acompañando familias arriba de un auto, y todo eso es un regalo de Dios. Tengo un don, lo único que hago es administrarlo. Eso me ha permitido cambiar de la condición de huérfano a ser un agradecido de mi crianza. Me criaron con todas las diligencias de un hijo, y con toda la generosidad: tuve inocencia, juguetes, fantasías, ilusión, cumpleaños… tuve de todo. Un beso a la noche para cuando me acostaba y un beso a la mañana cuando me levantaba. Más no le puedo pedir a la vida, y creo que el hecho de que este oficio me haya dado la posibilidad de haber conocido gente como ellos, que me honraron con su amistad y se hicieron mis amigos, es un privilegio; privilegio que tengo que agradecer.




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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004



Imagen:
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© MV Prensa / Diciembre de 2005

 


 
 
 
 
 
 
 


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