MÚSICA |
Volver a empezar
Por Mario Yannoulas*



Centenares de miles de personas se reencontraron con el rock después del incendio en Cromañón. Cómo se desarrollaron los festivales del verano en un marco de tristeza que no pudo ni quiso eludir las 193 muertes del 30 de diciembre, pero que volvió a festejar por la música.


Dejar atrás la angustia por Cromañón. Esa pareció ser la consigna que marcó subyacentemente a los tres festivales de rock más importantes del comienzo de 2005: Cosquín Rock, Gesell Rock y Siempre Rock.

Luego de que el incendio del 30 de
diciembre de 2004 en un recital de Callejeros produjera 193 muertes, el rock debía demostrar que aquellos que no pasaron un buen fin de año todavía tienen motivos para divertirse con la música.

En su quinta edición, el ya tradicional Cosquín Rock abandonó, paradójicamente, la plaza Próspero Molina, y arribó a la comuna de San Roque, una localidad ubicada a veinte minutos de la ciudad de Córdoba y a diez de Villa Carlos Paz. Así, durante cinco jornadas 124 mil personas disfrutaron de casi cien bandas del ámbito local e internacional. A pesar de la buena cantidad de gente, según Nueva Tribu, la empresa que desde este año organiza el evento, la recaudación fue de 1.583.400 pesos, monto que no llegó a cubrir los 2.400.000 pesos invertidos en la producción.

Algunos de los grupos locales que se presentaron fueron Divididos, Babasónicos, Bersuit Vergarabat, Las Pelotas, Charly García, Attaque 77, Catupecu Machu, el recientemente difunto Pappo (Ver nota), y Almafuerte, entre otros. Hubo otros artistas extranjeros como Molotov, Sepultura, Hereford, Abuela Coca, Barón Rojo y Marky Ramone. Sebastián Teysera, cantante de la banda uruguaya La Vela Puerca, habló del último 30 de diciembre: "El rock uruguayo también está de luto", anunció. También Carajo y La 25 expresaron su dolor por la muerte de las 193 personas.

Este año, el Cosquín prometía ser un evento campestre más parecido a los históricos festivales de Woodstock y la Isla de Wight que tuvieron lugar hace más de treinta años en los Estados Unidos. En su primera fecha, el miércoles 2 de febrero, se presentó Charly García con ingreso libre para todos los que tuvieran entrada para fechas posteriores. El músico continuó con las chiquilinadas que lo caracterizan. A último momento pidió más potencia en los equipos y que en el escenario principal no tocaran otras bandas. Así se hizo desear durante cuatro horas ante las 40 mil personas que se amontonaron frente al escenario principal para verlo.

García dice no ser muy adepto a los festivales. Incluso durante la última edición del Quilmes Rock había amenazado con no participar de ninguno más. En Gesell, le dijo a su público que era culto, que no parecía de festival. Teniendo en cuenta estas declaraciones no se entiende por qué este verano el creador del Say No More fue uno de los artistas que más se presentaron en este tipo de espectáculos, ya que además de la ciudad costera y la localidad cordobesa, también actuó en el Festival Campo Konex, que se desarrolló entre el 18 y el 20 de febrero en el pueblo bonaerense de Carlos Keen, cerca de la ciudad de Luján.

Además de Charly, en el Konex se presentaron Luis Alberto Spinetta, Vicentico, Kevin Johansen, Luis Salinas y Javier Malosetti, entre otros. El evento buscaba sumar "Arte+Naturaleza", es decir, combinar música, muestras de arte y fotografía, talleres y ferias de productos con otras actividades a realizar al aire libre como cabalgatas, bicicleteadas y distintos deportes. Quien quisiera disfrutar de los tres días con transporte incluido, debía desembolsar sesenta pesos, mientras que el pase diario costaba veinte, el precio normal para los eventos de este tipo. La consigna lanzada por la Fundación Konex, organizadora del Festival Verano Porteño en 2004, reunió a casi 18 mil espectadores.

Otra de las bandas que más sonaron en el verano fue Bersuit: estuvo en Cosquín, Gesell y Siempre Rock. Los de pijama abrieron la temporada rockera en la ciudad de la costa y el cantante Gustavo Cordera no eludió las muertes de Cromañón: "Tal vez este sea le aprendizaje más brutal que hayamos tenido y tengamos que preguntarnos qué tenemos que hacer para cuidarnos. Nosotros somos responsables de que las luces estén bien colgadas, de que
el vallado no se caiga y de que entren y se vayan bien del concierto.
Ustedes son responsables de sus vidas. Nada de fabricación militar es buena onda" explicó.

La seguridad del público fue el principal objetivo a cubrir en Gesell Rock, porque se trató del primer festival después del recital fatídico de Once. Al igual que Siempre Rock y Cosquín, los organizadores difundieron por todos los medios cuáles serían las medidas a tomar durante las cuatro fechas. Se anunciaron, entre otras medidas, la presencia de 35 socorristas voluntarios, dos ambulancias de alta complejidad, cuatro médicos emergentólogos, 130 agentes de seguridad, cien policías, guardia permanente de bomberos y servicio nocturno de guardavidas en las playas.

Según muchos de los asistentes, la prevención pasó el límite de la obsesión. Entre banda y banda las pantallas indicaban, apoyadas en la voz de Alejandro Nagy, dónde se encontraban las salidas de emergencia y ya levantaban una fuerte silbatina.

Durante el cierre del Gesell Rock, antes del show de Las Pelotas, el cantante Alejandro Sokol dijo: "Hace poco había gente así de fiesta como nosotros y de repente pasó lo que ya sabemos. Sólo vamos a pedir un exacto minuto de silencio para los que ahora no están", y todas las voces callaron por respeto a las víctimas. Las Pelotas confirmó su gran momento y también cerró el festival de Cosquín el 6 de febrero. Nuevamente apareció el fantasma de Cromañón cuando un fanático encendió una bengala y el grupo debió interrumpir el tema Capitán América. "Apagá eso, pelotudo" gritó el guitarrista Germán Daffunchio, y Sokol agregó: "Una más y no seguimos". Todos hicieron caso.

Otro episodio con una bengala fugaz se dio en Siempre Rock, en la plaza Próspero Molina, en la ciudad de Cosquín, Córdoba, antigua sede del Cosquín Rock. Cuando Intoxicados tocaba el rap Una Vela alguien quiso iluminar el cielo pero fue disuadido a golpes por otros espectadores.

La organización del Siempre Rock corrió por cuenta de Jordan S.A., la empresa del actor y conductor Jorge Guinzburg. Las dos fechas fueron encabezadas, respectivamente, por Bersuit y Andrés Calamaro, que se presentó como solista en la Argentina luego de seis años de ausencia.

Además de las cuatro convocatorias ya mencionadas, también en la provincia de Córdoba, en Capilla del Monte, se desarrolló la cuarta edición del festival Oye Reggae. Muchas de las cinco mil personas que asistieron entre el 29 y el 30 de enero se encontraron con una deficiente organización del evento que reunió a bandas importantes devotas del ritmo jamaiquino. Cuando la lluvia mostró los dientes, el público no contó con la infraestructura necesaria para refugiarse. Sin embargo, más allá de ese problema, quienes gustan del estilo tuvieron nuevamente su propio sitio.

Así pasó otra temporada veraniega de rock and roll, quizás una de las más duras de la historia. Pese a la excesiva proximidad con lo ocurrido en Cromañón, fue un buen espacio para que todos reflexionaran un poco
más sobre quién tiene la culpa de qué y de cómo debemos cuidarnos a nosotros mismos.





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(*) Mario Yannoulas (myannoulas@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MV Prensa desde julio de 2004.






Imagen:
http://www.cosquinrock2005.com/

© MV Prensa / Marzo de 2005

 


 
 
 
 
 
 
 


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