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El
referéndum por la revocatoria
y sus (im)probables consecuencias.
Las
repercusiones iniciales de la reciente convocatoria
a las urnas realizada por el Jefe de Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, Anibal Ibarra (más allá
del desafío impuesto, de la maniobra política
contenida y de la constitucionalidad o no de la iniciativa)
parecen confirmar algunas condiciones estáticas
de las prácticas políticas establecidas,
trastocando -aunque más no sea desde la teoría-
el cómodo rol de la ciudadanía en la vida
democrática.
En
la misma línea de lo que desde el corpus teórico
se conoce como democracias delegativas, la ciudadanía
ha permanecido ajena a determinados mecanismos de participación
y de control que le son propios (de los cuales un
llamado
a referendo como al que se nos convoca podría
llegar a ser una importante manifestación) No
puede dejar de reconocerse que las responsabilidades
por estas carencias son, cuando menos, compartidas (aunque
el último gobierno militar y el período
menemista hayan sido más que importantes contribuyentes
a las mismas)
Más
allá de que la revocatoria o la confirmación
estén a años luz de dilucidar las responsabilidades
relativas a Cromañón (ciertas voluntades
y capacidades son tan escasos en el oficialismo como
en la oposición), la reciente convocatoria puede
pensarse no como un pequeño triunfo, ni como
un paso hacia el mismo, sino tal vez como la involuntaria
muestra de un sendero. El sendero no debe desandarse
sin un reclamo de justicia incesante, tanto por los
muertos del 30 de diciembre, como por los de la estación
de Avellaneda, por los de la plaza que sacó a
De la Rúa y por los de todos los pobres que,
como siempre, están (estamos) poniendo los cuerpos.
Adicionalmente
a lo anterior, un análisis más detallista
nos permitiría apreciar cómo el utópico,
reclamado -y, hasta cierto punto, reaccionario- pedido
de 'que se vayan todos' introducido a fines de 2001
se vio reemplazado, en su inviabilidad, por la resignada
noción de 'no nos importa quienes estén',
en lo que podría leerse tanto en términos
de una victoria del establishment político como
en el sentido de una mutación del reclamo original.
En
este sentido, un potencial enroque a realizarse en la
Jefatura entre la ofrenda de la derecha encarnada en
Mauricio Macri y el aparentemente progresista -en el
sentido nefasto que el delaruismo introdujo en este
concepto- Jefe de Gobierno, parece despreocupar a la
mayoría de la ciudadanía. Experiencias
como la de Felipe Solá en el Gobierno de la Provincia
de Buenos Aires ofrecen el mismo desinterés (al
igual que las funestas y obsecuentes performances opositoras
de Carrió y Lopez Murphy)
Mientras
tanto, desde el seno de los partidos tradicionales no
se oyen repercusiones con respecto a la aparición
de estos 'novedosos' mecanismos (sería importante
analizar cómo el recientemente famoso 'transversalismo'
ha influido en ello), sino sólo especulaciones
con respecto al panorama emergente luego del referéndum:
simultáneamente a que el peronismo pugna por
mantener desde sus feudos provinciales las estructuras
clientelísticas que tan beneficiosas le resultan
y emerge autosuficiente al imponer su propia interna
como elección presidencial (a lo cual un probable
sacrificio de Ibarra podría ser más que
funcional), el radicalismo se esfuerza en encontrar
ínfimas manifestaciones de resurrección.
Con
viento a favor (léase, con 'voluntad política'
de este lado del mostrador, dándole a ese concepto
el contenido praxiológico que se desee), el sendero
que se vislumbra puede constituir el enésimo
puntapié inicial para avanzar en el desmantelamiento
de las cínicas estructuras que no dejan de cargarse
pobres. Y muertos.
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(*) Diego Savino (dyegoes@hotmail.com) es licenciado
en Ciencias Políticas.
Participó en MVPrensa en febrero de 2005.
Imagen:
http://www.caras.uol.com.ar/
© MVPrensa / Febrero de 2005
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