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Todo
barrio tiene uno: un matón bocazas cuya cólera
no conviene provocar. ¿Que le insultan? Sacará
un puñal. ¿Que le escupen en la cara?
Sacará una ametralladora. Ello no significa que
el matón no tenga razón, en la medida
en que, efectivamente,
alguien le dañó. Sin embargo, ¡menuda
reacción la suya! No es que no le teman, pero
nadie le aprecia realmente. El verdadero aprecio es
para los fuertes que no recurren inmediatamente a su
fuerza. Lamentablemente, el ejército israelí
otra vez vuelve a parecerse al matón del barrio.
¿Que han secuestrado a un soldado en Gaza? Pues
toda Gaza pagará por ello. ¿Que matan
a ocho soldados y secuestran a dos en el Líbano?
Pues todo el Líbano pagará por ello. Israel
sólo habla un idioma, el idioma de la fuerza.
La guerra que el ejército israelí ha declarado
ahora al Líbano y antes a Gaza nunca será
considerada como otra "guerra sin alternativa".
Dejemos ese debate para los historiadores. Estamos sin
ningún género de dudas ante una guerra
deliberadamente elegida. El ejército israelí
recibió dos golpes duros y especialmente humillantes
tras los cuales ha emprendido una guerra que no persigue
otro propósito que el de recuperar su dignidad
perdida, lo que en nuestro bando se llama "recuperar
la capacidad disuasoria". Nadie en el Líbano
ni ciertamente en Gaza es capaz de formular los verdaderos
objetivos de la guerra, de modo que nadie sabe a ciencia
cierta qué habrá que considerar como victoria
o como logro. ¿Estamos en guerra con el Líbano?
¿Con Hezbollah? Nadie lo sabe con certeza. Si
el objetivo es eliminar a Hezbollah de la frontera,
¿acaso lo hemos intentado con el suficiente ahínco
durante los dos últimos años por medio
de vías diplomáticas? ¿Y qué
relación puede existir entre la destrucción
de la mitad del Líbano y la consecución
de ese objetivo? Todo el mundo admite que un Estado
soberano no puede permanecer callado cuando es atacado
dentro de sus fronteras, aunque a los ojos de Israel
la soberanía del Líbano siempre fue susceptible
de ser avasallada, pero ¿por qué ese no-silencio
debe de expresarse solamente por medio de una ofensiva
inmediata y total?
En
Gaza se secuestra a un soldado perteneciente a un ejército
de un Estado que frecuentemente secuestra en sus hogares
a civiles que luego encierra en la cárcel durante
años con o sin juicio previo, algo que sólo
nosotros estamos autorizados a hacer. Igualmente, sólo
nosotros estamos autorizados a bombardear núcleos
de población civiles.
Los
dolorosas medidas tomadas en Gaza, que incluyen el lanzamiento
de una bomba de una tonelada sobre un edificio de viviendas,
o el asesinato de una familia de siete niños
en el Líbano al amparo de la oscuridad, el asesinato
de docenas de civiles, el bombardeo de un aeropuerto,
el corte del suministro eléctrico y de agua a
cientos de miles de personas durante meses, han constituido
una respuesta sin ninguna justificación, legitimidad
o proporción. ¿Qué se ha conseguido
con todo ello? ¿Han liberado al soldado? ¿Se
ha interrumpido el lanzamiento de Kassams? ¿Se
ha restaurado la disuasión? No ha ocurrido nada
de eso. Solamente se ha recompuesto, supuestamente,
el honor perdido, e inmediatamente después ha
vuelto a soplar el siguiente viento maligno, esta vez
procedente del norte.
Secuestraron
a otros dos soldados y quedó claramente demostrado
que la capacidad disuasoria no había sido restaurada,
al tiempo que el ejército israelí seguía
repitiendo sus errores. ¿Cómo se hace
para borrar esos fallos aparatosos? Pues haciéndoselos
pagar a la población inocente. En el Líbano
la situación es más complicada. Allí
no hay ocupación israelí y no hay justificación
para provocar a Israel. Si a Hezbollah le preocupan
tanto sus hermanos palestinos, lo que debería
haber hecho en primer lugar es prestar auxilio a los
cientos de miles de refugiados que viven en los campamentos
del Líbano en condiciones tan pésimas
como las de la ocupación israelí, antes
de ponerse a capturar a soldados en su nombre.
¿Pero
acaso el hecho de que Hezbollah sea una organización
cínica que explota la miseria de los palestinos
en su propio beneficio justifica la desproporcionada
reacción israelí? El concepto que hemos
olvidado por completo es el de proporcionalidad. No
tenemos ninguna prisa por sentarnos a la mesa de negociaciones
pero ansiamos saltar al campo de batalla para comenzar
a matar sin dilación y sin tomarnos un momento
para reflexionar. Esta actitud alimenta las sospechas
de quienes piensan que necesitamos una guerra cada pocos
años, en una secuencia terrorífica, aunque
al final acabemos estando en el mismo lugar que al principio.
La
guerra que declaramos al Líbano ya nos ha cobrado
--a nosotros y, por supuesto, al Líbano-- un
precio enorme. ¿Acaso alguien se paró
un momento a pensar si merecía la pena pagarlo?
Todos
sabemos cómo empiezan las guerras, ¿pero
sabe alguien cómo acaban? ¿Con un montón
de bajas en la retaguardia israelí? ¿Con
una guerra contra Siria? ¿Con una guerra generalizada?
¿Merece la pena? Mirad el follón que un
gobierno novato ha sido capaz de montar en tan poco
tiempo.
Tras
las operaciones en el Líbano y en Gaza se esconde
la misma lunática idea de que ejerciendo presión
sobre la población se conseguirán forzar
los cambios políticos que desea Israel. En la
historia del conflicto israelo-árabe ésa
idea sólo ha servido para llevarnos de un desastre
a otro. En 1982 "limpiamos" de palestinos
el sur del Líbano, ¿y qué es lo
que conseguimos? Hezbollahstán en lugar de Fatahland.
Hamás no va a caer porque en Gaza no haya electricidad,
ni siquiera porque durante el fin de semana hayamos
bombardeado el edificio del Ministerio Palestino de
Asuntos Exteriores -otra acción estúpida
más. Hezbollah no será destruida poniendo
fuera de servicio el aeropuerto internacional de Beirut.
Una
vez más, Israel no distingue entre una guerra
justificada contra Hezbollah y una guerra injusta e
insensata contra la nación libanesa. El camuflaje
que ocultaba las verdaderas intenciones de la guerra
lo desgarró el ministro de defensa israelí
cuando declaró cuál era su objetivo: "Nasrallah
va a recibir tal paliza que nunca olvidará el
nombre de Amir Peretz", fanfarroneó como
un matón de barrio. Ahora al menos sabemos que
Israel ha ido a la guerra para que el nombre de Amir
Peretz no sea olvidado nunca. Es la guerra por la perpetuación
del nombre Peretz y por el ocultamiento de los errores
de Dan Halutz. Y al diablo con el precio que cueste.
Texto original:
http://www.haaretz.com/hasen/spages/738739.html
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Fuente:
Rebelion.org / 18.07.06
http://www.rebelion.org/
Traducción:
L.B.
Imágenes ESPECIAL CRISIS MEDIO ORIENTE:
http://newsimg.bbc.co.uk/ / http://www.laverdad.com/
/ http://www.rontravel.com/ / http://calpeacepower.org/
/ http://www.elconfidencial.com/ / http://www.cbc.ca/
http://www.nationalvanguard.org/ / http://vega.soi.city.ac.uk/
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MV Prensa / Julio de 2006
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