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George
W. Bush es un jugador que apuesta fuerte. Cuando un
apostador así pierde, pierde en grande. George
W. Bush ha perdido en grande. En Irak y en Estados Unidos.
Cuando
en 2003 Estados Unidos invadió Irak, parecía
que, pese a su avasallador poderío militar, podía
perder la guerra. No tardó
mucho en darse cuenta que estaba perdiéndola.
Estamos en un momento en que Estados Unidos ha perdido
la guerra, irremediablemente. El objetivo estadounidense
en Irak era instalar en el poder a un gobierno estable,
amigable, que le permitiera el asentamiento de bases
militares. Es claro ya que si es estable, no será
amigable. Y si es amigable, no será estable.
El
7 de noviembre, el Partido Republicano perdió
las elecciones de mitad del periodo. Como admitió
el propio Bush, en todas las cerradas competencias el
margen fue estrecho, pero en lo general se trató
de un "golpazo". El grado del golpazo quedó
subrayado por el hecho de que, después de las
elecciones, las encuestas señalaron que Bush
seguía cayendo todavía más.
La
razón número uno fue el hecho de que casi
todos los estadounidenses sintieron que la guerra en
Irak iba mal y querían regresar a sus soldados
a casa. Incluso en los distritos donde el candidato
demócrata no hizo de esto un punto de campaña,
pesó en el trasfondo. Sin duda hubo otras razones.
Muchos votantes de centro votaron contra la derecha
cristiana, y el hecho de que algunos candidatos demócratas
asumieran una postura más centrista en los aspectos
"sociales", no les hizo daño.
La
pregunta es qué va a pasar ahora. Bush no es,
y no ha sido, un ideólogo. Es un pragmático
político de derecha, que hace lo que piensa necesario
para ganar elecciones. Ha sido muy bueno en esto, y
está consciente de los errores que cometió
en años recientes, no en lo geopolítico
(donde básicamente no entiende nada y le importa
muy poco), sino en la política estadunidense,
donde le dieron un "golpazo". Se está
ajustando. Despidió a Donald Rumsfeld, puso en
el asiento trasero a Dick Cheney y no hay duda de que
siguiendo el consejo de Karl Rove pidió ayuda
de la vieja ala "realista" del Partido Republicano:
su padre, James Baker y el entrante secretario de la
Defensa, Robert Gates. Confía coptar al liderazgo
demócrata hacia su revitalizada vena bipartidista.
¿Puede
hacerlo? Específicamente, ¿qué
puede hacer respecto de Irak? ¿Y qué puede
hacer acerca del avance de los demócratas? La
respuesta más corta sobre Irak es que es difícil
vislumbrar algún modo para desembrollar con elegancia
a Estados Unidos, y a él mismo, del fiasco de
Irak. La comisión Baker-Hamilton pronto nos hará
saber qué "nuevos derroteros" avizora,
pero dudo que pueda concretar algo que funcione.
Algunas
personas hablan de dividir Irak en tres partes. Este
no es un punto de partida. Ni Turquía ni Irán
pueden tolerar un Kurdistán independiente, y
los kurdos estarán mucho mejor con su actual
autonomía de facto que luchando en una guerra
contra sus vecinos. La mayor parte de la Chía
no quiere un Estado aparte. Por una razón. ¿Para
qué hacer un Chía-stán cuando pueden,
mal que bien, dominar un Irak unificado? Y, en cualquier
caso, ¿qué pasaría con Bagdad?
Y por supuesto, los sunitas se oponen por completo.
Así están todos los vecinos de Irak, sin
excepción. Y como hemos visto en Yugoslavia,
la separación en estados no pone fin a los conflictos
étnicos; de hecho, los agrava.
Básicamente,
hay únicamente dos modos en que Estados Unidos
puede retirarse de Irak con muy pocas pérdidas
adicionales de vidas y con un mínimo daño
político. Puede pedirle a Irán que sea
su intermediario para amortiguar el conflicto interno
en Irak, lo que podría funcionar. O, alternativamente,
la facción Al-Sadr de la Chía, y la resistencia
sunita, pueden unir fuerzas en una plataforma anti-estadounidense
y pedirle a Washington, con delicadeza, que se vaya
de inmediato (es decir, despedirlo con una patada),
lo que también podría funcionar.
Ninguna
de estas alternativas es ni tantito del agrado de Bush
o del Congreso estadounidense. Pero estas dos alternativas
representan probablemente el mejor arreglo que, en esta
etapa, puede conseguir Estados Unidos. Cualquier otra
vía seguramente conduce a un final donde los
helicópteros transporten a la gente fuera de
la zona verde a Kuwait.
Lo
único seguro es que no habrá tropas estadounidenses
en Irak conforme nos aproximemos a las elecciones de
2008. Los votantes y los militares lo dejaron claro
en las elecciones de 2006. Por supuesto habrá,
a nivel masivo, un juego de echarse la culpa (entre
los republicanos en cuanto a quién perdió
las elecciones de 2006, y entre los demócratas
y los republicanos al respecto de quién perdió
Irak). Pero la palabra en boca de todos es "perdió".
También
podemos estar seguros de que bombardear Corea del Norte
o Irán está fuera de la agenda real (aun
para Israel). Las fuerzas armadas estadounidenses y
el electorado no van a tolerarlo (ya no digamos el resto
del mundo). ¿Dónde dejará esto
a Estados Unidos como potencia mundial? Seguramente
tendrá el efecto de darle un fuerte empujón
que lo haga irse hacia dentro. Ya vimos en las elecciones
de 2006 que muchos candidatos ganaron oponiéndose
al "libre comercio". Irak era una grosería.
La tentación política será poner
énfasis en lo local. Uno de los principales efectos
colaterales será una notable reducción
en el respaldo estadounidense a la política exterior
israelí, lo que será un apretón
para Israel.
Los
demócratas están unidos respecto a la
legislación económica interna (salarios
mínimos más altos, una mejor y más
costeable atención a la salud, asistencia financiera
a los estudiantes universitarios). También impulsarán
aspectos de ecología y avances médicos
(por ejemplo, la investigación en células
embrionarias procreadoras, conocidas como stem cells).
Si los republicanos esperan recuperar fuerza, tienen
que mover en dirección centrista su programa
económico y su programa relativo a aspectos sociales.
El
resultado, como ya es obvio, provoca un revuelo importante
en el Partido Republicano mientras lo reduce en el Partido
Demócrata, exactamente lo opuesto a lo que fue
el caso en los últimos 10 años. Y a principios
de 2009, Bush se desvanecerá en la espesura,
y será recordado (si nos preocupamos) por ser
el testaferro de la madre de todas las derrotas en Irak,
en el sistema-mundo, y en casa, para el Partido Republicano.
Traducción:
Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
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(*) La Jornada de México (http://www.jornada.unam.mx/)
es la edición digital del diario La Jornada,
fundado en 1984. Se caracteriza por ser uno de los medios
en abordar el trabajo periodístico con el mayor
compromiso social y seriedad en todo el mundo. Immanuel
Wallerstein, Noam Chomsky, Robert Fisk, James Petras,
Howard Zinn y José Steinsleger son algunos de
los reconocidos autores que el diario mexicano suele
publicar.
Fuente:
La Jornada de México, 26.11.06
http://www.jornada.unam.mx/
Imágenes:
http://www.laughatliberals.com/
© MV Prensa / Noviembre de 2006
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