CULTURA | Literatura
Microficción: ¿Género revolucionario
o Vagancia estilística?
Por Gabriela Larralde*



Una nueva manera de escribir está tomando fuerza en España desde hace ya diez años y recientemente en la Argentina. Los seguidores de la microficción afirman que es la forma más difícil e inteligente de escribir, pero existen quienes creen que no puede ser considerada un género y que es utilizada por escritores que no quieren esmerarse en escribir un cuento o una novela.

La microficción es definida como la narrativa que ocupa el espacio de una página. La norma principal es su duración, la idea es que pueda leerse de un solo vistazo. Los más radicales escriben sólo dos o tres frases y hasta se ha considerado microficción a sólo algunas palabras juntas.

"Como característica principal está la concisión, el rigor con las palabras y cierta cualidad de impacto, de golpear de manera veloz al lector sin darle tiempo a reaccionar" afirma Raúl Brasca, principal referente del género en nuestro país.

El escritor argentino de microficción Fabián Vique se pregunta: "¿Son historias o son orejas de historias? Córtazar decía que novela es película y cuento es foto. Yo digo: Microficción es negativo de foto. Son apenas sugerencias porque la vida es breve".

Si bien la microficción no surgió como género independiente, porque tiene muchos puntos en común con otras formas breves de escritura, hoy en día es considerada como un sistema narrativo autosuficiente. Y lo hizo gracias a que adopta las leyes genéricas del cuento, intensificando o comprimiendo sus componentes y a veces apelando a la comprensión del lector para completar su sentido.

"Es interesante la estructura abierta que propone. El relato exige un lector participativo que, además de su familiaridad con la literatura, sepa completar o inferir el sentido de lo narrado. En algunos casos el lector es interpelado a proponerle una conclusión al relato", amplía el escritor español Juan Armando Epple.

También Brasca, editor y autor de microrrelatos, reflexiona: "La microficción no es sólo una nueva manera de escribir, sino también de leer. Proporciona una nueva visión del mundo a partir de un montón de partículas".

Entre los argentinos que estudian microficción, además de Raúl Brasca, escriben Clara Obligado, Ana María Shua, David Lagmanovich, Rodolfo Fogwill, Luisa Valenzuela y Andrés Neuman (radicado en España), entre otros.

Cabe aclarar que antiguamente Marco de Nevi, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar escribían en esta clave que aún no tenía nombre. También utilizan esta forma de escritura el uruguayo Eduardo Galeano, el español Juan José Millás con sus articuentos y lo hacían el guatemalteco Augusto Monterroso y la ucraniana, que se radicó en Brasil, Clarice Lispector.

Monterroso opinaba acerca del género: "Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminables largos textos, largos textos en los que la imaginación no tenga que trabajar". El fanatismo que propaga la microficción se debe a que ha sido mucho tiempo menospreciada por escritores clásicos que consideraban al género como un híbrido entre poema y cuento.

La temática se repite en muchos textos, aquí una microficción del argentino David Lagmanovich lo demuestra: "La línea levantó la cabeza y me mordió la mano con la que escribía. Comprendí que mi obsesión con el microrrelato era excesiva y me puse a escribir un cuento de extensión convencional. Un párrafo se enroscó y saltó hacia mí, hiriéndome en el calcañar con su cola ponzoñosa. Entonces me instalé en el territorio más conocido de la novela. Algunos capítulos suscitan mi desconfianza. Vivo inquieto, maquinando estrategias para proteger la yugular".

Sin embargo, como afirma Ana María Shua: "En nuestro país tenemos una tradición muy fuerte en microficción, pero, por alguna razón, la gente no tiene esa impresión".

Este año se realizó en la Argentina el primer Encuentro de Microficción en el mes de junio donde se reunieron durante tres días escritores de Venezuela, Chile, México y España. Así se prepararon algunas cuestiones para el III Congreso Internacional de Microficción, que se realizó el 5, 6 y 7 de noviembre en Suiza. El primero se llevó a cabo en España y el segundo en Chile. La sede del encuentro en Buenos Aires fue el Centro Cultural de España (Cceba) y fue dirigido por Raúl Brasca y Luisa Valenzuela.

En Internet hay dos páginas que hablan sobre Microficción, la española Literaturas.com, dedicada exclusivamente a mini ficciones que aparecieron luego impresas en las compilaciones Quince líneas y Galería de hiperbreves; y está la página mexicana Ficticia, que convoca a un certamen de microficción. Incluso hasta hay un diario inglés, el The Daily Telegraph, con un concurso permanente de lo que llaman minisagas, donde piden mini cuentos realistas que no deben tener ni más ni menos que cincuenta palabras.

Los textos hiperbreves, relatos mínimos, ficciones súbitas, relatitos, textículos, los ultra cortos, microscópicos, bonsái o como quieran llamarse van tomando cada vez más fuerza y fanáticos que pregonan su lema: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno".



Algunas Microficciones

Diez Minutos (Fabián Vique)

A las doce y diez, su corazón se detuvo.
A las doce y nueve, escuchó la campanilla del teléfono.
A las doce y siete, evocó una cena en la que su padre había llorado.
A las doce y seis, sintió que su espalda se mojaba.
A las doce y cinco vio una araña inmóvil en el cielo raso.
A las doce y cuatro, escuchó el grito: "Y la sal, Jorge? La sal…"
A las doce y tres minutos abrió los ojos.
A las doce y tres segundos cayó al suelo.
A las doce en punto apretó el gatillo.


Problema de Comunicación (Ana María Shua)

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque! Repite el segundo. ¡Orzad a estribor! Grita el capitán. ¡Orzad a estribor! Repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés! Grita el Capitán. ¡Cuidado con el bauprés! Repite el segundo. Entretanto, la tormenta crece y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.


El dinosaurio (Augusto Monterroso)

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…


10 consejos para escritores de Cuentos Brevísimos
Por Ana María Shua

1. Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas) y transformarlas en un pequeño universo.
2. Trabajar con los conocimientos de lector, que sabe más de lo que cree.
3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo, en este hiperbrevísimo "Huyamos, los cazadores de letras est-n aqu-"
4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen en un rebaño ordenado. Tener el corral preparado de antemano.
5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una sola trama. O no. Cortar lo que sobra
6. Trabajar la primera versión como una piedra en bruto a la que hay que tallar hasta obtener un diamante facetado. Si no es posible librarse incluso de la más mínima imperfección, tirar la piedra a la basura, sin piedad.
7. Si conseguiste atraparlo, es que está mal. Un buen microrrelato resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez o cualquier buen texto literario.
8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos, incrustados en otros textos, brillando.
9. Prueba de calidad: si es realmente bueno, muerde.
10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.



Publicaciones recomendables:

-Por favor, sea breve, de Clara Obligado. Editorial Páginas de Espuma.
-Casa de Geishas, de Ana María Shua. Editorial Sudamericana.
-Los Microrrelatos de la Quimera, de Neus Rotger y Fernando Valls (comp.) Editorial Montesinos.
-Antología del cuento breve y oculto, de Raúl Brasca y Luis Chitarroni (comp.) Editorial Sudamericana.
-Dos veces bueno 2 o Cuentos brevísimos latinoamericanos, de Raúl Brasca (comp.) Editorial Sudamericana.



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(*) Gabriela Larralde (glarralde@mvprensa.com.ar) es periodista.
Participa en MVPrensa desde marzo de 2005.

Imágenes:
http://www.ilhn.com/
http://www.cdha.nshealth.ca/

© MV Prensa / Noviembre de 2006



 
 
 
 
 
 
 


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