MÚSICA | The White Stripes en Buenos Aires
Con dos alcanza (y sobra)
Por Mario Yannoulas*



Luego de su presentación del jueves en Misiones, los 'hermanos' White tocaron el sábado ante un público curioso que llenó el Luna Park, los ovacionó y se fue contento.

Era el sábado a la noche y la hora esperada había llegado. El reloj y su continua marcha alimentaban la ansiedad de las almas que colmaron el Luna Park, bajo una atmósfera calurosa que por momentos sofocaba y daba a cada minuto una duración extra.

Los asistentes probaban esa guitarra una y otra vez, y provocaban aplausos como si el show fuera a empezar. Sin embargo, todavía faltaba. Las nueve ya habían pasado hacía más de una hora y, hasta el momento, nada. Hacía rato que Carca había abandonado el escenario tras interpretar Estadio Azteca junto a Andrés Calamaro.

Finalmente, cuando las agujas marcaron las diez y diecinueve las luces se apagaron y el griterío subió. El dúo White apareció por un costado y en cuanto pisaron las tablas recibieron una ovación. Meg (hermana de Jack o no, según el día y lo que el guitarrista quiera declarar) lucía su clásico vestido rojo, el color que Jack eligió para los pantalones que combinó con una remera negra.

Luego de un comienzo poderoso con canciones a lo Iggy Pop & The Stooges, como Black Math, Jolene y Hotel Yorba, otros temas más suaves pincharon un poco el globo. Después de pasar por la guitarra y el piano, Jack White se puso frente al xilofón para luego colgarse una mandolina. Es él quien lleva adelante la banda y dirige a Meg, que no se complica demasiado con la batería.
El estilo extremadamente simple de la chica de rojo es original y da frescura a las canciones, aunque por momentos todo es tan sencillo y rústico que desespera.

Jack hizo desfilar a sus cuatro guitarras a lo largo de todo el recital para hacer temas como I Think I Smell a Rat, Little Bird, The Hardest Button To Button, You're Pretty Good Looking (For A Girl), y I Just Don't Know What To Do Whit Myself, entre otros. También presentaron dos temas nuevos que formarán parte de Get Behind Me Satan, su próximo álbum.

Por momentos, la música parecía una versión modelo 2005 de algún recital de Led Zeppelin. La voz de Jack en Ball & Biscuit remitía de a ratos a la de Robert Plant, y algunos pases de su guitarra traían a la mente el sonido de las cuerdas de Jimmy Page. Los White Stripes son la síntesis de años de rock and roll sumados a la fiebre actual por la música electrónica.

La gente fue a divertirse, no había mejor píldora para alegrarla que el ritmo ravero del bombo de Meg. Las vestimentas fueron muy variadas, desde remeras de Sumo hasta tapados de piel. Predominaron los curiosos por sobre los fanáticos, y eso que las entradas oscilaban entre los sesenta y los cien pesos. "Nos dijeron que no viniéramos a la Argentina porque no había plata", anunció Jack, mientras miraba la gran cantidad de público que ocupaba cada espacio del Luna. Contra muchos pronósticos, el show fue todo un éxito en ventas.

La performance del grupo fue algo despareja. La adrenalina subía y bajaba muy rápidamente, pasaban sin escalas de temas rabiosos a piezas serenas, y no pareció haber un hilo conductor en la lista de canciones. Sólo la gente de adelante de todo mantuvo el mismo entusiasmo a lo largo de los 85 minutos que duró el recital. De esta forma, la gran excitación provocada por un comienzo muy arriba no se volvió a producir sino hasta el final, cerca de la medianoche, cuando Seven Nation Army decoró el pastel. De todos modos demostraron que, si se deciden, pueden hacer el rock más poderoso con apenas dos instrumentos.





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(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.






Imágenes:
http://www.themodernage.org/
http://blog.xarli.net/

© MV Prensa / Mayo de 2005


 
 
 
 
 
 
 


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