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En
una noche con muchos invitados y avalanchas de hits,
la banda de Quilmes tuvo su ansiado bautismo en el templo
de Avenida Del Libertador al 7300.
Luego
de una espera de casi diez años de trabajo, dedicación,
obediencia, sacrificio
y un poco de joda, el sábado Kapanga pudo trasladar
su alegría al estadio Obras. El Mono Martín
Fabio agradeció toda la noche el apoyo del público
que los había consagrado como una banda grande
en la Argentina. El ansiado debut fue, finalmente, exitoso.
Como
el camino hacia la meca había sido largo y lento,
procuraron que el banquete estuviera muy próximo
a la perfección y que cada detalle fuera contemplado.
A menos de una semana del show, el cantante había
anticipado que tres pantallas ubicadas al fondo del
escenario proyectarían animaciones con el arte
de ¡Esta!, su quinto y último disco, editado
en 2004. "Bastante peposa la cosa", explicó
con algo más de claridad días atrás
(Vea Entrevista
al Mono)
Las
mismas pantallas dieron prólogo a la gala cuando
las luces bajaron. "¡ÚLTIMO MOMENTO!
¡SE SEPARÓ KAPANGA!" rezaba la placa
de Crónica TV y ya corría el primer chiste
de la noche. "FUMATA BLANCA" amplió
el informativo y concluyó con la noticia esperada:
"HABEMUS KAPANGA". Ahora sí, luego
de décadas, Obras se había transformado
verdaderamente en un templo que celebraba la reunión
de los nuevos pontífices.
"¿Cómo
iniciar una noche hitera si no es con un hit?"
se habrán preguntado los músicos antes
de salir a saludar a los fieles. Desesperado, entonces,
fue el salmo que dio comienzo a la ceremonia.
Al
tema de apertura le siguieron la presentación
con Kapanga -casi una costumbre- y, más tarde,
Los Ojos. ¿Más hits? Bisabuelo, Cecator
El Borracho -con un fragmento de Stir It Up,
de Bob Marley- y Bailarín Asesino sacudieron
sin descanso.
Con
el correr de los temas, la mesa de la velada comenzó
a hacerse más y más grande. Ahora ya no
estaban sólo el Mono, el guitarrista Maiquel,
el bajista Balde, el baterista Maffia y el tecladista
Prince. Los invitados comenzaban a llegar y cada uno
buscaba su lugar. Sin embargo, entre el arribo de tantas
caras célebres fue un simple fan de la banda
quien abrió el generoso desfile de huéspedes,
y se sentó en la batería para tocar Maté
A Mi Madre.
"¿Quieren
rockear?" preguntó el Mono. Sin esperar
respuestas, Claudio Maffia tomó los palillos,
recuperó su lugar tras los parches y lanzó
los golpes que John Bonham creó en 1971 para
dar comienzo al tema Rock And Roll, de Led Zeppelin,
y que ahora anuncian un cuarteto kapanguero titulado
simplemente Rock. Pablo Guerra, ex integrante de Los
Piojos, Los Caballeros De La Quema
y actual No Tengo, puso su voz para este tema y para
Locos, ya más cerca del final.
Las
figuritas se pegaban y despegaban como en un álbum
de papel mantecoso. Los miembros de La 25 llegaron como
embajadores del rock stone durante La Taberna.
Un
grito sorprendió a la audiencia que se había
engolosinado con Flotar y Desearía. "Se
terminó la mentira del Mono, ¡Saquen a
ese careta del escenario!" exclamó Walter
Meza, cantante de Horcas, acompañado de personal
de control que expulsó al quilmeño de
las tablas. "¡Aguante Kapanga la concha de
la lora!" fue la arenga de Meza, que se prestó
a cantar Angus Young tal como sucede en Botanika -el
antecesor de ¡Esta!- y aportó todo su carisma
para levantar a la gente. La despedida del cantante
fue con dedicatoria: "¡Esto es para todos
los caretas, la puta madre!", exclamó.
Inmune
ante las denuncias de Meza, el Mono retornó a
su posición y Gustavo Rowek, ex baterista de
V8 y actual Nativo, se sentó en la batería
para el tema Buscar, igual que en ¡Esta!
El
cantante le preguntó a sus seguidores si querían
tranquilidad luego de semejante martillazo. La negativa
provocó al guitarrista Maiquel, que incriminó
a su gente: "Ustedes quieren joda, son todos drogadictos",
acusó. La versión de Demasiado sin la
presencia de Ricardo Mollo precedió a la llegada
de Goy y Piro de Karamelo Santo, que con hojas de chala
en pantalla entonaron Fumar muy contentos.
"Guarden
el momento que viene en sus retinas, porque quizás
nunca se repita", fue la presentación del
Mono para Mimi Maura, que se sumó a la ceremonia
galardonada con una ovación. Luego de cantar
a dúo El Beso Del Adiós, el Mono cambió
de compañero cuando Andrés Ciro, de Los
Piojos, se acercó y le puso su voz a Postal.
Todos, tanto los anfitriones como los invitados, parecían
estar exultantes por el ansiado bautismo de Kapanga.
Una vez más, las pantallas captaron algo de protagonismo.
Mientras sonaba El Loco, las placas de Crónica
TV anunciaron: "¡ATENCIÓN! INMINENTE
LLUVIA DE ALFAJORES". Contrario a la naturaleza
amarillista, el pronóstico fue realidad. Más
de mil alfajores llovieron sobre la gente que no tardó
en arrojarlos al escenario, en un rito tradicional kapanguero.
"Aguanten che, en El Teatro ya nos cagaron a pizzazos,
y ahora esto" rogó el Mono esquivando bultos
y sin perder el sentido del humor.
Los
cardenales tomaron un breve descanso luego de Karrito
De Rulemanes, un poderoso solo de guitarra de Maiquel
y el potpurrí Cuchá Cuchá, y volvieron
vestidos con togas blancas para el voto final. Una nueva
avalancha de hits fue la fórmula elegida para
el cierre. Al solo de Maffia le siguieron Remolino,
Me Mata, En El Camino, El Universal, El Mono Relojero,
y un último Kapanga para la despedida.
"¡Justicia
por los 193 muertos de Cromañón!",
gritó el Mono y sugirió: "Sean felices".
Estaba tan emocionado que no quería bajarse del
escenario, y se quedó un rato para saludar y
agradecer una vez más a los escultores de su
éxito: el público.
Vea las mejores Fotos
de Kapanga
Vea Entrevista
al Mono
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(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.
Imágenes:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Junio de 2005
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