MÚSICA | Roger Waters en la Argentina
El lado eterno de la luna
Por Martín Muschietti*



De pronto, el estadio de River queda a oscuras. La excitación de las 50 mil personas que esperan ansiosos el ingreso de Roger Waters se palpa en el ambiente. Un hombre de unos sesenta años llora desconsoladamente ante los primeros acordes de In The Flesh. A su lado, su hijo treintañero lo mira con ternura y le da una palmada en la espalda. El joven mira a su madre y le dice: "Papá está emocionado". El señor se seca las lágrimas, sonríe y apunta sus binoculares directamente hacia Waters, quien levanta la mano derecha y saluda al público. Una fila de butacas más abajo, un adolescente mira al cielo y dice: "Uhhh, que temazo", mientras de fondo empieza a sonar Mother. Cuatro décadas separan al padre emocionado y al jovial muchachito. Los mismos 40 años que pasaron desde que saliera a la venta el primer disco de Pink Floyd, The Piper at the gates of dawn.

El tiempo pasa, la voz ya no es la misma, las canas ganaron en su cabellera. Waters pronto cumplirá 63 años. Su hijo Harry, tecladista de la banda que musicaliza el World Tour Dark side of the moon, nació cuatro años antes que aquel glorioso disco de marzo del '73 que hoy toca con su padre. Tal vez sea la eterna vigencia una de las claves que permita entender el éxito de la música de Pink Floyd. La amplitud etaria del público presente en los recitales de River, una muestra.

Las eras cambian. Ya no hablamos de guerra fría, ni de mundo bipolar. El enemigo común ahora es el terrorismo y su intérprete la globalización. Tampoco están el muro de Berlín ni la Unión Soviética. Las sociedades mutan y adoptan nuevos patrones culturales, sociales y económicos todo el tiempo, mientras Pink Floyd se atraviesa entre las generaciones casi con la irreverencia de saberse un referente ineludible de los jóvenes de
cualquier edad.

En épocas donde las empresas dedicadas a la tecnología atiborran el mercado con novedosos productos, el clásico espectáculo de luces de los encendedores se reemplaza por las coloridas pantallas de los miles de celulares que se agitan al ritmo Comfortably numb, el último tema de la lista. Simultáneamente, los flashes de cámaras digitales, para fotografiar y también filmar fragmentos del recital que luego se subirán a la red ciberespacial de Internet, nos terminan de indicar cuál es nuestro presente.

Finaliza el recital. El público se dispersa, confortablemente aturdido, por Libertador, por Monroe. En Barrancas de Belgrano, la familia tipo elige tomarse el 65. Padre e hijo adolescente, enfundados con sus remeras de Pink Floyd, conversan encantados del espectáculo de Waters, mientras madre e hija pequeña, silenciosamente, los escuchan. Luego la madre, al notar que su hija cabeceaba de sueño sentada en el piso del colectivo, le dice al padre con una mirada cómplice: "Me parece que se aburrió un poco". Quizás en diez años sea ella la que tenga puesta la remera de Pink Floyd.

 

 

 

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(*) Martín Muschietti (martinmuschietti@hotmail.com) es periodista.
Participa en MV Prensa desde abril de 2007

 


Imágenes:
http://www.desesperadaesperanca.com/
http://blog.pucp.edu.pe/

© MV Prensa / Abril de 2007



 
 
 
 
 
 
 


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