Título
original: Pirates of the Caribbean:
At world's End Género: Acción, Aventuras, Fantasía
Procedencia: USA (2007) Distribuidora: Buena Vista (Disney) Dirección: Gore Verbinski Guión: Ted Elliott y Terry Rossio; basado
en los personajes creados por Ted Elliott, Terry Rossio,
Stuart Beattie y Jay Wolpert Producción: Jerry Bruckheimer Elenco: Johnny Depp (capitán Jack Sparrow),
Orlando Bloom (Will Turner), Keira Knightley (Elizabeth
Swann), Geoffrey Rush (capitán Barbossa), Bill
Nighy (Davy Jones), Chow Yun Fat (capitán Sao
Feng), Stellan Skarsgård (Bill Turner), Jack Davenport
(James Norrington), Naomie Harris (Tia Dalma), Tom Hollander
(lord Cutler Beckett), Jonathan Pryce (gobernador Weatherby
Swann) Duración: 168 minutos Calificación: Sólo apta para mayores
de 13 años
Entre la armada británica, los corsarios y los
piratas las diferencias pueden ser tan sutiles como
inexistentes. Se podrá distinguir casi siempre
a los señoritos de la corona por sus casacas
rojas con bandoleras blancas, pero, llegado el caso,
no tendrán demasiado inconveniente en vestir
las prendas de civil que la Compañía de
las Indias Orientales requiera para esparcir los incipientes
principios del capitalismo por cada costa a que se arribe.
Flexibilidad
expuesta, Lord Cutler Beckett (Tom Hollander), principal
representante de la mencionada Compañía,
no se decide entre la conquista de los mares y todo
lo que habita en ellos, y la colonización británica,
por lo que asume estoicamente los dos compromisos. Para
ello tuvo que adueñarse del Holandés Errante,
el tétrico navío fantasma del despiadado
capitán Davy Jones (Bill Nighy)
Pero
los piratas también tienen, aunque un tanto escondido,
su costado robinhoodesco: si las riquezas y el poder
les resultan momentáneamente esquivos, pero se
puede identificar a quien los tiene, hay que lograr
que los pierda cuanto antes (en lo posible en beneficio
del pirata justiciero, pero si no igual reconfortará
que el otro ya no lo tenga más)
Para
ello, Will Turner (Orlando Bloom), Elizabeth Swann (Keira
Knightley) y el capitán Barbossa (Geoffrey Rush)
unen sus fuerzas y capacidades traicioneras en pos de
vencer a Beckett, para lo cual también necesitan
reunir a los Nueve Grandes Piratas de la Corte de Brethren
y juntos encontrar la única manera de doblegar
al inglés y al poderoso barco de su calamar esclavizado.
El
problema es que falta el más bizarro de los piratas
y eje de nuestra historia, el capitán Jack Sparrow
(Johnny Depp), quien pasó a otra dimensión
gracias la decisión de la bella Swann en un momento
de crisis femenina. Dada la seriedad y urgencia del
caso, Will, Elizabeth y el genial Barbosa viajan a Singapur
para recibir la ayuda involuntaria del capitán
pirata Sao Feng (Chow Yun Fat), quien posee las cartas
de navegación y el barco necesario para llegar
al fin del mundo, donde Jack y su divertida esquizofrenia
esperan.
Hasta
y a partir del reencuentro, todos los efectos especiales,
una extraña superficialidad argumentativa que
se excede por mucho en los minutos recomendables para
mantener el ritmo (y la sana postura lumbar), y una
debilidad narrativa sólo interrumpida por golpes
visuales pretensiosos y exagerados.
Que
quede claro; rara vez más tiempo de cinta enriquece
el relato. En este caso, pasa la norma y lo extenso
cansa, por lo que suponemos que la causa de las casi
tres horas de historia se encontraron en la necesidad
de cerrar la trilogía, pero olvidando nada menos
que la riqueza de los personajes que atrajeron a los
espectadores hacia un subgénero antes tan muerto
como Sparrow.
Como
rescatable, más por la terquedad de querer rescatar
algo que por lo que se puede observar, están
las actuaciones de Depp, Rush y Yun Fat, artífices
junto a la actuación en 'velocidad crucero' de
Bloom y la brillante aparición de Keith Richards,
de que esta historia justifique ser vista. Queda, o
nos queda, o me queda, la ilusión de imaginar
cuánto más pudo haber dado la misma historia
con menos efectos y más tiempo para que estos
maestros de la actuación se luzcan. Pero para
eso hubiera hecho falta, tal vez, que la Compañía
de las Indias Orientales no hubiese vencido de manera
tan contundente e implacable en Hollywood.