ENTREVISTA | Claudia Acuña, fundadora de LaVaca
"Que las carreras se atrevan a
dejar que los alumnos sueñen"
Por Tomás Vela*



La periodista, escritora y docente de la Maestría de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Nacional de Cuyo trabajó en los medios de comunicación más importantes del país hasta que "en enero del 2002, al calor de la hoguera de la crisis argentina y como necesidad de difundir informaciones que los medios de comunicación tradicionales no incluían en su agenda", creó el sitio lavaca.org.

Vía mail, Acuña compartió
con MV Prensa porqué prefiere ir a contramano de lo que la mayoría de los periodistas y comunicadores sueñan alguna vez lograr.


-Usted trabajó en los diarios Clarín, Página/12, La Razón; las revistas Trespuntos, La Semana, Rolling Stones, Noticias; participó en la investigación periodística de distintos programas culturales y sociales en televisión; ¿Por qué desarrollar una productora de periodismo independiente?
-Por varios motivos. El primero, para hacer periodismo. Porque los medios comerciales hoy, en el mejor de los casos, son folletos y, en general, no venden información, sino su ocultamiento: viven de lo que no publican. Para hacer una vidriera se necesitan mercancías. Para hacer un garito, apostadores y putas. Y para hacer periodismo se necesita libertad. Y eso hoy solo se encuentra en los medios que, por eso, suelen llamarse independientes. El segundo motivo: la carrera en donde se supone que se aprende y se enseña este oficio se llama Comunicación Social. Es decir: el periodismo tiene una función que excede lo que vulgarmente llamamos mercado. La sociedad es más grande, más importante, más interesante y más diversa que el mercado. Por suerte. En la Argentina esa brecha es aún más inmensa y se la puede medir todos los días cuando leemos el diario, escuchamos la radio o miramos televisión. ¿Está allí toda la sociedad argentina? ¿Y la uruguaya, guatemalteca, afgana o esquimal? ¿El barrio, la ciudad, el país, el planeta? ¿Las mujeres, los chicos, los viejos, los hombres? El tercero: En un mundo y en un país en donde el 10 por ciento más rico del planeta impone su agenda al 90 por ciento restante, parecería haber espacio suficiente para quienes desenchufamos la Matrix y hablamos de otra realidad, más dolorosa, contradictoria, problemática y compleja. Pero real. La pregunta entonces es: ¿Podemos encontrar soluciones para problemas que no son reales? ¿O es necesario primero asumir la triste postal del presente para imaginar un futuro tan humano y feliz como seamos capaces de hacerlo? En la película Matrix, el héroe recibía una propuesta: podía tomar la pastilla azul o la roja. Una lo haría recobrar la ilusión de una realidad ordenada. La otra lo enfrentaría con la posibilidad de pelear, sin saber siquiera si el resultado sería un éxito o un fracaso. Imaginen cuál tomé.

-¿Hubo cambios en su función de comunicadora desde su paso por medios masivos, y privados, hasta lavaca.org?
-A veces pienso que no cambié, ni siquiera evolucioné. Comencé a trabajar en vísperas de la Guerra de Malvinas y para cuando terminó la contienda, la dictadura estaba mortalmente herida. Sin embargo, hubo quienes se creyeron eternos y actuaron como si la sociedad no hubiese cambiado. Los medios, por ejemplo. Algo muy similar está pasando ahora. La crisis del 2001, el 19 y 20 de diciembre y la debacle del sistema de representación institucional que siguió después, modificaron -más o menos profundamente- a toda la sociedad argentina. Tengo una noticia para darles: los lectores, oyentes y espectadores son esa sociedad. Sin embargo, lo medios comerciales continúan idénticos. En breve sabremos quién será nuestro moderno Gómez Fuentes. Y cuál será el Página/12 del futuro. Pero a veces pienso que cambié demasiado: cada vez menos me interesa el rol de mediador que suele otorgarse al periodista. Ese intérprete barato de conflictos enriquecidos por matices, puntos de vista, contradicciones, sentimientos. Creo que estamos viendo nacer una nueva forma de periodismo, donde ya los llamados "periodistas profesionales" somos cada vez menos necesarios. Este proceso de lenta extinción se ve favorecido por la precariedad de herramientas que posee hoy el oficio: un reportero no sabe más que un piquetero. Conoce, en todo caso, algunos trucos que cualquiera puede aprender. Repetir quién, cuándo y dónde, edificar una pirámide invertida, preguntar obviedades, atragantar con un micrófono a un funcionario o a una de sus víctimas… hasta un orangután podría aprender a hacerlo. No alcanza con repetir palabras que parecen determinantes (como riesgo país, default o efecto 2000, solo para nombrar tres casos de papelones periodísticos notables), sino de averiguar quién los dicta, para qué y por qué. Tampoco se trata de leer libros, sino de entenderlos. Y para hacer todo esto, es necesario algo que hoy poseen solo aquellos que se atreven a desafiar un orden establecido. Hace falta coraje.

-¿Qué la motiva a vivir sus valores y proclamarlos junto a un equipo de periodistas de reconocida trayectoria?
-Saber que todo lo que hacemos, importa. Cambia lo que está mal. Salvo que tu objetivo sea el Pulitzer o el Oscar, todo lo que hagas, sirve, empuja, alivia y alienta.

-¿Cómo observa las nuevas corrientes de periodismo según las variadas ofertas y planes de estudio, tanto privadas como estatales? ¿Afecta el origen en la formación del periodista en su desempeño para los distintos medios?
-Afecta y mucho. La democracia sembró de carreras de periodismo el país y la consecuencia no ha sido un periodismo de mayor calidad. El resultado es claro: cumplió una función de domesticación. Intenta que todos los alumnos salgan de allí con un diploma y arrodillados. La dosis de obediencia debida en los medios no puede entenderse sin el aporte de un discurso de derrota moral que han transmitido los profesores a sus alumnos: nosotros no pudimos hacerlo, ustedes tampoco. También se han dedicado a pregonar saberes a la medida del mercado: esto se hace así. ¿Así cómo? ¿Así de mal? ¿Así de desocupados? ¿Así de miserables o de cínicos? Los años de estudio son los únicos en los que es posible experimentar, probar, inventar, fracasar y volver a experimentar hasta encontrar la propia voz, eso que llaman estilo a la hora de escribir y personalidad a la hora de plantarse en el ring side a dar pelea. Convertidos en disciplinados escribientes, lo que han largado al mercado es mano de obra reemplazable, prescindible y flexibilizable. Ahora que quedó claro que llegó el fin del mercado de trabajo, es hora de que las carreras se atrevan a dejar que los alumnos sueñen. Y el único lugar que hoy admite sueños no es el claustro, sino la calle.

-En los principios de lavaca.org (que figuran en la solapa de "Quiénes somos" de su página) recalca la honestidad como uno de los principales estandartes y en la última línea menciona el hacer todo "por lo que juntos podamos soñar". Bien, ¿cuál es su sueño y el de lavaca.org?
-Cuando escribimos eso, en la mesa del comedor de nuestra casa, no sabíamos qué, pero sabíamos por qué. Juntos soñamos lo que hoy somos. Y todavía no nos despertamos. Mi sueño es seguir soñando.





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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004




Imagen:
Claudia Acuña en la calle, frente al juzgado de Tartagal (Salta), con las esposas de los detenidos de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Mosconi. Ellas estuvieron ahí, durmiendo y comiendo en el piso, los 52 días que mantuvieron presos a sus maridos. Ocurrió en enero de 2004.

© MV Prensa / Mayo de 2004




 
 
 
 
 
 
 


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