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TEATRO |
El
ritual de los tambores
Por Rosana Quiñoa*
Las palabras no les sirven. Y claro que lo saben.
Un
lenguaje de señas manejado por un director es
la única herramienta que los 17 percusionistas
de La Bomba de Tiempo utilizan para coordinar los ritmos
que improvisan en cada presentación.
Cae
la tarde en Buenos Aires y los colectivos repletos de
pasajeros anuncian el último suspiro de la jornada
del lunes. Desde la puerta de Ciudad Cultural Konex,
en Almagro, una veintena de jóvenes escucha lejanamente
el ritmo de tambores que proviene de adentro. Son las
ocho de la noche. El guardia corta las entradas y los
pasos de la gente achican la distancia, clarifican los
sonidos. Sobre el escenario está La Bomba de
Tiempo, la banda que se autodefine como "el trance
del ritmo en estado puro". En pocos minutos, como
todos los lunes, los recién llegados confirmarán
la certeza de ese eslogan.
Trance:
estado en que el alma se siente en unión mística
con Dios.
Tranquilos,
que ese momento todavía no llegó. No todavía.
Los
músicos de La Bomba de Tiempo saben que la inspiración
se revela sin mediaciones. Y lo saben tan bien, que
descubrieron cómo comunicarla "en estado
puro", en tiempo real, mucho antes de que se convierta
en palabra. Para quien quiera verlo, durante dos horas
lo demuestran, arriba de un escenario. ¿Magia?
Casi, pero no.
"Creé
el sistema de señas basándome en un lenguaje
de improvisación que había visto en Butch
Morris, un músico de jazz norteamericano. Quise
adaptar ese idioma a la música de percusión",
cuenta Santiago Vázquez, fundador y líder
de la banda. "Junté a los percusionistas
que yo admiraba, y en mayo de 2006 comenzamos a tocar.
Uno de nosotros hace de director y maneja las señas.
En cada encuentro nosotros tocamos ritmos nunca predefinidos
ni tradicionales
Y el público toma el espacio
para hacer lo que quiere", apunta.
Tal
como lo hará todos los lunes a las 20, en el
Konex, hasta marzo de 2008, Vázquez da la bienvenida.
El público aplaude. Suena el primer tambor y
todos comienzan a moverse. "Todos" son: los
rastafaris y los punks, los yanquis y los gallegos,
los padres y sus chiquitos, los cuarentones y las quinceañeras,
los chetos y los rollingas y hasta los yupis, que llegaron
de traje, directo desde la oficina.
Los
instrumentos se suman, los ritmos se complementan y
se refuerzan, y la vibración intensa en el esternón
de cada uno se expande ciega e imparable hasta los brazos,
las piernas, la cabeza, la punta de los dedos. Poco
importan ya las indicaciones que el director le da al
resto de los músicos. Abajo del escenario, la
exploración, la experimentación y la improvisación
toman por asalto a los cuerpos permeables que inevitablemente
le dan forma al sonido.
"Hay
una infinita variedad de ritmos que se pueden entrecruzar
y truncar. El ritmo es nuestro objeto de experimentación.
Cada lunes queremos ir más allá en algún
aspecto, buscamos cosas nuevas. Por eso hay muchos que
vienen todos los lunes, porque no es un show siempre
igual. Es un acontecimiento que a ellos les sirve para
bailar, pero en el que nunca se sabe bien qué
va a pasar", dirá más tarde el líder
de la banda. Pero ahora la música sigue, y la
gente salta.
"Esto
va a ser una fiesta", habían anticipado
con exactitud unos jóvenes antes de entrar. A
la izquierda, un pelilargo hace malabares con pelotitas.
Cinco chicos, en ronda, hacen acrobacias. Dos muchachas
bailan como si fueran siamesas, empujándose suavemente
entre ellas al ritmo de la música.
En
una esquina, junto a la pared, un hombre baila con su
sombra.
Trance:
estado en que el alma se siente en unión mística
con Dios.
Vázquez
lo explicará una hora después: "La
percusión y el ritmo tienen una capacidad muy
grande para conectarnos con el ritmo interior de cada
uno. El baile es eso, es el movimiento del cuerpo en
armonía con la música", suelta. "A
Dios cada uno lo puede ver en cosas distintas. Yo creo
que la música es divina, porque no sabemos de
dónde viene. Por eso, el encuentro con la música
es, sin dudas, una comunión con lo sagrado".
Existe
un mundo que La Bomba de Tiempo invita a conocer, a
sentir, a experimentar. Cualquier explicación
acerca de él lo aleja inmediatamente de lo que
es. Lo dicho: el secreto está en la experiencia.
Aquí, las palabras no sirven.
+[INFO]:
-La Bomba de Tiempo (Blog)
http://labombadetiempo.blogspot.com/
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(*)
Rosana Quiñoa (rosana_q@yahoo.com) es
periodista.
Participa en MV Prensa desde agosto de 2007
Imágenes:
http://labombadetiempo.blogspot.com/
© MV Prensa / Diciembre de 2007
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