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En
el aniversario del Día de la Lealtad, la crónica del
día en el que Juan Domingo Perón fue ungido como líder.
En su libro El 45, el historiador Félix Luna
rescata un diálogo entre el escritor Arturo Jauretche
y un dirigente forjista de Gerli, ocurrido el martes
16 de octubre de 1945:
"-¿Qué
hacemos mañana, doctor?
-¿Mañana, qué pasa mañana?
-Y... la gente se viene para Buenos Aires... ¡No
los para nadie! Todos están con Perón...
-¿Y quién organiza eso?
-¡Qué se yo! Nadie... Todos..."
La mañana siguiente apareció nublada,
cargada de nubes amenazantes de lluvia que, si bien
perduraron hasta la noche, nunca concretaron. Días
atrás, el presidente de facto, Edelmiro Farell,
había decretado el estado de sitio en todo el
país.
A pesar de ello, la leyenda urbana cuenta que a las
8.40 de aquella jornada ya había cerca de 10
mil personas agolpadas en el puente Pueyrredón.
Habían abandonado espontáneamente sus
trabajos en las fábricas y, tras haber peregrinado
por la avenida Mitre de Avellaneda, se disponían
a marchar hacia la Plaza de Mayo.
Constituían una multitud que encolerizaba a las
familias del poder por tener su rostro del "color
de la tierra".
Esta masa estaba compuesta por dos grandes sectores.
En mayor medida, al grueso obrero de la zona sur del
Gran Buenos Aires y, en menor, a aquellos paisanos del
interior que habían llegado unos años
antes a la urbe, escapando de la sequía del campo,
invitados por el éxito del incipiente proceso
de sustitución de importaciones obligado por
la Segunda Guerra Mundial.
¿Ahora bien? ¿La acción de aquel
día transcurrió sólo en Capital
y en la provincia de Buenos Aires? No. En Tucumán,
obreros azucareros protagonizaron movilizaciones en
las localidades de Lules y de Mercedes. En Córdoba,
hubo incidentes frente a los edificios del Jockey Club,
del Club Social y del Banco Israelita (sic). En Salta,
en tanto, la movilización local obligó
a cerrar los negocios del centro de la capital.
Uno de los pocos poetas peronista de la época,
Leopoldo Marechal, describió en su momento: "Sobre
la avenida Rivadavia la gente cantaba 'Yo te daré,
yo te daré patria hermosa, te daré una
cosa, una cosa que empieza con P, Perón'. Y aquel
Perón retumbaba como un cañonazo".
El escritor Ernesto Sábato, en cambio, rescató
el silencio de aquel día en una entrevista para
la revista Che: "No había noticias, estaba
todo paralizado en Santos Lugares. Tuve la sensación
de que un movimiento popular podía ser algo potente
pero silencioso".
El diario La Razón, histórico opositor
del régimen, publicó en su edición
de la tarde del diecisiete: "Numerosos grupos en
abierta rebeldía paralizaron en la zona sur los
transportes y obligaron a cerrar fábricas, uniéndose
luego en manifestación a la Capital Federal".
Hasta que se convenció que la multitud no se
desconcentraría hasta la aparición de
su líder y decidió entonces el traslado
de Perón a la Casa Rosada, la cúpula del
Gobierno Nacional, jaqueada luego de más de dos
años de dictadura militar, se mantuvo preocupada
por anunciar oficialmente la nueva conformación
del gabinete nacional, en ese momento con un solo Ministerio
ocupado (el de Marina)
El número de la movilización difiere según
la fuente. En promedio, sin embargo, podría decirse
que entre 200 y 500 mil personas asistieron al parto
del peronismo.
Juan Domingo Perón, en tanto, preso desde hacía
tres días, se sacó el pijamas recién
a las 21.30 de la noche, en una habitación del
Hospital Militar, en el barrio de Belgrano. Casi dos
horas más tarde, a las 23.10, salió, recién,
al balcón de la Casa Rosada. Luego de que la
gente entonó fervorosamente el himno nacional,
se asomó y desató la furia: "Trabajadores",
gritó.
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(*) Javier Monti (jmonti@mvprensa.com.ar) es
periodista.
Participa en MVPrensa desde la fundación del medio,
en abril de 2004.
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©
MVPrensa / Octubre de 2004
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