|
El
hambre no es un mito, son los mitos los que nos impiden
acabar con el hambre. Por lo menos 780 millones de personas
no tienen lo suficiente para comer. Cada año
el hambre mata 12 millones de niños en todo el
mundo. ¿Por qué hay tanta hambre? ¿Qué
podemos hacer acerca de esto? Para responder estas preguntas
necesitamos desaprender mucho de lo que nos ha sido
enseñado. Solamente liberándonos de la
manera de concebir este problema que es ampliamente
divulgada a través de mitos podremos entender
las raíces del hambre y ver qué podemos
hacer para terminar con ella.
Mito 1: No hay suficientes alimentos para todos
Realidad: Abundancia, no escasez, es lo
que mejor describe la disponibilidad de comida en el
mundo. Suficiente trigo, arroz y otros granos son producidos
para proveer a cada ser humano 3.500 calorías
al día. Esto sin considerar siquiera muchos otros
alimentos consumidos comúnmente, como vegetales,
frijoles, nueces, tubérculos, frutas, carnes
o pescados.
Hay
suficientes alimentos disponibles para proveer por lo
menos 4,3 libras de comida por persona al día
en todo el mundo: dos libras y media de grano, de frijoles
y nueces, alrededor de una libra de frutas y de vegetales
y casi una libra de carne, leche y huevos -esto sería
suficiente para engordar a casi todo el mundo.
El
problema es que mucha gente es muy pobre para comprar
los alimentos que hay disponibles. Inclusive muchos
de los "países con hambre" tienen suficiente
comida para toda su población en este momento.
Muchos de ellos son exportadores netos de alimentos
y de otros productos agrícolas.
Mito 2: La naturaleza es culpable de la hambruna
Realidad:
Es muy fácil culpar a la naturaleza. Fuerzas
creadas por los seres humanos están haciendo
a la gente cada vez más vulnerable a los caprichos
de la naturaleza. Hay siempre comida disponible para
aquellos que puedan pagarla y la hambruna, en los tiempos
difíciles golpea solamente a los más pobres.
Millones
viven al borde del desastre en el sur de Asia, África
y otras partes, porque fueron despojados de sus tierras
por una minoría poderosa, y están atrapados
permanentemente por la presión de las deudas
o recibiendo salarios miserables. Los eventos naturales
rara vez explican las muertes; ellos son simplemente
el empujón final sobre el abismo. Instituciones
y políticas, hechas por seres humanos, determinan
quienes comen y quienes pasan hambre en los tiempos
difíciles.
Asimismo,
en los Estados Unidos, muchos de los que no tienen casa
mueren de frío cada invierno y a pesar de esto
la responsabilidad última no la tiene el clima.
Los reales culpables son una economía incapaz
de ofrecer a todos oportunidades y una sociedad que
coloca la eficiencia económica por encima de
la compasión.
Mito 3: Hay demasiada gente
La
Realidad es que las tasas de nacimiento están
decreciendo rápidamente en todo el mundo. En
algunas regiones del Tercer Mundo se empieza a tener
una transición demográfica cuando las
tasas de crecimiento caen como respuesta a una caída
en las tasas de mortalidad. Aunque el rápido
crecimiento de la población sigue siendo una
seria preocupación en muchos países, en
ninguna parte la densidad de la población explica
el hambre.
Por
cada país densamente poblado y con problemas
de hambre como Bangladesh, encontramos países
como Nigeria, Brasil o Bolivia, donde abundantes recursos
alimentarios coexisten con el hambre. Costa Rica, únicamente
con la mitad de hectáreas de cultivo por persona
de Honduras, tiene una expectativa de vida -uno de los
indicadores de nutrición- once años superior
a la de Honduras y muy cerca de la de los países
desarrollados.
El
rápido crecimiento de la población no
es la causa originaria del hambre. Como el hambre misma,
resulta de las desigualdades básicas que despojan
a las personas, especialmente a las mujeres pobres,
de oportunidades económicas y seguridad. El rápido
crecimiento de la población y del hambre son
endémicos a las sociedades donde la propiedad
de las tierras, los trabajos, la educación, el
cuidado de la salud y la seguridad de las personas de
la tercera edad están fuera del alcance de la
mayoría de las personas.
Aquellas
sociedades del Tercer Mundo con éxitos impresionantes
y rápidas reducciones de la tasa de crecimiento
de la población como China, Sri Lanka, Colombia,
Cuba y el estado de Kerala en la India, demuestran que
la vida de los pobres, especialmente de las mujeres
pobres, debe mejorar antes de que pueda escoger tener
menos hijos.
Mito 4: Más alimentos a costa del medio ambiente
Realidad:
Debemos estar alarmados de que la crisis del medio ambiente
está disminuyendo los recursos para la producción
de alimentos, pero el tener que escoger entre nuestro
medio ambiente y la necesidad del mundo por alimentos
no es inevitable. Los esfuerzos por alimentar a los
hambrientos no están causando la crisis ambiental.
Grandes
corporaciones son las principales responsables de la
deforestación porque crean, y se benefician de,
la demanda de maderas tropicales y alimentos exóticos
o fuera de estación para los consumidores de
los países desarrollados.
La
mayoría de los pesticidas usados en el Tercer
Mundo son aplicados a los cultivos de exportación,
que juegan un rol muy pequeño en la alimentación
de los hambrientos, mientras que en los Estados Unidos
estos son utilizados para darle una impecable apariencia
cosmética a los productos, sin ninguna mejoría
en su valor nutricional. Existen alternativas en este
momento y muchas más son posibles.
El
éxito de los agricultores orgánicos en
los Estados Unidos, ofrece una idea de las posibilidades.
El éxito reciente de Cuba al superar su crisis
alimentaria a través de autoabastecimiento y
de una agricultura sostenible y casi totalmente libre
de pesticidas, es otro buen ejemplo. Realmente, alternativas
agrícolas ecológicamente sustentables
pueden ser más productivas que las que destruyen
el medio ambiente.
Mito 5: La Revolución Verde es la respuesta
Realidad:
Los avances productivos de la Revolución Verde
no son un mito. Gracias a las semillas mejoradas, muchos
más millones de toneladas de granos están
siendo cosechadas por año. Pero enfocándose
solamente en el incremento de la producción no
puede aliviar el hambre porque falla en la alteración
de la apretada concentración de la distribución
del poder económico que determina quienes pueden
comprar los alimentos adicionales.
Es
por esto que en varios de los países en que los
que ha tenido mayores éxitos la Revolución
Verde -India, México y las Filipinas- la producción
de granos y en algunos casos las exportaciones han aumentado,
mientras que el hambre ha persistido y la capacidad
productiva de los suelos a largo plazo se ha degradado.
Ahora debemos combatir las amenazas de una "Nueva
Revolución Verde" basada en la biotecnología,
la cual amenaza con acentuar mucho más las desigualdades.
Mito 6: Las fincas más grandes son las más
eficientes
Realidad:
Grandes propietarios que controlan gran parte de las
mejores tierras con frecuencia dejan muchas de ellas
improductivas. Sistemas injustos de producción,
dejan las tierras agrícolas en manos de los productores
más ineficientes. En contraste, pequeños
agricultores normalmente obtienen entre cuatro y cinco
veces más rendimiento por hectárea, en
parte porque trabajan sus tierras en una forma más
intensiva y emplean sistemas productivos integrados,
y con frecuencia más sostenibles.
Sin
una posesión segura, muchos millones de campesinos
en el Tercer Mundo tienen poco incentivo para invertir
en mejorar las tierras, hacer rotación de cultivos,
o dejar tierras en descanso para favorecer la fertilidad
a largo plazo. El futuro de la producción alimentaria
no está amenazado. Por otro lado, la redistribución
de tierras puede favorecer la producción.
Reformas
agrarias integrales han incrementado notablemente la
producción en países tan diversos como
Japón, Zimbabwe y Taiwán. Un estudio del
Banco Mundial del nordeste del Brasil, estima que redistribuyendo
las tierras en pequeñas parcelas se incrementaría
la producción hasta en un sorprendente 80 por
ciento.
Mito 7: El libre mercado puede terminar con el hambre
Realidad:
Desafortunadamente, la fórmula: "el mercado
es bueno, el gobierno es malo" nunca puede ayudar
a dirigir los esfuerzos hacia las causas del hambre.
Esta posición dogmática nos lleva a pensar
equivocadamente que una sociedad puede optar por uno
o por otro, cuando de hecho toda economía en
el mundo combina el mercado y el gobierno en la designación
de recursos y distribución de bienes.
De
todas maneras, las eficiencias maravillosas del mercado
solamente pueden trabajar para eliminar el hambre, cuando
el poder de compra esté ampliamente repartido.
Entonces todos aquellos que creen en la inutilidad del
mercado y en la necesidad de terminar con el hambre
deben concentrarse en la promoción no en el mercado,
sino en los consumidores.
En
esta tarea, el gobierno tiene un rol muy importante
contrarrestando la tendencia hacia la concentración
económica, a través de impuestos reales,
créditos y reformas agrarias para distribuir
el poder de compra hacia los pobres. Las recientes tendencias
hacia la privatización y desregulación
no son definitivamente la respuesta.
Mito
8: El comercio libre es la respuesta
Realidad:
La fórmula de promoción del comercio ha
probado ser uno de los peores fracasos para aliviar
el hambre. En casi todos países del Tercer Mundo
las exportaciones se han incrementado mientras que el
hambre continúa e inclusive ha empeorado. Mientras
que las exportaciones de soya se han incrementado en
Brasil -para alimentar el ganado Japonés y Europeo-
el hambre se ha ampliado de un tercio a dos tercios
de la población.
En
donde la mayoría de la población ha sido
empobrecida tanto que no pueden comprar los alimentos
producidos en las tierras de su propio país,
aquellos que controlan los recursos productivos orientan
su producción a los mercados más lucrativos
en el exterior. La producción de cultivos de
exportación ocupa el lugar de la producción
de alimentos básicos.
Las
políticas en favor del comercio como NAFTA y
GATT ponen a competir a las clases trabajadoras de diferentes
países unos contra otros, en condiciones desfavorables,
donde las bases de competencia son quien trabajará
por menor pago, sin un cubrimiento adecuado de salud
o sin un mínimo de condiciones ambientales.
México
y los Estados Unidos son un ejemplo relevante: desde
que empezó el TLC se ha tenido una pérdida
neta de 250,000 trabajos en USA, mientras en México
se han perdido 2 millones de empleos y el hambre está
aumentando en los dos países.
Mito 9: Demasiado hambrientos para poder luchar por
sus derechos
Realidad:
Bombardeados por imágenes de personas pobres,
muy débiles y pasando hambre, hemos perdido de
vista lo obvio: para aquellos con pequeños recursos
la simple supervivencia requiere de un esfuerzo tremendo.
Si los pobres fueran verdaderamente pasivos, muy pocos
de ellos podrían sobrevivir.
Alrededor
del mundo, desde los Zapatistas en Chiapas, México,
hasta el movimiento de los agricultores en India, en
cualquier parte donde la gente está sufriendo
innecesariamente, se encuentran movimientos que quieren
cambiar las cosas. Los pueblos se alimentarán
por si mismos, si se les permite hacerlo.
No
es nuestro trabajo arreglar las cosas para los otros.
Nuestra responsabilidad es remover los obstáculos
de su camino, obstáculos creados con frecuencia
por grandes corporaciones y las políticas de
Estados Unidos, el Banco Mundial y del Fondo Monetario
Internacional.
Mito 10: Más ayuda de los EEUU ayudará
contra el hambre
Realidad:
Casi todas las ayudas de los EEUU trabajan empeorando
el hambre. La ayuda extranjera únicamente puede
reforzar, y no cambiar, el "statu quo". Donde
los gobiernos responden únicamente a las élites,
la ayuda de EEUU no sólo falla en alcanzar a
las personas con hambre, también soporta las
propias fuerzas que están trabajando en contra
de ellos.
Nuestra
ayuda es usada para imponer libre intercambio y libres
políticas de mercado, para promover las exportaciones
a expensas de la producción de alimentos y para
proveer armamentos que los gobiernos represivos usan
para permanecer en el poder.
Inclusive
la ayuda de emergencia, o humanitaria, que alcanza solamente
el 5 por ciento del total, con frecuencia termina enriqueciendo
a las compañías estadounidenses de granos
mientras fracasa en llegar a aquellos con hambre y puede
disminuir peligrosamente la producción local
de alimentos en el país que la recibe.
Sería
mejor utilizar el presupuesto de ayuda internacional
de EEUU para aliviar incondicionalmente la deuda, ya
que es el peso de la deuda externa lo que está
forzando a muchos países del Tercer Mundo a hacer
recortes en los servicios básicos de salud, educación
y programas de lucha contra la pobreza.
Mito 11: Nosotros nos beneficiamos de su pobreza
Realidad:
La más grande amenaza al bienestar de la gran
mayoría de estadounidenses no es el avance del
hambre pero sí el continuo despojo de los hambrientos.
Los bajos salarios -tanto en los otros países
como en EEUU- pueden significar bananos, camisetas,
computadores y comidas rápidas más baratas
para muchos estadounidenses, pero de otra forma en EEUU
se paga un precio muy alto por el hambre y la pobreza.
La
pobreza impuesta en el Tercer Mundo amenaza los trabajos,
salarios, y las condiciones de trabajo en EEUU ya que
las corporaciones buscan mano de obra más barata
en el exterior. En una economía global, lo que
los trabajadores estadounidenses han conseguido en empleo,
niveles salariales, y en sus condiciones de trabajo,
pueden ser protegidos únicamente cuando las clases
trabajadoras en cada país son liberadas de la
desesperación económica.
En
los EEUU, políticas como la reforma al sistema
de beneficencia lanzó más gente al mercado
de la que éste puede absorber -a los niveles
mínimos de la escala salarial en el caso de los
trabajos de servicio público requerido a los
beneficiarios del sistema- lo cual ejerce presión
en los salarios de aquellos que se encuentran en los
rangos altos de la escala de empleos.
Los
crecientes números de "trabajadores pobres"
son aquellos que tienen trabajos con salarios bajos
de medio tiempo o tiempo completo y sin embargo no tienen
con qué adquirir una adecuada alimentación
o habitación para sus familias. Educándonos
acerca de los intereses comunes que muchos estadounidenses
comparten con los pobres del Tercer Mundo y en los EEUU,
nos permite ser compasivos sin caer en la lástima.
Trabajando
para despejar el camino por el que los pobres puedan
liberarse ellos mismos de la opresión económica,
nos libera también a nosotros.
Mito 12: ¿Restringir la libertad para acabar
con el hambre?
Realidad:
No hay razón teórica o práctica
para que la libertad, asumida para significar libertades
civiles, sea incompatible con terminar con el hambre.
Examinando el mundo, no vemos correlación entre
el hambre y las libertades civiles. Sin embargo, una
estrecha definición de libertad -el derecho a
la acumulación ilimitada de propiedad productora
de riqueza y el derecho a utilizar esa propiedad de
cualquier manera que a uno le parezca- está en
conflicto fundamental con la tarea de acabar con el
hambre.
En
contraste, una definición de libertad más
consistente con la visión fundante de la nacionalidad
estadounidense sostiene que la seguridad económica
para todos es la garantía de la libertad para
todos sus ciudadanos. Esta comprensión de la
libertad es esencial para acabar con el hambre.
NOTA
Esta es la traducción del breve resumen preparado
por Food First (www.foodfirst.org) del libro World hunger:
12 Myths, Segunda Edición, de Frances Moore Lappé,
Joseph Collins y Peter Rosset con Luis Esparza. Grove
Press y Food First Books, Octubre 1998. Traducción:
María Isabel Gutiérrez. Alfredo José
Parra. IMCA, Buga, Colombia.
-----
(*) Periodismo Social (http://www.periodismosocial.org.ar/)
es una iniciativa fundada en 2000 por Alicia Cytrynblum,
periodista especializada en temas sociales. PS colabora
con los periodistas para facilitar un abordaje más equitativo
del sector social en los medios de comunicación con
el objetivo de mejorar el diálogo entre ambos actores.
Fuente:
Periodismo Social, 12.01.07
http://www.periodismosocial.net/
Red Latina sin Fronteras - Servindi
http://www.servindi.org/
Imágenes:
http://www.accioncontraelhambre.org/
http://colaboraonline.risolidaria.org/
© MV Prensa / Febrero de 2007
|