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En
medio de la vorágine de las negociaciones entre
un país grande y otro inmenso, el ansiado entendimiento
hizo su presentación de la mano de 60 adolescentes
chinos cantando, bailando y rezando a los valores más
simples y profundos del ser humano.
El amor, la amistad, el trabajo, la oración,
la búsqueda de los orígenes de la vida,
y el deseo de subsistir a través del espíritu.
Shangri-La
cuenta una historia sobre la Historia, sin pretender
mayor enseñanza que compartir sensaciones, sonidos
y deseos mediante la danza folklórica de las
minorías étnicas de la provincia sureña
de Yunnan.
"Cuando el universo era una masa sin forma y no
existían ni el Sol ni la Luna, todo era ocupado
por la oscuridad. Un batido de tambor: la luz apareció
en el Este. Otro batido: la luz apareció en el
Oeste", dice la letra de una de las canciones de
origen budista. El tambor, para los habitantes de Yunnan,
es mucho más que un símbolo espiritual,
folklórico y religioso. Se trata de un objeto
de culto. El tambor simboliza, entre otras cosas, el
cuerpo de la mujer o sus órganos genitales.
La
coreógrafa, bailarina y creadora del espectáculo,
Yan Liping, deslumbró con la puesta en escena
de expresiones simples, originales y realistas de las
emociones. Es un gran logro para la artista china unir
el lenguaje de expresión corporal moderno con
una tradición de más de cinco mil años
de danzas y narraciones orales.
La pieza teatral con vestuario original, piedras de
oración tibetanas, tambores cilíndricos,
120 máscaras únicas (fieles al estilo
de la provincia del sur), y miles de impresiones, se
presentará en Buenos Aires en el teatro Opera
de la avenida Corrientes, hasta el domingo
21 de noviembre. Una oportunidad para ver un relato
simple contado a lo grande.

+[INFO]:
El
gran show chino (Diario La Nación)
Tradiciones
lejanas (Diario Clarín)
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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es
periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004
Imágenes:
Tomás Vela
© MV Prensa / Noviembre de 2004
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