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Cuenta
la leyenda que alguna vez existió una murga llamada
Anarquía, que se vestía con ropa
arrancada de la realidad y que la lideraba un tal Viruta,
simpático personaje que se la pasaba preso por
ser el primer escrachador de burgueses, patrones y burócratas,
que denunciaba y se oponía a las injusticias
sociales. Desde el comienzo, Falta y Resto dejó
sentada su postura ideológica y el tono combativo
que tiene el mensaje de esta murga que pronto cumplirá
26 años: "Anarquía, voz que rima
con poesía, fantasía y alegría.
Verbo de resurrección". Esa frase, tan política
y religiosa, logró generar controversia (y censura)
incluso antes de que el espectáculo se presentase
en
Buenos Aires.
La
autoridades del Colegio Nuestra Señora de la
Misericordia, encargadas del Auditorio Belgrano, luego
de escuchar parte del repertorio de Falta y Resto, decidieron
que no era éticamente adecuado que la
reconocida murga uruguaya paseara su show Anarquía,
La leyenda de la Murga del Viruta por tan sagrado
escenario. Para bien de un público al que le
gusta decidir por sí mismo qué puede ver
(y juzgar) y qué no, finalmente la Falta se presentó
en el Centro Cultural Konex el sábado 19 y domingo
20 de mayo, con el poderoso contenido de sus letras,
sello distintivo de la banda liderada por Raúl
Tintabrava Castro.
Con
un repertorio crítico, punzante, reflexivo y
profundo, la Falta llevó a su audiencia a vivir
distintas emociones. El rap combativo Donde está
la libertad impregnó las paredes con un fuerte
discurso de unidad latinoamericana y crítica
hacia las naciones que, por acción u omisión,
se corrieron hacia
la derecha. En Aquí están, una canción
de melodía dulce y muy bien cantada por Ricardo
Viera, se homenajeó a todos los luchadores sociales
por su invaluable aporte a la humanidad. Pero los hermanos
orientales también se hicieron tiempo para protestar
por la división en categorías del concurso
de murgas en el verano charrúa.
"El
arte de la murga no es divisible. Por eso es imposible
hacerlo competir. De qué sirve un vestuario súper
concheto, o una escenografía descomunal. De qué
sirve un teatro supermoderno, si arriba del tablado
no hay carnaval". Y de paso, también dejó
bien clarita su visión de prioridades en una
murga. Para ellos, lo más importante es la letra
del repertorio: "De qué carajo sirven los
movimientos, si no se tiene nada para decir".
Ya
sobre el final, y luego de la despedida murguera, llegó
el turno de los bises. Los clásicos de Jaime
Ross, como Adiós juventud y Colombina, hicieron
vibrar a un público que quería seguir
de fiesta. El Viruta, con esa naturalidad que suelen
tener los personajes honestos y frontales, bailaba y
arengaba a la gente desde el escenario a que todavía
no se vayan. Y no se fueron, al menos enseguida.
Varios
minutos después de clamar por otra vuelta de
la Falta, el público, que cada vez comprende
mejor el alegre ritual murguense del carnaval uruguayo,
emprendió la retirada. Sus sonrisas, palabras
y silencios lo decían todo:
se fueron llenos de Anarquía.
+[INFO]:
-Entrevista a Raúl Tintabrava
Castro, por Ma. Luz Carou García (MV Prensa)
Link
Entrevista Tintabrava
-Ensayo Fotográfico Backstage Anarquía,
por Tomás Vela (MV Prensa)
Link
Fotos Backstage Anarquía
-Ensayo Fotográfico Anarquía, por
Tomás Vela (MV Prensa)
Link
Fotos Anarquía
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(*)
Martín Muschietti (martinmuschietti@hotmail.com)
es periodista.
Participa en MV Prensa desde abril de 2007
Imágenes:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Mayo de 2007
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