VIDEO | Clásico
La Naranja Mecánica
Por Tomás Vela*



Título original: A Clockwork Orange
Género: Drama, Thriller
Procedencia: Reino Unido (1971)
Dirección: Stanley Kubrick
Guión: Anthony Burgess (novela), Stanley Kubrick (adaptación)
Producción: Stanley Kubrick
Elenco: Malcolm McDowell, Aubrey Morris, Michael Bates, Patrick Magee, Adrienne Corri, James Marcus, Mariam Karlin, Warren Clarke, Paul Farrell
Duración: 136 minutos
Calificación: Sólo apta para mayores de 18 años


Alex DeLarge (Malcolm McDowell) es un joven que, salvo por dos o tres cositas feas que no lo hacen muy querido, podría confundirse con cualquier veinteañero británico de los '70. Con cierta rebeldía y un claro liderazgo innato forma la banda Los Drugos junto a sus amigos Pete (Michael Tarn), Georgie (James Marcus) y Dim (Warren Clarke) Dirigidos por Alex, los muchachitos se
encargarán, entre otros aportes a la sociedad, de robar, violar, golpear y matar de manera organizada o de improvisto a quienes se les ocurra.

Entre patadas a un vagabundo, peleas con bandas rivales y violaciones a mujeres Alex pasa sus agitadas jornadas hasta que un día es emboscado por sus propios amigos y va a parar a la cárcel, luego de un robo que se transformó -por error- en asesinato. Los Drugos traidores dejaron de lado la unión y respaldo hacia el jefe cuando Alex no aceptó la propuesta de Dim y Georgie de transformar a éste último en el nuevo líder de la banda. Claro que Alex no sólo les había negado la sugerencia, sino que también les había propinado una tamaña paliza pedagógica (que como buena pedagogía, ellos la aprendieron tan bien que luego la aplicaron contra Alex)

Encerrado y con un futuro no demasiado alentador, Alex empieza a sentir que perdió mucho más que su amada sinfonía número 9 de Ludwing van Beethoven, hasta que desde el ministerio del Interior le hacen llegar una propuesta para reinsertarse en la sociedad: aceptar formar parte del tratamiento médico extremo Ludovico. Sin dudarlo, Alex acepta.

El tratamiento es simple y brutal. Se obliga a la víctima del proyecto gubernamental a que mire una serie de películas violentas y de sexo salvaje, al mismo tiempo que se le suministran unas pastillas que le provocarán nauseas y otras sensaciones insufribles. Si el plan no falla, Alex asociará cada vez que presencie o quiera realizar algún acto vandálico un malestar insoportable que le impedirá seguir adelante con su crimen.

Aunque el espectador sabe que Alex se merece un castigo ejemplar, con sólo ver las pinzas que sostienen los ojos del drugo para evitar que parpadee frente a las cintas aleccionadoras, la insoportable sensación de estar presenciando una tortura lo hará ponerse por más de una ocasión del lado joven melómano. Tal vez ese sea uno de los méritos más grandes de Stanley Kubrick, el director de esta brillante obra cinematográfica.

El realizador de Lolita (1962), 2001: Odisea en el Espacio (1968), El resplandor (1980) y Ojos bien cerrados (1999), entre tantas, desarrolló en la adaptación de la novela de Anthony Burgess un manifiesto sobre la sociedad inglesa primero y mundial después cuya base se apoyó en la incapacidad del individuo moderno de relacionarse con respeto. Alex estaba incapacitado para hacer lo correcto en su etapa criminal y luego la sociedad lo hará un incapaz para hacer el mal, sin jamás reparar en las causas del mal o contemplar algún tratamiento de contención más humano.

Ludovico muestra mucho más que la fuerza de la ley aplicada en un insurrecto, como así también la violencia de Alex refleja tanto más que la conducta de un simple inadaptado social que goza al dañar. Y es justamente esta clase de proyección que el director se atrevió a producir lo que hace de la mirada del artista algo único en todo aspecto. Algo que al propio Kubrick le valió tener que exiliarse de Inglaterra por amenazas, además de que prohíban su película en las islas por más de dos décadas y le apliquen distintos tipos de censuras en muchos otros incluyendo la Argentina.

Resultan especialmente destacables algunas analogías del film. Por ejemplo, la capacidad de Dim y Georgie para pasarse del bando de los delincuentes al de los policías ¡sin siquiera cambiar sus costumbres!, y, por supuesto, la flexibilidad de la fuerza para aceptarlos como plenos integrantes y respaldarlos con la ley. Además, la intensidad y contrastes que logra el director neoyorquino entre las golpizas, la música de Beethoven y las tomas cámara en mano. Esta combinación para filmar sirvió de inspiración en infinidad de películas las siguientes tres décadas.

La inteligencia narrativa de Kubrick resulta tan vasta que hoy, a casi ocho años de su muerte, todavía no se puede siquiera dimensionar todo lo que el director aportó a la sociedad con sus creaciones. Sus obras no son llevaderas, ni tocan temas alegres, ni tampoco dan esperanza. Al contrario, es recomendables no ver demasiado seguido sus películas. Pero su mirada siempre generó algo que incomodó a grandes grupos sociales o gubernamentales establecidos, y eso sin dudas da la pauta del peso del contenido.

La controversia generada no fue casual ni temporal; si sigue vigente es porque algo importante tuvo que haber tocado. Kubrick lo supo cuando leyó la novela de Burgess. El espectador lo sabrá y cuando vea la película Kubrick. Ahora, si al terminar de ver La Naranja Mecánica siente nauseas, preocúpese.



+[INFO]:
-A Clockwork Orange, por IMDb
http://www.imdb.com/title/tt0066921/
-Curiosidades de La Naranja Mecánica, por Tapasmas.com
http://tepasmas.com/curiosidades/naranjam
-La violencia y el terror de La Naranja Mecánica de Kubrick, por Mobbing OPINION
http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_1499.shtml


 

 


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(*) Tomás Vela (tomasvela@mvprensa.com.ar) es periodista y fotógrafo.
Fundó y dirige MV Prensa desde abril de 2004

 

Imágenes:
http://tepasmas.com/
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http://www.elmulticine.com/

© MV Prensa / Enero de 2007


 
 
 
 
 
 
 


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