Título
original:
Meet the Robinsons Género: Animación, Aventuras, Comedia
Procedencia: USA (2007) Distribuidora: Buena Vista (Disney) Dirección: Stephen Anderson Guión: Michelle Bochner; basado en el
libro "A day with Wilbur Robinson" de William
Joyce Producción: Dorothy McKim Doblaje original: Angela Bassett (Mildred), Daniel
Hansen (Lewis), Tom Selleck (Cornelius Robinson), Harland
Williams (Carl), Adam West, Laurie Metcalf (Lucille
Krunklehorn), Nicole Sullivan (Franny), Adam West (tío
Art), Ethan Sandler (Doris/CEO/tío Spike/tío
Dimitri/primo Laszlo/tío Fritz/tía Petunia),
Tom Kenny (Sr. Willerstein) Duración: 102 minutos Calificación: Apta para todo público
Desde Toy Story (1995), la primera película animada
por computadora, el mundo del séptimo arte descubrió
una nueva forma de narrar historias fantásticas.
Si bien las temáticas del género pueden
considerarse infantiles, sería un error limitarlas
exclusivamente a los gustos de los más pequeños,
sobre todo porque más allá de lo que recomiende
la pedagogía, a un adulto le molesta muchísimo
que cualquier hijo que ande por ahí interrumpa
su concentración durante la proyección
sólo para saber qué pasó con tal
o cual personaje.
En
La familia del futuro el gran protagonista es Lewis,
un chico huérfano. A los pocos días de
haber nacido, Lewis fue abandonado por su madre en la
puerta de un orfanato, y desde entonces Mildred, la
señora que se encarga del lugar, es quien velará
con mucho amor por el bienestar del niño y la
búsqueda de un nuevo hogar sustituto.
Claro
que la súper desarrollada inteligencia que distingue
al peque es, justamente, aquello que más asusta
a los padres postulantes, por lo que el pobre Lewis
verá frustrada una y ciento cuarenta y ocho veces
su deseo de ser parte de una familia.
Cansado
de que nadie quiera adoptarlo, y sin entender qué
es lo que él hizo para merecer ese rechazo, el
mini genio inventará una máquina para
recuperar cualquier pensamiento. Lewis piensa que si
su aparato funciona bien, él podrá ver
la cara a su madre biológica justo en el instante
en que ella lo dejó atrás, para poder
reconocerla, buscarla y preguntarle porqué lo
abandonó.
Su
máquina demanda pruebas, contrapruebas y explosiones
varias; además de no dejar dormir a su tranquilo
compañerito de cuarto Mike "Goob" Yagoobian.
Finalmente, Lewis lo consigue y llega con su último
aliento a la feria de ciencias para presentar el proyecto
y por fin conocer a su madre. Pero un extraño
señor del sombrero tiene otros planes un tanto
más siniestros: hacerle fracasar la muestra frente
al jurado para poder robarle el proyecto que, parece,
es mucho más importante de lo que el propio Lewis
cree.
Desde
ese momento aparecerá en escena Wilbur Robinson,
el misterioso compañero de aventuras del niño
rubio que viene del futuro y pretende, con gran insistencia,
que Lewis lo acompañe. Pasa que si el joven huérfano
no viaja con Wilbur a su tiempo, el futuro mismo de
los muy diversos Robinson puede sencillamente dejar
de existir.
La
nueva película animada de Disney es el equivalente
en el mundo culinario a la milanesa de ternera con papas
fritas: los chicos la aman, pero los padres más.
Su mensaje está enfocado en mirar adelante y
construir cada uno el propio futuro, y para eso cada
uno de los personajes aporta una parte fundamental al
concepto.
El
sombrero Doris, colocado en el lugar justo para no llamar
la atención y aún así manejar con
malicia las acciones de El del sombrero; Franny, la
madre de Wilbur, con su innegable importancia y ternura
simbólica para Lewis y Frankie el Sapo, líder
de la banda de sapos orquestales; Carl, el robot de
los Robinsons que además de calcular con exactitud,
desea seguir existiendo para estar con los suyos; y
hasta el Coach del gimnasio de la feria de ciencias,
que con tanto desarrollo muscular y disciplina olvidó
cuánto le puede aburrir un proyecto pensado.
No
se trata sólo de buenos y malos, afortunados
y desgraciados, ricos y pobres; sino más bien
de historias difíciles que llevaron, necesariamente,
a elecciones y vidas diferentes. Disney se mete, sin
profundizar demasiado como para dejar afuera a su propia
platea pueril, en la esencia misma de los orígenes
familiares, el rechazo y el remordimiento que eso pueda
causar. Y deja la mesa servida para que el sub-metro
pregunte y el sobre-metro responda (aunque la respuesta
del mayor de edad sólo sea: "¿y a
vos qué te parece? pensalo")
Resulta
mucho más entretenido ver todo eso en una película
animada llena de efectos visuales y giros graciosos,
que en las páginas cotidianas de los periódicos
especializados; por lo que la diversión en la
historia del director Stephen Anderson está absolutamente
garantizada para los más infantiles. Pero vale
aclarar, por las dudas, que también sus hijos
la disfrutarán.