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La
periodista, escritora y docente de la Maestría de Periodismo
de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad
Nacional de Cuyo trabajó en los medios de comunicación
más importantes del país hasta que "en enero del 2002,
al calor de la hoguera de la crisis argentina y como
necesidad de difundir informaciones que los medios de
comunicación tradicionales no incluían en su agenda",
creó el sitio lavaca.org.
Vía mail, Acuña compartió con
MV Prensa porqué prefiere ir a contramano de
lo que la mayoría de los periodistas y comunicadores
sueñan alguna vez lograr.
-Usted trabajó en los diarios Clarín, Página/12,
La Razón; las revistas Trespuntos, La Semana, Rolling
Stones, Noticias; participó en la investigación periodística
de distintos programas culturales y sociales en televisión;
¿Por qué desarrollar una productora de periodismo independiente?
-Por varios motivos. El primero, para hacer periodismo.
Porque los medios comerciales hoy, en el mejor de los
casos, son folletos y, en general, no venden información,
sino su ocultamiento: viven de lo que no publican. Para
hacer una vidriera se necesitan mercancías. Para hacer
un garito, apostadores y putas. Y para hacer periodismo
se necesita libertad. Y eso hoy solo se encuentra en
los medios que, por eso, suelen llamarse independientes.
El segundo motivo: la carrera en donde se supone que
se aprende y se enseña este oficio se llama Comunicación
Social. Es decir: el periodismo tiene una función que
excede lo que vulgarmente llamamos mercado. La sociedad
es más grande, más importante, más interesante y más
diversa que el mercado. Por suerte. En la Argentina
esa brecha es aún más inmensa y se la puede medir todos
los días cuando leemos el diario, escuchamos la radio
o miramos televisión. ¿Está allí toda la sociedad argentina?
¿Y la uruguaya, guatemalteca, afgana o esquimal? ¿El
barrio, la ciudad, el país, el planeta? ¿Las mujeres,
los chicos, los viejos, los hombres? El tercero: En
un mundo y en un país en donde el 10 por ciento más
rico del planeta impone su agenda al 90 por ciento restante,
parecería haber espacio suficiente para quienes desenchufamos
la Matrix y hablamos de otra realidad, más dolorosa,
contradictoria, problemática y compleja. Pero real.
La pregunta entonces es: ¿Podemos encontrar soluciones
para problemas que no son reales? ¿O es necesario primero
asumir la triste postal del presente para imaginar un
futuro tan humano y feliz como seamos capaces de hacerlo?
En la película Matrix, el héroe recibía una propuesta:
podía tomar la pastilla azul o la roja. Una lo haría
recobrar la ilusión de una realidad ordenada. La otra
lo enfrentaría con la posibilidad de pelear, sin saber
siquiera si el resultado sería un éxito o un fracaso.
Imaginen cuál tomé.
-¿Hubo cambios en su función de comunicadora desde
su paso por medios masivos, y privados, hasta lavaca.org?
-A veces pienso que no cambié, ni siquiera evolucioné.
Comencé a trabajar en vísperas de la Guerra de Malvinas
y para cuando terminó la contienda, la dictadura estaba
mortalmente herida. Sin embargo, hubo quienes se creyeron
eternos y actuaron como si la sociedad no hubiese cambiado.
Los medios, por ejemplo. Algo muy similar está pasando
ahora. La crisis del 2001, el 19 y 20 de diciembre y
la debacle del sistema de representación institucional
que siguió después, modificaron -más o menos profundamente-
a toda la sociedad argentina. Tengo una noticia para
darles: los lectores, oyentes y espectadores son esa
sociedad. Sin embargo, lo medios comerciales continúan
idénticos. En breve sabremos quién será nuestro moderno
Gómez Fuentes. Y cuál será el Página/12 del futuro.
Pero a veces pienso que cambié demasiado: cada vez menos
me interesa el rol de mediador que suele otorgarse al
periodista. Ese intérprete barato de conflictos enriquecidos
por matices, puntos de vista, contradicciones, sentimientos.
Creo que estamos viendo nacer una nueva forma de periodismo,
donde ya los llamados "periodistas profesionales" somos
cada vez menos necesarios. Este proceso de lenta extinción
se ve favorecido por la precariedad de herramientas
que posee hoy el oficio: un reportero no sabe más que
un piquetero. Conoce, en todo caso, algunos trucos que
cualquiera puede aprender. Repetir quién, cuándo y dónde,
edificar una pirámide invertida, preguntar obviedades,
atragantar con un micrófono a un funcionario o a una
de sus víctimas… hasta un orangután podría aprender
a hacerlo. No alcanza con repetir palabras que parecen
determinantes (como riesgo país, default o efecto 2000,
solo para nombrar tres casos de papelones periodísticos
notables), sino de averiguar quién los dicta, para qué
y por qué. Tampoco se trata de leer libros, sino de
entenderlos. Y para hacer todo esto, es necesario algo
que hoy poseen solo aquellos que se atreven a desafiar
un orden establecido. Hace falta coraje.
-¿Qué la motiva a vivir sus valores y proclamarlos
junto a un equipo de periodistas de reconocida trayectoria?
-Saber que todo lo que hacemos, importa. Cambia lo que
está mal. Salvo que tu objetivo sea el Pulitzer o el
Oscar, todo lo que hagas, sirve, empuja, alivia y alienta.
-¿Cómo observa las nuevas corrientes de periodismo
según las variadas ofertas y planes de estudio, tanto
privadas como estatales? ¿Afecta el origen en la formación
del periodista en su desempeño para los distintos medios?
-Afecta y mucho. La democracia sembró de carreras de
periodismo el país y la consecuencia no ha sido un periodismo
de mayor calidad. El resultado es claro: cumplió una
función de domesticación. Intenta que todos los alumnos
salgan de allí con un diploma y arrodillados. La dosis
de obediencia debida en los medios no puede entenderse
sin el aporte de un discurso de derrota moral que han
transmitido los profesores a sus alumnos: nosotros no
pudimos hacerlo, ustedes tampoco. También se han dedicado
a pregonar saberes a la medida del mercado: esto se
hace así. ¿Así cómo? ¿Así de mal? ¿Así de desocupados?
¿Así de miserables o de cínicos? Los años de estudio
son los únicos en los que es posible experimentar, probar,
inventar, fracasar y volver a experimentar hasta encontrar
la propia voz, eso que llaman estilo a la hora de escribir
y personalidad a la hora de plantarse en el ring side
a dar pelea. Convertidos en disciplinados escribientes,
lo que han largado al mercado es mano de obra reemplazable,
prescindible y flexibilizable. Ahora que quedó claro
que llegó el fin del mercado de trabajo, es hora de
que las carreras se atrevan a dejar que los alumnos
sueñen. Y el único lugar que hoy admite sueños no es
el claustro, sino la calle.
-En los principios de lavaca.org (que figuran en
la solapa de "Quiénes somos" de su página) recalca la
honestidad como uno de los principales estandartes y
en la última línea menciona el hacer todo "por lo que
juntos podamos soñar". Bien, ¿cuál es su sueño y el
de lavaca.org?
-Cuando escribimos eso, en la mesa del comedor de nuestra
casa, no sabíamos qué, pero sabíamos por qué. Juntos
soñamos lo que hoy somos. Y todavía no nos despertamos.
Mi sueño es seguir soñando.
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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es
periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004
Imagen:
Claudia Acuña en la calle, frente al juzgado de Tartagal
(Salta), con las esposas de los detenidos de la Unión
de Trabajadores Desocupados (UTD) de Mosconi. Ellas
estuvieron ahí, durmiendo y comiendo en el piso, los
52 días que mantuvieron presos a sus maridos. Ocurrió
en enero de 2004.
© MV Prensa / Mayo de 2004
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