ENTREVISTA | Silvina Lamazares
Una entrevistadora espectacular
Por Tomás Vela*



En una tarde de junio, y con el Café Tortoni de ambiente, la periodista y arquitecta Silvina Lamazares, aceptó cambiar su lugar de entrevistadora de oficio, por el de entrevistada.

A los cuarenta años, la también profesora en la escuela de periodismo TEA y responsable de la sección Espectáculos en el programa La Bestia Pop de Gonzalo Bonadeo (La Metro, lunes a viernes de 7 a 10), sorprende por la claridad de sus conceptos y por una actitud ética que traslada a cada cosa que hace. Como remarcará, rodearse de buena gente es su elección más importante, y la que trabaja a diario.


-¿Cómo surgió en vos el periodismo?
-Azarosamente, hace 15 años. Yo me había recibido de arquitecta a los
21. En arquitectura te expresás mucho a través de la gráfica, pero te endurece un poco la comunicación. Mi madre, que estaba un poco preocupada con eso, me decía que tratara de manejar un poco más la palabra. Justo en el 87, cuando yo estaba en el último año de arquitectura, se había abierto TEA (Taller Escuela Agencia), cuando TEA era más un club de amigos que la escuela que es hoy. Empecé ahí, un poco por hobby y otro tanto para soltar la muñeca escribiendo. Al año me recibí de arquitecta, y a los dos de periodista. En el último año de TEA empecé una beca en Página/12. Ahí me di cuenta que, en realidad, periodismo era como una vocación secreta. Pareciera que arquitectura y periodismo no tienen nada que ver, y sin embargo están muy relacionadas. Ahora ejerzo mucho más en periodismo que en arquitectura. Lo que era el hobby pasó a ser lo fuerte, y lo que era más fuerte ahora es el hobby.

-¿Qué te hizo descubrir el periodismo?
-Que me gustaba mucho comunicar, y que tenía facilidad para hacerlo. Entre conceptos que incorporaba, palabras que iba tragando, y una adolescencia bien marcada surgió algo adentro que necesitaba expresar. Me comunicaba mejor escribiendo, que dibujando o hablando. Ahí me di cuenta que tenía la vocación no sólo de escribir, sino de contar qué pasaba; como la obligación de hacerle llegar a la gente qué pasaba, una necesidad de poner blanco sobre negro. Además, fueron años en los que estaba la necesidad de transparentar los mecanismos, las instituciones. Justo había elegido TEA como lugar de formación, y Página/12 como primer trabajo, que son lugares más progre, donde tuve más posibilidad de opinar. De ahí a Clarín, donde estuve en Información General, Espectáculos, de nuevo Información General y de nuevo Espectáculos, hasta hoy. Este va a ser decimoquinto año en el diario. Siempre en gráfica, salvo el último año y medio que estoy haciendo también radio.

-¿Qué estás haciendo ahora en Espectáculos?
-Mi cargo es Jefe de Sección del Área de Televisión y Retratos, que son como entrevistas. Mi función es la del editor, que es corregir y corregir las notas de los otros, pero con la suerte -que no tienen la mayoría de los editores- de poder escribir. En realidad, me gusta mucho más escribir y editar mis notas que las de los otros, pero también es cierto que hay como una premisa en el periodismo gráfico que a medida que vas avanzando te vas alejando de la redacción y acercando más a los conceptos periodísticos, que es la edición en sí. Además, por los tiempos que corren en el mundo, y fundamentalmente en la Argentina, cada vez se leen menos las notas y más los conceptos: título, copete, etc. Ahí se está poniendo el foco de la gráfica ahora, en como sintetizás la noticia. Después, si el editor tiene tiempo, se lee la nota. Hay mucho cuidado en cómo se "vende" la noticia, por eso se le dedica mayor trabajo a la edición. Siempre que puedo me quedo con la redacción, que es la mayor posibilidad de comunicación.

-¿Podés elegir a quién entrevistar?
-No, pero el tiempo te da algunos beneficios. Tengo un superior que me encarga notas, pero al mismo tiempo estoy en un nivel en el que puedo elegir alguna nota que quiera hacer. Pero no es que me doy los gustos. Estoy en Espectáculos, donde hay más tiempo para pensar la nota y buscar la información, y donde importa más el formato de cómo contar y no el qué pasó. En Información General tenés que contar un qué y no podés elegir mucho, dado que la realidad te va marcando el camino, casi siempre con el trabajo contrareloj. En cambio, en las secciones un poco más blandas como Espectáculos, o los suplementos, tenés más tiempo para pautar una nota.

-¿Estás haciendo el periodismo que más te gusta?
-Por como está mi vida ahora, estoy en la sección que quiero estar. A quince años de haber empezado y haber probado muchas cosas, estoy donde quiero estar; además me especialicé en análisis de televisión, que la tele en la Argentina es un fiel reflejo de la sociedad, lo que te da mucha tela para cortar. La tele creció mucho, y el género de ficción es como un espejo de la realidad, deformado y recortado si querés, pero que te permite decir varias cosas. No sé si Espectáculos es la sección que yo te recomendaría para entrar a un diario, pero una vez que estás de vuelta de algunas cosas está bueno: te permite romper las reglas porque ya las conocés. Pero para conocerlas es mejor trabajar con la cruda realidad, y con la sorpresa que tiene el periodismo. Lo mejor que tiene el periodismo es que siempre te sorprende, porque no sabés qué es lo que va a pasar, y sobre lo que tendrás que escribir. La realidad es eso, lo otro es literatura.

-¿Te gusta mezclar periodismo con literatura?
-Me gusta contar con color. No sanatear ni adjetivar de más, pero sí hacer un texto más armónico. Me gustan mucho las figuras, el doble sentido en la escritura, la metáfora. Me parece que las metáforas te sirven para dos tipos de lectores: el que no conoce y sólo se queda con el ruido del refrán o la figura de la metáfora en sí misma; y para aquel que sabe decodificar esa metáfora y puede leer entre líneas. No dejás a nadie afuera. Nunca sabés qué lector tenés, aunque cada uno escribe para alguien…

-Vos, ¿para quién?
-Yo escribo para 10, 15 personas, que son las que me importan mucho. En realidad me importan más 4, pero me imagino a 10 ó 15 leyendo eso que escribí. Trabajo en un diario donde la venta promedio son 800 mil ejemplares por día, y aunque te lea la mitad son 400 mil personas, un montón. Aunque no sepa el nivel cultural que tenga esa gente, la idea es que nadie se quede afuera y por eso hay que incluir todos los datos. Si el tipo sabe, el dato de más no molesta, pero el que falta siempre hace ruido, porque te hace sentir un escalón debajo. Por ejemplo, si vos lector leés "Traveling" y el periodista no te explicó que es un riel por donde circula una cámara, te preguntás: "¿Cómo?, si el tipo lo pone en Clarín yo lo debería saber…" Lo mejor es tomarlo como un servicio e informar sin soberbia.

-¿Qué pasa cuando el entrevistado toma conciencia, o recuerda, que lo que te está diciendo a vos lo van a leer 800 mil personas?
-Cada personaje sabe a quien le da una nota. Ser de Clarín te abre puertas, tal vez más que otros medios, pero después te tenés que ganar vos la confianza del entrevistado.
El periodismo es una puesta en escena todo el tiempo. Es lo que más se acerca a la realidad, pero no es la realidad. En una entrevista sirve mucho creer lo que el tipo te diga, pero además decodificar porqué el tipo dice o calla determinadas cosas. Esa es la clave, y para deducirla tiene que haber química.

-¿Qué fija el límite al contar sobre la vida del entrevistado?
-En general lo fija la ética del periodista. Y cuando uno hace periodismo, o sea, publica algo para que todo el mundo sepa lo que pasó, se tiene en cuenta que lo que se cuenta sea necesario e importante para el público. Si la mujer es lesbiana es un asunto de ella y no tengo porqué publicarlo, a menos que sea una revista para lesbianas y lo que yo diga al respecto tenga relevancia. Tiene que sumar. El límite depende más del que escucha que del que habla. Es mucho más difícil hacer una entrevista a alguien que conocés que a alguien que no. Cuando vos encarás una entrevista te imaginás al entrevistado tapado hasta la cabeza, y la idea es que lo vayas destapando hasta donde el tipo quiera y el propio buen gusto te lo indique. Es un acuerdo de partes. A veces uno quiere más que el otro, y es un tira y afloje de intereses. Es mucho más fácil saber qué se cuenta que qué se calla. Como periodista sabés qué contar. Hay tipos que merecen ser menos cuidados que otros, pero si vas a contar un dato sólo de mala leche no sirve.

-¿Qué es lo que buscás del entrevistado?
-Trato de encontrar algo diferente, algo que no se haya contado. De los personajes más conocidos está todo dicho. Lo bueno es buscar alguna arista que no se haya tratado, el alma del personaje. Llegar al alma es intentar saber qué carajo le pasa a ese tipo que hace lo que hace, por qué es así y no de otra manera. Es un cuadro con palabras. A medida que vas conversando accedés a herramientas que después tendrás que utilizar como partes de un rompecabezas. Nunca un retrato va a ser la biografía de la persona, pero se acerca bastante a iluminar el interior de esa persona para mostrar porqué hace determinadas cosas. Por eso busco anécdotas, que pintan mucho al personaje, aunque no todos dan para contarte historias. Ahí es donde aparece la pluma del periodista para equilibrar entre la escasa información que se sacó, por un lado, y la muy amplia, por el otro, y hacer siempre un buen trabajo final.

-¿Y si el personaje te provoca admiración?
-Lo mejor es que no te encandilen los personajes. Algunos me provocan eso, como pudo haberme pasado con María Elena Walsh, que sentí que no le saqué el jugo periodístico que esa persona es capaz de dar de sobra, aunque ya lo haré alguna vez. En general mi admiración está directamente relacionada con lo sentimental que implica querer a alguien. Pero si te encontrás con un Alfredo Alcón, lo mejor es ni vos subir al nivel de él ni que él baje al tuyo, sino mantener la charla desde los distintos lugares: él es el entrevistado y vos el entrevistador, y en un tiempo determinado los dos pueden hacer un buen trabajo en equipo. Ojo, si vos tenés sólo 10 minutos con alguien, jamás vas a llegar al alma de esa persona, aunque el entrevistado te la quiera mostrar. Lo mejor es ir de a poco, sabiendo que querés saber y qué no. El periodismo en un punto es invasivo, por lo que hay que tener mucho tacto en qué se pregunta y cómo se hace. Hay preguntas que bloquean a la persona, entonces, hay que evitar hacerlas. Pero hay que tenerse confianza y participar lo más profundamente posible del juego amoroso que es una entrevista, donde la seducción pasa por la actuación del personaje periodístico que uno quiere ser. En la vida, corta o larga, entrevistar a alguien te cambia: ya pasás a ser conocido para el otro y el otro, a su vez, ya ocupa un lugar al menos en tu cabeza. Es un vínculo muy fuerte el del periodista-entrevistado, porque se da -o no- una intuición y conexión de almas. Uno tiene el poder de hacer que un millón de personas, o diez en un periódico barrial, lean sobre la persona que entrevistó.

-¿Quiénes son esas personas qué te importa que te lean?
-Tienen que ver con mis vínculos afectivos más cercanos: mi marido, mi vieja, mi hermana, mi viejo y mi mejor amiga. Nunca puse un número, pero deben ser diez personas las que quiero mucho y cuatro o cinco con las que más me manejo. Los tengo presentes desde que me levanto hasta que me acuesto. Por ejemplo, mi gran amiga es una persona que tiene que ver con lo que hago porque es actriz, lo que nos permite hablar de ciertas cosas sin tener que decodificarlas, así como conversar desde lo más importante hasta lo puramente superficial. La tengo en cuenta como una especie de fantasma que te das vuelta y sabés que está. Trabajé mucho los vínculos con los que, para mí, son referentes de ética y fuentes de consulta permanente. Soy de llamarlos y preguntarles: "¿Me conviene o no tal cosa?". Son personajes muy sólidos, a quienes admiro en la vida, respeto mucho y me sirven para confrontar ideas. Además, yo soy fanática de la demostración afectiva, que es la clave de la vida; desde lo obvio hasta lo no tanto: del abrazo o beso bien dado, hasta los códigos más sutiles. Eso lo pongo en práctica todo el tiempo con ellos. Me siento muy protegida en la vida con semejantes personas cerca. Es un ida y vuelta, y siempre vuelve mejor de lo que va. Me parece que la vida es compartir algo con quien puedas, pero especialmente con los que más querés.





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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004






Imagen:
Tomás Vela

© MV Prensa / Junio de 2004



 
 
 
 
 
 
 


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