TEATRO | Saltimbanco, del Cirque du Soleil, en la Argentina
Madames et Monsieurs:
¡qué comience la función!
Por Maia Pechersky*



Una larga fila de autos estaciona en un improvisado estacionamiento frente a la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors. En el predio, varias carpas a rayas amarillas y azules con banderines en sus cúspides se levantan imponentes. Una multitud se aproxima a la entrada mientras un campanero anuncia el incipiente comienzo. La imagen podría sorprender a más de un desprevenido transeúnte acostumbrado a que los alrededores de la Av. España y Francisco Alf. Pareja sean frecuentados mayormente por camiones y algún que otro auto. Quizás hasta exista el lector que se encuentre entusiasmado ante la idea de una posible resurrección del frustrado proyecto xeneize. Lamentamos decepcionarlo, pero se trata nada menos que de Saltimbanco, el primer espectáculo con el que el mundialmente aclamado Cirque du Soleil se presenta desde el 5 de mayo hasta el 11 de junio en la Argentina.

Antes del inicio formal del show, un grupo de coloridos payasos entretiene al público haciéndolo protagonista de pequeños actos: dan una vuelta en el aire con la ayuda de dos de ellos, suben sobre los hombros de otro, son raptados a las corridas hasta la otra punta del escenario, les roban sus asientos, entre otras "payasadas" que hacen reír entusiasmados a los presentes. Luego, una banda de cinco músicos disfrazados anuncia el inicio. La adrenalina se apodera de público y artistas; la emoción se siente en el aire y la fascinación invade a los espectadores. Es el comienzo de Saltimbanco, una visión de la vida urbana que desborda de optimismo y alegría. Pensado como un antídoto contra la violencia y la desesperanza del siglo XX, Saltimbanco juega a ser un calidoscopio, un torbellino de expresión del alma a través de la voz, el movimiento y la música. A un costado del escenario aparece la presentadora y única argentina del elenco Adriana Pegueroles para dar una cordial bienvenida y anunciar las normas de seguridad del show. Después, los talentosos artistas harán estremecer la carpa principal del circo a través de sorprendentes números inundados de color, ritmo y dinamismo.

Entonces aparece una escultura viviente de miembros entrelazados con gracia; malabaristas con bolas al compás de pasos de tap; criaturas multicolores que se deslizan por el escenario y suben a las pértigas chinas rebotando y volando por los aires; gemelos idénticos que se funden en un solo ser de fuerza y equilibrio extraordinarios. También, mujeres bailando al ritmo de boleadoras que quiebran el aire; una danza aérea de criaturas ligeras que evoca a pájaros blancos volando hacia el cielo; y el escenario como un gran campo de juego para la excéntrica y eléctrica familia de acróbatas Barroca que utiliza un columpio como catapulta para llegar a los 10 metros de altura y caer en sus pies, en los hombros de otro o en la cima de pirámides humanas. Y luego, figuras luminosas que se balancean en un trapecio para ejecutar un ballet aéreo; una bonita y delicada bailarina que hace volteretas y monta un monociclo sobre dos cables paralelos en un número de equilibrio en los aires.

Pero si nada de ello logra sorprenderlo, al menos lo hará alguno de los personajes que llevan adelante la onírica trama: el Barón de mirada hipnótica, que con su voz invita a entrar al mundo Saltimbanco; o el Bufón, que es un niño como el que todos llevan dentro; o la multitud de Ciudadanos Gusanos sin nombre, que observan y siguen lo que sucede en la carpa; o la Cantante, que encarna en un lenguaje universal las emociones humanas; o los Barrocos libres, rebeldes y espontáneos, que celebran la vida. Sino los Caballeros de la Luz, que iluminan la ruta del imaginario mundo; o el Niño, que descubre su identidad por sus propios medios; o el Maestro de pista, que con una sonrisa convincente y un charme natural se impone continuamente en el centro de la escena; o la mismísima Muerte, quien recuerda al público su propia mortalidad para resaltar la importancia de disfrutar como si fuera el último día; o los Gusanos multicolores, que encarnan los seres más simples en el origen de la vida; y el Dormilón… que se recuesta a dormir en el escenario haciendo surgir de su imaginación todo Saltimbanco. La armoniosa combinación entre números, personajes, música, escenografía y vestuario llevan al público a abstraerse de la realidad por las casi 3 horas que dura la función. Un mundo de sueños pasa por delante de sus ojos, cercano y lejano a la vez, haciéndose presente como una experiencia única que lo acompañará por el resto de su vida.

Si ya tiene en las manos una entrada a este costoso espectáculo y está próximo a asistir, prepárese a ser hipnotizado por la magia de Saltimbanco, mantener su boca entreabierta como si volviera a ser una criatura inocente que no sale jamás de su asombro y a que sus palmas le duelan de tanto aplaudir.

 


El Cirque du Soleil: de arte callejero a empresa artística

A fines de los años 70', en la ciudad canadiense de Québec, Guy Laliberté, hijo de un empresario y una enfermera, era un joven hippie de pelo largo que añoraba viajar y vivir del arte callejero. Con poco más que una mochila al hombro emprendió su viaje a la bohemia parisiense, y de allí en más los sucesos sobrepasarían el sueño de Laliberté.

Cuando a principios de los 80' regresó a Canadá, Laliberté ya era un gran conocedor de diversas disciplinas circenses por lo que junto a tres amigos acróbatas y actores formó Le Club Des Talons Hauts (El club de los talones altos) en el que desplegaban sobre zancos espectáculos en las plazas. Poco después, en 1984, y como consecuencia de la conmemoración de los 450 años de Canadá, el gobierno de Québec se encontraba a la búsqueda de un espectáculo que llevara la celebración a toda la provincia. Sin desperdiciar esa excepcional oportunidad, Laliberté y su compañero Daniel Gauthier se presentaron ante las autoridades correspondientes para dar vida a un show de circo callejero al que pronto nombrarían Cirque du Soleil. Así, con el respaldo del gobierno de Québec, pronto comenzaron a viajar con su primer show, La Magia Continúa, y una carpa a rayas azules y amarillas con capacidad para 800 personas. El gran salto lo darían en 1987 cruzando la frontera hacia Estados Unidos con la función We Reinvent The Circus. Poco después fue el turno de Europa y Asia con Nouvelle Experience y la necesidad de una nueva carpa principal para 2400 espectadores. La audiencia fue creciendo con los años y convirtiendo a aquellos jóvenes que se habían juntado para viajar por el mundo, entretener al público en las calles y divertirse en el camino, en los arquitectos de un proyecto empresarial que le renovó la cara al circo.


Entre los negocios y el arte, el equilibrio

En la actualidad, el Cirque du Soleil adquirió fama mundial reinventando el circo y haciendo congeniar los negocios con la magia de este tipo de espectáculos. 11 shows itinerantes y 4 permanentes, más de 7 millones de espectadores al año y un crecimiento sostenido -mientras el negocio circense se encuentra en declive- lo confirman. Para el director general de los shows Michael Bolingbroke el éxito radica en que son creadores de contenidos de una gran calidad artística y de producción. Si bien se mantienen ciertos rasgos típicos como la carpa, los payasos y los números de acrobacia, otros, como los actos con animales o la exposición de deformidades, no se encuentran presentes. En su lugar, se destacan la música, el vestuario y la escenografía, todos especialmente creados por un grupo de talentos independientes contratados para cada ocasión. Mario D´Amico, director de marketing desde hace 7 años de la empresa, describe los shows como "dos horas y media en las cuales el público logra olvidar sus preocupaciones cotidianas transportándose a un mundo de sueños y fantasías".

El Cirque du Soleil reúne para cada uno de sus espectáculos a aproximadamente 50 talentosos artistas elegidos por alguna de las 40 personas que viajan alrededor del mundo en búsqueda permanente de reemplazos y protagonistas, y un equipo de 100 técnicos, encargados de la logística, cocineros y maestros para los niños. Si bien se habla de una pequeña ciudad sobre ruedas, los integrantes del Cirque du Soleil no viven en los tradicionales carromatos: duermen muy cómodos en los mejores hoteles de la ciudad de turno.

Para Guy Laliberté todo comenzó con un sueño muy simple que con los años fue creciendo y que aún hoy le permite conocer nuevos lugares y divertirse mientras lo hace. Saltimbanco es el fruto de ese romántico que se animó a vivir su propio sueño.

 

Más información
Saltimbanco - Cirque du Soleil
Funciones: martes a sábados a las 17 y a las 21; domingos, a las 15 y a las 19, en Ciudad Deportiva Boca Juniors (Costanera Sur, Buenos Aires)
Valor de la entrada martes y miércoles: Platea Lateral $90, Platea $180 , VIP $250 y Tapis Rouge $450. Valor de la entrada jueves a domingos: Platea Lateral $120, Platea $220, VIP $280 y Tapis Rouge $450.
Más información: http://www.cirquedusoleil.com/CirqueDuSoleil/al

 



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(*) Maia Pechersky (mpechersky@mvprensa.com.ar) es periodista y publicista.
Participa en MV Prensa desde octubre de 2004.







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© MV Prensa / Mayo de 2006


 
 
 
 
 
 
 


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