Título
original: The Messengers Género: Terror Procedencia: Canadá/USA (2007) Distribuidora: Alfa Dirección: Oxide Pang Chun, Danny Pang Guión: Mark Wheaton Producción: Sam Raimi, Rob Tapert, William
Sherak y Jason Shuman Elenco: Kristen Stewart (Jess Solomon), Dylan
McDermott (Roy Solomon), Penelope Ann Miller (Denise
Solomon), John Corbett (John Burwell), Evan Turner (Ben),
Theodore Turner (Ben), William B. Davis (Colby Price),
Brent Briscoe (Plume), Dustin Milligan (Bobby), Jodelle
Ferland (Michael) Duración: 90 minutos Calificación: Sólo apta para mayores
de 16 años
Hace bastante tiempo que el cine de terror ha perdido
su oscuro toque maligno. Su nivel ha descendido drásticamente
hasta llegar a las puertas del infierno. Esto último
podría tomarse como un elogio considerando que
estamos dentro de un género al que le sienta
bien el mencionado espacio, pero éste no es el
caso. Las películas "de miedo" ya no
son lo que eran y para muchos de sus seguidores, el
género se encuentra dramáticamente estancado.
¿Se ha perdido el divino don de asustar o los
realizadores se encuentran más enfocados en las
ganancias multimillonarias que brindan a los estudios?
En
los últimos años se han producido películas
que fueron éxitos de taquilla pero fiascos en
contenido. Realizaciones como Jeepers Creepers, Freedy
vs Jason y Phantom ship han sido consideradas estafas
para todos los aficionados al buen cine de horror. El
pensamiento que surge al presenciar semejantes largometrajes
es que las grandes productoras han intercambiado calidad
por billetes y mediocridad, dejando fuera de la ecuación
al desamparado espectador. ¿Qué diría
Vincent Price, ícono del miedo dentro del séptimo
arte durante más de 3 décadas, si estuviese
vivo?
Una
nefasta y clara evidencia de la pobre etapa que transita
este escalofriante lado del espectáculo es The
Messengers. La reciente producción de Columbia
Pictures resulta por momentos una broma de mal gusto
a toda persona que se tome el tiempo de ver semejante
engaño.
Una
familia, una casa embrujada cercana a un pueblo pequeño,
cuervos, madera vieja que cruje y algunos otros estereotipados
recursos más son las características que
encontraremos durante los 90 minutos que dura el intrascendente
largometraje.
La
historia sobresale por su guión endeble plagado
de diálogos torpes y ariscos que se fusionan
junto a personajes que carecen de personalidad y que
contienen una abundante simpleza que aturde, para luego
desesperar.
La
ambientación es otra mala elección de
los encargados de esta pesadilla. El campo, los pastizales
y la cosecha de girasoles resultan ser espacios tan
ridículamente coloridos que es imposible conectarse
con el relato y dejarse asustar, aunque sea por compromiso.
Si
la parte estética o la dirección de Oxide
y Danny Pang hubiese sobresalido en comparación
a otras cintas de similares características,
quizás podrían omitirse algunos de los
defectos que posee esta historia. Pero para acrecentar
nuestra decepción esto no ocurre ni siquiera
por unos
escasos segundos.
Si
usted desea ver fantasmas baratos, predecir un guión
en su totalidad o revisar incontables veces las costuras
de la butaca; vaya sacando la entrada. No obstante debemos
advertir que lo que creíamos sería una
película, independientemente de su calidad, resultó
ser un gran catalizador de insultos y frustraciones
que sirvieron como descarga de tensiones ocasionadas
por la rutina semanal.
Todo apunta a que los involucrados en esta superproducción
se esmeraron para hacer un film pésimo y olvidable.
Es por eso que uno mis manos con efusividad para festejar
que lograron con amplio éxito su propósito.
¡FELICITACIONES!