|
El
sábado, la banda de los hermanos Ruiz Díaz
fue una aplanadora sobre el escenario de Núñez.
Fuerza, energía e intensidad fueron las constantes
del recital.
El
pasado 14 de mayo Catupecu Machu brindó en el
estadio Obras un show potente y contundente. De cada
poro de los músicos brotó toda la energía
que luego el público retribuyó.
El recital fue vibración pura porque:
>
Fue un show compacto, de pocas palabras y mucha música.
Veinticuatro temas en dos horas resultaron suficiente
para demostrarlo.
>
Los cuatro músicos tuvieron la misma actitud
avasalladora sobre el escenario.
>
Por momentos despojaron al típico "bombo
en negras" de la música electrónica
de su frivolidad y lo cargaron de una energía
rockera inconmensurable.
>
La banda ganó en prolijidad sin perder empuje
y frescura. Ahora está en su punto justo.
>
Los sintetizadores de Macabre aportaron nuevos ingredientes
al vivo y contribuyeron a la solidez de las bases de
Javier Herrlein en la batería.
>
El sonido fue nítido y poderoso. Los bajos retumbaban
en el pecho y te movían hasta los dientes; los
sonidos más agudos, provenientes de la guitarra
de Fernando Ruiz Díaz en temas como Plan B, Eso
Vive y Dale!, llegaban fuerte pero sin hacer cortocircuito
con el oído.
>
Si bien faltaron más temas de los dos primeros
discos, las circunstancias demostraron que las últimas
producciones del grupo no perdieron fibra.
>
No convirtieron a la presentación de El Número
Imperfecto, su último disco, en una sucesión
embolante de temas nuevos. Todo sumó para celebrar
una excelente noche de rock.
>
El cierre fue muy arriba: el bolichero Eso Vive, Y Lo
Que Quiero Es Que Pises Sin El Suelo, Dale! -que generó
una infernal ronda de pogo en el medio del campo-, Magia
Veneno -pese a que Rolando Graña lo quemó,
impactó como la primera vez- Épico y el
bis Elevador casi hacen saltar hasta al personal de
control.
>
El corto bloque de tranquilidad conservó restos
de adrenalina. Si la versión de Refugio con Zeta
Bosio en el bajo fue un poco tediosa, Entero A Pedazos
levantó nuevamente el nivel, y un Fernando Ruiz
Díaz inspiradísimo puso la cereza del
postre con una interpretación a capella de El
Número Imperfecto que dejó boquiabiertos
a varios.
>
Ver al bajista, guitarrista y también cantante
Gabriel Ruiz Díaz en acción es más
estimulante que tomar una caja de anfetaminas. Fernando
Ruiz Díaz, por su parte, se manejó muy
cómodo sobre el escenario.
>
Los músicos se adaptan a lo que cada tema pide.
Así Macabre puede tocar el bajo, Gabriel Ruiz
Díaz la guitarra y Fernando usar sólo
la voz.
>
Su estilo particular y sin mensajes separatistas permitió
la unión de públicos muy diferentes. Remeras
de Hermética, Soda Stereo y los Redondos convivieron
en perfecta armonía.
>
Pese a que el show fue siempre intenso, el clima fue
distendido arriba y abajo del escenario.
>
Los cuatro saben que el aporte del público es
importante. Por eso transformaron el vivo en un ida
y vuelta permanente con la gente.
Por
todo esto y, seguramente, algo más, Catupecu
hoy se postula silenciosa como una de las bandas más
poderosas de la escena local. Habrá que ver quién
le hace frente.
Vea las mejores instantáneas del show en: Fotos
Catupecu Machu
-----
(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.
Imagen:
Tomás Vela
©
MV Prensa / Mayo de 2005
|