Título
original: Das leben der anderen Género: Drama Procedencia: Alemania (2006) Distribuidora: Alfa Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck Guión: Florian Henckel von Donnersmarck Producción: Quirin Berg y Max Wiedemann Elenco: Martina Gedeck (Christina-Maria Sieland),
Ulrich Mühe (capitán Gerd Wiesler), Sebastian
Koch (Georg Dreyman), Ulrich Tukur (teniente coronel
Anton Grubitz), Thomas Thieme (ministro Bruno Hempf),
Hans-Uwe Bauer (Paul Hauser), Volkmar Kleinert (Albert
Jerska), Matthias Brenner (Karl Wallner), Herbert Knaup
(Gregor Hessenstein) Duración: 144 minutos Calificación: Sólo apta para mayores
de 13 años
En un estado donde nada de lo que hace el ciudadano
común pasa desapercibido, la capacidad para no
llamar la atención y a la vez regirse por los
propios mandatos, y no por los que dicta el gobierno
dictatorial, puede significar la diferencia entre estar
vivo y ser silenciado o asesinado.
En
la opera prima del director alemán Florian Henckel
von Donnersmarck lo que se relata tiene como contexto
histórico la República Democrática
Alemana, en el año 1984. Como centro, un triángulo
amoroso entre el prestigioso escritor Georg Dreyman
(Sebastian Koch), su novia, la popular actriz Christa-Maria
Sieland (Martina Gedeck) y el primer ministro alemán
Bruno Hempf (Thomas Thieme) Pero la esencia del film
es el despertar de la conciencia del capitán
Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un oficial y profesor
ejemplar de la Stasi, la siniestra policía secreta
del régimen falsamente autoproclamado socialista.
La
historia comienza con Wiesler realizando un interrogatorio
a un sospechoso de haber ayudado a un ciudadano de la
RDA a cruzar a la Alemania Federal, al mismo tiempo
que el capitán reproduce la cinta y el resultado
de la tortura psicológica extrema en su clase
para los futuros agentes de la Stasi.
Ante
la admiración del alumnado por lo que escuchan,
aparece en el aula el teniente coronel Anton Grubitz
(Ulrich Tukur), un antiguo compañero de colegio
y ahora superior de Wiesler, para invitarlo al teatro
a que vea una obra de Dreyman. Justamente, en uno de
los palcos del teatro, Wiesler le propone a Grubitz
espiar a Dreyman por considerar que el director tiene
demasiadas "actitudes sospechosas". El teniente
coronel le dice al capitán que exagera y se equivoca,
pero cuando el propio primer ministro en persona le
ordena seguir de cerca al escritor, las dudas se disipan
de inmediato, y la orden no se discute.
La
preocupación del rígido Hempf por los
posibles vínculos de Dreyman con la Alemania
del otro lado del Muro es compleja: su orden para la
Stasi es que además de registrar por escrito
todos los movimientos del realizador teatral, se omita
siquiera mencionar los encuentros entre él y
Christa-Maria, a quien el déspota decidió
poseer como amante.
Tras
una breve y contundente lección de lo que significa
que el estado se coja a quien quiera, cuando quiera,
el espectador comenzará a observar diferentes
actitudes en el capitán Wiesler, quien lenta
pero irreversiblemente se replantea no sólo su
vida, sino todo el régimen del que es parte y
gestor.
La
película conquista desde ese momento una meseta
de exquisitez narrativa que no abandonará hasta
el final, y que sostiene con la brillante actuación
Mühe, el gran desempeño de Koch y Gedeck,
la ausencia de fisuras en el guión, un ritmo
magistral, y por el admirable arte de von Donnersmarck
para trasmitir una historia tan dramática y compleja
con tanta simplicidad.
La
vida de los otros es esa clase de películas que
conmueve sin recursos efectistas ni situaciones límite;
aunque todos los recursos de los que se vale surtirán
efecto y muchas de las situaciones que atraviesan los
personajes resultarán límite para la mayoría
de los espectadores. Cuesta entender cómo se
pudo vivir en ese contexto político, y más
sobrevivir defendiendo los propios mandatos, si es que
alguien lo hizo.
Al
observar lo que un gobierno, grupo o persona hace en
nombre de algo o alguien que se proclama como justo
e incuestionable, provoca una inconmensurable alegría
ver como el gran opresor cae y el pequeño torturador
se transforma. Pero, basta luego con notar que la opresión
e injusticia no sólo recuperó sus fuerzas,
sino que nunca estuvo más fuerte y presente que
ahora, para que el regocijo mute a una silenciosa y
profunda tristeza. La misma que el capitán Gerd
Wiesler trasmite durante su historia de la Historia.