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El
18 de septiembre, Julio López tenía que
presentarse para participar de los alegatos contra el
genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz. No llegó.
Desde ese momento, se ha convertido en un ex detenido-
desaparecido vuelto a desaparecer. A un año de
su secuestro, el Gobierno no ha dado respuestas excepto
por las declaraciones del subsecretario de Derechos
Humanos bonaerense, Edgardo Binstock, que lo dio por
muerto.
Era
lunes. Era el día de los alegatos contra el ex
comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, el represor que
había comandado la patota que lo había
secuestrado y torturado. Julio tenía que estar
en la sala del Tribunal que presidía el juez
Carlos Rozanski para las 10. Pero no llegó. Desde
ese instante, Jorge Julio López está desaparecido.
La
ausencia, primero; Etchecolatz, en el banquillo; la
necesidad de alegar contra el asesino y la imposibilidad
de hacerlo sin el querellante. Todo se mezclaba."Se
demoró el juicio como dos horas. Ya le habíamos
pedido al Tribunal que dejara alegar a los abogados
y nos había dicho que no. Finalmente, decidimos
que iban a entrar ellos seis y pedir públicamente
que los dejaran alegar porque Julio no había
llegado", revive Adriana Calvo.
Las
escenas se fusionaban. Era la incertidumbre y la certeza
de que algo había pasado. "Entraron todos
y yo me quedé sola con los periodistas, que me
exigían con 20 millones de micrófonos
saber qué pasaba. Los miré a todos y les
dije: "El juicio no empieza porque Julio López
está secuestrado", recuerda la integrante
de la Asociación de Ex Detenidos- Desaparecidos
(AEDD).
"Estaba
convencida de que el único motivo por el cual
Julio podía no haber llegado ese día a
ese lugar era porque lo hubiesen interceptado en el
camino". No había otra explicación
para la ausencia de ese hombre de 77 años que
había jurado que esta vez era "por los compañeros"
que daría su testimonio para que enviar a Etchecolatz
a la cárcel por torturador y asesino.
Las
causas de su desaparición eran las mismas que
llevaron a los 30.000 desaparecidos a dar la vida: el
compromiso. Los objetivos de los desaparecedores tampoco
variaron en el tiempo. "El contenido principal
del mensaje es: 'Estamos y podemos', una muestra que
los grupos fascistas ligados a los antiguos grupos que
actuaban en la dictadura nunca fueron desarticulados
y que no están decididos a resignar 30 años
de impunidad tan fácilmente. Mucho menos cuando
desde las estructuras del Estado se les ha dado continuidad
en el aparato represivo, en agencias de seguridad e
incluso algunos partidos tradicionales como el Partido
Justicialista o la Unión Cívica Radical
(UCR) que los han llevado en sus listas electorales,
como pasó con Luis Patti o como ocurre actualmente
en Tucumán, donde amparados por el doble discurso
de José Alperovich y del gobierno nacional, los
genocidas se reciclan y se acoplan al Frente para la
Victoria. La desaparición tiene ese objetivo:
buscar un nuevo "punto final", esta vez de
hecho ya que las condiciones políticas aun no
les son favorables como para que el gobierno los absuelva
sin más", sintetiza Myriam Bregman, abogada
de la querella unificada de "Justicia YA".
A
lo que Calvo agrega: "Con la desaparición
de Julio intentaron mojarle la oreja al gobierno, diciendo:
'A ver si sos capaz de'. Evidentemente, la respuesta
fue que no. Entonces, tapa, encubre, complica y ensucia
todo lo posible la causa judicial para que no se llegue
nunca a descubrir quiénes son los responsables".
La causa judicial
Tal
como viene denunciando Justicia YA desde hace cinco
meses, la investigación judicial por la desaparición
de Julio López está plagada de irregularidades.
Indicios firmes que se pierden, pistas inverosímiles
que se siguen. El saldo: a 365 días de su secuestro
aún no se conoce qué pasó con Jorge
Julio López.
Durante
los primeros meses la causa siguió una línea
de investigación tendiente a instalar la idea
de que López había decidido ausentarse
o que se había extraviado por el impacto emocional
que le había provocado testimoniar contra su
torturador. "Se hizo caso omiso al planteo de los
organismos querellantes de que se trataba de un secuestro
político, desperdiciándose así
los momentos más importantes para resolver un
caso de este tipo que son, justamente, los inmediatamente
posteriores al hecho", denunció en abril
Justicia Ya.
Tiempo
después el caso que tramitaba en la justicia
provincial pasó a manos de la federal, quedando
a cargo del juez Arnaldo Corazza. "El juez sigue
delegando la investigación en la policía
federal, la provincial y la SIDE sin dirigirla ni siquiera
controlarla. Su manifiesta inactividad se agrava con
la absoluta ausencia del fiscal Sergio Franco",
dejó en claro el documento presentado por la
Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y otras
organizaciones al cumplirse el séptimo mes de
la desaparición de López.
"Todas
las pruebas que nosotros aportamos fueron absolutamente
desechadas. En cambio, podemos encontrar en la causa
que hay una vidente peruana que soñó que
era un ave que volaba por la provincia de Buenos Aires
y La Pampa y lo veía Julio, y esto fue seguido",
relata Nora López Tomé, integrante de
la Asociación de Ex Detenidos - Desaparecidos.
Además,
sostiene: "No fueron seguidas otras pistas que
debieron haberlo sido. Por ejemplo, se tardaron más
de seis meses en allanar la unidad de Marcos Paz, donde
están los represores. Lo que encontraron allí,
no lo usaron. Etchecolatz tenía dos agendas.
Pero no ingresaron los teléfonos al sistema VAIC
de cruce de llamadas para ver a quién había
llamado". Irregularidades o complicidades a las
que se le suman alarmantes señales de connivencia:
"Etchecolatz recibe visitas cualquier día,
a cualquier hora. No entran por el lugar indicado sino
por una puerta lateral. Ha tenido visitas de diferentes
personas, con diferentes nombres pero el número
de documento presentado es siempre el mismo", detalla
López Tomé.
Las
respuestas obtenidas por parte del juez Corazza frente
a los reclamos de las organizaciones de Derechos Humanos
nunca parecieron ser las que debía dar. "El
resultado concreto en la causa a raíz de la denuncia
pública- que igualmente la vamos a seguir haciendo,
por supuesto- es que el juez decretó el secreto
de sumario y se enojó muchísimo con nosotros.
Quince días de secreto de sumario y nada",
detalla Calvo."El juez no lo puede decretar porque
sí".
Pistas
El
avance más notorio en la investigación
se conoció el domingo último. Tuvieron
que pasar más de 360 días para que se
relacionara a un ex secretario de Etchecolatz con el
secuestro de Jorge Julio López. Tal como señaló
el diario Página/12, los investigadores notaron
una extraña presencia alrededor de López
en una fotografía de una reunión de la
que había participado el testigo clave. Esa compañía
no era otra que la de Oscar Raúl Chicano, mano
derecha del represor condenado el año pasado
a cadena perpetua. Sin embargo, del artículo
de Adriana Meyer salta a la luz la lentitud con que
se manejó la investigación: "Hace
nueve meses esas fotos llegaron al juzgado por la sospecha
de que el desconocido hubiera espiado a su entorno para
realizar la inteligencia previa a su secuestro",
sostiene la periodista. A esto se suma, el descubrimiento
de que una ex asistente de Etchecolatz vivía
justamente a pocos metros de la casa de López.
Las
inspecciones que habrían arrojado estos datos
se realizaron semanas atrás pero sin la presencia
del juez, tal como hicieron saber las organizaciones
de Derechos Humanos. "Estos allanamientos están
vinculados a una pista que entregó la querella
en diciembre. Es el indicio más serio que tiene
esta causa. No hicieron nada durante diez meses y se
hicieron los allanamientos sin la presencia del juez,
ni la del fiscal y sin la presencia de la querella porque
no nos avisaron", explica Adriana Calvo. También,
la integrante de la AEDD recalca que todo el operativo
quedó en manos de la fuerza de seguridad que
justamente está bajo la lupa: "Los allanamientos
quedaron en manos de la policía cuando son los
policías los acusados".
Otra
línea que complementaría la investigación
por el secuestro de López sería la aportada
por un periodista de la agencia de noticias alemana
DPA. La información suministrada por el corresponsal
indicaría que el Gobierno Nacional tendría
información sobre el destino de López
desde fines del año pasado.
"El
periodista declaró que hay una organización
no gubernamental que sospechaba que cierta gente que
conocían podía estar vinculada con el
secuestro. Con esa sospecha fueron a ver a un funcionario
del Poder Ejecutivo nacional, quien a los pocos días
les contestó que la información era cierta",
relata Calvo. Los datos que la funcionaria del Ministerio
de Justicia- que sería la interlocutora- habría
corroborado serían, tal como detalla Calvo: "Que
esa gente estaba vinculada, que lo habían matado
a López, que habían quemado su cadáver.
Y que se cuidaran".
De
la declaración del reportero de DPA se desprende
que el Gobierno conoce qué ha pasado con López
y quiénes intervinieron en su secuestro desde
los primeros días de noviembre de 2006."Se
podría desmentir todo. El problema es que la
denuncia es concordante con lo que hace el Gobierno.
Porque si viéramos un interés frenético
por descubrir quién secuestró y dónde
está López, uno podría decir que
el periodista está loco pero creo que DPA lo
habría echado si fuera así", esclarece.
"Aparición con vida. El Gobierno es responsable"
Néstor
Kirchner asumió la presidencia el 25 de mayo
de 2003, desde ese día se proclamó como
"hijo de las Madres de Plaza de Mayo" y como
el jefe del "gobierno de los Derechos Humanos".
Sin embargo, es el primer gobierno en el que hay un
desaparecido por motivos políticos y al que el
Presidente apoda el "compañero Tito".
"La
desaparición de Julio es producto de un secuestro
de características netamente políticas,
como en la dictadura, de mensaje político para
el conjunto de la sociedad. Constituyó una de
las primeras grandes crisis de este gobierno que se
asentó en un discurso sobre derechos humanos
para contraponerlo con los infames años menemistas.
Este secuestro vino a develar, de la forma más
terrible, lo vacío ese discurso, y a demostrar
que la impunidad sigue vigente en la Argentina",
sentencia Myriam Bregman, abogada del Centro de Profesionales
por los Derechos Humanos CeProDH y de la querella unificada
de Justicia YA.
"En
esta democracia basada en última instancia en
la represión, ningún gobierno de este
sistema va a encarcelar a todos y cada uno de los represores.
Basta ver para qué intereses económicos
gobierna el matrimonio Kirchner para entender que no
van a desarticular el aparato represivo que hizo el
golpe en su beneficio en 1976. Es por eso que no pueden
tomar siquiera medidas elementales que cualquier gobierno
que se precie de ser mínimamente democrático
debería tomar. Los números hablan por
si solos: de los más de 100.000 integrantes que
tenían las fuerzas armadas y policiales que llevaron
adelante el plan de exterminio, solamente el 17 por
ciento de los 250 que están detenidos lo están
en una cárcel y solamente 2 de ellos han sido
condenados desde la nulidad de las leyes de punto final
y obediencia debida. Es decir, la responsabilidad del
gobierno parte de tener una visión que podríamos
llamar "utópica" (y reaccionaria) al
creer que podría juzgar tranquilamente dos o
tres genocidas muy expuestos, ganar apoyo social y avanzar
hacia la reconciliación", agrega la abogada.
La
desaparición de López, las innumerables
amenazas a Nilda Eloy, el secuestro de Felisa Marilaf
dejan en evidencia que los testigos fundamentales en
los juicios contra los represores no cuentan con la
protección necesaria. De hecho, Marilaf estaba
bajo la protección aportada desde el Estado y
fue interceptada y subida a un auto. "Aquello que
daría más protección y seguridad
a cualquiera de los testigos es aquello que no se hace",
había dicho meses atrás Nilda Eloy a ANRed.
Además, había agregado que lo lógico
sería que quienes brinden su testimonio en juicios
vinculados al genocidio en la Argentina recibieran la
custodia de una fuerza "mientras en ella no existieran
efectivos que deberían estar en la cárcel".
Tanto
desde el Gobierno de la provincia de Buenos Aires como
desde el nacional se denunció reiteradamente
la presencia de "vestigios" de la dictadura
dentro de las fuerza de seguridad. Se conocieron cifras,
se habló de más de nueve mil efectivos
bonaerenses que sirvieron en la dictadura que aún
continúan en actividad. Sin embargo, sólo
fueron denuncias.
"Estamos
convencidos que estos grupos actuaron en la desaparición
del compañero; ahora, una cosa es lo que puede
opinar cualquiera de nosotros y otra cosa es lo que
diga el gobierno, único responsable a más
de cuatro años de gobierno de que esta situación
se mantenga. Sólo en la policía de la
Provincia de Buenos Aires hay 9026 policías de
la dictadura, de los cuales 3102 actuaron entre 1976
y 1978, período en el que, como reconoció
el ministro León Arslanián, las comisarías
de la provincia actuaron como centros clandestinos de
detención", señala Bregman. "Ese
es el doble discurso: el presidente Kirchner se refiere
a Julio como el "compañero Tito" mientras
mantiene en funciones a los mismos que ya lo secuestraron
en la dictadura militar; es más, a algunos de
esos personajes se los pone a cargo de la investigación
de esta nueva desaparición de Julio".
Julio López. Desaparecido
Nada
se sabe de Julio López. No hay rastros. Nada.
El mismo crimen aberrante que se reproducía sistemáticamente
durante la última dictadura, la misma incertidumbre,
el mismo encubrimiento, la misma complicidad. López
está desaparecido.
El
secretario de Derechos Humanos bonaerense, Edgardo Binstock,
admitió el domingo en el diario Perfil la posibilidad
de que Jorge Julio López haya sido asesinado:"Si
estuviera vivo, a esta altura alguien lo hubiera visto.
Tratamos de ser prudentes por la única razón
de que todavía no apareció el cuerpo".
Sin embargo, tras la publicación de la nota,
Binstock debió difundir un comunicado en el que
aclaraba que su intención era decir que "el
paso del tiempo hace que resulte difícil ser
optimista sobre el paradero de López".
La
explicación a este "desliz", quizás,
deba buscarse en lo que Adriana Calvo explicaba el año
pasado: "Un cadáver provoca reacciones.
Provoca furia. Provoca reclamos, exigencia de justicia.
Una desaparición provoca parálisis. Provoca
duda, miedo a reclamar".
López
está desaparecido. Hubo parálisis, dudas,
miedo. De vuelta, el mismo terror. De vuelta, los mismos
métodos. Pero, también, de nuevo el compromiso.
Ese mismo que guió a López a revivir su
calvario en manos de Etchecolatz. Ese mismo que a pesar
de la amenaza de Etchecolatz de "Ustedes no me
condenan, se condenan", llevó a las calles
cada 18 para desgarrarse en el grito de "Ahora,
ahora, resulta indispensable: Aparición con vida
y castigo a los culpables".
+[INFO]:
-Ensayo Fotográfico Marcha 1 Año Jorge
Julio López Desaparecido, por Tomás Vela
(MV Prensa)
Link
Fotos Marcha 1 Año
-ANRed (ALAI, América Latina en Movimiento)
http://www.alainet.org/active/19738&lang=es
-Prensa de Frente
http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2007/09/19/p3199
Imágenes:
Sabrina Avellaneda y Tomás Vela
© MV Prensa / Septiembre de 2007
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