|
Esta
es una carta que ni El País ni El Mundo han querido
publicar. Es una carta abierta de Javier Couso a los
tres jueces de la Audiencia Nacional que han decidido
archivar la querella por el asesinato de su hermano.
En dictadura se aplica la censura, en democracia se
condena a la invisibilidad, un mecanismo mas refinado.
No hay espacio para quien se salga de la cantinela "del
respeto a las decisiones judiciales". Hay decisiones
y actitudes que no merecen ningún respeto, que
envilecen a aquellos que las toman. Y ante las que la
única postura digna y ética es rechazarlas
firme y públicamente.
Carta abierta a los Jueces
de
la Sección Segunda de lo Penal
de la Audiencia Nacional
Javier Couso Permuy. Madrid, 16.03.06
Duele.
No puedo negar que duele. Aunque nos lo esperásemos.
A pesar de intuir la mano larga del Imperio, la ley
del silencio cayó como sal sobre nuestra herida,
sinónimo
de hiel arrojada contra nuestro hermano.
Se bien que ese viernes vosotros, hombres de la Sección
Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional, disteis
el paso y atravesasteis la frontera que separa el bien
del mal. Que mutasteis el color de vuestras almas.
Fernando García Nicolás, Jorge Campos
Martínez y Ricardo Rodríguez Fernández,
os veo en vuestros despachos un viernes de marzo, filtrando
vuestra elección a la prensa para cogernos desprevenidos.
Veo la sombra de cuervos negros que ya no os abandonará
nunca y percibo a cada paso que dais la sangre que vertió
a chorros la pierna destrozada de mi hermano, los intestinos
colgando de Taras, la vida machacada de Tareq o los
sufrimientos de tantos otros, a los que habéis
legalizado la muerte, bendiciendo a sus asesinos.
Se que a partir de este viernes de marzo os recibirán
de buen grado en Washington, dónde de seguro
seréis hombres de bien, demócratas defensores
de los Derechos Humanos, próceres de rectitud
tejana, firmes candidatos a la medalla del Congreso.
Hay momentos en que uno elige de qué parte está,
a quien sirve y a quien debe lealtad. En nuestra historia,
en la historia de la humanidad hay miles de ejemplos
que inspiran a unos y otros. Hay jueces que bendicen
los asesinatos de civiles y hay jueces que intentan
perseguirlos, hay justicias pequeñas que claudican
y otras que aún sabiéndose minúsculas
se engrandecen enfrentándose a las injusticias
grandes y poderosas.
Hoy, no sois más que las togas de la impunidad,
los leguleyos de la injusticia postrados ante los nuevos
nazis que no reconocen ni Derecho Internacional, ni
Justicia Humanitaria. Vosotros os ponéis al servicio
de los que torturan en Abu Gharib, de los que encarcelan
sin derechos en Guantánamo, de quienes secuestran
en Europa, de los que subcontratan la tortura, de los
que cañonean periodistas y civiles.
Os dieron igual las pruebas presentadas, las filmaciones,
las decenas de testigos, las evidencias, lo que se ha
publicado en la mayoría de los medios de comunicación
y lo que han testificado los periodistas presentes en
el lugar de los hechos. Me da la sensación que
sufrís de amnesia o que vuestra memoria es selectiva
y solo recoge lo que puede exculpar a los militares
estadounidenses. Por eso, me permito recordaros lo siguiente:
Que la 3º División de Infantería,
es decir la misma unidad del ejército de los
Estados Unidos de América, atacó ese día
y en el espacio de dos horas los tres centros donde
se ubicaba la prensa independiente acreditada en Iraq,
bombardeando y cañoneando las sedes de las televisiones
Al Jazeera, Abu Dhabi y el propio Hotel Palestina.
Que la televisión de Al Jazeera comunicó
al Pentágono sus datos de posición GPS
dos meses antes del ataque.
Que el propio Colin Powel, a la sazón Ministro
de Exteriores del gobierno estadounidense en la fecha
señalada, declaró a posteriori que no
se atacó el Hotel Palestina en la campaña
aérea, al tener conocimiento de que en él
se alojaban la mayoría de los corresponsales
extranjeros.
Que los medios de visión del carro de combate
M-1 Abrahams que efectuó el disparo, son capaces
de señalar con toda claridad objetivos a más
de cuatro kilómetros de distancia, con lo cual
el sargento que efectuó el disparo estaba en
posesión de la plena capacidad técnica
para observar que los balcones del Hotel se encontraban
atestados de cámaras de televisión.
Que durante los 35 minutos anteriores al disparo no
se registra combate alguno, como está recogido
en la propia cinta que grabó mi hermano, dotada
de códigos de tiempo que señalan al segundo
el tiempo transcurrido.
Que antes del disparo, el carro de combate se posicionó
apuntando al Hotel Palestina durante diez minutos, tiempo
más que suficiente en ausencia de combates y
según los protocolos de actuación del
propio ejército de los Estados Unidos, para consultar
con las secciones G2 y G3 (Información y Operaciones)
del Estado Mayor de la División, las cuales estaban
perfectamente informadas de la naturaleza civil del
edificio en cuestión.
Que el día anterior, algunos periodistas que
se encontraban en el Hotel Palestina, dotados todos
ellos y ellas de chalecos de protección con la
palabra "PRESS" claramente visible en sus
pechos, estuvieron saludándose con las primeras
unidades estadounidenses que calibraban las defensas
iraquíes, con lo cual y debido a los protocolos
de actuación de cualquier ejército moderno,
es de suponer que el informe posterior de las susodichas
unidades debió llegar a la Inteligencia Militar
estadounidense, señalando claramente la presencia
de periodistas occidentales en el edificio.
Que el Hotel Palestina tenía en su azotea un
cartel gigantesco que lo identificaba y que podía
verse desde el lugar dónde se encontraban posicionados
los carros de combate estadounidenses.
Que por todas las circunstancias antes señaladas
no se puede hablar en ningún caso de "identificación
errónea del enemigo" ni de "acto de
guerra", ya que existen multitud de indicios, a
falta de una mayor investigación, que indican
que nos encontramos ante una violación de la
Convención de Ginebra de la que España
es firmante.
Que uno de los criterios fundamentales del Derecho Internacional
Humanitario es la proporcionalidad en la respuesta y
está fuera de duda, que en este caso hay un excesivo
uso de ella, aún en el supuesto de la aducida
"identificación errónea", la
cual está por probar.
Muchos años de trabajo costaron aprobar los Convenios
de Ginebra, ratificados por 166 Estados y que no son
si no, un tímido parche del que nos dotamos las
naciones para tratar de aliviar, acotar y limitar al
menos, el dolor causado por las guerras.
Me cuesta entender vuestra omisión de la nula
colaboración de la Justicia Estadounidense, que
a pesar de contar con un convenio bilateral que regula
la asistencia en materia penal, se ha negado sistemáticamente
a prestar auxilio judicial, ninguneando los reiterados
requerimientos de parte de los instructores, dando la
sensación de que el trato de los estadounidenses
para con nuestra Administración de Justicia es
la del amo con el vasallo.
Señores jueces de la Sección Segunda de
lo Penal de la Audiencia Nacional, acabáis de
legalizar el asesinato de mi hermano y de sus compañeros,
extendiendo al tiempo una "Patente de Corso"
que sirve como modelo en futuras actuaciones delictivas,
en las cuales solo habrá que esgrimir una supuesta
"identificación errónea del enemigo",
para escaparse a toda acción de la justicia.
Tengo más de una duda razonable de vuestra honorabilidad
y quiero que sepáis que mientras me acompañen
las fuerzas me tendréis enfrente con la mirada
limpia, pues yo que ni siquiera he rozado la muerte,
puedo miraros con la cabeza bien alta a vosotros, que
aun repletos de títulos, laureles y despachos,
un viernes de marzo, legalizasteis el asesinato de mi
hermano.
JOSE COUSO CRIMEN DE GUERRA
INVESTIGACIÓN Y JUSTICIA
(*) Publicado en http://www.josecouso.info/article.php3?id_article=189
Imagen:
http://www.josecouso.info/
© MV Prensa / Marzo de 2006
|