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Noviembre
de 2006
Los
jóvenes son los más afectados por el desempleo
y el empleo de baja calidad, los que no llegaron a completar
la secundaria obtienen trabajos más precarios
y la misma pobreza que empuja a los adolescentes a incorporarse
anticipadamente al mercado laboral muchas veces los
lleva a abandonar sus estudios y de esa forma disminuir
sus posibilidades de salir de esa situación,
según las conclusiones de expertos,
funcionarios y organismos internacionales consultados
por Periodismo Social.
El
Senado de la Nación debatirá antes de
fin de año un proyecto de ley para elevar la
edad mínima de admisión al empleo de 14
a 15 años, como una forma de dar prioridad a
que los adolescentes puedan terminar su formación
básica antes de tomar responsabilidades laborales
y también de armonizar la legislación
nacional con los compromisos firmados por el país
en la Organización Internacional del Trabajo
(OIT).
A
su vez, el proyecto oficial de Ley Nacional de Educación
que se discute actualmente y la Ley de Educación
Técnica, sancionada en 2005, son herramientas
de política pública para definir un tipo
de relación de la educación con una cultura
laboral que, en un país donde el desempleo ha
castigado hasta tres generaciones seguidas, debe recomponer
cuanto antes el valor de trabajo.
Pero,
por ahora, "la situación laboral es muy
difícil tanto para los jóvenes calificados
como para los poco calificados, sobre todo porque las
leyes laborales han precarizado el empleo y porque aparece
un desajuste entre la formación que brinda el
sistema educativo y los requerimientos de ciertos sectores
del mercado laboral", como explica la coordinadora
del programa "Aprender trabajando" del Ministerio
de Educación porteño, Ana Mercedes González.
El
contexto socioeconómico desfavorable hace, todavía,
que las oportunidades laborales para los jóvenes
se encuentren polarizadas según clases sociales:
los que menos tienen son los que acceden a menos ofertas
laborales de calidad, apunta la socióloga Claudia
Jacinto, coordinadora del programa Redetis, un proyecto
del Instituto Internacional de Planeamiento Internacional
de la Educación, de la UNESCO.
Del
mismo modo, las redes personales terminan cumpliendo
un rol más determinante que nunca para conseguir
un buen empleo, porque en la evolución del mundo
del trabajo -por razones económicas pero también
tecnológicas y culturales- ocurrió una
ruptura de los mecanismos tradicionales de socialización
laboral y de desarrollo de las carreras.
Jacinto,
investigadora en temas de juventud, educación,
trabajo y pobreza, sostiene que es un error referirse
a la "recuperación" de la cultura del
trabajo y propone, en cambio, "construir una nueva
cultura del trabajo en la que el esfuerzo, la creatividad
y la solidaridad se conjuguen en un proyecto de futuro
personal y social mejor".
"El
valor mítico que en la Argentina tuvo la cultura
del trabajo hoy debe plantearse en las nuevas circunstancias,
en las nuevas relaciones de los jóvenes. Una
nueva cultura donde el trabajo tenga un valor subjetivo
importante para la estructuración del imaginario
social", según la experta. La política
de inserción laboral de los jóvenes -advierte-
no debe pensarse únicamente desde lo educativo
y los jóvenes deben participar en el diseño
y aplicación de estas políticas.
Escaso, precario y polarizado
La
Subsecretaría de Programación Técnica
y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo de la
Nación actualizó un estudio que identifica
las principales dificultades que enfrentan los jóvenes
en el mercado de trabajo, con datos elaborados a partir
de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del segundo
trimestre de 2006 que revelaron que la tasa de desocupación
de los jóvenes (15 a 24 años) asciende
a 22,5 por ciento (unas 626 mil personas). La proporción
de jóvenes en el desempleo global alcanza a 38,9
por ciento, una cifra preocupante si se tiene en cuenta
que los jóvenes componen sólo el 20 por
ciento de la población activa.
El
"Diagnóstico del desempleo juvenil"
muestra además que entre los adolescentes de
15 a 19 años la tasa de desempleo es 30,6 por
ciento, casi 3 veces más que la del total de
la población económicamente activa y 4
veces más que la de los adultos. En el total
urbano nacional, el 14,2 por ciento de los desempleados
son adolescentes, lo que representa una población
de 228 mil personas entre las cuales la amplia mayoría
no concurre a la escuela.
Las
cifras locales se corresponden con la tendencia mundial:
de acuerdo con un reciente informe de la OIT (VER
RECUADRO) la probabilidad de estar desempleado es
tres veces mayor para los jóvenes que para los
adultos.
El
desempleo juvenil -continúa el estudio del Ministerio
de Trabajo- se concentra en los grupos sociales más
vulnerables: las mujeres, los menos educados y los más
pobres. La mayor parte de los jóvenes desempleados
provienen de hogares de escasos recursos, muchos de
los cuales se encuentran en situación de pobreza
y se genera así un "círculo vicioso
de transmisión intergeneracional de la pobreza"
(1).
"La
incorporación de los jóvenes en el mundo
del trabajo constituye una estrategia frecuente para
los hogares pobres, que necesitan aumentar sus ingresos.
De este modo, se verifica que un elevado porcentaje
de jóvenes provenientes de familias de bajos
recursos se vuelquen al mercado de trabajo a pesar de
no contar con las calificaciones demandas para la obtención
de empleos de calidad, lo que redunda en situaciones
de desempleo y de precariedad laboral", señala
el informe.
La
situación de pobreza que impulsa a los adolescentes
a incorporarse tempranamente al mercado de trabajo,
añade el estudio, "eleva la probabilidad
de que éstos deserten del sistema educativo condicionando
sus posibilidades futuras de obtener empleos de calidad,
y por consiguiente de modificar, en la vida adulta,
la situación de pobreza original. Así,
el desempleo de los jóvenes de bajos recursos
opera como una fase de un circuito que tiende a perpetuar
inter-generacionalmente las condiciones de pobreza,
segmentando cada vez más la estructura social".
El
informe oficial identifica tres grupos especialmente
en riesgo: los adolescentes desempleados que no estudian,
los jóvenes desempleados con responsabilidades
familiares y los adolescentes que no trabajan, no buscan
trabajo ni estudian.
Edad mínima para trabajar y priorizar los
estudios
El
Senado de la Nación debatirá antes de
fin de año un proyecto de ley para elevar la
edad mínima de admisión al empleo (2),
como una forma de dar prioridad a que los adolescentes
puedan terminar su formación básica antes
de tomar responsabilidades laborales.
El
convenio 138 de la Oficina Internacional del Trabajo
(OIT), al que Argentina está suscripta desde
1996, establece que la edad mínima de admisión
al empleo "no deberá ser inferior a la edad
en que cesa la obligación escolar, o a los 15
años". Pero Argentina fue uno de los países
que solicitó una cláusula de excepción
para establecer provisoriamente la edad mínima
en los 14.
Actualmente,
la escolaridad obligatoria se cumpliría idealmente
a los 15 años (3), y puede extenderse aún
más si se aprueba la propuesta oficial para que
el secundario sea obligatorio. "Hay una contradicción
legislativa en este sentido y el objetivo de máxima
tiene que ser que los chicos no trabajen hasta que no
cumplir con la escolaridad obligatoria", señaló
una de las técnicas de la Comisión Nacional
por la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI).
Dos
de los cinco proyectos presentados son de la senadora
Marita Perceval (PJ, Mendoza), para quien "elevar
la edad mínima de admisión al empleo para
niños, niñas y adolescentes de conformidad
con la obligatoriedad en el cumplimiento del ciclo escolar,
implica comenzar a elaborar políticas públicas
que contemplen el trabajo de niños y niñas
por debajo de la edad permitida; que modifiquen prácticas
culturales y familiares; que visibilicen el trabajo
doméstico y en empresas familiares como trabajo
infantil que debe ser erradicado progresivamente; y
que fortalezcan los vínculos de niños
y niñas con la escuela a los fines de prevenir
la exclusión educativa y reinsertar en ella a
quienes la han abandonado".
Gustavo
Ponce, especialista en trabajo infantil de la Oficina
Internacional del Trabajo (OIT), apoya la iniciativa:
"Nosotros recomendamos armonizar la legislación
nacional, ya que la edad expresada en el convenio 138
y la de la escolaridad obligatoria no coinciden, y por
lo tanto está bien que se eleve".
Ponce
avanza sobre el asunto y plantea que para resolver el
problema no alcanza con prohibir el trabajo infantil
sino con acciones que garanticen a todos los chicos
todos sus derechos. "Si un chico tiene resuelto
su derecho a estudiar, a recibir atención medica,
a jugar, seguramente no va a trabajar", grafica
el funcionario de la OIT.
"En
cuanto al trabajo de los adolescentes -dice-, no se
trata de erradicar todo tipo de trabajo del joven sino
aquellos que se enmarquen como 'peores formas del trabajo
infantil' y los que no cumplan con las condiciones mínimas,
como jornadas laborales cortas que les permitan asistir
regularmente a la escuela y tener todos los cuidados
de salud".
Educación y trabajo
El
trabajo aparece de un modo general en el proyecto oficial
para la nueva Ley Nacional de Educación (4).
El capítulo sobre Educación Secundaria
propone que este nivel sea obligatorio y especifica
que "tiene la finalidad de habilitar a los/las
adolescentes y jóvenes para el ejercicio pleno
de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación
de estudios".
El proyecto fija como objetivos "desarrollar y
consolidar en cada estudiante, las capacidades de estudio
y aprendizaje, de trabajo individual y en equipo, de
esfuerzo, iniciativa y responsabilidad, como condiciones
necesarias para el acceso al mundo laboral, los estudios
superiores y la educación a lo largo de toda
la vida", así como "vincular a los
estudiantes con el mundo del trabajo, la producción,
la ciencia y la tecnología" y "desarrollar
procesos de orientación vocacional a fin de permitir
una adecuada elección profesional y ocupacional
de los estudiantes".
Sin
embargo, el ministro de Educación de la Nación,
Daniel Filmus, aclaró en octubre de 2006, durante
un seminario sobre educación y trabajo, que "no
hay que buscar en el texto de la nueva ley la vinculación
de la educación y el trabajo, sino que el nuevo
aporte para el trabajo y la economía será
una sólida formación básica de
los chicos y jóvenes".
"Es
muy importante la articulación entre la educación
y el trabajo, pero más importante es cuánto
nos ayude la ley a mejorar la calidad de la educación
básica", sostuvo entonces Filmus, y reconoció:
"Hoy, nuestros estudiantes no tienen esa formación
ni desarrollan su vocación porque no están
bien capacitados en matemáticas y ciencias".
La
política sobre educación y trabajo está
contenida más específicamente en la Ley
de Educación Técnica y Formación
Profesional, también impulsada por el Gobierno
nacional y sancionada en 2005, que reincorporó
el título de técnico a la educación
media y creó un fondo nacional para modernizar
y actualizar el equipamiento de las escuelas técnicas
de todo el país.
Al
respecto, Filmus manifestó en ese momento que
la nueva ley respondía a la necesidad de fortalecer
la educación técnico-profesional como
una herramienta para consolidar un modelo de país
productivo. "Queremos que la Argentina vuelva a
tener técnicos con una sólida formación
como un elemento central del modelo productivo. En la
década del 90 sufrimos la desaparición
de las escuelas técnicas y estuvo casi proscripto
el título de técnico. Esto estuvo relacionado
con un modelo económico basado en la actividad
financiera y los servicios, y no en la industria y en
la capacidad de agregar valor de los argentinos",
dijo entonces Filmus.
El
director de la escuela técnica Otto Krause, de
la Ciudad de Buenos Aires, Pedro Bini, sostiene que
la ley respondió a la necesidad de "levantar
el sistema educativo que mostraba deficiencias para
lograr que los chicos tengan la posibilidad de un buen
lugar en el mundo laboral".
"El
problema -opina Bini- es que la educación técnica
desapareció en algunas provincias y hay un atraso
importante en el equipamiento de estas escuelas que
nutrían al mundo laboral de técnicos con
especialización en producción y servicio,
que hoy están faltando, incluso en el área
de computación o de oficios como torneros".
La desvalorización de los títulos
La
socióloga Jacinto, de Redetis (Red Educación,
Trabajo, Inserción Social América Latina),
razona que la política sobre educación
y trabajo actualmente hace énfasis en "una
formación sólida sobre contenidos generales
y no sobre saberes específicos" porque "la
capacitación general es la que hoy permite insertarse
mejor en el mercado del trabajo, que ha sufrido grandes
transformaciones".
Entre
las transformaciones más relevantes sufridas
en este campo se destacan, por un lado, las reformas
de flexibilización laboral de los 90, que precarizó
la escasa oferta de empleo; por otro lado, la llamada
desvalorización de los títulos, un fenómeno
por el cual el esfuerzo por terminar la educación
secundaria que antes garantizaba oportunidades laborales
hoy ya no protege contra el desempleo, aunque sí
determina mejores condiciones para quienes sí
consiguen trabajo.
Jacinto
explica que esta ruptura del valor de la educación
para lograr un buen empleo se debe a dos fenómenos:
por un lado, "la transformaciones en el mercado
de trabajo por las que se piden mayores requisitos y
calificaciones y que llevan a que se demanden estudios
terciarios para puestos que no los requieren. Y, por
otra parte, la expansión de la escuela secundaria
que atravesó la Argentina en las últimas
décadas y permitió que más adolescentes
estén en las escuelas, aunque no todos egresen".
"Este
proceso -según la socióloga Jacinto- se
dio en todos los países, cuando un nivel educativo
se expande lleva a una devaluación de títulos.
Por eso hoy los europeos ya hablan de educación
cuaternaria, es un proceso inevitable y la tendencia
en los países centrales es que la educación
media se transforma en básica".
La diferencia entre los que pudieron terminan sus
estudios y los que no
Estudiar,
los adolescentes lo saben bien, hoy no es un aseguro
para conseguir un trabajo. Sin embargo, entre los que
sí tienen empleo, el título secundario
es determinante para las condiciones en las que trabajan.
Los
expertos coinciden en que la diferencia esencial entre
los que terminaron la escuela secundaria y los que no
no se ve tanto en la posibilidad de tener o no trabajo,
sino en la calidad de los empleos que consiguen los
que tienen la secundaria completa, con mejores ingresos
y más estabilidad.
El
diagnóstico del Ministerio de Trabajo confirma
que disminuyó notablemente la diferencia que
existía para conseguir empleo entre los jóvenes
que con título secundario y los que no lo tienen,
hasta casi desaparecer: hoy está desempleado
el 22,8 de los jóvenes (15 a 24 años)
que no terminaron la secundaria y el 22,6 de los que
sí completaron ese nivel de estudios (5). Durante
el tercer trimestre de 2004, la incidencia del desempleo
entre los jóvenes sin secundario completo (30
por ciento) era muy superior a la que recaía
sobre los que completaron esos estudios (23 por ciento).
El investigador peruano Javier María Iguiñiz
Echeverría analizó este fenómeno
y advierte, en un informe elaborado por el SITEAL (Sistemas
de Información sobre Tendencias Educativas en
América Latina - IIPE/Unesco) sobre educación
y mercado de trabajo, que entre los datos estadísticos
sobre los niveles de estudios de la población
y el ritmo del empleo no puede establecerse siempre
una correspondencia directa.
El modelo económico aplicado en la década
del 90 en los países de la región, según
Iguiñiz, erosionó la relación entre
nivel de escolaridad y trabajo. Argentina, Brasil y
Chile, por ejemplo, registraron durante este período
una expansión del sistema educativo pero al mismo
tiempo un significativo aumento del desempleo. En nuestro
país, mientras la población con 10 o 12
años de escolaridad aumentó, durante la
década del 90, de 14,5 por ciento a 29,8, el
desempleo creció un 75 por ciento: pasó
de 8,5 a 14,8 por ciento.
Víctor
Tokman, otro especialista citado en el informe del SITEAL,
dice que durante los 90 el crecimiento fue insuficiente
para absorber el aumento de la fuerza de trabajo en
tiempos de expansión de la educación.
Ello derivó en un aumento de la desocupación,
menor calidad de los empleos, desprotección y
vulnerabilidad. Así, ante el deterioro del mercado
de trabajo, la educación dejó de determinar
la inserción laboral y pasó a ser un instrumento
para la asignación de puestos disponibles.
Aún así, Tokman afirma que a más
años de escolaridad, habrá menos proporción
de ocupados en el sector informal, entre quienes carecen
de protección social y entre quienes reciben
salarios que se ubican en la franja del 30 por ciento
de ingresos más bajos. A su vez, quienes reciben
más instrucción se defienden mejor en
períodos de crisis del mercado del trabajo.
Estudiar y trabajar
El
diagnóstico oficial sobre desempleo juvenil indica
que 36,8 por ciento de los jóvenes (15 a 24 años)
desempleados sin el secundario completo no asiste a
la escuela. "Esta tensión entre educación
y trabajo tiende a agudizarse aún más
en los adolescentes, entre quienes la inserción
temprana tiende a obstaculizar la formación de
las calificaciones requeridas por el mismo mercado de
trabajo", señala el informe del Ministerio
Trabajo.
Sólo
4 de cada 10 adolescentes desempleados asisten a establecimientos
educativos, en su mayoría de enseñanza
secundaria. Son unos 159 mil adolescentes de 15 a 19
años, de la población urbana nacional,
que actualmente no estudian y se definen como desempleados,
de los cuales sólo 37,1 por ciento terminó
el secundario. Esta población vulnerable, incluso
sin contar a los que no buscan trabajo, queda preocupantemente
excluida de dos áreas centrales para la integración
social.
La
vinculación entre la incorporación temprana
al mercado de trabajo y la deserción escolar
se muestra determinante: "Los jóvenes con
nivel de instrucción 'hasta secundaria incompleta'
que participan activamente en el mercado trabajo dejan
los estudios en una proporción notablemente superior
a la de los jóvenes que no lo integran",
indica el diagnóstico oficial, y verifica que
"la incorporación temprana al mundo de trabajo
por parte de los jóvenes es un factor relevante
que condiciona la culminación de los estudios
requeridos para el acceso a un empleo de calidad".
Experiencias protegidas y pedagógicas
Casi
1.800 estudiantes mayores de 16 años de escuelas
medias y terciarias públicas y privadas de la
Ciudad de Buenos Aires participan del programa "Aprender
trabajando", que el Ministerio de educación
porteño lleva adelante hace tres años
para promover experiencias laborales protegidas en las
que lo primordial sea el aprendizaje.
Los
estudiantes tienen su primer acercamiento al mundo laboral
a través de dos modalidades: las practicas educativas
laborales en empresas privadas y organismos públicos
(por ejemplo, en el Teatro Colón, en el INTI,
etc.) y los proyectos productivos que generan las propias
escuelas para ofrecer sus productos o servicios y que
ofrecen a través de la Red Educativa de Servicios
Solidarios (por ejemplo, productos de limpieza, herrería,
administración, producción de videos o
servicios gastronómicos).
La
coordinadora del programa, Ana Mercedes González,
aclara que en este proyecto "pasantía es
capacitación, la experiencia debe ser sólo
pedagógica porque si no se transforma en mano
de obra barata y precarización de empleo. La
empresa que recibe a los alumnos debe abrirse como un
espacio de capacitación".
"Los
chicos no deben ingresar al sistema laboral, deben estar
preparándose, haciendo experiencias protegidas,
ensayando en el mundo del trabajo y en otros espacios",
opina González.
Las
pasantías, así, están acotadas
en tiempo (no más de 10 meses y 20 horas semanales)
y llevan el ritmo del año lectivo, por lo que
"si los chicos tienen un examen, éste tiene
que ser la prioridad", ejemplifica González.
A su vez, la escuela debe presentar al ministerio los
objetivos pedagógicos y los conocimientos que
se van a aplicar en el proyecto y cada alumno involucrado
tiene un tutor responsable en la escuela y otro en la
empresa.
Alexis
Di Iasi estudia en el sexto año de la especialidad
electrónica de la escuela técnica Otto
Krause y realiza con otros cinco compañeros una
pasantía en la Dirección de Festivales
y Eventos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires,
donde se ocupa de la iluminación y puesta en
escena de actos públicos, homenajes, recitales
y obras teatrales.
"Me
sirve como experiencia para ir orientándome en
el ámbito laboral y hay una pequeña remuneración
que me ayuda para viáticos y gastos del colegio,
no es mucho, pero es un apoyo para mi familia",
evalúa Alexis. El trabajo le gusta porque "hay
mucha predisposición de los trabajadores para
enseñarnos, tengo la oportunidad de aplicar conocimientos,
de relacionarme con la gente -dice- y esto me da confianza
en lo que hago, que el día de mañana puede
ser mi futuro. Además, se privilegia la necesidad
de estudiar, por ejemplo cuando tenemos examen o cierre
de cuatrimestre podemos salir un rato antes".
Alexis
estudia en una de las escuelas técnicas más
prestigiosas del país y sabe que corre con ventaja
cuando el año próximo busque trabajo como
egresado. "En las industrias somos muy bien recibidos,
los egresados de mi especialidad están teniendo
suerte, así que me veo con oportunidades",
aspira el estudiante.
"La
escuela me ha dado las herramientas teóricas
y prácticas para desenvolverme sin problemas
en ese trabajo y en tareas más complejas",
asegura el joven, y opina que "es fundamental terminar
la escuela, perseverar y tener una base sólida
y, si pueden, seguir cursando estudios universitarios
porque hoy lo que más se necesita son jóvenes
con buena formación técnica que se queden
a trabajar en el país".
González
cuenta que las pasantías resultaron un gran incentivo
para muchos adolescentes. "Estas prácticas
los estimulan a seguir y a encontrarle sentido a terminar
el secundario", según la coordinadora, y
"otras veces, les ayuda a definir una ubicación
en el campo laboral a los que no se les ocurre un lugar
donde aplicar su formación".
"Muchos
de nuestros alumnos vienen de dos generaciones de desocupados,
conocen la changa, el laburo en negro, la economía
informal, por lo que una vez que el joven conoce las
reglas del mundo del trabajo y descubre la sensación
de poder ser útil y producir, valora enormemente
esta posibilidad", expresa González.
_______
1. El estudio del Ministerio de Trabajo también
evidencia que la probabilidad del desempleo de los jóvenes
del 20 por ciento de los hogares con menores recursos
era 3,5 veces superior que la de los jóvenes
provenientes del 20 por ciento de los hogares con mayores
recursos económicos. Datos correspondientes para
el cuarto trimestre de 2004.
2. La Ley 20.744 de Contrato de Trabajo (1976) prohíbe
ocupar a personas menores de 14 años en cualquier
tipo de actividad, excluyendo solamente a los niños
que trabajan en emprendimientos familiares, siempre
que no se trate de ocupaciones nocivas o peligrosas
y tal como lo acredite la autoridad pública.
También se prohíbe el trabajo de adolescentes
que no hayan completado la instrucción obligatoria
aunque hayan cumplido catorce años. Los adolescentes
de 14 a 18 años pueden ser contratados pero deben
observarse ciertas condiciones: su jornada de trabajo
debe ser de seis horas diarias o treinta y seis semanales
y no podrán ocuparse en trabajos nocturnos. Cabe
aclarar que la legislación nada dice sobre el
trabajo que realizan niños, niñas y adolescentes
por cuenta propia.
3. Ley Federal de Educación (Ley 24.195 de 1993)
establece la obligatoriedad por 9 años de la
Educación General Básica a partir de los
6 años de edad, es decir, hasta los 15 años
de edad (Art. 10, inciso b).
4. El artículo 13 establece los objetivos de
la política educativa nacional, entre los que
se encuentra: "Brindar una formación ética,
científica, técnica y profesional que
habilite para el desempeño social y laboral y
para el acceso a estudios superiores" y "Concebir
la cultura del trabajo y del esfuerzo individual y cooperativo
como principio fundamental de los procesos de enseñanza/aprendizaje".
5. Datos para el segundo trimestre de 2006.
NOTA
El material aquí presentado no refleja necesariamente
el punto de vista de UNICEF ni de Fundación Arcor
ni de Fundación C&A y fue elaborado exclusivamente
por Periodismo Social.
Guía de fuentes:
-RedEtis (Educación, Trabajo, Inserción
social, América Latina)
proyecto del Instituto Internacional de Planeamiento
de la Educación (IIPE-UNESCO) con sede en el
Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES),
que cuenta con el apoyo del IIPE y del Banco Mundial.
Coordinadora: Claudia Jacinto / (011) 4804-4949
info@redetis.iipe-ides.org.ar / http://www.redetis.org.ar/
-SITEAL (Sistemas de Información de Tendencias
Educativas en América Latina)
Agüero 2071, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
/ (011) 4806-9366
info@siteal.iipe-oei.org / http://www.siteal.iipe-oei.org
-Senadora
Nacional María Cristina Perceval (PJ - Mendoza)
perceval@senado.gov.ar / (011) 4010-3000
-Senador Nacional Gerardo Morales (UCR - Jujuy)
Comisión de Trabajo (011) 4010-3000 / Interno:
3630 - 3632 - 3634
-Oficina Internacional del Trabajo (OIT)
Cristina Borrajo, prensa, borrajo@oit.org.ar
Gustavo Ponce, trabajo infantil / 4393-7076
-Comisión Nacional por la Erradicación
del Trabajo Infantil (CONAETI) - Ministerio de Trabajo
4310-5814 / tinfanti@trabajo.gov.ar
http://www.trabajo.gov.ar/unidades/trabajoinfantil/infantil.htm
/ http://www.conaeti.gov.ar/
-Ministerio de Educación del GCBA
Prensa: 4339-7728 / 7729 / 7726
Programa "Aprender trabajando" / 4339-1888
Coordinación: Ana Mercedes González, amgonzalez@buenosaires.gov.ar
http://www.buenosaires.gov.ar/areas/educacion/niveles/media/programas/redess/?menu_id=12033
-Escuela Técnica N1 Otto Krause
Rector: Pedro Bini / 4331-6444/6450 / ottokrause@buenosaires.edu.ar
Más
información:
-Diagnóstico
del desempleo Juvenil
-OIT
- Tendencias mundiales del empleo juvenil - 2006
-Actividades
Económicas de Niños, Niñas y Adolescentes
de la Argentina (EANNA)
-¿Educar
para qué trabajo? - Claudia Jacinto / RedEtis
-Instituto
de Estudios y Formación de la CTA - Las condiciones
laborales en los jóvenes:
los ingresos vs la formación, Agosto 2006
Recuadros:
-Los
adolescentes y el trabajo: un relación poco visible
en los medios
-Campaña
de la CTA
-Estadísticas:
algunas tendencias mundiales
-Prejuicios
y errores sobre los jóvenes y el trabajo según
la OIT
-El
Programa Primer Empleo en Brasil
-Resumen
de prensa
-Guía
de fuentes
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(*)
Periodismo Social (http://www.periodismosocial.org.ar/)
es una iniciativa fundada en 2000 por Alicia Cytrynblum,
periodista especializada en temas sociales. PS colabora
con los periodistas para facilitar un abordaje más
equitativo del sector social en los medios de comunicación
con el objetivo de mejorar el diálogo entre ambos
actores.
Fuente:
Periodismo Social (Noviembre de 2006)
http://www.periodismosocial.org.ar/
Imágenes:
http://www.gemoneybank.com.es/
http://www.grupokonecta.com/
http://www.coie.unican.es/
http://www.philips.es/
© MV Prensa / Noviembre de 2006
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