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Luego
de su presentación del jueves en Misiones, los
'hermanos' White tocaron el sábado ante un público
curioso que llenó el Luna Park, los ovacionó
y se fue contento.
Era
el sábado a la noche y la hora esperada había
llegado. El reloj y su continua marcha alimentaban la
ansiedad de las almas que colmaron el Luna
Park,
bajo
una atmósfera calurosa que por momentos sofocaba
y daba a cada minuto una duración extra.
Los
asistentes probaban esa guitarra una y otra vez, y provocaban
aplausos
como si el show fuera a empezar. Sin embargo, todavía
faltaba. Las nueve ya habían pasado hacía
más de una hora y, hasta el momento, nada. Hacía
rato que Carca había abandonado el escenario
tras interpretar Estadio Azteca junto a Andrés
Calamaro.
Finalmente,
cuando las agujas marcaron las diez y diecinueve las
luces se apagaron y el griterío subió.
El dúo White apareció por un costado y
en cuanto pisaron las tablas recibieron una ovación.
Meg (hermana de Jack o no, según el día
y lo que el guitarrista quiera declarar) lucía
su clásico vestido rojo, el color que Jack eligió
para los pantalones que combinó con una remera
negra.
Luego
de un comienzo poderoso con canciones a lo Iggy Pop
& The Stooges, como Black Math, Jolene y Hotel Yorba,
otros temas más suaves pincharon un poco el globo.
Después de pasar por la guitarra y el piano,
Jack White se puso frente al xilofón para luego
colgarse una mandolina. Es él quien lleva adelante
la banda y dirige a Meg, que no se complica demasiado
con la batería.
El estilo extremadamente simple de la chica de rojo
es original y da frescura a las canciones, aunque por
momentos todo es tan sencillo y rústico que desespera.
Jack
hizo desfilar a sus cuatro guitarras a lo largo de todo
el recital para hacer temas como I Think I Smell a Rat,
Little Bird, The Hardest Button To Button, You're Pretty
Good Looking (For A Girl), y I Just Don't Know What
To Do Whit Myself, entre otros. También presentaron
dos temas nuevos que formarán parte de Get Behind
Me Satan, su próximo álbum.
Por
momentos, la música parecía una versión
modelo 2005 de algún recital de Led Zeppelin.
La voz de Jack en Ball & Biscuit remitía
de a ratos a la de Robert Plant, y algunos pases de
su guitarra traían a la mente el sonido de las
cuerdas de Jimmy Page. Los White Stripes son la síntesis
de años de rock and roll sumados a la fiebre
actual por la música electrónica.
La
gente fue a divertirse, no había mejor píldora
para alegrarla que el ritmo ravero del bombo de Meg.
Las vestimentas fueron muy variadas, desde remeras de
Sumo hasta tapados de piel. Predominaron los curiosos
por sobre los fanáticos, y eso que las entradas
oscilaban entre los sesenta y los cien pesos. "Nos
dijeron que no viniéramos a la Argentina porque
no había plata", anunció Jack, mientras
miraba la gran cantidad de público que ocupaba
cada espacio del Luna. Contra muchos pronósticos,
el show fue todo un éxito en ventas.
La
performance del grupo fue algo despareja. La adrenalina
subía y bajaba muy rápidamente, pasaban
sin escalas de temas rabiosos a piezas serenas, y no
pareció haber un hilo conductor en la lista de
canciones. Sólo la gente de adelante de todo
mantuvo el mismo entusiasmo a lo largo de los 85 minutos
que duró el recital. De esta forma, la gran excitación
provocada por un comienzo muy arriba no se volvió
a producir sino hasta el final, cerca de la medianoche,
cuando Seven Nation Army decoró el pastel. De
todos modos demostraron que, si se deciden, pueden hacer
el rock más poderoso con apenas dos instrumentos.
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(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.
Imágenes:
http://www.themodernage.org/
http://blog.xarli.net/
©
MV Prensa / Mayo de 2005
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