Título
original: The Nightmare Before
Christmas Género: Animación, Fantasía Procedencia: USA (1993) Dirección: Henry Selick Guión: Tim Burton Adaptación: Michael McDowell Producción: Tim Burton, Denise Di Novi,
Danny Elfman, Kathleen Gavin Elenco (voces de): Danny Elfman, Chris Sarandon,
Catherine O´Hara, William Hickey Duración: 76 minutos Calificación: Apta para todo público
A Tim Burton se lo tiende a identificar como un genial
director de cine, pero oscuro y retorcido. Esta asociación
puede deberse a que la muerte, generalmente algo tan
contundente como poco claro, es una de las temáticas
favoritas del californiano, creador entre otras obras
de Beetlejuice (1988), Batman (1989), El Joven Manos
de Tijera (1990), Mars Attacks! (1996), El Gran Pez
(2004) y Charly y la fábrica de chocolate (2005)
Pero, por supuesto, esa es sólo una mirada simplista.
Otro enfoque, no menos arbitrario pero sí más
propio de nosotros, resalta de Burton una capacidad
para trasmitir valor y valores en aquellas situaciones
cotidianas que la mayoría de las personas vive
sin reflexionar demasiado. Así lo hace con Jack
Skellington, un esqueleto que es idolatrado en la tierra
de Halloween, pero que no está conforme con su
éxito para asustar a la gente de su pueblo ni
con el reconocimiento que por ello le brindan. Con una
figura alta y delgada de espásticos movimientos,
resaltada en la técnica de filmación de
cuadro por cuadro o stop motion de estas 'plastilinas
vivientes', Jack no se siente muy comprendido por nadie
de los suyos. La búsqueda interior de algún
sentido más trascendental para su vida lo llevará
a descubrir el mundo de la Navidad, esa fiesta con tantas
cosas en común como opuestas a su archidesgastada
Halloween.
La
idea para esta película surgió mientras
Burton trabajaba para la Walt Disney Company en los
'80. Allí escribió el poema que serviría
de base para El extraño mundo de Jack, al inspirarse
viendo como cambiaban los adornos de la fiesta de la
calabaza por los del arbolito lleno de luces de una
vidriera. Trece años después, produce
y escribe pero deja en manos de Henry Selick, su antiguo
colaborador, la dirección del primer largometraje
en stop motion, que tomó tres años de
realización. Los tonos grises del mundo de Jack
irán incorporando colores al paso de las numerosas
sorpresas que sorteará junto a su fantasmal perro
Zero y Santa, líder referente de la otra fiesta.
Connotaciones cromáticas e interpretaciones al
margen, la música cumplirá un papel tan
importante como el aspecto visual, pero sin la densidad
que a veces caracteriza a las películas que cada
tres frases dos se dicen a coro.
Una
vez que Jack comience a comprender e incorporar la nueva
celebración se topará con el obstáculo
de tener que trasmitírsela a la gente de su pueblo
y convencerlos de que el cambio resultará productivo.
No le resultará sencillo el emprendimiento, aunque
ya fascina el sólo ver como el larguirucho personaje
y su mundo decodifican los cambios. Una muy buena analogía
del mundo aparatoso y lleno de grises que Burton, usted
y yo habitamos.