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María
Casariego es psicoanalista y querellante en la causa
por la desaparición de su padre, que involucra
al ex ministro José Martínez de Hoz: "Hay
tanto carnaval de los derechos humanos por parte del
gobierno, que el efecto es contraproducente: genera
cansancio y ninguna concientización real".
Desde el secuestro de ese padre que no aceptó
convalidar negociados, hasta el de Julio López,
Casariego habla con LaVaca sobre el vaciamiento cerebral,
salir del miedo que paraliza, cómo resignificar
la palabra que inventó Videla, desaparecidos,
y lo que puede leerse en un espejo.
María Casariego es psicoanalista, madre, mujer
movilizada por todo lo que significan los derechos humanos,
alarmada por sus falsificaciones, y simboliza una curiosidad:
es la querellante en la causa por la desaparición
de su padre, Juan Carlos Casariego de Bel, español
radicado en la Argentina y funcionario del ministerio
de Economía en la época de la dictadura,
caso que confirma de un modo inusual el verdadero sentido
que tuvo la represión y el genocidio de aquellos
años. Esa causa tiene como principal responsable
al siempre recordado ministro de Economía José
Alfredo Martínez de Hoz y a algunos de sus súbditos
en el ministerio, como el secretario de Programación
Económica Guillermo Walter Klein. En una conversación
con LaVaca María aceptó tocar estos temas,
sus sensaciones actuales frente al caso de la desaparición
desde el 17 de septiembre de Julio López, el
rol de las empresas periodísticas en dictadura
y ahora, el carnaval político, y qué significa
salir del miedo que paraliza hacia la acción.
Instrucciones para leer espejos, y entender por qué
lo que pasa, nos pasa a todos.
-¿Qué
sensación le produjo la noticia sobre la desaparición
de Jorge Julio López?
-Lo primero es que no es cierto que sea el primer desaparecido
en democracia. Hay muchas víctimas, ha habido
muchos crímenes. Para los familiares de desaparecidos
fue muy fuerte lo de López, porque reactiva esa
figura.
-¿De
qué modo?
-Para mí, de un modo que me hace pensar lo importante
que es resignificar la palabra desaparecidos. No son
desaparecidos. Mi padre no está desaparecido.
Está asesinado. Y seguir usando la palabra es
seguir usando el significante que usó Videla.
(Aclaración: Jorge Videla, militar condenado,
presidente durante la dictadura, pronunció la
siguiente frase en una conferencia de prensa: "Los
desaparecidos son eso, desaparecidos; no están
ni vivos ni muertos; están desaparecidos".)
Esa palabra, desaparecidos, se usa como si fuera
posible que aparecieran. Hay que reacomodar eso históricamente.
Hubo asesinatos y personas responsables de esos asesinatos.
Se sabe donde están, donde estuvieron, en otros
casos no se sabe porque quemaron documentación.
Pero no se los tragó la tierra.
-Pero
el uso de la palabra ha tenido un significado fuerte.
-En el 76 valía por el lema de aparición
con vida. En el 2006 no queda esa opción. Queda
el castigo a los culpables. Por eso es importante resignificar
la palabra desaparecido, por asesinado. Porque si no,
nos quedamos esperando que aparezcan. Es uno de los
temas para los familiares, el duelo de los desaparecidos
es muy particular, una herida abierta todo el tiempo.
-Ocurre
todo el tiempo.
-Eso, y además no hubo sentencias. Cuando mis
hijos eran chicos metieron presos a algunos represores
y les hice el versito de que las personas responsables
del crimen de su abuelo estaban en la cárcel.
Pero después vino el indulto de Menem. Y los
chicos me decían: "Mamá, los que
mataron al abuelo están caminando por la calle".
Y sí, todos caminan por la calle. Es la herida
abierta todo el tiempo. Y va más allá
de cualquier ideología. En algún momento
pensé que si aparecen los culpables y se los
condena, limpia no solamente a los familiares sino también
a las mismas fuerzas.
-¿Le
parece?
-Sí, hay gente que comparte una ideología
pero no un estilo. No cualquiera con esa ideología
mata, asesina, roba, viola, tortura. Por eso lo pongo
más allá de lo ideológico. Aquí
hubo un vaciamiento del país, y en ese vaciamiento
hubo gente de todos lados.
-¿En
qué situación está pensando?
-Hubo pactos de todos lados. Cuando se habla de los
dos demonios parece que se habla de dos demonios delimitados.
Pero a veces se unieron. Se vació el país
con ideologías de derecha, y también de
izquierda. El pacto Firmenich-Massera, por ejemplo.
¿Cuánta gente cayó a partir de
eso, a cuánta gente se entregó? Fue un
pacto con costo humano. (Aclaración: María
se refiere al posible acuerdo secreto entre el genocida
Eduardo Emilio Massera, almirante ya condenado y Mario
Firmenich, jefe del grupo Montoneros, para apoyarse
mutuamente en plena época dictatorial)
-El
gobierno venía presentando la situación
en materia de derechos humanos como un éxito,
un paraíso que se esfumó con la desaparición
de López.
-Primero, que no hay ningún paraíso. Se
empezó a plantear el tema de los derechos humanos
con fines políticos un poco menos importantes
que lo que realmente importaría como derechos
humanos. Pero el aparato represor no se tocó
en lo más mínimo. ¿Cómo
no va a seguir desapareciendo gente si están
los mismos en los mismos lugares, o en lugares diferentes
pero con otro ropaje? Para mí cambió todo
para que no cambie nada.
-En
ese caso, no se puede hablar de "resabios del pasado".
-No, porque no se rompió nada. No son pasado,
están ahora. Esa es la herida. No es que hubo
gente que cometió asesinatos y espantos y está
presa, sino que forman parte de la sociedad, están
en la patria financiera, en los negocios, en la seguridad.
El negociado de la Italo
María
sostiene que la desaparición de Julio López
logró el objetivo de instalar el miedo.
-En mi casa, mis hijos entraron en pánico. "Mamá
cuidado, cuidado". Son chicos que no vivieron todo
este proceso, pero empezaron a decir "no te arriesgues".
Un día una de mis hijas estaba en pánico
porque no sabía donde estaba yo. Ese es el efecto
del terror, el terror sin nombre, que es un estado de
pánico. No te dicen nada y te dicen todo. No
está en ninguna parte sino en todos lados, la
sensación es que estás en riesgo todo
el tiempo. Yo aclaro que yo generé en su momento
una cosa reactiva porque en el 77, cuando desapareció
mi viejo, participé en todo lo que te puedas
imaginar, como diciendo "que sea lo que sea".
Nunca sentí miedo yo. Jamás. Pero creo
que porque estaba más allá de todo, y
si lo llegaba a sentir, no me iba a poder mover. Moverse
ahora es una cosa, en el 77 era otra.
Año
1977. Juan Carlos Casariego del Bel era un español
de 54 años, radicado en la Argentina, funcionario
de carrera. María: "A mi viejo querían
echarlo del ministerio cuando fue el golpe del 76, pero
para hacerlo tenían que justificarlo, prontuariarlo.
Al final le ofrecieron un cargo como para que no lo
aceptara, el de Director de Inversiones Extranjeras.
Pero era el único ingreso de la familia, y él
aceptó el cargo, con una cuestión bastante
idealista de poder hacer algo. Él no era un militante,
pero tenía una ideología socialista. En
casa contaba los negociados que veía, que no
iba a firmar tal o cual cosa. Habló muchas veces
de la Italo. Decía que había un desfasaje
de plata infernal, que él no iba a firmar. Van
a pasar sobre mi cadáver, decía. Y pasaron".
En términos prácticos, la dictadura aceptó
pagar por la Italo casi 395 millones de dólares
para estatizarla. El precio era absurdo por lo alto,
y además la sola compra iba contra todo el programa
liberal y antiestatista del gobierno. El propio Martínez
de Hoz era director de la empresa, y buena parte del
equipo económico tuvo relación interesada
con la transacción que se realizó en 1978.
Casariego, según diversos testimonios, se oponía
a firmar un trámite ostensiblemente irregular.
El 15 de junio de 1977 llamó a su casa avisando
que llegaría tarde porque tenía una reunión
con Guillermo Walter Klein. Nunca más apareció.
El silencio
de la prensa
María:
"Cuando papá desapareció fue muy
loco: era un funcionario del propio gobierno, cuando
la política era la de una guerra contra la izquierda".
Los Casariego sabían lo que ocurría en
el país. Tenían un familiar perseguido
por la Triple A, conocían la situación
de represión ilegal lanzada por el gobierno.
"Al
caso de mi papá lo quisieron hacer pasar como
un secuestro extorsivo. Estuvo en un centro clandestino
que fue donde estuvo Perrota". (Aclaración:
Rafael Perrota era dueño del que fue uno de los
mejores diarios de los 70, El Cronista. Fue secuestrado
por el Ejército y ocultado en el centro clandestino
conocido como COT-I Martínez, donde entre muchos
otros estuvo también secuestrado otro periodista,
el creador del diario La Opinión
Jacobo Timerman).
En el caso de Perrota los militares pidieron un rescate
a la familia de 85.000 dólares que se pagaron.
De todos modos Perrota, maltrecho por los tormentos,
terminó asesinado por sus captores.
En el caso de Casariego también hubo un pedido
de recompensa. "Pidieron un rescate -relata María-
y dijeron que yo tenía que ir a un bar a buscar
una prueba de vida que les exigía mi mamá.
El bar era en Recoleta. Yo tenía 17 años.
Tenía que abrir una tapa de luz y buscar una
medallita de Galicia, de mi papá. No encontré
nada, pero me mandaron a otro bar y ahí sí
la encontré. Como mi padre era hipertenso, mi
madre pedía que escribiera algo en un diario
del mismo día, para confirmar que seguía
vivo. Los amigos hicieron una colecta para juntar los
50.000 dólares que pedían. La tercera
prueba de vida tuve que ir a buscarla a la estación
Avellaneda, y me quedé muy mal. Era la letra
de mi padre, pero se veía que estaba totalmente
descompensado. Supe que era él porque en el diario
había escrito el modo en el que sólo él
me llamaba: Marujita, te quiero mucho".
La
familia ya estaba haciendo denuncias y presentando hábeas
corpus, pedidos para que las autoridades dijesen si
sabían algo de Casariego. María y su madre
fueron a los diarios.
-No
aceptaban publicar el hábeas corpus. Mi mamá
quería hacer una solicitada pidiendo a los secuestradores
que le dieran a mi papá la medicación
que necesitaba. Pero nos dijeron que no podían
aceptarlo, porque había 21 temas que los diarios
tenían prohibido tocar.
-¿En
qué diario le dijeron eso, María?
-En Clarín. Mi papá era uno de los 21
temas que no podían publicar, según nos
dijeron.
Miseria planificada
María
Casariego tiene un diagnóstico: el silencio en
el tema de derechos humanos, o la falta de una política
coherente, representan un cáncer en el cuerpo
social.
-Hay un pedazo de historia que no responde a la verdadera
historia. Fue muy loca la experiencia con un paciente
que tiene ideología bastante de derecha, y no
sabía de mi participación en estas cuestiones
hasta que el tema salió en los diarios. Un día
vino muy impresionado, y me dijo: "Yo sabía
que se habían hecho horrores, pero no que habían
robado". (Traducción: para este señor
matar no era tan grave como robar). Hay un grupo que
justifica las limpiezas ideológicas, pero desmiente
y desconoce bajo qué efectos se hizo eso. O sea:
cuando te hablan de Videla y Massera como los ejecutores,
se miente. Porque fue un plan mucho más serio
que eso y que sigue vigente.
-¿Sigue
funcionando?
-Nunca cambió. La economía no cambió.
Esa es la clave.
-Es
la idea de Rodolfo Walsh en su Carta Abierta: que la
verdadera explicación de los crímenes
y la mayor violación a los derechos humanos era
el plan económico que sometía a millones
de personas a lo que llamó miseria planificada.
-Es que por eso hubo muchas maneras de hacer desaparecer
gente. Cuando Cavallo hizo un plan económico
con 15 millones de argentinos afuera, también
los hizo desaparecer. Hay muchas maneras de matar. A
mi me impresionó mucho una carta de Haroldo Conti
(escritor argentino que terminó también
desaparecido) a Roberto Fernández Retamar (poeta
e intelectual cubano) donde ya en 1976 cuenta que le
dijeron que se cuide, va a haber muchas muertes, y 30.000
desaparecidos. Ya Conti tenía el dato. Eso muestra
la planificación.
¿Qué
nos da miedo en las películas?
-En
las últimas semanas se ha sabido de decenas de
casos de familias amenazadas, instalación del
miedo. Como psicoanalista, María, le pregunto:
¿Qué se hace con el miedo, cómo
se lo supera?
-Esto es como en las películas de terror. ¿Qué
es lo que genera terror? No es la escena, el monstruo,
sino lo que no se ve. Cuando aparece la imagen del monstruo,
termina siendo como de humor negro. Lo que genera terror
es lo que uno no ve, lo que ni se imagina. Cuando uno
sale del lugar de víctima y se pone en un lugar
de militancia, de actividad, no se deja de tener algún
temor, pero es de otro tipo: activo, no paralizante.
Lo malo es cuando ese temor te paraliza y te dice: quedate
guardadito y en silencio. Ahí lo logran: te mataron.
María
cree que algo que le permitió superar ese terror
fue no callar, no guardar silencio. ¿Qué
representa la indiferencia social que a veces se percibe
en estos casos? "Es una desmentida. Tiene que ver
con un enorme miedo, y con creer que si algo le pasa
a los otros, no me pasa a mí".
Cuando se supo de la querella de María, acompañada
por la Comisión de Desaparecidos Españoles
y la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos
de la Argentina, el secretario de Derechos Humanos Eduardo
Duhalde la convocó: "Me querían pedir
autorización para presentar al Estado como querellante
en la causa. Me pareció todo muy light. Si quieren
se presentan, no me tienen que pedir permiso. Pero no
hicieron nada, porque todo es una gran parafernalia."
-O
sea, mucho adorno y ruido.
-Pero pocas cosas contundentes. Hay tanto show, tanto
carnaval, que genera una cosa contraproducente de cansancio,
y no de concientización en serio. Mucho show,
recitales, pero donde tendrían que estar funcionando
en serio, no están.
-¿Por
ejemplo?
- Dar apoyo a los juzgados. Cambiar los jueces. Revisar
la historia de los jueces, porque hay muchos que eran
de la dictadura. En la Comisión de los Desaparecidos
me dijeron que me presente con la querella ante el juez
(Daniel) Rafecas, porque está haciendo algo.
Eso es de terror: todos tendrían que estar haciendo
algo. ¿Cómo puede ser que tenga que ver
en qué juzgado me presento, porque según
eso va a pasar algo o no?
-¿Qué
otro tema sería contundente, y no show?
-La bonaerense sigue siendo la bonaerense histórica.
Se sabe quiénes estuvieron en la patota. Esos
personajes no pueden estar en ninguna función,
y siguen estando.
-De
todos modos, el gobierno se defiende diciendo que es
una víctima del caso López
-No. No me parece. El gobierno no actuó a tiempo.
No sé si se lo están haciendo al gobierno,
ni sé cuánto de esto lo hace el propio
gobierno.
-¿En
qué sentido?
-En que no se hizo una limpieza como corresponde. Hay
funcionarios que adhirieron a un proyecto. Los que no
adhirieron terminaron como mi viejo. Está claro.
Educación,
preservativos y nietos
-¿Qué
significa hoy la defensa de los derechos humanos?
-(Se queda pensando) Qué preguntas difíciles.
Es muy impactante que uno tenga que proclamar los derechos
humanos como si hubiera que defenderlos. Hay problemas
de exclusiones permanentes, en toda la historia. Pero
la verdad es que los derechos humanos para mi hablan
de la salud y la educación, que son dos cosas
totalmente colapsadas en nuestro país. Si pensás
qué posibilidad hay de hacer un país,
esos son los dos pilares.
-Pero
María, acabo de leer en los diarios que el país
posee un modelo educativo envidiable, de los mejores
del continente.
-Cuando leo esas cosas pienso que el llamado cuarto
poder está comprado. Qué querés
que te diga. No hay un periodismo independiente, y el
que hay todavía no llega masivamente. Uno lee
las noticias, pero no es lo que se ve en la calle.
-La
calle silenciada. Ahí falla el derecho de libertad
de expresión. Sigamos con la agenda de los otros
derechos humanos.
-Hablábamos de no exclusión, salud y educación.
Pero salud en serio, donde los temas religiosos queden
por fuera de un Estado que no puede ser religioso. Estoy
hablando del aborto, de los métodos anticonceptivos,
de una educación sexual en serio: todo eso tiene
que ver con los derechos humanos. Cuando una criatura
discapacitada tiene que llevar a término un embarazo
porque no hay ningún médico que firme
el aborto, eso es un abuso absoluto de sus derechos
humanos.
-Es
un nuevo modo de entender y ampliar la existencia de
derechos.
-Es que el otro día escuchaba, por ejemplo, que
en El Rosedal por día se juntan 1500 preservativos
(Traducción: El Rosedal es un área entre
los bosques de Palermo, devenida en zona libre para
mujeres y travestis en estado de prostitución)
¿Cómo se resuelve el problema de la prostitución
en la Argentina? ¿Cómo se trabaja? ¿Llevándolo
a un rincón para que no moleste a la gente de
Palermo? ¿Esas son las soluciones? ¿O
vamos a reivindicar el lugar de la mujer, para que deje
de ser parte de la sociedad sometida? El derecho a la
maternidad, a la planificación familiar, a tener
un hijo independientemente de lo que marque el Estado,
que son muy serios. ¿Por dónde empezamos?
Frente
a la idea de que los organismos tradicionales de derechos
humanos no están haciendo demasiado por esta
nueva generación de derechos violados, María
cree que además hay huecos de debate en temas
anteriores: "Por ejemplo, los nietos recuperados.
¿Cómo se les devuelve la identidad? ¿Qué
pasa por la cabeza de la abuela? ¿Recupera al
nieto o siente que recupera a su hijo? En ese caso,
¿el nieto adquiere su identidad, o está
sustituyendo otra identidad que no le pertenece, al
tener la edad que tenían los desaparecidos? Yo
siento que ahí hay temas muy profundos, que no
se trabajan lo suficiente".
La desaparición
cerebral y el Estado
-María,
usted describe un escenario donde hay shows gubernamentales,
empresas periodísticas que mienten, políticos
que no actúan. Una telenovela, una ficción.
¿Qué cosas en cambio le dan confianza?
¿Dónde pone sus apuestas hacia adelante?
-Es difícil. Cuando empecé con lo de mi
viejo me preguntaban si creía que iba a haber
justicia. Yo contestaba que no. Y me decían ¿para
qué estás haciendo esto, entonces? Porque
aunque haya 50 personas que puedan pensar un poquito
más sobre lo que pasó, a mi me sirve.
Creo que la cosa es muy micro en este momento. Yo hablo
mucho de los desaparecidos cerebrales como consecuencia
de la dictadura. Además de los 30.000 desaparecidos
físicos, el efecto de vaciamiento cerebral es
muy serio porque habla de un país a muy largo
plazo. Hay una o dos generaciones de personas que no
piensan, o son contados los que lo hacen. Y el estilo
de vida es aquí y ahora, y todo muy light. El
no compromiso, no meterse con nada, la no pasión
en lo político, en la creación. Lo veo
como generaciones de clase media cuyo único proyecto
de vida se relaciona con cuestiones económicas,
casa en barrio privado, seguridad. Se salió en
el 2001 por el problema de los bancos, pero después
todos se guardaron. ¿Dónde quedó
esa gente?
-Misterio.
Pero el espíritu de acción colectiva renació
después en Cromañón, ualeguaychú,
y cantidad de experiencias "micro", como usted
decía.
-¿Pero cuántos genocidios tiene que haber
para que la gente salga? Mucha gente de Cromañón
no estaría haciendo nada si no le hubiera pasado
lo que le pasó.
-¿Cómo
cambiar esa inercia?
-Con educación en serio, educación solidaria,
para la salud. Educación para la salud mental.
Cuando fue lo de la AMIA me decían ¿por
qué te metés? Y yo pensaba: ¿cómo
no voy a estar? Seguir pensando que hay cosas que no
nos corresponden: eso es la locura.
-Y
la salud sería comprender que todo está
relacionado.
-¿En qué lugar loco la gente cree que
Cromañón le pasó sólo a
los que estuvieron allí? A algunos les pasó
mucho más cercanamente, pero nos pasó
a todos. Cuando un micro choca con un camión
cuyo conductor estaba borracho, se matan los chicos.
Nos pasa a todos como país, como sociedad.
-Hablaba
antes del desaparecido cerebral. ¿Es una patología?
-Patología, y una estructura de Estado. No te
metás si no te tocó, no te involucres,
para qué, cuidá tu quintita, mirá
que podés ser un desaparecido. Son mensajes que
te dicen: guardate en tu casa. Agregale los medios,
la televisión que te lava el cerebro y demás
verduras. Los adolescentes con el MSM. Siempre guardaditos.
María
efectúa una enumeración: desaparecidos,
Malvinas, AMIA, Cromañón, inundaciones
de Santa Fe y la multitud de muertos "en catástrofes
que no son naturales. ¿Vos pensás que
Malvinas no nos pasó a todos? ¿O Cromañón?
son los disfraces del genocidio, mientras se sigue matando
a la juventud".
El
dilema persiste. Cualquiera de esos casos nos pasó
a todos, pero mucha gente no acepta el razonamiento,
y se encierra o toma distancia frente a estas situaciones.
María: "El psiquismo ve. Uno no puede neutralizar
parcialmente, decir: no quiero que me afecte tal situación
en especial. El aparato psíquico no actúa
así, sino que bloquea de modo general, y ese
bloqueo es paralizante. No podés decir: me paralizo
de tres a cuatro y el resto sigue. Uno no se quiere
enterar de algo, y termina no enterándose de
nada, empieza el trabajo robotizado, y el cerebro bloqueado
afectivamente".
Imaginar y crear
Tema
pendiente, después de tanto diagnóstico
¿A qué cosas apuesta esta mujer, como
mirada hacia adelante?
"Siempre hay que plantar, y en algún lado
va a germinar. Mi hijo hizo un monumento a los desaparecidos
del colegio Carlos Pellegrini, donde cursó el
secundario. No me contaba mucho. El día que se
iba a inaugurar me dijo: quiero que vengas un rato antes,
veas lo que hice, a ver si entendí"
María llegó intrigada al auditorio, no
vio monumento alguno, salvo un objeto tapado con una
tela. "Mi hijo me lo quiso mostrar, y antes del
acto lo destapó. Era una placa de acero con el
nombre de los chicos desaparecidos y asesinados. Me
quedé un poco desconcertada, porque eso no me
parecía un monumento, y mi hijo me dice: acercate.
Cuando lo hago, soy yo la que entiendo: la superficie
era espejada. Mientras leías los nombres, veías
tu propia imagen. Y el texto termina diciendo: vos también
podés estar. Los nombres eran de chicos de 13
o 14 años".
En
la anécdota puede haber varias claves. Un chico
que supo entender. Que imaginó, pensó,
creó, destapó, mostró. Los espejos
pueden ser una creación inquietante en estos
tiempos. El dilema es eterno: quiénes serán
los que acepten leer a fondo lo que los espejos tienen
para mostrarnos.
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Fuente:
LaVaca, 29.10.06
http://www.lavaca.org/
Imágenes:
Miguel Martinez (cuerpo de la nota)
©
MVPrensa / Noviembre de 2006
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