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Es
un gran escultor, plástico y poeta argentino,
creador del Movimiento de Arte Madí y precursor
del arte hidrocinético. Tiene 81 años
y grandes ambiciones que involucran a la humanidad.
En el museo que inauguró en junio en una vieja
casa del Barrio de Almagro, donde funciona su taller,
habló de su carrera y de los proyectos que lo
ocupan actualmente.
Él
tiene una utopía: quiere ser un habitante de
la Ciudad Hidroespacial. "El mundo es 30 por ciento
tierra y 70 por ciento agua. Lo mismo nuestros cuerpos:
somos más agua que otra cosa". Pero su deseo
no tiene que ver sólo con esta cortesía
de la naturaleza, él tiene un as bajo la manga.
Se corrige, no es la suya una utopía, tal aldea
existe y él mismo la ha inventado como parte
de su creación y proyección artística.
Gyula Kosice es el fundador del Movimiento de Arte Madí,
corriente surgida en la Argentina en 1946 que postula
que la función del arte es "crear e inventar"
y no representar o hablar sobre lo existente. Hacer
un cuadro o una escultura "como se hace un árbol",
de eso se trata: "una existencia nueva".
La idea es que el arte puede representar maravillosamente
nuestro mundo, pero su genialidad está, tal vez
más precisamente, en su capacidad creadora. "La
representación significa una copia o una deformación
de la realidad. El artista debe crear objetos que tengan
autonomía", explica Kosice, nacido en Hungría
en 1924 pero llegado a la Argentina a los 4 años,
tras 28 días de viaje en barco en los que sólo
se veían el agua y las estrellas.
Entrar a su taller-museo en el barrio de Almagro es
entrar en contacto con muchos de esos objetos y con
un arte del más vanguardista si los hay: esculturas
de acero, de plástico, con luces, y el agua que
fluye de la mayoría de ellas, como una influencia
ineludible de sus primeros años de vida. De repente,
en esa casa chorizo transformada en una inmaculada galería
de arte, es suficiente producir un sonido para que una
obra haga rotar sus juegos de luces. Kosice es uno de
los precursores del arte de vanguardia cinético
y lumínico. Utilizó por primera vez en
una obra el agua y el gas neón en el plano internacional.
La revista Arturo -cuyo nombre viene de la estrella
más brillante de la constelación de Boyero,
arktoüros, que significa guardián-, otra
de sus creaciones en 1944, es el puntapié inicial
para la concepción Madí. Fue una de las
primeras revistas en América Latina que aglutinó
a algunos artistas plásticos, poetas y teóricos.
En sus páginas, en la década del '40,
Kosice aseguró: "El hombre no ha de terminar
en la Tierra, va a conquistar el espacio multidimensional"
y, como surgida de una profecía, nació
la idea de la Ciudad Hidroespacial: un hábitat
suspendido a 2000 metros de la tierra que es tecnológicamente
viable extrayendo agua de las nubes para generar oxígeno.
"Según la NASA, ya es posible la sustentación
de un hábitat cualquiera mediante la fisión
nuclear en frío" y así funcionaría
la Ciudad Hidroespacial. Claro que el costo es muy elevado,
pero "con sólo detener la producción
bélica del mundo por veinticuatro horas podría
obtenerse el dinero para hacerlo posible y sería
una manera de ocupar el espacio para salvar los bienes
de la naturaleza". En el museo están expuestos
los diseños de la Ciudad y sus explicaciones
técnicas y filosóficas. "Lo que quiero
es hacer más universo", dice Kosice que
tiene 81 años y más ganas de proyectar
un futuro mejor que cualquier joven de 20.
En el museo, al lado de las láminas que grafican
el proyecto del hábitat, hay una serie de fotos
del artista con diferentes personalidades del siglo
XX: Jean Paul Sartre, Le Corbusier, Enrique Pichón
Rivière, entre otros, tomadas a lo largo de los
siete años en los que vivió en París.
A
unos metros de esas imágenes en blanco y negro,
en su taller de paredes celestes descascaradas, Kosice
tiene algo para decir de ellas. "Tenemos que aceptar
a esa gente que marcó el siglo XX, pero aceptarla
como una medición para ir a lo inédito,
a lo que no se hizo nunca. El artista tiene que crear
un objeto, un color".
Él
cree en la tríada arte-ciencia-tecnología
y asegura que "los artistas que no producen según
esos parámetros generan un retroceso histórico".
Pero aclara: "A la tecnología no la para
nadie, por eso hay que saber usarla con ciertos límites
para que sirva a nuestros propósitos sólo
como una herramienta".
Actualmente
está haciendo obras digitales con su nieto. "Veo
otra dimensión posible y la tomo para usarla
a favor mío. La tecnología es una herramienta,
pero la invención y la creación son propias
del arte".
Cómo se conjugan en este artista las corrientes
de arte más tradicional, que intervienen en su
formación, y las más vanguardistas, como
la del propio Arte Madí. "No queremos desconocer
nuestras influencias sino que simplemente ya no tratamos
de copiarlas", asegura. "No se desechan, se
toman como ejemplo, pero no para seguirlo sino para
crear un salto hacia lo desconocido, hacia lo inédito".
"Hay
que buscar la manera de vivir el momento, más
que de interpretarlo, lo que no significa destruir el
pasado. Yo cada vez tengo más influencias de
Leonardo Da Vinci porque lo copiaba de chiquito y sigue
siendo un ejemplo para mí". Permanece parado
y cada tanto apoya los codos en la mesa de patas altas
en la que trabaja. Pegado en la pared, justo a la altura
de su cabeza, el retrato del pintor Antonio Berni acompaña
sus palabras. "No estamos ni siquiera divorciados
del movimiento anterior pero lo sobrepasamos".
El nombre Madí viene del canto de los republicanos
españoles: Madrí, Madrí, no pasarán.
"Me quedó esa fonética rondando y
se aceptó finalmente para designar al movimiento".
Esta corriente de arte, postula la erradicación
del marco como ventana, como un límite para la
obra, el marco pasa a formar parte de esta. Y solicita
que el arte forme parte de la vida cotidiana, que se
integre al hábitat para dialogar con lo ya existente
e impulsar la emancipación del cuerpo y la mente.
"Un arte de todos y no sólo un arte para
todos".
En junio de este año, compró un tercio
del total de su producción y transformó
su viejo atelier del barrio de Almagro en una sala de
exposición permanente con más de 150 obras.
Pero sus obras exceden las paredes de su museo, Kosice
es el autor de esculturas monumentales expuestas en
lugares públicos en América Latina, Europa
y Asia. En la Argentina, en el cruce de la Avenida Nueve
de Julio y Marcelo T. de Alvear, se erige vanguardista
el Monumento a la Democracia, de su autoría.
Tuvo en algún momento luces y tres chorros de
agua que representaban la libertad, la justicia y la
solidaridad. Pero se ha quedado sin ellas, como si quisiera
representar el fiel y paradójico retrato de la
actualidad de la doctrina política. Para Kosice,
"la democracia es el mal peor, pero su gran defecto
es que en ella cabe todo lo posible, como la corrupción,
que es el mal peor".
A la hora de hablar de las concepciones tradicionales
que siguen abogando por la representación como
función y manera de ser del arte, él explica:
"Acepto sus mundos y me alejo". Y critica
a las actuales corrientes de arte "banal"
e "irónico" como las que "se dedican
a pintar mujeres o usan la piel o el cabello" para
hacer arte. "Buscan violentar por la sorpresa al
espectador utilizando cualquier medio al alcance, el
más irrisorio inclusive. Es lo mismo que yo agarre
estos anteojos, los rompa y los exponga como una escultura".
Para Kosice todo esto es una "moda" que significa
"un retroceso para el arte" y asegura que
"lo que logra el artista es que se llame la atención
sobre él y no sobre la obra".
Si hay que elegir una palabra, Gyula no duda: "sentimental"
o "sentimiento", son conceptos integradores
de la naturaleza del hombre. Para él "no
hay pensamiento sin sentimiento y no hay sentimiento
sin ejercicio mental" y esas palabras hablan de
ambas cosas: senti-mente.
Sin querer, o queriendo, es él el que pregunta.
Sus respuestas, inevitablemente, despiertan dudas sobre
lo existente y convencen de la necesidad de crear un
más allá que, sólo tal vez, nos
salve de la mediocridad pero que, seguro, no es una
utopía.
Es viernes por la mañana y están por llegar
los curiosos habituales a conocer su taller-museo. Se
va despidiendo con el ritmo de sus respuestas aunque
aún le quedan ideas para seguir creando al mundo:
"Todavía sigue siendo vanguardia La Gioconda
-asegura- porque se la puede usar en una lata de membrillo.
Si algo se puede recuperar es porque está vivo".
"Como se hace un árbol"
En 1946, con la publicación del Manifiesto Madí,
Kosice establece los postulados de una corriente internacional
que se extendería luego a todas las artes: pintura,
literatura y música. "Madí se alza
confirmando el deseo fijo, absorbente del hombre de
inventar y construir objetos dentro de los valores absolutos
de lo eterno, junto a la humanidad en su lucha por la
construcción de una nueva sociedad sin clases,
que libere la energía y domine el espacio y el
tiempo en todos sus sentidos y la materia hasta sus
últimas consecuencias". La premisa de fondo
es "liberar al hombre de toda atadura", a
través de una "deliberada interacción
imaginativa y en cadena". Se habla de "un
arte de todos" que se integre al hábitat.
Para Kosice, la curación de los males sociales
e individuales es a través de la creación,
y para ello hay que disolver el arte en la vida misma.
Fiel
desde sus comienzos a esta idea de un arte integrador
y emancipador, en 1944 hizo la primera estructura móvil,
cuya forma podía ser modificada por el espectador,
como una posibilidad de cuestionar los soportes establecidos.
Kosice también es autor de libros de poesía
y ensayos, que responden, claro, a esta concepción
del arte y la vida.
El
taller-museo de Kosice se puede visitar los viernes
por la mañana, previa reserva al
teléfono 4867-1240.
(VEA
FOTOS
DEL TALLER-MUSEO)
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(*) Lucía Turco (luciaturco@fibertel.com.ar)
es periodista.
Participó en MV Prensa desde octubre de 2004 hasta diciembre
de 2005.
Imágenes:
Tomás Vela
© MV Prensa / Agosto de 2005
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