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En
una tarde de junio, y con el Café Tortoni de
ambiente, la periodista y arquitecta Silvina Lamazares,
aceptó cambiar su lugar de entrevistadora de
oficio, por el de entrevistada.
A los cuarenta años, la también profesora
en la escuela de periodismo TEA y responsable de la
sección Espectáculos en el programa La
Bestia Pop de Gonzalo Bonadeo (La Metro, lunes a viernes
de 7 a 10), sorprende por la claridad de sus conceptos
y por una actitud ética que traslada a cada cosa
que hace. Como remarcará, rodearse de buena gente
es su elección más importante, y la que
trabaja a diario.
-¿Cómo surgió en vos el periodismo?
-Azarosamente, hace 15 años. Yo me había
recibido de arquitecta a los 21.
En arquitectura te expresás mucho a través
de la gráfica, pero te endurece un poco la comunicación.
Mi madre, que estaba un poco preocupada con eso, me
decía
que tratara de manejar un poco más la palabra.
Justo en el 87, cuando yo estaba en el último
año de arquitectura, se había abierto
TEA (Taller Escuela Agencia), cuando TEA era más
un club de amigos que la escuela que es hoy. Empecé
ahí, un poco por hobby y otro tanto para soltar
la muñeca escribiendo. Al año me recibí
de arquitecta, y a los dos de periodista. En el último
año de TEA empecé una beca en Página/12.
Ahí me di cuenta que, en realidad, periodismo
era como una vocación secreta. Pareciera que
arquitectura y periodismo no tienen nada que ver, y
sin embargo están muy relacionadas. Ahora ejerzo
mucho más en periodismo que en arquitectura.
Lo que era el hobby pasó a ser lo fuerte, y lo
que era más fuerte ahora es el hobby.
-¿Qué
te hizo descubrir el periodismo?
-Que me gustaba mucho comunicar, y que tenía
facilidad para hacerlo. Entre conceptos que incorporaba,
palabras que iba tragando, y una adolescencia bien marcada
surgió algo adentro que necesitaba expresar.
Me comunicaba mejor escribiendo, que dibujando o hablando.
Ahí me di cuenta que tenía la vocación
no sólo de escribir, sino de contar qué
pasaba; como la obligación de hacerle llegar
a la gente qué pasaba, una necesidad de poner
blanco sobre negro. Además, fueron años
en los que estaba la necesidad de transparentar los
mecanismos, las instituciones. Justo había elegido
TEA como lugar de formación, y Página/12
como primer trabajo, que son lugares más progre,
donde tuve más posibilidad de opinar. De ahí
a Clarín, donde estuve en Información
General, Espectáculos, de nuevo Información
General y de nuevo Espectáculos, hasta hoy. Este
va a ser decimoquinto año en el diario. Siempre
en gráfica, salvo el último año
y medio que estoy haciendo también radio.
-¿Qué
estás haciendo ahora en Espectáculos?
-Mi cargo es Jefe de Sección del Área
de Televisión y Retratos, que son como entrevistas.
Mi función es la del editor, que es corregir
y corregir las notas de los otros, pero con la suerte
-que no tienen la mayoría de los editores- de
poder escribir. En realidad, me gusta mucho más
escribir y editar mis notas que las de los otros, pero
también es cierto que hay como una premisa en
el periodismo gráfico que a medida que vas avanzando
te vas alejando de la redacción y acercando más
a los conceptos periodísticos, que es la edición
en sí. Además, por los tiempos que corren
en el mundo, y fundamentalmente en la Argentina, cada
vez se leen menos las notas y más los conceptos:
título, copete, etc. Ahí se está
poniendo el foco de la gráfica ahora, en como
sintetizás la noticia. Después, si el
editor tiene tiempo, se lee la nota. Hay mucho cuidado
en cómo se "vende" la noticia, por
eso se le dedica mayor trabajo a la edición.
Siempre que puedo me quedo con la redacción,
que es la mayor posibilidad de comunicación.
-¿Podés
elegir a quién entrevistar?
-No, pero el tiempo te da algunos beneficios. Tengo
un superior que me encarga notas, pero al mismo tiempo
estoy en un nivel en el que puedo elegir alguna nota
que quiera hacer. Pero no es que me doy los gustos.
Estoy en Espectáculos, donde hay más tiempo
para pensar la nota y buscar la información,
y donde importa más el formato de cómo
contar y no el qué pasó. En Información
General tenés que contar un qué y no podés
elegir mucho, dado que la realidad te va marcando el
camino, casi siempre con el trabajo contrareloj. En
cambio, en las secciones un poco más blandas
como Espectáculos, o los suplementos, tenés
más tiempo para pautar una nota.
-¿Estás
haciendo el periodismo que más te gusta?
-Por como está mi vida ahora, estoy en la sección
que quiero estar. A quince años de haber empezado
y haber probado muchas cosas, estoy donde quiero estar;
además me especialicé en análisis
de televisión, que la tele en la Argentina es
un fiel reflejo de la sociedad, lo que te da mucha tela
para cortar. La tele creció mucho, y el género
de ficción es como un espejo de la realidad,
deformado y recortado si querés, pero que te
permite decir varias cosas. No sé si Espectáculos
es la sección que yo te recomendaría para
entrar a un diario, pero una vez que estás de
vuelta de algunas cosas está bueno: te permite
romper las reglas porque ya las conocés. Pero
para conocerlas es mejor trabajar con la cruda realidad,
y con la sorpresa que tiene el periodismo. Lo mejor
que tiene el periodismo es que siempre te sorprende,
porque no sabés qué es lo que va a pasar,
y sobre lo que tendrás que escribir. La realidad
es eso, lo otro es literatura.
-¿Te
gusta mezclar periodismo con literatura?
-Me gusta contar con color. No sanatear ni adjetivar
de más, pero sí hacer un texto más
armónico. Me gustan mucho las figuras, el doble
sentido en la escritura, la metáfora. Me parece
que las metáforas te sirven para dos tipos de
lectores: el que no conoce y sólo se queda con
el ruido del refrán o la figura de la metáfora
en sí misma; y para aquel que sabe decodificar
esa metáfora y puede leer entre líneas.
No dejás a nadie afuera. Nunca sabés qué
lector tenés, aunque cada uno escribe para alguien
-Vos,
¿para quién?
-Yo escribo para 10, 15 personas, que son las que me
importan mucho. En realidad me importan más 4,
pero me imagino a 10 ó 15 leyendo eso que escribí.
Trabajo en un diario donde la venta promedio son 800
mil ejemplares por día, y aunque te lea la mitad
son 400 mil personas, un montón. Aunque no sepa
el nivel cultural que tenga esa gente, la idea es que
nadie se quede afuera y por eso hay que incluir todos
los datos. Si el tipo sabe, el dato de más no
molesta, pero el que falta siempre hace ruido, porque
te hace sentir un escalón debajo. Por ejemplo,
si vos lector leés "Traveling" y el
periodista no te explicó que es un riel por donde
circula una cámara, te preguntás: "¿Cómo?,
si el tipo lo pone en Clarín yo lo debería
saber
" Lo mejor es tomarlo como un servicio
e informar sin soberbia.
-¿Qué
pasa cuando el entrevistado toma conciencia, o recuerda,
que lo que te está diciendo a vos lo van a leer
800 mil personas?
-Cada personaje sabe a quien le da una nota. Ser de
Clarín te abre puertas, tal vez más que
otros medios, pero después te tenés que
ganar vos la confianza del entrevistado.
El periodismo es una puesta en escena todo el tiempo.
Es lo que más se acerca a la realidad, pero no
es la realidad. En una entrevista sirve mucho creer
lo que el tipo te diga, pero además decodificar
porqué el tipo dice o calla determinadas cosas.
Esa es la clave, y para deducirla tiene que haber química.
-¿Qué
fija el límite al contar sobre la vida del entrevistado?
-En general lo fija la ética del periodista.
Y cuando uno hace periodismo, o sea, publica algo para
que todo el mundo sepa lo que pasó, se tiene
en cuenta que lo que se cuenta sea necesario e importante
para el público. Si la mujer es lesbiana es un
asunto de ella y no tengo porqué publicarlo,
a menos que sea una revista para lesbianas y lo que
yo diga al respecto tenga relevancia. Tiene que sumar.
El límite depende más del que escucha
que del que habla. Es mucho más difícil
hacer una entrevista a alguien que conocés que
a alguien que no. Cuando vos encarás una entrevista
te imaginás al entrevistado tapado hasta la cabeza,
y la idea es que lo vayas destapando hasta donde el
tipo quiera y el propio buen gusto te lo indique. Es
un acuerdo de partes. A veces uno quiere más
que el otro, y es un tira y afloje de intereses. Es
mucho más fácil saber qué se cuenta
que qué se calla. Como periodista sabés
qué contar. Hay tipos que merecen ser menos cuidados
que otros, pero si vas a contar un dato sólo
de mala leche no sirve.
-¿Qué
es lo que buscás del entrevistado?
-Trato de encontrar algo diferente, algo que no se haya
contado. De los personajes más conocidos está
todo dicho. Lo bueno es buscar alguna arista que no
se haya tratado, el alma del personaje. Llegar al alma
es intentar saber qué carajo le pasa a ese tipo
que hace lo que hace, por qué es así y
no de otra manera. Es un cuadro con palabras. A medida
que vas conversando accedés a herramientas que
después tendrás que utilizar como partes
de un rompecabezas. Nunca un retrato va a ser la biografía
de la persona, pero se acerca bastante a iluminar el
interior de esa persona para mostrar porqué hace
determinadas cosas. Por eso busco anécdotas,
que pintan mucho al personaje, aunque no todos dan para
contarte historias. Ahí es donde aparece la pluma
del periodista para equilibrar entre la escasa información
que se sacó, por un lado, y la muy amplia, por
el otro, y hacer siempre un buen trabajo final.
-¿Y
si el personaje te provoca admiración?
-Lo mejor es que no te encandilen los personajes. Algunos
me provocan eso, como pudo haberme pasado con María
Elena Walsh, que sentí que no le saqué
el jugo periodístico que esa persona es capaz
de dar de sobra, aunque ya lo haré alguna vez.
En general mi admiración está directamente
relacionada con lo sentimental que implica querer a
alguien. Pero si te encontrás con un Alfredo
Alcón, lo mejor es ni vos subir al nivel de él
ni que él baje al tuyo, sino mantener la charla
desde los distintos lugares: él es el entrevistado
y vos el entrevistador, y en un tiempo determinado los
dos pueden hacer un buen trabajo en equipo. Ojo, si
vos tenés sólo 10 minutos con alguien,
jamás vas a llegar al alma de esa persona, aunque
el entrevistado te la quiera mostrar. Lo mejor es ir
de a poco, sabiendo que querés saber y qué
no. El periodismo en un punto es invasivo, por lo que
hay que tener mucho tacto en qué se pregunta
y cómo se hace. Hay preguntas que bloquean a
la persona, entonces, hay que evitar hacerlas. Pero
hay que tenerse confianza y participar lo más
profundamente posible del juego amoroso que es una entrevista,
donde la seducción pasa por la actuación
del personaje periodístico que uno quiere ser.
En la vida, corta o larga, entrevistar a alguien te
cambia: ya pasás a ser conocido para el otro
y el otro, a su vez, ya ocupa un lugar al menos en tu
cabeza. Es un vínculo muy fuerte el del periodista-entrevistado,
porque se da -o no- una intuición y conexión
de almas. Uno tiene el poder de hacer que un millón
de personas, o diez en un periódico barrial,
lean sobre la persona que entrevistó.
-¿Quiénes
son esas personas qué te importa que te lean?
-Tienen que ver con mis vínculos afectivos más
cercanos: mi marido, mi vieja, mi hermana, mi viejo
y mi mejor amiga. Nunca puse un número, pero
deben ser diez personas las que quiero mucho y cuatro
o cinco con las que más me manejo. Los tengo
presentes desde que me levanto hasta que me acuesto.
Por ejemplo, mi gran amiga es una persona que tiene
que ver con lo que hago porque es actriz, lo que nos
permite hablar de ciertas cosas sin tener que decodificarlas,
así como conversar desde lo más importante
hasta lo puramente superficial. La tengo en cuenta como
una especie de fantasma que te das vuelta y sabés
que está. Trabajé mucho los vínculos
con los que, para mí, son referentes de ética
y fuentes de consulta permanente. Soy de llamarlos y
preguntarles: "¿Me conviene o no tal cosa?".
Son personajes muy sólidos, a quienes admiro
en la vida, respeto mucho y me sirven para confrontar
ideas. Además, yo soy fanática de la demostración
afectiva, que es la clave de la vida; desde lo obvio
hasta lo no tanto: del abrazo o beso bien dado, hasta
los códigos más sutiles. Eso lo pongo
en práctica todo el tiempo con ellos. Me siento
muy protegida en la vida con semejantes personas cerca.
Es un ida y vuelta, y siempre vuelve mejor de lo que
va. Me parece que la vida es compartir algo con quien
puedas, pero especialmente con los que más querés.
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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es
periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004
Imagen:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Junio de 2004
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