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Una
nueva manera de escribir está tomando fuerza
en España desde hace ya diez años y recientemente
en la Argentina. Los seguidores de la microficción
afirman que es la forma más difícil e
inteligente de escribir, pero existen quienes creen
que no puede ser considerada un género y que
es utilizada por escritores que no quieren esmerarse
en escribir un cuento o una novela.
La microficción es definida como la narrativa
que ocupa el espacio de una página. La norma
principal es su duración, la idea es que pueda
leerse de un solo vistazo. Los más radicales
escriben sólo dos o tres frases y hasta se ha
considerado microficción a sólo algunas
palabras juntas.
"Como
característica principal está la concisión,
el rigor con las palabras y cierta cualidad de impacto,
de golpear de manera veloz al lector sin darle tiempo
a reaccionar" afirma Raúl Brasca, principal
referente del género en nuestro país.
El
escritor argentino de microficción Fabián
Vique se pregunta: "¿Son historias o son
orejas de historias? Córtazar decía que
novela es película y cuento es foto. Yo digo:
Microficción es negativo de foto. Son apenas
sugerencias porque la vida es breve".
Si
bien la microficción no surgió como género
independiente, porque tiene muchos puntos en común
con otras formas breves de escritura, hoy en día
es considerada como un sistema narrativo autosuficiente.
Y lo hizo gracias a que adopta las leyes genéricas
del cuento, intensificando o comprimiendo sus componentes
y a veces apelando a la comprensión del lector
para completar su sentido.
"Es
interesante la estructura abierta que propone. El relato
exige un lector participativo que, además de
su familiaridad con la literatura, sepa completar o
inferir el sentido de lo narrado. En algunos casos el
lector es interpelado a proponerle una conclusión
al relato", amplía el escritor español
Juan Armando Epple.
También
Brasca, editor y autor de microrrelatos, reflexiona:
"La microficción no es sólo una nueva
manera de escribir, sino también de leer. Proporciona
una nueva visión del mundo a partir de un montón
de partículas".
Entre
los argentinos que estudian microficción, además
de Raúl Brasca, escriben Clara Obligado, Ana
María Shua, David Lagmanovich, Rodolfo Fogwill,
Luisa Valenzuela y Andrés Neuman (radicado en
España), entre otros.
Cabe
aclarar que antiguamente Marco de Nevi, Jorge Luis Borges,
Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar escribían
en esta clave que aún no tenía nombre.
También utilizan esta forma de escritura el uruguayo
Eduardo Galeano, el español Juan José
Millás con sus articuentos y lo hacían
el guatemalteco Augusto Monterroso y la ucraniana, que
se radicó en Brasil, Clarice Lispector.
Monterroso
opinaba acerca del género: "Lo cierto es
que el escritor de brevedades nada anhela más
en el mundo que escribir interminables largos textos,
largos textos en los que la imaginación no tenga
que trabajar". El fanatismo que propaga la microficción
se debe a que ha sido mucho tiempo menospreciada por
escritores clásicos que consideraban al género
como un híbrido entre poema y cuento.
La
temática se repite en muchos textos, aquí
una microficción del argentino David Lagmanovich
lo demuestra: "La línea levantó la
cabeza y me mordió la mano con la que escribía.
Comprendí que mi obsesión con el microrrelato
era excesiva y me puse a escribir un cuento de extensión
convencional. Un párrafo se enroscó y
saltó hacia mí, hiriéndome en el
calcañar con su cola ponzoñosa. Entonces
me instalé en el territorio más conocido
de la novela. Algunos capítulos suscitan mi desconfianza.
Vivo inquieto, maquinando estrategias para proteger
la yugular".
Sin
embargo, como afirma Ana María Shua: "En
nuestro país tenemos una tradición muy
fuerte en microficción, pero, por alguna razón,
la gente no tiene esa impresión".
Este
año se realizó en la Argentina el primer
Encuentro de Microficción en el mes de junio
donde se reunieron durante tres días escritores
de Venezuela, Chile, México y España.
Así se prepararon algunas cuestiones para el
III Congreso Internacional de Microficción, que
se realizó el 5, 6 y 7 de noviembre en Suiza.
El primero se llevó a cabo en España y
el segundo en Chile. La sede del encuentro en Buenos
Aires fue el Centro Cultural de España (Cceba)
y fue dirigido por Raúl Brasca y Luisa Valenzuela.
En
Internet hay dos páginas que hablan sobre Microficción,
la española Literaturas.com, dedicada exclusivamente
a mini ficciones que aparecieron luego impresas en las
compilaciones Quince líneas y Galería
de hiperbreves; y está la página mexicana
Ficticia, que convoca a un certamen de microficción.
Incluso hasta hay un diario inglés, el The Daily
Telegraph, con un concurso permanente de lo que llaman
minisagas, donde piden mini cuentos realistas que no
deben tener ni más ni menos que cincuenta palabras.
Los
textos hiperbreves, relatos mínimos, ficciones
súbitas, relatitos, textículos, los ultra
cortos, microscópicos, bonsái o como quieran
llamarse van tomando cada vez más fuerza y fanáticos
que pregonan su lema: "Lo bueno, si breve, dos
veces bueno".
Algunas Microficciones
Diez
Minutos (Fabián Vique)
A
las doce y diez, su corazón se detuvo.
A las doce y nueve, escuchó la campanilla del
teléfono.
A las doce y siete, evocó una cena en la que
su padre había llorado.
A las doce y seis, sintió que su espalda se mojaba.
A las doce y cinco vio una araña inmóvil
en el cielo raso.
A las doce y cuatro, escuchó el grito: "Y
la sal, Jorge? La sal
"
A las doce y tres minutos abrió los ojos.
A las doce y tres segundos cayó al suelo.
A las doce en punto apretó el gatillo.
Problema de Comunicación (Ana María Shua)
¡Arriad
el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el
foque! Repite el segundo. ¡Orzad a estribor! Grita
el capitán. ¡Orzad a estribor! Repite el
segundo. ¡Cuidado con el bauprés! Grita
el Capitán. ¡Cuidado con el bauprés!
Repite el segundo. Entretanto, la tormenta crece y los
marineros corremos de un lado a otro de la cubierta,
desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario,
nos vamos a pique sin remedio.
El dinosaurio (Augusto Monterroso)
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba
allí
10 consejos para escritores de Cuentos Brevísimos
Por Ana María Shua
1.
Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas)
y transformarlas en un pequeño universo.
2. Trabajar con los conocimientos de lector, que sabe
más de lo que cree.
3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo,
en este hiperbrevísimo "Huyamos, los cazadores
de letras est-n aqu-"
4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen
en un rebaño ordenado. Tener el corral preparado
de antemano.
5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una
sola trama. O no. Cortar lo que sobra
6. Trabajar la primera versión como una piedra
en bruto a la que hay que tallar hasta obtener un diamante
facetado. Si no es posible librarse incluso de la más
mínima imperfección, tirar la piedra a
la basura, sin piedad.
7. Si conseguiste atraparlo, es que está mal.
Un buen microrrelato resulta tan inasible y resbaladizo
como cualquier pez o cualquier buen texto literario.
8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos,
incrustados en otros textos, brillando.
9. Prueba de calidad: si es realmente bueno, muerde.
10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.
Publicaciones recomendables:
-Por
favor, sea breve, de Clara Obligado. Editorial Páginas
de Espuma.
-Casa de Geishas, de Ana María Shua. Editorial
Sudamericana.
-Los Microrrelatos de la Quimera, de Neus Rotger y Fernando
Valls (comp.) Editorial Montesinos.
-Antología del cuento breve y oculto, de Raúl
Brasca y Luis Chitarroni (comp.) Editorial Sudamericana.
-Dos veces bueno 2 o Cuentos brevísimos latinoamericanos,
de Raúl Brasca (comp.) Editorial Sudamericana.
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(*)
Gabriela Larralde (glarralde@mvprensa.com.ar)
es periodista.
Participa en MVPrensa desde marzo de 2005.
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MV Prensa / Noviembre de 2006
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