ENTREVISTA | Andrés Rivera
Aprendiz de escritor
Por Gabriela Larralde*



Son las 10 de la mañana, Andrés Rivera se arrima a la mesa de su departamento dos ambientes sobre la calle Etcheverría, en el barrio de Belgrano, y acomoda sus papeles. Hace apenas 10 minutos estaba escribiendo. La mesa que usa como escritorio está cubierta de anotaciones y lapiceras: "Tengo muchas y todas son las mejores, tengo un edén de lapiceras preferidas", cuenta abriendo sus ojos azules. Está escribiendo a mano su próxima novela sobre un cuaderno rayado y con una lapicera Parker azul de cartuchos largos, va por la página 23. Sin embargo, aún no tiene nombre y saldrá en apenas dos o tres meses.


-¿Cómo es su rutina cuando escribe?
-Me levanto a las 8 de la mañana, compró el diario y lo leo. Después releo mis papeles. Algunos tienen ideas que se me ocurren de noche, otros palabras sueltas, en fin, los ordeno y leo las hojas que escribí el día anterior. Hago correcciones sobre los últimos escritos y ya estoy listo para empezar.

-¿Escribe todos los días?
-No, acá tengo todo anotado, soy muy riguroso con mi trabajo. En esta hoja anoto el día que es, luego la hora en que comienzo a escribir y en la que termino. Después registro hasta la página que llegué. A veces juego conmigo mismo y me digo: "¿Llegaré alguna vez hasta la página 70?". Ahora voy por la página 23… No es un lindo número. Me gustan los números múltiplos de 3, trato de terminar mis libros en esos números.

-¿Cuándo se termina una obra, cuándo se dice "fin"?
-Mire, toda escritura es provisoria. Yo gané un premio en 1992 (NdM.: recibió el Premio Nacional de Literatura) por La revolución es un sueño eterno, pero si me lo dieran hoy, y tuviera tiempo, lo reescribiría. Ese libro fue provisorio, lo terminé porque mi cabeza no me permitió seguir. Yo creo que uno dice "fin" cuando su cerebro lo hace. Además yo soy un aprendiz, considero que todos lo somos, los maestros ya murieron. Ellos eran: Roberto Arlt, Julio Córtazar, Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Raymond Chandler, William Faulkner…

-¿Para quién escribe?
-No escribo siquiera para mí, sino para un lector que es mucho más inteligente que yo, esfuerzo nada considerable. Un lector que esta sentado frente a mí día a día cuya cara no conozco.

-¿Y que hace para usted?
-Leo, porque como dijo Borges, "Da más placer leer a los otros que escribir", de modo que yo leo a los otros.

-¿Qué cosas lo hacen feliz?
-Ya nada me hace feliz. Esa palabra la he erradicado de mi vida hace algún tiempo.

-Pero me imagino que sus días no trascurrirán todos de la misma manera ¿Qué cosas le producen sensaciones gratas?
-Bueno, hay cosas que me dan placer. Me da placer que mi médico el Dr. Jorge Halperín, me diga: "Andrés Rivera usted está 10 puntos" y entender que la muerte es sólo un episodio. Me da placer el idioma de los argentinos, me da placer el asado que reivindico como nuestra comida nacional. También me da placer tener amigos, pocos. Me da placer perder amigos, pocos.

-¿Le da placer perder amigos?
-Me da placer perder amigos y que estos sean pocos. Sin querer parecer omnipotente, me da placer saber que no me equivoqué con los amigos que dejaron de serlo, eso me pone bien.

-¿Y que cosas no le dan placer?
-Aunque me guste mirar desde esta habitación el Río de la Plata a ciertas horas del día, no me da placer el agua. No sé nadar y esa falencia cuando me acerco al agua de ríos o mares lleva pánico a mis huesos.

-¿Consume medios masivos, además del diario?
-No, casi ninguno. Tengo esa televisión que es del año de la expedición al desierto y que cada tanto se rompe. Radio, no tengo, me tendría que comprar… No es que no pueda comprármela, pero no escucho radio.


Su departamento esta pintado de blanco, tiene una mesa rectangular que usa como escritorio y un sillón verde oscuro. A su biblioteca le faltan los libros que leyó, libros que donó a la Biblioteca Popular de Bella Vista en Córdoba, que dirige su pareja Susana Fiorito.

Siempre que nombra a su mujer se frena y dice lentamente su nombre y apellido como orgulloso. Susana Fiorito, quien solía decirle eso que tanto le gustaba escuchar a él: "Andrés vos tenés mucho calcio, porque tu madre te dio la teta hasta los tres años". Susana es su compañía y su amiga, su aliada en la escritura y en la vida. Es la clase de mujer que en medio del cine un día se paró y gritó: "No, esta mal, el caballo se monta de la derecha" cuando el personaje de una película estaba montando un caballo por la izquierda.

Al lado suyo hay un mueble de lata con tres cajones grandes como de archivo y un reloj chico que mira constantemente. Fuma sin parar, Marlboro Light y los apaga en un cenicero de lata plateado. Solo una foto adorna una de sus paredes y al pasar por delante afirma: "Es una linda foto, ese que esta ahí soy yo, a veces, soy Andrés Rivera".

"A veces" es Andrés Rivera y lo afirma así porque en otro tiempo supo llamarse Marcos Ribak y trabajar de obrero textil. "Cambie mi nombre porque trabajaba para una empresa clandestina y entonces no podía firmar con mi propio nombre. Vivía en la calle Andrés Lamas. Tomé el Andrés de ahí y como por ese tiempo estaba leyendo una novela del colombiano José Eustasio Rivera, que me provocó el mismo entusiasmo que me había provocado las novelas de Emile Zola, tomé su apellido" explica el aprendiz de escritor de 77 años, Andrés Rivera.




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(*) Gabriela Larralde (glarralde@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde marzo de 2005.







Imagen:
http://www.eltribuno.com.ar/

© MV Prensa / Marzo de 2005

 


 
 
 
 
 
 
 


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