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El
reciente canje de la deuda involucra al mayor default
de los últimos años. Numerosos analistas
señalan que este arreglo podría establecer
un precedente para otros países e interpretan
que esta vez se repartirán los costos del quebranto.
Afirman que si bien la Argentina se compromete a realizar
un inédito esfuerzo fiscal para retomar los pagos,
una parte de la factura recaerá sobre los acreedores.
Los
economistas ortodoxos cuestionaron la operación
contraponiendo la 'irresponsabilidad' de Argentina con
la 'seriedad' de Brasil o Uruguay (que evitaron el default)
o la 'buena voluntad' de Rusia y Ecuador (que presentaron
mejores ofertas para resolver sus cesaciones de pago).
Auguran que el rumbo elegido conducirá a pocas
inversiones, bajo crecimiento y financiamiento oneroso.
En cambio los heterodoxos celebran el canje y predicen
que acotará el monto de los pagos, garantizando
un crecimiento sostenido. Elogian la firmeza de Lavagna
en la negociación y estiman que ahora se podrá
restaurar la autonomía económica y la
equidad social.
Peculiaridades y repeticiones
El canje renueva los títulos que perdieron aceptación
en el mercado. Se reemplazan 152 papeles desvalorizados
por tres bonos (par, discount, semipar) con rendimientos
atados a tasas, plazos, descuentos y monedas diferentes.
Ya Cavallo en dos oportunidades realizó este
tipo de transacciones. El mecanismo se repite, aunque
sus características se adaptan a una insolvencia
mayor (81.800 millones de dólares). La atención
que despertó esta negociación ha contribuido
a ocultar, que a pesar de la tragedia social de los
últimos dos años el gobierno nunca dejó
de cumplir con el pago de otra porción de la
deuda (80.000 millones de dólares).
Con
el canje se legitima nuevamente una deuda fraudulenta,
que ya fue pagada varias veces (1). El pasivo argentino
cumple los tres requisitos jurídicos de cualquier
'deuda odiosa' porque fue concertada sin el consentimiento
del deudor, no benefició al país receptor
y los acreedores introdujeron nítidas irregularidades.
Estas anomalías surgieron durante la gestación
dictatorial del pasivo (1976-83), pero se extendieron
a todas las refinanciaciones posteriores.
Como
todos sus antecesores Kirchner oculta esta estafa y
sus legisladores mantienen cajoneadas todas las investigaciones
y las 470 irregularidades ya comprobadas. En cambio
se apresuraron a votar las normas que solicitó
Lavagna (prohibición de mejoras futuras de la
oferta) sin conocer los
contratos que avalaban. Con el recambio de títulos
se borran las huellas de ilegitimidad precedente.
Los
funcionarios se enorgullecen de salir del default y
piden a los acreedores el perdón que deberían
solicitarle al pueblo. Ni siquiera presentan la nueva
legalización de la deuda como una táctica,
porque su prioridad es amigarse con los banqueros que
arruinaron a la Argentina.
Evaluaciones e interpretaciones
Los
participantes de la operación evalúan
su resultado midiendo el grado de aceptación
del canje. El gobierno anticipó que se conformaba
con un 50 por ciento y el FMI reclamó 90 por
ciento. Pero todos celebran el alto porcentaje final
que tuvo el intercambio de papeles. Cómo los
pagos aumentan en proporción a esa recepción:
¿Por qué habría que festejar esa
buena acogida? El éxito de los banqueros lo solventará
la población.
Los
compromisos de pago para este año rondan los
11.000 millones de dólares, con una aceptación
de 70 por ciento esta cifra subiría a 12.400
millones y con el 100 por ciento treparía a 13.000
millones. ¿Cuál es la ventaja de aumentar
los sacrificios populares para saldar una deuda fraudulenta?
Lavagna
afirma que la salida del default servirá para
mantener la tasa de crecimiento. Pero la cesación
de pagos no impidió sostener un nivel de actividad
elevado durante los últimos dos años,
porque el ciclo económico se autonomizó
del financiamiento externo. ¿Qué impediría
prolongar en el corto plazo esta desconexión?
El
gobierno también afirma que ahora reaparecerá
el crédito externo. Pero es evidente que Argentina
deberá pagar más de lo que recibiría.
Volver al financiamiento implica endeudarse, porque
la Tesorería no tiene fondos para saldar la mitad
de los vencimientos que afrontará en los próximos
años. 'Volver al mundo' es el gran negocio de
los vampiros.
Méritos y artífices
Lavagna
recibe tantos elogios como Cavallo durante el inicio
de la convertibilidad. La salida del default despierta
el mismo entusiasmo que el ocaso de la hiperinflación.
Pero el fin de la cesación de pagos obedece más
al contexto internacional que a la acción del
ministro. La caída de la tasa de interés
ha recreado la afluencia de capitales porque no hay
negocio más rentable que especular con bonos
de la periferia. Mientras que los títulos del
tesoro norteamericano rinden un 4,06 por ciento anual,
los papeles de Argentina aseguran un lucro del 11-12
por ciento (y quizás del 20 por ciento en el
2005).
Esta
sobreoferta de fondos tiende a recrear las burbujas
que sufren los deudores poco confiables. En el primer
semestre del año los títulos de Rusia
se valorizaron un 60 por ciento, mientras que el índice
de riesgo- país se redujo significativamente
en Brasil y Nigeria. El canje argentino es un eslabón
más de esta ebullición. Cuándo
termine la fiesta saldrán a la superficie los
costos. Y este giro puede comenzar cuando repunten las
tasas de interés norteamericanas. Estas subas
anticiparon la crisis asiática de 1997 y el desplome
argentino del 2000.
La
capacidad negociadora de Lavagna ha sido un dato menor
del canje en comparación con el rol jugado por
el Departamento de Estado. Bush y su secretario Taylor
apuntalaron esta iniciativa contra la resistencia de
varios gobiernos europeos. Por eso algunos funcionarios
de Kirchner dejaron traslucir su preferencia por la
reelección del presidente norteamericano. En
Wall Street, la Comisión de Valores avaló
el cambio de títulos y los jueces estadounidenses
pospusieron veredictos adversos a la operación.
Las
razones de tanta buena voluntad son evidentes. El canje
ofrece una oportunidad de ganancias para los grandes
bancos norteamericanos, que a diferencia de los 90 no
arrastran ninguna pérdida con el deudor argentino.
Lo que irritó al establishment estadounidense
fue que el default pudiera constituir un precedente
para los países que lo eludieron (especialmente
Brasil). Por eso hostilizaron verbalmente a la Argentina
durante meses. Pero aprueban ahora un canje que encadena
nuevamente al país al sistema financiero internacional.
Kirchner
festeja la operación porque reafirma su autoridad
política entre las clases dominantes. Ha demostrado
tanta habilidad como Duhalde durante la crisis del 2003
para custodiar los intereses de los capitalistas.
¿Negociaron con dignidad?
El
gobierno no le torció el brazo a los acreedores,
ni inauguró una 'desconexión con la lógica
neoliberal' (2). Lo que ha prevalecido son las grandes
concesiones a los financistas. Basta comparar la oferta
original de Dubai con la versión final del canje
para notar este amoldamiento.
La
quita nominal inicial del 75 por ciento quedó
reducida al 49-53 por ciento y este descuento calculado
a su valor presente (el recorte si el bono se comercializará
inmediatamente) también cayó del 90 al
63 por ciento (3). Es una quita superior al Brady, pero
también el default obliga a un recorte mayor.
Lo que debería interesar no es cuánto
se penaliza al acreedor, sino en que proporción
se aligera la deuda. Y para evaluar esa carga lo relevante
no es la quita sobre los bonos defaulteados, sino el
descuento sobre la deuda total. Este recorte solo reduce
un 20 por ciento el pasivo vigente a fines del 2001
(4).
Lavagna
aceptó modificar, además, la fecha de
emisión de los bonos para computar los intereses
atrasados que aseguran a los acreedores el cobro de
1000 millones de dólares adicionales. Con los
pagos complementarios por crecimiento, cada aumento
del PBI implica mayores erogaciones (unos 250 millones
este año). El gobierno incluso considera eventuales
recompras de títulos para sostener su cotización.
Estas
concesiones y la intermediación en manos de bancos
con frondosos prontuarios de corrupción han sido
enmascaradas con mensajes de falso patriotismo, tendientes
a presentar el canje como una causa nacional. Esta campaña
acrecienta la desinformación que revelan los
sondeos entre la 'gente que desconoce, pero confía'
(5).
A
esta manipulación contribuyen los diagnósticos
de 'fuerte oposición del poder financiero, las
empresas transnacionales y la derecha al canje' (6).
Si los banqueros rechazaban tan enfáticamente
la operación: ¿Por qué encabezaron
la oleada de compras de los nuevos bonos? Con el mismo
procedimiento de situar a los reaccionarios fuera de
sus propias filas, hace algunos años los partidarios
de la Alianza oponían a Machinea contra Cavallo
y luego a Cavallo contra Roque Fernández.
El
apoyo del establishment al canje es manifiesto. Lo que
produjo tanto ruido fueron los chisporroteos de una
negociación que involucra mucho dinero y despertó
la codicia de todos los involucrados. Cada grupo de
acreedores ha presionado -con su respectivo lobby de
prensa- para lograr un recambio más favorable
de títulos. Encandilarse con estas disputas conduce
a sobrevalorar algunas opiniones en desmedro de otras,
sin notar que hasta los voceros más estables
de los bancos -como el Financial Times- zigzaguean todo
el tiempo. Si se traza en cambio un balance de los ganadores
y perdedores, salta a la visa que la operación
favorece a los grandes bonistas y penaliza a los pequeños.
Los privilegios del FMI
Las
acreencias de los organismos (FMI, BM, BID) no están
sujetas al canje porque mantienen el privilegio de cobrar
con puntualidad y sin descuentos. La factura ya pagada
(10.000 millones de dólares en los últimos
dos años) continuará aumentando. Tampoco
se investigarán porqué se extraviaron
los expedientes de la sospechosa asistencia brindada
por el FMI durante el colapso del 2001.
El
Fondo seguirá cobrando sin demoras y refinanciando
cuándo le plazca. Todavía se desconoce
si el organismo volverá a prestar los 2100 millones
abonados a fines del 2004 y que hará con los
3500 millones que recibirá en el primer trimestre
de este año. Con esta política ya redujo
en un 13 por ciento su exposición con grandes
deudores (Brasil, Argentina, Turquía).
Los
privilegios otorgados al principal responsable del colapso
argentino son tan exagerados que hasta incluyen un plan
de cancelación anticipada del pasivo. Kirchner
supone que si salda toda la deuda con el FMI podrá
desembarazarse de las presiones de ese organismo. Pensó
en transferir estos compromisos a otros acreedores (China,
España) sin percibir que el proyecto de 'vivir
sin el FMI' (no incluye al BM, ni al BID) es una ilusión.
Cualquier prestamista exigirá cobrar y reclamará
garantías.
El
gobierno argumenta que los pagos al FMI permiten 'ganar
independencia' (7). Pero si esta autonomía se
logra cumpliendo con lo que demanda del acreedor: ¿En
qué consiste la dependencia? Lavagna ha construido
un mundo al revés que la prensa cortesana divulga
sin sonrojarse.
Algunos
funcionarios reconocen que estos pagos 'tienen efectos
distributivos negativos', pero estiman que en el largo
plazo 'la estrategia es favorable' porque aligeraría
la presencia de los auditores del FMI (8). Pero olvidan
que este organismo no se limita a cobrar sus propias
deudas, sino que actúa como agente de todos los
bancos. Por eso reducir el pasivo con esa institución
-manteniendo la deuda con el resto- no modificaría
las inspecciones que realiza el Fondo. Pagarle al FMI
no es 'más barato que pagarle a todos', porque
el primer cumplimiento no reemplazará al segundo,
ni atenúa las intromisiones de los acreedores.
Cada
round de las negociaciones con el FMI ha sido interpretado
como astutas jugadas de Lavagna (9). Pero estas reyertas
fueron también la norma con Cavallo, que suspendió
varias veces las tratativas con el organismo (1994,
1995, 2004). Estos paréntesis no son rupturas,
sino mecanismos usualmente utilizados para destrabar
negociaciones.
El
estricto cumplimiento con el FMI tampoco induce a que
otros acreedores le exijan al organismo un trato equivalente
(10). Hasta ahora las presiones de los acreedores desfavorecidos
siempre recayeron sobre el país y nunca sobre
el Fondo. Es una ingenuidad creer que los bancos se
van a pelear con su coordinador en vez de arrinconar
a los deudores. Durante el default ningún gran
acreedor se enemistó con el FMI y todos se endurecieron
con la Argentina (11).
El
FMI no va a modificar su conducta después del
canje. Sus autocríticas son frases huecas para
cubrir las espaldas de sus directivos. Propaga 'reconocimientos
de responsabilidades' que carecen de efectos prácticos.
El Fondo no comete inocentes equivocaciones, sino que
orienta políticas para que los banqueros ganen
mucha plata.
Beneficios para la clase dominante
El
canje favorece al principal sostén del gobierno:
las clases dominantes de la Argentina. Si los privilegios
acordados al FMI apuntan a reinsertar la economía
en el mundo financiero, las ventajas otorgadas a los
capitalistas locales ilustran los estrechos vínculos
que este sector mantiene con todos los funcionarios.
Estos beneficios incluyen la continuidad de pago de
los bonos pos-default, incentivos al reingreso del capital
fugado y prebendas para las AFJP.
Todo
el empresariado (Gaiani, De la Vega, Vicens, Heller)
aplaude el canje y lo defiende en foros internacionales
(Pescarmona, Blejer, Elsztain). Esta operación
no modifica su cobro de los títulos emitidos
luego de la cesación de pagos para compensar
a los bancos, pesificar las deudas corporativas y subsidiar
la devaluación. Estos papeles -que incrementaron
la deuda pública en 30.000 millones de dólares-
se han pagado puntualmente porque sus tenedores aglutinan
a la burguesía nacional que Kirchner siempre
elogia.
Pero
esta prioridad crea tensiones con los acreedores defaulteados
y también con el FMI porque el dinero nunca alcanza
para todos. Este año la cobranza de la nueva
deuda (3144 millones de dólares) rivalizará
con los desembolsos al Fondo (5941 millones). El malestar
generado por los planes de cancelación anticipada
con los organismos obedece a este conflicto por la distribución
de los recursos del Tesoro.
El
canje permitiría realizar negocios muy rentables
a los capitalistas que compren los nuevos títulos
con sus depósitos en el exterior y utilicen estos
papeles en operaciones financieras o inmobiliarias locales.
Podrían llegar a repetir las transacciones de
la convertibilidad. Se estima que más de la mitad
de los títulos defaulteados integran la cartera
de alta liquidez de los capitales fugados al exterior
(79 por ciento de 118.000 millones de dólares).
La gran mayoría de los acreedores que figuran
como bonistas suizos o norteamericanos son argentinos
cubiertos por el secreto bancario. Este sector compensará
con operaciones financieras lo que eventualmente pierda
con la quita. Conocen a la perfección el arte
de especular con los periódicos colapsos de la
economía.
Los
financistas que manejan los fondos de pensión
ocupan un lugar protagónico en el canje. Uno
de los tres bonos (cuasi-par) fue emitido a medida de
las AFJP para que intercambien todos sus títulos
defaulteados (13.500 millones de dólares). Aunque
el nuevo papel incluye una quita del 30 por ciento serán
computados sin ninguna pérdida en los balances
para asegurar una rentabilidad que triplica a cualquier
bono posdefault.
Este
artilugio contable asegura la protección judicial
de las AFJP contra las demandas de sus afiliados, porque
permite que los afiliados próximos a jubilarse
no sufran grandes pérdidas. Pero en algún
momento el quebranto será transferido a los futuros
retirados. La discusión sobre esta pérdida
y la legalidad de la pesificación compulsiva
de los aportes dolarizados no debe ocultar un problema
mayor: el esfuerzo fiscal que toda población
deberá realizar para sostener la cotización
de los nuevos títulos.
Estos
papeles constituyen el pilar de las AFJP (65 por ciento
de sus carteras actuales) y vencen dentro de 20, 30
y 40 años. Con su emisión se eterniza
la dependencia del estado hacia estas entidades (y viceversa).
Las AFJP necesitan cobrar los títulos y las finanzas
públicas se sostienen con el refinanciamiento
permanente de estos bonos.
El
canje perpetúa la privatización de las
jubilaciones (que provocaron quebrantos fiscales por
65.000 millones de dólares entre 1994 y 2001),
legitiman comisiones fraudulentas (10.000 millones de
dólares desde 1994), avala la corrupción
(computar ganancias para los banqueros y descargar pérdidas
sobre los afiliados) y recrea la ineficiencia (demoras
en los trámites de jubilación). Todos
los proyectos de anular el sistema privado y reimplantar
los aportes patronales para crear un régimen
público y universal quedan definitivamente archivados.
El ajuste perpetuo
El
pueblo solventa la reestructuración de la deuda
con el padecimiento del superávit fiscal eterno.
Nunca la austeridad del presupuesto alcanzó las
dimensiones del año pasado, ni las proyecciones
del 2005. Cómo la regresión del sistema
impositivo se mantiene invariable, el superávit
se obtiene con el recorte del gasto. La desbordante
caja que acumuló Lavagna se nutre de la subejecución
de las partidas y de las maniobras para esconder recursos
y subestimar la recaudación.
El
gobierno promociona la pauta del 3 por ciento de superávit
que rigió el año pasado como un logro
frente a demandas superiores de los acreedores. Pero
este porcentaje no tiene precedentes y corona una progresión
ascendente del 56 por ciento en los últimos tres
años. En la discusión del 2005 Lavagna
proclamó que el techo gubernamental era inamovible
frente a las exigencias del FMI (4 por ciento). Pero
los sucesivos cambios introducidos en el presupuesto
terminaron elevado ese porcentaje hasta 3,9 por ciento.
El ahorro se logra recortando el gasto social (2,2 por
ciento inferior al año anterior) e instaurando
en las provincias una ley que adapta la contracción
del gasto a la restrictiva pauta nacional.
¿Para
que tanto ajuste? La respuesta salta a la vista analizando
el destino del superávit: por cada dólar
asignado al pago de la deuda, el presupuesto 2005 otorga
75 centavos a todos los desembolsos en salud, educación,
trabajo, vivienda y agua potable.
Cómo
el reaseguro fiscal garantiza el precio de los nuevos
bonos, Lavagna continuará preservando el superávit
que el año pasado alcanzó un récord
de 6,2 por ciento (4,1 por ciento nacional y 2,1 por
ciento provincial). Para asegurar esta meta obtuvo superpoderes
del Congreso que le permiten cambiar discrecionalmente
las partidas del presupuesto.
Cumplir
con los acreedores obliga a perpetuar la desigualdad
y el crecimiento socialmente segmentado. Es una fantasía
creer que ahora se discute 'como resistimos el ajuste'
(12). El gobierno ha desterrado este término
de su vocabulario, pero no de su práctica económica.
Para la mayoría de la población el adiós
al default significa la consolidación de Belindia
(13).
Pequeños bonistas y buitres
Los
perdedores del canje son los pequeños bonistas
que conforman el 44 por ciento de los acreedores defaulteados.
Ellos no reciben el tratamiento especial otorgado al
FMI y las AFJP. Como no saben especular y compran o
venden en el peor momento sufrirán un recorte
de su patrimonio. La misma secuencia que afectó
a los depositantes en el 2001 se repite ahora con los
tenedores de bonos. Quién adquirió un
título al 90-100 por ciento de su valor en 1998-2000
será empujado a liquidarlo al 35 por ciento si
necesita el dinero para sobrevivir. En cambio, los financistas
que compraron bonos en default al 20-28 por ciento podrían
venderlos al 35 por ciento y ya apuestan a la valorización
ulterior que generará el canje.
A
escala internacional los principales afectados son los
bonistas italianos. Los bancos les transfirieron bonos
desvalorizados con la complicidad de las autoridades
bursátiles y lograron reducir su exposición
con títulos argentinos del 80 por ciento (1999)
al 5 por ciento (2001). Repitieron así el fraude
cometido durante la quiebra de Cirio y Parmalat. Berlusconi
encubrió a los estafadores con una campaña
de acusaciones a la Argentina y trabó los proyectos
legislativos que obligarían a los bancos a asumir
una parte de las pérdidas. Pero varios fallos
judiciales han abierto este camino de indemnización
tan resistido por los banqueros.
En
este conflicto entre financistas y pequeños bonistas
Lavagna tomó partido por los poderosos. Para
no enemistarse con sus socios del canje aceptó
las normas del secreto bancario y rechazó diferenciar
a los acreedores por la magnitud de su patrimonio. En
lugar de propiciar una acción común de
todos los afectados (el pueblo argentino y los pequeños
bonistas de cualquier nacionalidad) elaboró una
oferta a medida de los capitalistas argentinos y los
bancos internacionales.
El
canje debutó con una gran liquidación
de títulos por parte de pequeños tenedores
que los financistas acapararon de inmediato. Pero lo
más incierto es el comportamiento de los fondos
buitres (Greylock, Dart) que acumulan bonos jurídicamente
endebles para intentar su cobranza en tribunales internacionales.
Se estima que tienen unos 8000 millones de dólares
en títulos argentinos que compararon a 8-15 por
ciento de su valor original y podrían venderlos
a 35 por ciento. Pero es posible que intenten cobrarlos
100 por ciento en los estrados judiciales. Lavagna demoniza
a estos especuladores omitiendo que sus acciones son
muchos menos perniciosas que cualquier acto del FMI.
Corto y largo plazo
Tal
cómo ocurrió con el Brady cierta euforia
especulativa acompaña al debut de los nuevos
bonos. Lavagna se prepara incluso para regular la inminente
afluencia de capitales golondrinas que revaluarían
el peso y amenazarían el negocio exportador.
Pero controlar esta corriente de dinero y su eventual
impacto inflacionario exige la adopción de medidas
que chocan con la austeridad monetaria pactada con el
FMI.
Es
muy probable que la preferencia por especular con bonos
en moneda nacional conduzca a una pesificación
del 40 o 50 por ciento de la deuda pública al
concluir el canje. Quiénes ponderan este cambio
como un índice de recuperación de la soberanía
se olvidan que muchas veces este pasivo estuvo nominado
en billetes argentinos sin alterar el patrón
de crisis que genera el endeudamiento. Basta observar,
además, el enorme negocio financiero que predomina
con la deuda interna de Brasil para notar hasta que
punto esa modificación no atenúa el agobio
del pasivo.
Pero
en el mediano plazo lo más nefasto es la inutilidad
del canje. El superávit fiscal perpetuo es tan
insostenible como la convertibilidad y carece de antecedentes
contemporáneos viables en la Argentina o el mundo.
Ese excedente nunca será suficiente. Los vencimientos
hasta el 2010 promedian 8000 millones de dólares
anuales, es decir un monto que supera ampliamente la
pauta del 3 por ciento. Habrá que refinanciar
todo el tiempo los compromisos tomando nuevos créditos
y por eso las presiones del FMI persistirán.
Pero
el dato clave es el nivel de la deuda futura que rondará
los 131.000 millones de dólares, es decir un
90 por ciento del PBI. Este porcentaje superará
al 57 por ciento que regía cuando estalló
la crisis (2001) y representa el doble de lo tolerable
para cualquier país periférico. Dentro
de algunos años volverá a comprobarse
que el pasivo es impagable y que otro default es posible.
¿No hay alternativas?
Tan
nocivo como aceptar los engaños del gobierno
es proclamar que no existen otras opciones. Esta actitud
fatalista induce al acostumbramiento de la miseria.
En los 90 lo inevitable eran las privatizaciones y la
apertura, ahora lo inexorable es agachar la cabeza frente
a una deuda fraudulenta. Las alternativas existen, pero
son invisibles para quiénes abandonan la lucha.
La
investigación del pasivo está a la orden
del día porque el canje es ilegitimo y en algún
momento tomarán cuerpo contra Lavagna las mismas
denuncias que hoy recaen sobre Cavallo. También
corresponde abandonar las negociaciones con el FMI sin
ningún engaño, ni cancelación anticipada
del pasivo. Con esta decisión se podría
dar el puntapié inicial para constituir un frente
continental de rechazo a la deuda.
Algunos
oficialistas argumentan como los neoliberales que 'todos
los países abonan sus deudas' e incluso presentan
los ejemplos de pago de Cuba y Venezuela. Pero la comparación
considera a una revolución acosada y a una economía
favorecida por la renta petrolera. Al destacar estas
dos excepciones se oculta que la situación argentina
es más bien semejante al conjunto de los países
devastados por sus propios capitalistas.
Suspender
los pagos a los banqueros constituye una necesidad para
gestar alianzas con los pequeños bonistas estafados.
Este frente serviría para promover juicios contra
los bancos no solo en Italia, sino principalmente en
la Argentina.
Estas
iniciativas se mantendrán en la agenda popular
mientras la carga de la deuda agobie al pueblo. El pago
de la hipoteca es el principal obstáculo para
recuperar las conquistas pérdidas durante la
crisis, porque el superávit fiscal es una muralla
de contención de aumentos salariales y mejoras
del empleo. Kirchner y Lavagna trabajan para los dueños
del poder y esclarecer su rol es la tarea del momento.
Notas:
1) Toussaint estima que a pesar haberse abonado entre
1976 y 2000 unos 212.280 millones de dólares,
la deuda subió de 7875 a 169.066 millones. Toussaint
Eric. 'Con la quita, la deuda será igualmente
insostenible'. Página 12, 14-11-04.
2) Como supone: Rudnik Isaac Yuyo. 'La voluntad política'.
Correspondencia de Prensa n 13, noviembre 2004.
3) Estimaciones de Zlotnik Claudio. 'Los astros alineados
para el canje' Página 12, 9-1-05 y Bermudez Ismael.
'Claves para entender la oferta'. Clarín, 11-1-05.
4) El cálculo es de Muchnik Daniel. 'A pesar
del canje la deuda seguirá muy elevada'. Clarín,
17-1-05
5) Ocho de cada diez encuestados ignoran cualquier de
los elementos de las tratativas, pero declaran su total
apoyo al comportamiento del gobierno. Adrogué
Gerardo. 'La gente desconoce, pero confía' .Clarín,3-11-04
6) Rudnik.
7) Peirano Miguel. 'Es una decisión lógica'.
Página 12, 12-12-04
8) Nun José. Entrevista. Página 12, 26-12-04
9) Lo Vuolo Rubén. 'También hacer una
quita'. Página 12, 15 de agosto de 2004
10) 'Los bonistas van a reclamarle al FMI para cobrar
ellos'. Bein Miguel. 'La situación es ridícula'.
Página 12, 15-8- 2004.
11) Por eso es falso suponer que luego del canje los
tenedores de nuevos bonos 'van a presionar al FMI para
que refinancie sus vencimientos' con nuestro país
para que existan fondos disponibles y se pueda cumplir
con las nuevas obligaciones. Vanoli Alejandro. 'Dependerá
del gobierno'. Página 12, 14-11-04
12) Rudnik.
13) 'Belindia' (Bélgica en la India). Término
que alude a un país que cuenta con un sector
próspero rodeado de gran miseria popular.
Claudio Katz es economista, investigador del Conicet
y profesor de la UBA.
Miembro del EDI (Economistas de Izquierda)
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Fuente:
Rebelion.org, 6 de marzo de 2005
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Imagen:
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© MVPrensa / Marzo de 2005
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