MÚSICA | Pier en La Trastienda
El que ríe último…
Por Mario Yannoulas*



El grupo de los hermanos Cerezo festejó los diez años de vida a puro rocanrol con una recorrida por sus cuatro discos, y homenajeó a Pappo.

"¡Dale Pier, dale Pier, te vinimos a ver, alucinados como la primera vez!". El grito quebró la tranquilidad de la noche del viernes en Balcarce al 400. No eran multitudes, sino dos fanáticos bastante entonados que, apostados contra la pared del estacionamiento contiguo a La Trastienda, festejaron la llegada de los músicos al lugar. Todavía era temprano, faltaba una hora para las doce, el horario indicado para que el telón se abriera.

Mientras los dos fanáticos sentaban las bases del aguante, un auto rojo estacionó contra la vereda de enfrente y a su grito se sumó el de un pelilargo corpulento que abrió el baúl de su Fiat y dejó sonar El ritual de los pibes atentos. Así comenzó la historia de Pier en San Telmo.

La influencia de Cromañón se dejó ver en algunos aspectos. Sobre la boletería un cartel anuncia que el local es de "canto, baile y variedades" como para no dejar dudas. Las entradas del viernes y el sábado se agotaron días antes y obligaron a agregar una función el domingo porque, en un intento por eludir los manejos que el año pasado produjeron 193 muertes, no se pusieron tantas a la venta. Igual existieron serias fallas de organización: hubo que esperar a que Pequeña Orquesta Reincidentes, que tocó ahí mismo horas antes, desarmara su set a la hora en la que Pier ya debía estar sobre el escenario.

Pese a estos disgustos, una vez adentro, lo de afuera pasa a la marginalidad y se olvida. Una y cuarto el telón se abrió y una pantalla proyectó el video de Al Filo Del Peligro, el segundo corte de difusión de Seguir Latiendo, la última producción del grupo, que suele apostar a este tipo de preludios multimediales en sus shows.

Un rato después los hermanos Cerezo y el bajista Nicolás Ferreirós abordaron al escenario y la gente tuvo su primer agite con Fervor De Los Sueños. El primero de los tres festejos por los diez años de Pier ya era realidad.

El sonido y las luces acompañaron con éxito desde el principio hasta el final. Agustín Cerezo aportaba su toque de glamour y prolijidad tanto en la vestimenta como en las melodías de su guitarra, Eugenio Cerezo transpiraba buena onda sentado tras su batería blanca, y Ramiro Cerezo instaba a la gente a cantar con él mientras se acomodaba el auricular que brotaba rebelde de su oído.

El esfuerzo de la banda por cortar la fuerte ligadura que, según muchos críticos, los ata a la música y la lírica ricoteras, no encuentra resultados entre su público. Las remeras y los tatuajes de los Redondos fueron amplia mayoría toda la velada. Sin embargo, si se descuenta que el registro de voz y la actitud escénica de Ramiro Cerezo son muy similares a las del Indio Solari,
la influencia del grupo platense no se distingue tan claramente en la música de Pier.

El estilo propio de Agustín Cerezo florece en muchas canciones y el dominio de palillos de Eugenio es tan sorprendente que genera un espectáculo aparte.

Por momentos parecía transformar la madera en plastilina. Queda la sensación de que el grupo irá encontrando cada vez más su propia identidad y la presión de cargar con un pedacito del mito de los redondos se diluirá con el paso del tiempo.

Más tarde sonarían temas como La Ilusión Que Me Condena, La Última Risa, El Mar De Sangre, Ángeles Del Olvido, Prisionera Robot y La Gorra De Carmelo, entre otros.

Ante un pequeño altercado entre dos espectadores, el cantante reaccionó: "Si se pelean nos vamos, no tocamos más, así nomás se los digo". Con la amenaza logró disuadir los conflictos o, por lo menos, ahogarlos por un rato.

Tras un breve intervalo vendría otra avalancha de rocanrol: Juego Mufado, De Andar Elegante y la hipnótica Sacrificio y Rock ´N´ Roll calentaron aún más el clima. Llegó un homenaje para Pappo: "Esto es para el mejor guitarrista que tuvo y tendrá nuestro país", dijo Ramiro Cerezo para anunciar Ruta 66. "Él era uno de nosotros" le explicó más tarde a su audiencia.

Ya en la recta final la banda se despachó con Al Filo Del Peligro, esta vez en vivo y sin video, y El Narigón Del Barranco para, como dice el Indio Solari, pasar a la "franela" de despedirse para después volver.

"Es mi sangre que te quiere ver brillar, este es mi corazón el que te quiere a vos" coreaba el público anticipando el ocaso de una noche sin oscuridades. "Gracias por invitarnos a su fiesta", exclamó el vocalista en una de las tantas despedidas.

Los músicos debían estar contentos: festejaron la primera década del grupo junto a su gente, que se mostró agradecida y prometió volver sábado y domingo para las dos funciones restantes. Así que ya sabés, si estás sediento de rocanrol, no te preocupes, que esta noche toca Pier.






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(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.






Imagen:
http://www.piersite.com.ar/

© MV Prensa / Abril de 2005


 
 
 
 
 
 
 


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