|
El
grupo de los hermanos Cerezo festejó los diez
años de vida a puro rocanrol con una recorrida
por sus cuatro discos, y homenajeó a Pappo.
"¡Dale
Pier, dale Pier, te vinimos a ver, alucinados como la
primera vez!". El grito quebró la tranquilidad
de la noche del viernes en Balcarce al 400. No eran
multitudes, sino
dos fanáticos
bastante entonados que, apostados contra la pared del
estacionamiento contiguo a La Trastienda, festejaron
la llegada de los músicos al lugar. Todavía
era temprano, faltaba una hora para las doce, el horario
indicado para que el telón se abriera.
Mientras
los dos fanáticos sentaban las bases del aguante,
un auto rojo estacionó contra la vereda de enfrente
y a su grito se sumó el de un pelilargo corpulento
que abrió el baúl de su Fiat y dejó
sonar El ritual de los pibes atentos. Así comenzó
la historia de Pier en San Telmo.
La
influencia de Cromañón se dejó
ver en algunos aspectos. Sobre la boletería un
cartel anuncia que el local es de "canto, baile
y variedades" como para no dejar dudas. Las entradas
del viernes y el sábado se agotaron días
antes y obligaron a agregar una función el domingo
porque, en un intento por eludir los manejos que el
año pasado produjeron 193 muertes, no se pusieron
tantas a la venta. Igual existieron serias fallas de
organización: hubo que esperar a que Pequeña
Orquesta Reincidentes, que tocó ahí
mismo horas antes, desarmara su set a la hora en la
que Pier ya debía estar sobre el escenario.
Pese
a estos disgustos, una vez adentro, lo de afuera pasa
a la marginalidad y se olvida. Una y cuarto el telón
se abrió y una pantalla proyectó el video
de Al Filo Del Peligro, el segundo corte de difusión
de Seguir Latiendo, la última producción
del grupo, que suele apostar a este tipo de preludios
multimediales en sus shows.
Un
rato después los hermanos Cerezo y el bajista
Nicolás Ferreirós abordaron al escenario
y la gente tuvo su primer agite con Fervor De Los Sueños.
El primero de los tres festejos por los diez años
de Pier ya era realidad.
El
sonido y las luces acompañaron con éxito
desde el principio hasta el final. Agustín Cerezo
aportaba su toque de glamour y prolijidad tanto en la
vestimenta como en las melodías de su guitarra,
Eugenio Cerezo transpiraba buena onda sentado tras su
batería blanca, y Ramiro Cerezo instaba a la
gente a cantar con él mientras se acomodaba el
auricular que brotaba rebelde de su oído.
El
esfuerzo de la banda por cortar la fuerte ligadura que,
según muchos críticos, los ata a la música
y la lírica ricoteras, no encuentra resultados
entre su público. Las remeras y los tatuajes
de los Redondos fueron amplia mayoría toda la
velada. Sin embargo, si se descuenta que el registro
de voz y la actitud escénica de Ramiro Cerezo
son muy similares a las del Indio Solari,
la influencia del grupo platense no se distingue tan
claramente en la música de Pier.
El
estilo propio de Agustín Cerezo florece en muchas
canciones y el dominio de palillos de Eugenio es tan
sorprendente que genera un espectáculo aparte.
Por momentos parecía transformar la madera en
plastilina. Queda la sensación de que el grupo
irá encontrando cada vez más su propia
identidad y la presión de cargar con un pedacito
del mito de los redondos se diluirá con el paso
del tiempo.
Más
tarde sonarían temas como La Ilusión Que
Me Condena, La Última Risa, El Mar De Sangre,
Ángeles Del Olvido, Prisionera Robot y La Gorra
De Carmelo, entre otros.
Ante
un pequeño altercado entre dos espectadores,
el cantante reaccionó: "Si se pelean nos
vamos, no tocamos más, así nomás
se los digo". Con la amenaza logró disuadir
los conflictos o, por lo menos, ahogarlos por un rato.
Tras
un breve intervalo vendría otra avalancha de
rocanrol: Juego Mufado, De Andar Elegante y la hipnótica
Sacrificio y Rock ´N´ Roll calentaron aún
más el clima. Llegó un homenaje para Pappo:
"Esto es para el mejor guitarrista que tuvo y tendrá
nuestro país", dijo Ramiro Cerezo para anunciar
Ruta 66. "Él era uno de nosotros" le
explicó más tarde a su audiencia.
Ya
en la recta final la banda se despachó con Al
Filo Del Peligro, esta vez en vivo y sin video, y El
Narigón Del Barranco para, como dice el Indio
Solari, pasar a la "franela" de despedirse
para después volver.
"Es
mi sangre que te quiere ver brillar, este es mi corazón
el que te quiere a vos" coreaba el público
anticipando el ocaso de una noche sin oscuridades. "Gracias
por invitarnos a su fiesta", exclamó el
vocalista en una de las tantas despedidas.
Los
músicos debían estar contentos: festejaron
la primera década del grupo junto a su gente,
que se mostró agradecida y prometió volver
sábado y domingo para las dos funciones restantes.
Así que ya sabés, si estás sediento
de rocanrol, no te preocupes, que esta noche toca Pier.
-----
(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.
Imagen:
http://www.piersite.com.ar/
©
MV Prensa / Abril de 2005
|