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¿Quién
me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
(Antonio Machado)
Hace unos días el presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, se refirió a Jesús como
el más grande socialista de la historia. No me
interesa aquí hacer una defensa o un ataque de
su persona. Sólo quisiera hacer algunas observaciones
sobre una típica reacción que causaron
sus palabras por diversas partes del mundo.
Tal
vez decir que Jesús era socialista es como decir
que Tutankamón era egipcio o Séneca era
español. No deja de ser una imprecisión
semántica. Sin
embargo,
aquellos que en este tiempo se han acercado
a mí con cara de espantados por las palabras
del "chico malo" ¿lo hacían
en función de algún razonamiento o simplemente
en función de los códigos impuestos por
un discurso dominante?
En
lo personal, siempre me ha incomodado el poder acumulado
en un solo hombre. Pero si el señor Chávez
es un hombre poderoso en su país, en cambio no
es él el responsable del actual orden que rige
en el mundo. Para unos pocos, el mejor orden posible.
Para la mayoría, la fuente de la violencia física
y, sobre todo, moral.
Si
es un escándalo imaginar a un Jesús socialista,
¿por qué no lo es, entonces, asociarlo
y comprometerlo con la cultura y la ética capitalista?
Si es un escándalo asociar a Jesús con
el eterno rebelde, ¿por qué no lo es,
en cambio, asociarlo a los intereses de los sucesivos
imperios -exceptuando el más antiguo imperio
romano? Aquellos que no discuten la sacralizad del capitalismo
son, en gran número, fervientes seguidores de
Jesús. Mejor dicho, de una imagen particular
y conveniente de Jesús. En ciertos casos no sólo
seguidores de su palabra, sino administradores de su
mensaje.
Todos,
o casi todos, estamos a favor de cierto desarrollo económico.
Sin embargo, ¿por qué siempre se confunde
justicia social con desarrollo económico? ¿Por
qué es tan difundida aquella teología
cristiana que considera el éxito económico,
la riqueza, como el signo divino de haber sido elegido
para entrar al Paraíso, aunque sea por el ojo
de una aguja?
Tienen
razón los conservadores: es una simplificación
reducir a Jesús a su dimensión política.
Pero esta razón se convierte en manipulación
cuando se niega de plano cualquier valor político
en su acción, al mismo tiempo que se usa su imagen
y se invocan sus valores para justificar una determinada
política. Es política negar la política
en cualquier iglesia. Es política presumir de
neutralidad política. No es neutral un observador
que presencia pasivo la tortura o la violación
de otra persona. Menos neutral es aquel que ni siquiera
quiere mirar y da vuelta la cabeza para rezar. Porque
si el que calla otorga, el indiferente legitima.
Es
política la confirmación de un statu
quo que beneficia a una clase social y mantiene
sumergida otras. Es político el sermón
que favorece el poder del hombre y mantiene bajo su
voluntad y conveniencia a la mujer. Es terriblemente
política la sola mención de Jesús
o de Mahoma antes, durante y después de justificar
una guerra, una matanza, una dictadura, el exterminio
de un pueblo o de un solo individuo.
Lamentablemente,
aunque la política no lo es todo, todo es política.
Por lo cual, una de las políticas más
hipócritas es afirmar que existe alguna acción
social en este mundo que pueda ser apolítica.
Podríamos atribuir a los animales esta maravillosa
inocencia, si no supiésemos que aún las
comunidades de monos y de otros mamíferos están
regidas no sólo por un aclaro negocio de poderes
sino, incluso, por una historia que establece categorías
y privilegios. Lo cual debería ser suficiente
para menguar en algo el orgullo de aquellos opresores
que se consideran diferentes a los orangutanes por la
sofisticada tecnología de su poder.
Hace
muchos meses escribimos sobre el factor político
en la muerte de Jesús. Que su muerte estuviese
contaminada de política no desmerece su valor
religioso sino todo lo contrario. Si el hijo de Dios
bajó al mundo imperfecto de los hombres y se
sumergió en una sociedad concreta, una sociedad
oprimida, adquiriendo todas las limitaciones humanas,
¿por qué habría de hacerlo ignorando
uno de los factores principales de esa sociedad que
era, precisamente, un factor político de resistencia?
¿Por
qué Jesús nació en un hogar pobre
y de escasa gravitación religiosa? ¿Por
qué no nació en el hogar de un rico y
culto fariseo? ¿Por qué vivió casi
toda su vida en un pueblito periférico, como
lo era Nazareth, y no en la capital del imperio romano
o en la capital religiosa, Jerusalén? ¿Por
qué fue hasta Jerusalén, centro del poder
político de entonces, a molestar, a desafiar
al poder en nombre de la salvación y la dignidad
humana más universal? Como diría un xenófobo
de hoy: si no le gustaba el orden de las cosas en el
centro del mundo, no debió dirigirse allí
a molestar.
Recordemos
que no fueron los judíos quienes mataron a Jesús
sino los romanos. Aquellos romanos que nada tienen que
ver con los actuales habitantes de Italia, aparte del
nombre. Alguien podría argumentar que los judíos
lo condenaron por razones religiosas. No digo que las
razones religiosas no existieran, sino que éstas
no excluyen otras razones políticas: la clase
alta judía, como casi todas las clases altas
de los pueblos dominados por los imperios ajenos, se
encontraba en una relación de privilegio que
las conducía a una diplomacia complaciente con
el imperio romano. Así también ocurrió
en América, en tiempos de la conquista. Los romanos,
en cambio, no tenían ninguna razón religiosa
para sacarse de encima el problema de aquel rebelde
de Nazareth. Sus razones eran, eminentemente, políticas:
Jesús representaba una grave amenaza al pacífico
orden establecido por el imperio.
Ahora,
si vamos a discutir las opciones políticas de
Jesús, podríamos referirnos a los textos
canonizados después del concilio de Nicea, casi
trescientos años después de su muerte.
El resultado teológico y político de este
concilio fundacional podría ser cuestionable.
Es decir, si la vida de Jesús se desarrolló
en el conflicto contra el poder político de su
tiempo, si los escritores de los Evangelios, algo posteriores,
sufrieron de persecuciones semejantes, no podemos decir
lo mismo de aquellos religiosos que se reunieron en
el año 325 por orden de un emperador, Constantino,
que buscaba estabilizar y unificar su imperio, sin por
ello dejar de lado otros recursos, como el asesinato
de sus adversarios políticos.
Supongamos
que todo esto no importa. Además hay puntos muy
discutibles. Tomemos los hechos de los documentos religiosos
que nos quedaron a partir de ese momento histórico.
¿Qué vemos allí?
El
hijo de Dios naciendo en un establo de animales. El
hijo de Dios trabajando en la modesta carpintería
de su padre. El hijo de Dios rodeado de pobres, de mujeres
de mala reputación, de enfermos, de seres marginados
de todo tipo. El hijo de Dios expulsando a los mercaderes
del templo. El hijo de Dios afirmando que más
fácil sería para un camello pasar por
el ojo de una aguja que un rico subiese al reino de
los cielos (probablemente la voz griega kamel
no significaba camello sino una soga enorme que
usaban en los puertos para amarrar barcos, pero el error
en la traducción no ha alterado la idea de la
metáfora). El hijo de Dios cuestionando, negando
el pretendido nacionalismo de Dios. El hijo de Dios
superando leyes antiguas y crueles, como la pena de
muerte a pedradas de una mujer adúltera. El hijo
de Dios separando los asuntos del César de los
asuntos de su Padre. El hijo de Dios valorando la moneda
de una viuda sobre las clásicas donaciones de
ricos y famosos. El hijo de Dios condenando el orgullo
religioso, la ostentación económica y
moral de los hombres. El hijo de Dios entrando en Jerusalén
sobre un humilde burro. El hijo de Dios enfrentándose
al poder religioso y político, a los fariseos
de la Ley y a los infiernos imperiales del momento.
El hijo de Dios difamado y humillado, muriendo bajo
tortura militar, rodeado de pocos seguidores, mujeres
en su mayoría. El hijo de Dios haciendo una incuestionable
opción por los pobres, por los débiles
y marginados por el poder, por la universalización
de la condición humana, tanto en la tierra como
en el cielo.
Difícil
perfil para un capitalista que dedica seis días
de la semana a la acumulación de dinero y medio
día a lavar su conciencia en la iglesia; que
ejercita una extraña compasión
(tan diferente a la solidaridad) que consiste
en ayudar al mundo imponiéndole sus razones por
las buenas o por las malas.
Aunque
Jesús sea hoy el principal instrumento de los
conservadores que se aferran al poder, todavía
es difícil sostener que no fuera un revolucionario.
Precisamente no murió por haber sido complaciente
con el poder político de turno. El poder no mata
ni tortura a sus adulones; los premia. Queda para los
otros el premio mayor: la dignidad. Y creo que pocas
figuras en la historia, sino ninguna otra, enseña
más dignidad y compromiso con la humanidad toda
que Jesús de Nazareth, a quien un día
habrá que descolgar de la cruz.
+[INFO]:
-Jorge Majfud, selección de artículos
y ensayos
http://www.majfud.50megs.com/
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(*)
Jorge Majfud. Escritor uruguayo (1969). Graduado
arquitecto de la Universidad de la República
del Uruguay, fue profesor de diseño y matemáticas
en distintas instituciones de su país y en el
exterior. En el 2003 abandonó sus profesiones
anteriores para dedicarse exclusivamente a la escritura
y a la investigación. En la actualidad enseña
Literatura Latinoamericana en The University of Georgia,
Estados Unidos. Ha publicado Hacia qué patrias
del silencio (novela, 1996), Crítica de la pasión
pura (ensayos 1998), La reina de América (novela.
2001), El tiempo que me tocó vivir (ensayos,
2004). Es colaborador de La República, El País,
La Vanguardia, Tiempos del Mundo, Rebelión, Resource
Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Eco
Latino, Jornada, Centre des Médias Alternatifs
du Québec, etc. Es miembro del Comité
Científico de la revista Araucaria de España.
Ha colaborado en la redacción de Enciclopedia
de Pensamiento Alternativo, a editarse en Buenos Aires.
Sus ensayos y artículos han sido traducidas al
inglés, francés, portugués y alemán.
Ha sido expositor invitado en varios países.
En 2001 fue finalista del Premio Casa de las Américas,
Cuba, por la novela La reina de América. Ha obtenido
recientemente el Premio Excellence in Research Award
in humanities & letters, UGA, Estados Unidos, 2006.
Participa en MV Prensa desde marzo de 2007
Imágenes:
http://www.crvineyard.org/
http://hometown.aol.com/
Archivo Personal JM
© MV Prensa / Marzo de 2007
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