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Luís
María Pescetti tiene unos ojos chiquitos y amables
que no se esconden tras ese par de gafas que ya parece
parte de la geografía luminosa de su cara. Tiene
además, tres discos de humor y canciones para
niños editados en la Argentina,
cuentos y novelas para grandes y para chicos. Es actor,
escritor, cantante, estudió y se graduó
como musicoterapeuta y fue profesor de música.
Tuvo programas de tv y radio en México, donde
vivió doce años.
Su casa también es luminosa, hay una biblioteca
blanca que zigzaguea sostenida sobre ménsulas
contra la pared del living. Se excusa por el desorden
(sólo un bolso sobre la mesa ratona), pero recién
llegó de México y todavía no termina
de acomodarse. Tampoco se acomodaron todavía
sus horarios y por eso se le escapa algún bostezo
que enseguida disculpa entre frase y frase. Este santafecino
de acento raro habla, como el dice, un castellano de
licuadora. México, Cuba, Argentina y España
se mezclan en su voz lo mismo que en su living.
-Una
vez -cuenta Pescetti- una amiga se tomó un taxi
y el taxista le dice "el otro día fui a
ver un mexicano que está haciendo humor para
chicos", y el mexicano era yo
-¿Por
qué te fuiste a México, por qué
elegiste México?
-En realidad puede sonar un poco zonzo decir que México
me eligió, pero hubo algo de eso. Yo estaba en
Cuba en un encuentro de humoristas entre los que se
encontraba un mexicano, por entonces director de Cultura
del Distrito Federal, que me invitó. A raíz
de eso surgió y después me fui quedando
y me fui quedando
En México grabó Vampiro Negro y Cassette
Pirata, dos de sus discos.
-¿Los
chicos de México y la Argentina se parecen?
-La infancia se parece más en las distintas ciudades
capitales. Las capitales emparejan más todo.
Lo que yo aclaro siempre es que no se puede hablar de
los chicos, sino de los chicos del centro, de los chicos
de zonas marginales, de los chicos de zonas rurales.
No es lo mismo el chico de clase media urbana que un
chico de una zona marginal. Hay muchas diferencias,
aunque también los medios de comunicación
emparejan bastante.
Cualquier adulto que vaya a un show de Pescetti saldrá
despeinado, con dolor de panza de tanto reír
y con la sensación de haber vuelto a la infancia
sin darse cuenta.
-En
tus shows hay mucha participación de los adultos.
Se divierten tanto como los chicos.
-Eso empezó un poco por casualidad. Un poco por
casualidad. Yo estaba actuando en un café concert
acá en la Argentina donde hacía una rutina
de media hora, cuarenta minutos. Y de golpe tuve que
ir a Cuba a un festival de humor y llenar un show de
más de una hora. No tenía material para
tanto tiempo, entonces subí con unos chicos al
escenario y empecé a hacer algunos de los juegos
que yo hacía en la escuela cuando era profesor
de música. Y cuando miré al público
me encontré con un montón de adultos jugando
y divirtiéndose como si fueran niños.
También me pasó que varias canciones de
humor para adultos terminaran siendo adoptadas por los
chicos.
-¿Por
qué creés que pasa eso?
-Hay una franja de humor que cabe para uno o para otro.
Angelina -una canción que describe cómo
se ahogó una novia- no sé si es captada
lo que dice en toda la ironía, pero la música
es muy festiva y entonces eso hace que la tomen.
-Hace
falta coraje para animarse al humor negro con los chicos.
-Sí, o haber sido docente de chicos. Ahí
ves que los chicos haciendo humor tienen humor negro,
les gusta. Con cierto equilibrio, no es cualquier chiste,
cualquier humor negro
y eso es lo que yo trato
de cuidar.
-¿Qué
leías de chico?
-Muy poco porque no había todas estas colecciones
de literatura infantil tan grandes como ahora. Pero
había una antología de cuentos de Hans
Christian Andersen, por ejemplo
-¿Quién
te leía?
-Yo (cortante y apurado, como definitivo) No, yo leía.
-¿Música?
-La que hacía un grupo que ensayaba en la otra
cuadra de casa, que es una historia que cuento en Bocasucia,
mi último disco. Y después ya de más
adolescente empecé a oír jazz y Louis
Armstrong
No. Jazz, no: Louis Armstrong.
-Tenés
la rutina de escribir por la mañana. ¿La
respetás siempre?
-Si, siempre. Sobre todo cuando estoy con algún
libro, tengo una rutina de mil palabras diarias. Esas
mil palabras pueden ser unas dos o tres horas. Trato
de empezar la jornada leyendo algo y ya cuando calenté
motores me pongo a escribir. Trato de escribir de corrido,
esto es sin parar a corregir. Porque interrumpo para
preparar mate, voy, vuelvo, hago llamadas. En ese sentido
es muy abierta, muy dispersa la manera de trabajar.
Y disfruto mucho de tener una larga jornada. Pero el
tiempo efectivo que le dedico a la escritura, diría
que son unas dos o tres horas. Una vez que hice mis
mil palabras (golpea las manos dos veces haciendo gesto
de tarea cumplida): vacaciones.
-¿Qué
te pasa cuando te escuchas, te divierte?
-Pido que lo apaguen. Un día estaba con un productor
de tv que puso el disco para ver lo que yo hacía
y le pedí por favor que lo apagara y se reía
no, no, en serio, después lo escuchas cuando
estés solo, le dije.
-¿Te
pasa lo mismo cuando te leés? ¿Es lo mismo
leerse que
escucharse?
-No, uno puede leerse más veces.
-¿Te
reconocés más cuando te oís o cuando
te leés?
-Me reconozco mucho de las dos maneras. Pasa que oírse
es demasiado fuerte. Y cuando escribís, desde
que vas a hacer un libro hasta que sale
vos mandás
un archivo de Word y te vuelve con ilustraciones, letra
Garamond
Desde que vos grabás y hasta que te oís,
vuelve exactamente lo mismo.
-¿Te
pasó de querer cambiar algo después de
editado el libro?
-Sí, típico. La primera vez que ves un
libro ya editado, ahí aparece el error que a
pesar de haber estado revisando 326 veces no viste.
Y aun trabajando profesionalmente, sucede. A mí
me suele pasar. Igual en las reediciones se pueden cambiar
cosas.
-¿Tenés
hijos?
-No
-¿Creés que eso tiene algo que ver
con tu dedicación a los chicos?
-Naaa.
No tiene nada que ver.
-¿Te
hubiera gustado ir a ver a Luis María Pescetti
cuando eras chico?
-Me hubiera gustado ir a ver más espectáculos
de humor, más teatro, más espectáculos
de magia, el Cirque du Soleil, más magos.
Con Pescetti los chicos se ríen, se divierten,
lo retan, disfrutan.
-Parte
del juego, de la estrategia con los chicos es mostrarse
por debajo, lo disfrutan mucho. Sobre todo los errores
y las equivocaciones. Si le decís a un chico
que es un caprichoso te estás mostrando por arriba,
pero si te mostrás caprichoso frente a un chico
él va a decir ¡¿eh, qué está
pasando?! Entonces cuando subo a escena yo digo: "Bueno
ahora sólo vamos a hacer estas diez canciones"
y los chicos dicen "¡¿cómo?!
¡Esto no es así!" Entonces actúo
con algunas desmesuras de las que se presuponen convenciones
sociales.
¿Y la radio? ¿Qué hará Luís
María Pescetti en la radio?
-En
el programa de radio trato de poner música que
los chicos habitualmente no oyen, intercalada con otras
con las que sé que seguro se enganchan. La fórmula
del programa de radio yo creo que es como ese consejo
para las mujeres que se van a casar: ponete algo azul,
algo nuevo, algo prestado. Yo estoy seguro que hay momentos
en los que se aburren, pero que de todas maneras me
van a volver a escuchar la semana siguiente. Porque
si yo pretendiera que no se aburrieran nunca o forzaría
lo que quiero decir o tendría que tener otro
nivel de producción.
Luís María Pescetti nació en San
Jorge, provincia de Santa Fé, en 1958. Piensa
cada respuesta, habla pausado pero sin aburrir. Prepara
su próximo disco Qué público de
porquería y trabaja en un futuro programa de
tv que dice que prefiere que sea emitido por cable porque
el aire es muy caníbal.
Cocina lo elemental y "por el placer de que se
pase el hambre".
Dibuja. Le gusta.
De viejo se imagina inquieto, rodeado, acompañado
y con el consuelo de que esta profesión permite
seguir trabajando.
Dice que un libro está listo "cuando ya
sentís que ya no hay nada nuevo para decir. Como
en las conversaciones".
Cosa que no pasa con él. Siempre queda la sensación,
en realidad la certeza, de que se puede decir más,
mucho más sobre Luis María Pescetti.
Relato
Por Luís María Pescetti
(1)
"Tenía
ocho años. Cerca de mi casa ensayaba un grupo
de rock. La queja de algunos vecinos y el sonido, que
me llegaba desde una cuadra de distancia, despertó
mi curiosidad y me lancé a ver que ocurría.
A medida que me acercaba distinguí mejor la guitarra,
el bajo, la batería, un órgano y la voz
del cantante. Lo que más me sorprendía
era la intensidad del sonido. Estaban en su casa, pero
no como los demás y como toda la gente que había
conocido: haciendo algo de las paredes para adentro.
Lo de ellos atravesaba sus paredes, las de otras casas,
incluso iba varias cuadras más allá. Nunca
había presenciado algo tan "para afuera",
que se metiera sin pedir permiso. Con mucho cuidado,
para que no me echaran, me paré frente a la puerta
abierta. Así estuve, sin que me dijeran nada.
Regresé al otro día: igual. Unos días
después, probé apoyarme en el marco. No
me echaron. A la otra semana, como los lobos, ya se
habían acostumbrado a mi presencia y oí
el ensayo apoyado contra la pared, pero adentro. Parado
y metido como un polizonte en medio de esa bola de energía
que salía disparada hacia todas partes. Y ya
no me fui".

Mundo Pescetti
Sitio Web:
http://www.pescetti.com/
Libros
publicados:
-EL CIUDADANO DE MIS ZAPATOS
-NADIE TE CREERÍA
-Mamá, ¿por qué nadie es como nosotros?
-Historias de los señores Moc y Poc
-Frin
-Caperucita Roja- tal como se la contaron a Jorge
-Copyright - Plagios literarios y poder político
al desnudo
-¡Buenísimo Natacha!
-La vida y otros síntomas
-La Mona Risa
-Natacha
-El pulpo está crudo
Discos
editados:
-Vampiro Negro
-Cassette Pirata
-Bocasucia
(1) Publicado entre las letras de las
canciones de su disco Bocasucia.
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(*) Malena Golstein (malencka@yahoo.com) es periodista.
Participó en MV Prensa desde abril de 2004 hasta mayo
de 2005
Imágenes:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Mayo de 2005
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