MÚSICA | Entrevista a Tintabrava Castro, creador de Falta y Resto
Retazos de la realidad
Por María Luz Carou*



Cuando Raúl Tintabrava Castro saluda, el abrazo es cálido, siempre de bienvenida y entrañablemente rioplatense. Letrista de ley y fundador "en una noche de dictadura" de 1981 de la murga uruguaya Falta y Resto, una de las más queridas en este lado del Río de la Plata, Tintabrava -como lo bautizó el Dios Momo-, compartió durante una extensa entrevista con MV Prensa lo que fue la gestación de su nueva creación carnavalera: Anarquía, La Leyenda de la Murga del Viruta.

A un par de horas de la presentación que lo transformará en El Tatita, el personaje que desde el fondo de su corazón de murguista le contará a la barriada la historia del Viruta, Tintabrava adelanta algo de uno "de los primeros poetas anarquistas que asolaron al arrabal montevideano, allá por el taitantos". También acude a los recuerdos de La Falta, a las sensaciones y la felicidad que sólo la murga sabe contagiar, y no sólo a los chiquilines que, asombrados por tanta ternura, quedan prendidos por siempre a la magia
del carnaval.

 

-¿Qué busca transmitir La Falta con el repertorio de Anarquía?
-Pienso que todo repertorio de una murga tiene que ver con la expresión de un momento histórico. Los murguistas tenemos que ser reflejos del momento personal del grupo, pero también, fundamentalmente, de un momento histórico. Creo que sucede con todos los artistas, pero con la murga -especialmente como género- se da de una manera más directa. Tiene que ser un repertorio que sea lo suficientemente amplio y masivo, pero también que no pierda profundidad debido a esa masividad, porque no todo lo masivo es profundo, lamentablemente. Las letras, en general, intentan transmitir una alta dosis de esperanza, a pesar de todo. El verbo sigue siendo el mismo desde hace veintipico de años, que es el del latinoamericanismo, el tratar de ser solidarios y defender los derechos humanos, y todo esto generarlo también a través del humor, porque sin humor la murga no funciona. Esta Murga del Viruta tiene muchísimo humor porque el personaje que hemos conseguido, en sí mismo, es muy tierno y humorista.

-¿Qué relación hay entre Anarquía y La Falta?
-El Viruta es un personaje hecho con retazos de la realidad. Orlando El Mono D'Acosta, quien encarna a este personaje, está justo para hacerlo porque está diseñado a su medida. El Viruta fue saliendo con él. El Mono se inspiró en su padre y en cosas que hemos leído, juntado y visto sobre la Guerra Civil Española. Se inspira también en los tangueros de principio del siglo veinte, y en la actualidad misma, a través de personajes del carnaval que tiene muchos Virutas, que tiene tipos que son, de alguna manera, escrachadores históricos, como el Canario Luna y el Picho López, murguistas que han sido compañeros nuestros a lo largo de la historia de La Falta. Nosotros nos colocamos en un lugar. Casi diría, por fuera del sistema. Como se llama Anarquía, responde desde un extremo a toda esta ola -hablando de momentos históricos- de progresismo americanista que se está dando en el continente. ¿Qué logramos con esto? Colocarnos desde la utopía, desde la leyenda de un tipo que es un escrachador, desde su locura y, a partir de esta misma locura, poder criticar sin que nos quepa ningún tipo de marca. Nada pueden decirnos; estamos recreando, a través de la ficción, a una murga que supuestamente existió (o no) Claro que es una ficción que representa lo que nosotros también sentimos. Es la realidad, pero estamos escudados detrás de una ficción teatral, detrás de La Murga del Viruta.

-¿Qué sensaciones personales capturás a través de la murga?
-Hay momentos muy emotivos a lo largo del repertorio. Lo que más me llevo es el afecto y el cariño de la gente de toda la Argentina. Este año anduvimos por lugares como Resistencia (Chaco), Posadas (Misiones) y Paraná (Entre Ríos) La murga también nos llevó a Córdoba, a La Plata, a Corrientes, y ahora nos recibe Buenos Aires, una vez más. En cada lugar encontramos el cariño y el contagio de la gente. Gente que responde muchísimo más de lo que nosotros esperábamos. Parece como si les hubiéramos pegado en la matadura con esta presentación; primero, porque es más extensa que la que hicimos en Montevideo, y, luego, porque hacemos una cantidad de temas clásicos nuestros en los bises. El "pegue" que tiene la obra en sí misma es mucho más impresionante de lo que nos imaginábamos. Y si bien pensábamos que iba a ser más duro, porque el espectáculo es estéticamente fuerte y porque hay gente que puede encontrar los versos un poco bravos, después que uno entiende la ternura que conllevan esos mismos versos, pasan a ser todo lo contrario, incluso más cuando los niños los repiten... Y, cuando los niños los repiten, los blanquean, los resignifican.

-¿Qué diferencias técnicas hay entre La Falta que sale en el carnaval montevideano y la que cruza el charco rioplatense para hacer sus presentaciones?
-En principio, somos menos. Por un tema de producción, cuando viajamos somos 14 personas, mientras que en el carnaval somos 17 murguistas. Esto responde a una cuestión, fundamentalmente, de costos y de viabilidad del grupo fuera del carnaval. Obviamente que son hoteles, pasajes y etcéteras los que hay que pagar, y lo nuestro es algo independiente; o sea, no hay detrás una gran compañía discográfica, ni una gran empresa que nos auspicie. No tenemos auspicios; sólo contamos con la capacidad de nuestro productor, quien hace 10 años nos trae a la Argentina, aunque siempre hilando muy fino con el tema económico.

-¿Se puede vivir sólo de la murga?
-Hay muchachos que viven de la murga. En mi caso concreto, tengo otra empresa que también me ayuda a vivir, pero diría que, si bien la otra empresa -que es de publicidad- me suma a nivel económico, la murga, espiritualmente, no tiene comparación con nada en el mundo. A través de la murga, a mí me han pasado cosas que no tienen precio.

-Como por ejemplo…
-Como por ejemplo una que me pasó acá, en Argentina. Un día viene una chica a una actuación de la murga y me dice: "Mañana me voy para el Uruguay. Voy a cumplir con el deseo de mi mamá, que falleció hace pocos días, que era muy hincha de La Falta, y que quería que sus cenizas fueran esparcidas en el Teatro de Verano (Ramón Collazo) para poder ver a la murga durante el resto de su vida". Claro, son cosas muy fuertes, que te mueven y que uno no sabe muy bien cómo responder. Otra vez -este un recuerdo que cuento siempre-, estábamos en el carnaval haciendo un popurrí que se llama La otra cara de la luna, y una mujer se acercó al murguista que estaba cantándolo y le pidió que fuera hacia donde estaba su hija. Pensábamos que era una chiquilina que quería conocernos, nada más. Cuando él se acercó a la nena, ella le empezó a tocar la cara con las manitos, y ahí nos dimos cuenta, y la madre nos dice: "Mi hija es ciega de nacimiento, y quería saber cómo era la cara de la luna". ¡Chau! ¿Cómo pagás eso? Son infinitas las cosas que te pasan, con los uruguayos y con los argentinos… Hay gente que junta durante dos o tres meses el dinero para venir a ver a La Falta, y hay gente que nos sigue desde hace cuatro, cinco, seis, siete años. Son de todas las edades. Van llevando a sus hijos, a los amigos, a las parejas, pero también van muchos niños. Niños que ven a la murga y, como pasa en Montevideo, quedan hipnotizados. O sea, no se mueven, no hacen lío, no corren, no saltan. Están ahí, clavados con la murga.

-¿Qué te produce el trabajar
en la murga con tus hijos?

-Felipe y Sole trabajan conmigo en la otra empresa, en la de publicidad, y también me ayudan con la murga, porque es una cosa muy familiar. Es algo que, como padre, me da muchísima satisfacción.

-Soledad es la única mujer de La Falta,
¿hay alguna explicación?

-Sí, es la única, y ayuda con los textos y, a veces, con el vestuario. A nivel de subirse al escenario, nunca, ninguna mujer lo hizo. Creo que hay como una atadura a lo clásico de la murga en mí. También hay opiniones dentro del grupo que dicen que una mujer cambiaría el equilibrio, y no sabemos todavía hasta qué punto sería bueno o malo. Puede sonar un poco machista, pero es la realidad. Cambia. Una mujer también cambiaría las condiciones en las que viajamos, que son bastante especiales porque estamos acostumbrados a una mecánica determinada. Y también porque no apareció todavía esa mujer que digas: "Es ella". Y si aparece, cambia todo, y no pasa nada. Creo que ya llegará. Una de las cosas que quiero hacer es una obra -que no sé si la vamos a llegar a realizar- para la que se me ocurrió que haya siete mujeres y siete hombres participando en toda su interrelación posible, tanto de pareja como de grupo. No sé en qué marco se daría, pero la idea es que toquen murga, que canten murga y que transcurra montada sobre ese género.

-¿Qué tipos de cuidados le dedican a la voz?
-El cuidado depende mucho del profesionalismo de cada uno, porque ahora ya no es tanto como antes. Tuve la suerte de salir con tipos que eran muy desprolijos, pero que me enseñaron mucho sobre el cuidado de la voz. Y tuve la suerte de salir con otros que podían hacer cualquier cosa de su vida y que, sin embargo, siempre cantaban bien. Por ejemplo, el Canario Luna, a quien he visto hacer proezas en su vida particular y después subir al escenario y seguir cantando. Claro, a la larga, lo vas sintiendo. Ahora hay otra cultura de cuidado del instrumento -como lo llamamos nosotros. Si bien cuando hay que hacer un poco de bardo se hace, en general, se trata de dormir bien, se trata de comer bien y se trata de no pasarse con las cosas habituales con las que uno no tiene que hacerlo.

-¿Cuáles son los murguistas referentes en tu vida?
-Cachela (Antonio Casaravilla) y Pepino (José Ministeri) fueron los dos primeros directores que me asombraron. Después, un muchacho que se llamaba Manuel, que salía en los Asaltantes con Patente, que cuando yo era chico los iba a ver ensayar y me quedaba fascinado mirándolo a él. Tenía un mechón blanco en el pelo. En aquella época, Asaltantes era una murga que mataba. Y aparecían todos los murguistas en los ensayos con golillas de seda que se ponían en la garganta para cuidarse y hacer pinta. Recuerdo que lo miraba a Manuel y me decía a mí mismo: "Cómo me gustaría llegar a ser como este tipo". Después tuve la admiración ya más profesional -y racional, diría- por José Pepe Veneno Alanís, que creo que fue un tipo que revolucionó a la murga en Uruguay, que le dio un tinte muy actual en el momento en que lo hizo. De la generación mía de letristas, admiro a José Morgade, de La Reina de la Teja; a José María Catuza Silva, que es anterior pero que hizo cosas muy importantes con Araca la Cana, y de las nuevas generaciones aprecio al Flaco Jorge Esmoris, que me parece el tipo más creativo que ha dado el carnaval en muchos años. Es maravilloso todo lo que hizo. Textualmente, tuve la suerte de salir con monstruos como el Canario Luna, Eduardo Pitufo Lombardo, Pablo Pinocho Routín, Roberto García, Julio Julián; todos muchachos que han hecho historia en el género. Y de la nueva camada me quedo con los hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo, de Agarrate Catalina, quienes me parece que son un hallazgo del carnaval, y con Diego Waizrub, un pibe de Queso Magro, que considero será otro de los letristas que va a dejar su huella en la historia de la murga. Todas las murgas que van surgiendo van demostrando su apego y su compromiso con el género. Van cambiando y tienen la obligación de renovar.

-¿Qué diferencias encuentran entre el público argentino y el uruguayo?
-Cantar en carnaval es como cantar en la casa de tu madre. Están tus hermanos, tus tíos, tus primos. Es el lugar más importante, porque es justamente la casa de tu madre; de donde saliste, donde te formaste. En Argentina, cuando salís, lo que encontrás es primero una distancia, muchas veces, pero cuando lográs traspasar esa distancia, ese vidrio, encontrás un afecto sin límite. ¿Por qué? Porque no hay cultura murguera; o sea, asombra. Lo primero que hace la estética es asombrar; significa que ya de entrada le "pegaste" al público. La cultura murguera local te dice que "murga" es una banda de locos que pasan por la calle tocando los bombos. Entonces, cuando van con la mente preparada para ver a esa banda de locos tocando bombos, encuentran una cosa totalmente distinta. Se dan cuenta que pagaron 10 cuando, si hubieran tenido que pagar 20, lo habrían hecho igual, porque lo que ven vale más de lo que se imaginaban. No porque no lo valga el producto que se imaginaban, sino porque ellos fueron a ver una cosa que pensaban de otra manera. Encontramos asombro, agradecimiento por esa devolución que les das, y después, si tenés la suerte de colgarlos en la historia, ahí, al no haber otras murgas, al no haber competencia, el cariño es infinito.

-¿Por qué, a pesar del afecto y el gusto del público, el jurado del carnaval no siempre parece tenerlos en cuenta?
-No podemos hacer una cosa, hablar de una manera, y pretender que todo se nos de. Si estamos haciendo una ejemplificación de ir contra el statu quo desde una murga -que inclusive va contra el statu quo carnavalero por los textos que canta-, es obvio que el jurado no reaccione a favor nuestro. Yo les decía a los muchachos: "Salimos demasiado arriba… Ni a la Liguilla tendríamos que haber entrado con las cosas que decimos". Vos podés estar muy bien, pero si se creen el cuento, no te dejan entrar en la Liguilla, porque les estás dando a ellos, al statu quo, a la competencia, criticando la ambición, todo lo que hace al conjunto. Que no digo que esté mal, porque también hace evolucionar al carnaval.

-¿Qué acciones encuentran dignas de ser criticadas en la actualidad?
-La Falta siempre ha sido muy crítica con la izquierda, por ejemplo. A pesar de que tenemos nuestra ideología y nuestra manera de pensar por la que hemos luchado durante muchos años, con la izquierda hemos sido una murga que siente que quienes están en el gobierno son como el hijo de la maestra. Si uno es hijo de la maestra es bravo, porque ella tiene que marcarlo más a uno que a nadie. Uno tiene que ser el mejor de la clase, porque sino van a decir que "pasaste" porque sos el hijo de la maestra. Entonces, con el gobierno de izquierda, tenemos que ser más críticos que con nadie. Una murga, para ser una murga, tiene que ser crítica siempre. Lo criticable que encuentro en este momento -que no es quizás atribuible al gobierno- es la falta de discusión ideológica que se da en todos los estratos de la sociedad. No existe la discusión ideológica y el trabajo ideológico con la gente -no para enseñar, sino para que todos podamos aprender-, y en esto pongo responsabilidades en los partidos políticos, en las organizaciones sociales, estudiantiles y obreras. Todos tenemos responsabilidad en eso. Nuestra labor como artistas es tirar letra para que surja esa discusión ideológica.



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Vea el final de la entrevista en la siguiente filmación,
donde Tintabrava deja su opinión sobre el conflicto
rioplatense de las Papeleras y la censura de la que
fueron parte en el Auditorio Belgrano, lugar en el
que ya habían arreglado por contrato presentarse
(en vez del Centro Cultural Konex, donde finalmente actuaron)]

 

 

+[INFO]:
-El poder de la palabra (Anarquía, en la Argentina), por Martín Muschietti (MV Prensa)
Link Nota Anarquía, en la Argentina
-Ensayo Fotográfico Backstage Anarquía, por Tomás Vela (MV Prensa)
Link Fotos Backstage Anarquía
-Ensayo Fotográfico Anarquía, por Tomás Vela (MV Prensa)
Link Fotos Anarquía

 


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(*) María Luz Carou (mariluz87@yahoo.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde mayo de 2007

 

[Agradecemos a Fabricio Lupo por su gran ayuda en la edición del video]

Imágenes:
Tomás Vela

© MV Prensa / Mayo de 2007

 


 
 
 
 
 
 
 


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